UA-47047058-1

lunes, 26 de febrero de 2018

Javi, el de la Pina. In memoriam

Fallece a los 70 años el cangués Francisco Javier de la Vega, uno de los pescadores ribereños más carismáticos del Sella

Javi el de la Pina, con el Campanu del Sella de 2011. FOTO: JAVIER G. CASO

Por Javier G. Caso


A las puertas de una próxima temporada salmonera que, desde hace años arranca en abril, pero que él hubiera querido que comenzara en marzo, como siempre; se nos ha ido Francisco Javier de la Vega Díaz, Javi el de la Pina, un ilustre ribereño del Sella, de los más carismáticos, gran pescador y todo un personaje vestido siempre de verde y tocado con su famoso sombrero de ala ancha, adornado con anzuelos de pluma.

Esta tarde su sombrero, su fiel compañero de fatigas, lucía en el tanatorio cangués sobre el féretro donde fue colocado, a modo de homenaje, por sus familiares. Javi era de esos pescadores finos de verdad, una sabiduría que transmitía a sus clientes, no en vano era desde hace muchos años uno de los gancheros más afamados del Sella, ese oficio de ribera que ahora se conoce como guías de pesca. Entre las muchas personas a las que acompañó figura gente tan insigne como el que fuera ministro de Educación con la UCD y director general de la UNESCO, Federico Mayor Zaragoza, o el científico Ginés Morata.

Pasear por el entorno del Puente Romano, su barrio de toda la vida y no toparse con Javi, va a resultar muy extraño para sus vecinos de Cangas de Onís. Siempre andaba por allí. En época de pesca, acompañado de sus cañas y su sacadera a la espera de turno porque el pozu del Puentón era uno de sus lances favoritos. Y el resto del año echando un vistazo al río o por el Mesón del Puente Romano, escenario de muchas partidas de cartas que, en los últimos tiempos, Javi y sus compañeros trasladaron a la cafetería Lanza de la carretera Cañu.

Javi el de la Pina, campeón de Asturias de lanzamiento de mosca hace unos años, y que durante mucho tiempo alternó la pesca con su trabajo como conductor de carrocetas, era de esos ribereños protagonista de múltiples anécdotas. En 2011 se hacía con el Campanu del Sella y esa misma mañana, tiraba de sacadera momentos después para ayudar a su sobrino Kiko Vega, Kikín, como le llamaba, a sacar un salmón casi bajo el mismo arco del Puentón cangués.


 También quedará para la historia otra escena que tuvo a Javi como protagonista dos años después. Su hermano Kiko se hacía en 2013 con el Campanu de Asturias en la Mansona, un lance situado aguas arriba del Puente Romano. Y ejerciendo de representante de su hermano fue Javi, quien pese al empeño del alcalde de Salas, que viajó hasta Cangas de Onís con la intención de llevarse el salmón a subastar a Cornellana, se negó en redondo a tal traslado. Como ribereño, para él era inconcebible que el Campanu del Sella y de Asturias no se subastara en otro sitio que no fuera Cangas de Onís. Como así fue.

 Los de la Pina volvieron a protagonizar otra anécdota genial, de esas que quedan para la historia local. En la jornada de apertura salmonera de 2014 fue su hermano Guillermo, Emo, quien se hacía con el Campanu del Sella unos minutos antes de que Javi capturara el segundo salmón de aquella temporada, algo que desde luego no le hizo maldita gracia.
 Como cualquier pescador avezado no era de los que daba pistas a otros a la hora de elegir dónde echar la caña en las mejores condiciones. En una ocasión, tras un multitudinario sorteo de la media hora en el Puente Romano, Javi no dejaba de comentar en voz alta: “Hoy está muy buenu pa pescar por la zona de Cañu, pero muy buenu, muy buenu” Con aquel comentario trataba de quitarse de encima a alguno de los casi cuarenta pescadores que, como él, esperaban turno para pescar al pie del Puentón.

