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domingo, 2 de marzo de 2014

De aguinaldo por Cazu

Once mozos solteros de la parroquia de Santa María de las Nieves mantienen viva esta tradición previa al Carnaval


La comitiva, llegando a Cazu en sus caballos engalanados. FOTO: J. CASO

JAVIER G. CASO

Cuando llevas unos años sin disfrutarlas presta vivir de nuevo esas tradiciones arraigadas en algunos pueblos de nuestro entorno como el aguinaldo de la parroquia pongueta de Santa María de las Nieves de  Cazu. Como público. Porque sólo los mozos solteros naturales de allí, o con raíces familiares en los pueblos de Sellañu, Cazu, Ambingue, Los Lladeros, Triviertu y Priesca, pueden salir a pedir el aguinaldo. Hubo años en los que se juntaron cerca de cuarenta. En esta ocasión iban a ser una docena, pero a última hora falló uno y al final fueron once los jinetes que, a media mañana, partían este domingo dos de marzo desde Sellañu animados por el ruido ensordecedor de los voladores. 

 
El gaitero Oscar Fernández puso música al aguinaldo. FOTO: J. CASO
Como siempre el primer pueblo que visitaron fue Cazu, a donde los mozos llegaron a los gritos de ¡Viva el aguinaldo! y ¡Viva los aguinalderos!. En la primera parada, y mientras Oscarín hacía sonar en su gaita música de lo más variada, llegaron los primeros donativos de los vecinos. Y fueron generosos. Hace décadas, como recordaban los vecinos de más edad, lo más común es que los aguinalderos recibieran chorizos, huevos, o cualquier otra vianda. "De aquella no había otra cosa", explicaba Agustín Llera, quien recordaba aguinaldos en los que los vecinos llegaron a obsequiar a los aguinalderos con cuatro o cinco cestas de huevos. Ahora lo que les dan es dinero. "El promedio estará en unos 50 euros por casa", comentó Cesáreo, otro vecino de Cazu.  

Cesáreo Llera entrega su aguinaldo a uno de los mozos. FOTO: J. CASO   





Los aguinalderos, delante de la torre de Cazu. FOTO: J. CASO


 Entre la comitiva de mozos aguinalderos, había de todo. Desde novatos como Pedro Collado, que corría su primer aguinaldo con doce años. Pero la mayoría eran veintiañeros, la mayoría con varios aguinaldos a sus espaldas. Y entre el público mucho ex aguinaldero. Desde octogenarios a jóvenes como Gumer Martínez, casado en abril del pasado año. Perder la soltería supone tener que dejar de correr el aguinaldo. Aseguraba que lo sentía, pero al mismo tiempo estaba muy orgulloso de que los que vienen por detrás mantengan viva esta tradición tan arraigada en esta parroquia pongueta y que siempre se celebra el domingo anterior al martes de Carnaval. La caballería del aguinaldo no paró en todo el día hasta completar, ya por la tarde, su recorrido por los seis pueblos de la parroquia. De vuelta en Sellañu fueron agasajados con frixuelos, rosquilles y fayueles, unos dulces que también pudo saborerar el público asistente. Pero el aguinaldo no es más que el primer capítulo de una fiesta que tendrá como colofón la cena de aguinalderos que se celebrará en Sellañu el próximo sábado ocho de marzo, fnanciada con el dinero obtenido durante el aguinaldo y en la que participarán tanto mozos como mozas. Eso sí, todos solteros. La novedad de esta año será el trofeo que se entregará al caballo mejor engalanado de todos los que corrieron el aguinaldo.

 

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