Se te echará de menos Javi, sobre todo cuando llegue el domingo 15 de abril y se abra la temporada salmonera de este año. No te veremos intentando hacerte con el ansiado Campanu. Ojalá que la suerte les sonría y este año lo logren alguno de tus hermanos o de tus sobrinos para que te lo dediquen. Y ojalá que vuelva a salir bajo el Puente Romano, tu querido Puente Romano. Descansa en paz, Javi. Hasta siempre.

martes, 23 de enero de 2018

San Antón en Siña

Los vecinos de Villaverde, en Amieva, participaron en  la misa y la tradicional bendición de animales
El párroco de Amieva, Alejandro González, bendiciendo a algunos de los animales que sus dueños llevaron hasta Siña. FOTO: JAVIER G. CASO

POR JAVIER G. CASO

La sangría demográfica del medio rural es lo que tiene. En los pueblos cada vez queda menos gente. Por eso, a la hora de festejar al patrón, hay que hacerlo en fin de semana, independientemente de la fecha del santoral. Es la única forma de garantizar un festejo concurrido. Y así lo han hecho este fin de semana en Villaverde, en Amieva. San Antón Abad fue el miércoles, 17 de enero; pero lo han celebrado este domingo en una capilla de Siña que se quedó pequeña.


Interior de la ermita de Siña. FOTO: J. G. CASO

Hasta allí llegó un buen número de vecinos, además de familiares y amigos que por semana residen fuera de Villaverde y de Amieva. Los vecinos acudieron con animales domésticos: algún caballo, un asno, un conejo, una oveja, cabritos, corderinos y dos xatos. También hubo algún perro y hasta un gato que venía en una jaula. ¡Ah! y un remolque llenu de coinos. Todos los animales recibieron la bendición y el agua bendita de manos de Don Alejandro, el párroco de Amieva. En un concejo en el que lobo campa a sus anchas, con continuos ataques al ganado. Uno de los dos terneros que se bendijeron aún conserva las heridas provocadas hace un mes por las dentelladas del lobo; de ahí que su dueño, el ganadero de Pen, Toni González, decidiera llevarlo hasta Siña para ponerlo bajo la protección de San Antón Abad, patrón de los animales. Otro tanto pasó con un corderín que, tal y como relató su dueño, Isaac Rivero, nació vivo de milagro tras el ataque de otro lobo que había dejado herida a su madre. Sus dueños temían que abortara, pero finalmente el cordero nació sano y  lo llevaron a bendecir.


Bendición de dos xatos. FOTO: J. G. C.



Uno de los corderos que se bendijeron. FOTO: J. G. C.
Las imágenes de San Antón y San Antonio, en la capilla de Siña. FOTO: J. G. C.
El sacerdote arrojó el agua bendita con una hoja de laurel. FOTO: J. G. C


El tiempo acompañó en una jornada soleada y de cielos azules en la que desde Siña se podía contemplar una estampa preciosa del Macizo Occidental de los Picos de Europa, del Cornión, cubierto de nieve. Fue una  misa de lo más animada aunque finalmente no hubiera ni coro ni gaitero como estaba previsto. A su conclusión, y antes de iniciar la bendición, el cura agasajó a los asistentes con bollos de chocolate y de chorizu, así como con velas conmemorativas para los mayores y unos peluches para los críos. Tras bendecir el sacerdote a todos y cada uno de los animales lanzándoles el agua bendita con la ayuda de una rama de laurel, todo el público posó para una foto de familia, inmortalizando una jornada festiva a la que se unió, por primera vez, un grupo de vecinos y vecinas de Llanera, quienes prometieron volver el año que viene ya acompañados de sus mascotas.

Vista del Cornión, el macizo occidental de los Picos de Europa. FOTO: J. G. C.

Argolibiu, Cien y al fondo el Cornión, desde Siña. FOTO: J. G. C.

Todos los asistentes posaron juntas tras la misa. FOTO: J. G. C.
Orgullosos de su capilla, que restauraron hace años justo antes de recuperar la fiesta, los vecinos contaban alguna que otra historia en torno a San Antón. La imagen actual que se venera en Siña fue tallada hará más de veinte años por Pepe, el de Pilar, un vecino de Villaverde a partir de una foto de la imagen original que algún sinvergüenza se había llevado de la capilla. “Sacolu exactu” apuntaba un vecino en referencia a la pieza tallada por Pepe que preside el retablo de la ermita de Siña. En este rincón de Amieva San Antón Abad comparte altar con su tocayo San Antonio de Padua, al que los vecinos festejan, ya no el 13 de junio, sino en pleno mes de julio. La fiesta concluyó en Villaverde con una comida de hermandad en la que no faltó una estupenda borona.





sábado, 11 de noviembre de 2017

Una exposición recuerda el bombardeo de Cangas de Onís cometido por la Legión Cóndor hace 80 años

"Cangas bajo las bombas, 1937"


La muestra fotográfica, que se nutre de fondos de la Biblioteca Nacional, se expone en la Casa Municipal de Cultura canguesa hasta el próximo 10 de marzo e incluye medio centenar de instantáneas


Alejandro Fernández, comisario de la exposición, durante el acto inaugural. FOTO: JAVIER G. CASO


JAVIER G. CASO

No queda más que felicitar al historiador cangués Alejandro Fernández Martínez por su iniciativa, la exposición fotográfica “Cangas bajo las bombas, 1937”, que este viernes quedaba inaugurada en la Casa Municipal de Cultura donde permanecerá expuesta hasta el 10 de marzo del próximo año.
La inauguración, con gran asistencia de público lo que demuestra el interés despertado por esta exposición, llega 80 años después de aquel bombardeo llevado a cabo por los aviones y los cañones de la Legión Cóndor, que apoyaban el avance de las tropas franquistas en su avance por tierras asturianas tras superar la resistencia que el ejército republicano opuso en la Batalla del Mazucu


Hacía tiempo que Alejandro Fernández había puesto su punto de mira como investigador en el bombardeo de Cangas de Onís, al que ya había dedicado un artículo en el libro de las fiestas de San Antonio del año pasado, si mal no recuerdo. Está claro que el asunto le enganchó a la vista de los resultados: y es que su tenacidad investigadora es la que ha hecho posible esta exposición. Tras consultar el catálogo de la Biblioteca Nacional supo de la existencia entre sus fondos, de tres cajas de fotografías bajo el título: “Cangas de Onís (Asturias). El pueblo destruido (Cajas I, II y III) En total 124 instantáneas tomadas los días 11 y 12 de octubre de 1937 por algún fotógrafo del Servicio de Prensa y Propaganda del bando franquista. 
Con esos datos, nadie se hubiera resistido y este joven historiador cangués se plantó en Madrid a consultar esas fotos de las que ahora se exponen medio centenar de ellas, muchas de ellas. Que este exposición haya conseguido ser una realidad es algo que hay que agradecer tanto al propio esfuerzo investigador de su organizador y promotor, Alejandro Fernández, como al apoyo recibido desde el Ayuntamiento de Cangas de Onís que financió la adquisición y la reproducción  de las fotografías originales de la Biblioteca Nacional.

Varias de las fotos expuestas. FOTO: J. CASO


Las fotos expuestas dan cuenta del grado de devastación sufrido por la capital canguesa, que tal y como  explica Alejandro Fernández fue bombardeada “al menos en cuatro ocasiones, los días 6 y 15 de septiembre y, también, 6 y 9 de octubre”. Unos bombardeos reconocidos por “los propios partes de guerra de la Legión Cóndor”, añade Fernández en alusión a la unidad militar que Hitler envió a España en apoyo del bando sublevado. Un recorrido por la exposición permite comprobar los daños sufridos en algunos puntos concretos de la capital canguesa: en la zona del mercau, donde el Palaciu Pintu quedó destruido por completo, así como varias casas en la calle San Pelayo. Otros edificios que también sufrieron daños fueron el propio ayuntamiento, la estación del tranvía a Covadonga y el inmueble del desaparecido Hotel Santa Cruz, en la esquina situada junto al ayuntamiento en el lugar que ocupa el edificio del Banco Sabadell.

Un visitante contempla una de las fotos. FOTO: J. G. CASO
Cuando se cumplen ocho décadas de aquel suceso, Alejandro Fernández explica que, a día de hoy, “nadie duda ya de que la versión más veraz es la del bombardeo”, comenta en alusión al cruce de acusaciones que los dos bandos habían mantenido en plena Guerra Civil. Mientras el bando franquista, añade este historiador, responsabilizaba de la destrucción de Cangas de Onís a “las hordas marxistas, que en su retirada arrasan con todo, practicando una política de tierra quemada”, desde el bando republicano se aseguraba lo contrario. La responsable de la destrucción había sido la Legión Cóndor que, apunta Fernández, “bombardea Cangas de Onís y comete el mismo crimen que en Gernica”.


En su artículo “A 80 años vista”, incluido en el tríptico de la exposición, Alejandro Fernández ofrece algunos datos relativos al número de edificios destruidos y asegura que varían en función de las fuentes consultadas. “Desde los 52 edificios derruidos en Cangas y las 9 casas en Corao,  como propone Fernando Fernández Rosete, a los 100 que determina la Causa General”.

Militares franquistas, en la Avenida Covadonga. Reproducción JGC


Las propias tropas franquistas, como se puede ver en una de las fotografías expuestas, desfilaron entre ruinas por la Avenida de Covadonga. El grado de destrucción sufrido por la capital canguesa fue tal, que tal y como explica Fernández en su artículo “el 14 de julio de 1943 Cangas de Onís es adoptada por el Caudillo”, comenta en alusión a la reconstrucción llevada a cabo por el Servicio de Regiones Devastadas, un órgano creado por el bando franquista en 1938 y que, una vez acabada la Guerra Civil “adoptó a las poblaciones en las que la destrucción había afectado a casi la totalidad de los bienes de uso público y de los destinados a servicios en la localidad”. El requisito para esa adopción, tal y como tuvo que haber pasado en el caso de Cangas era que, detalla Fernández, “la destrucción afectase al 75% del lugar”.

Un buen número de las fotografías ha sido posible localizarlas e identificarlas, pero hay algunas que exigen un mayor esfuerzo. Tal y como comentó Alejandro Fernández durante el acto inaugural, en el que ejerció como guía en un recorrido por la exposición, cualquier ayuda a la hora de identificar los lugares fotografiados o incluso a algunos de los personajes que aparecen en varias de las instantáneas será “bienvenida”. No queda más que animar a visitar esta exposición que nos transmite las terribles consecuencias de la guerra, unos hechos que, como me comentaba el comisario de la exposición” siempre conviene recordar y conocer para evitar que puedan volver a repetirse”. Gracias Alejandro por este regalo para todos los cangueses y en particular para aquellos que, sean de donde sean, aman la fotografía histórica.


jueves, 23 de febrero de 2017

La capilla de El Pedrosu, en Onís

La ermita, dedicada a San Julián, es del siglo XVII y tiene unas interesantes pinturas


Vista general de la capilla de San Julián, en la localidad de El Pedrosu, en Onís. FOTO: JAVIER G. CASO

Por JAVIER G. CASO

Nuestro entorno rural nunca dejará de sorprenderme. En esta ocasión ha sido la capilla de San Julián, en El Pedrosu (Onís) en cuyo entorno acomete estos días trabajos de mejora el consistorio oniense. Al pie de la ermita se ha levantado una escollera que, si bien de mano sorprende un tanto, lo cierto es que evita cualquier peligro de que la capillina se pueda venir abajo si el terreno cede. El vecino más próximo, Álvaro Asprón, ejerció de improvisado guía y, muy amablemente, me aportó datos más que interesantes de esta modesta edificación religiosa levantada, me explicó, en 1656.


De inmediato le digo que sí cuando este vecino, custodio de la llave de la ermita, me invita a visitarla. Atravesar su pórtico empedrado y franquear la puerta de madera situada bajo un arco de medio punto, permite disfrutar de un interior más que interesante. El pavimento de la capilla, lejos de ser de piedra o de un moderno terrazo que sustituyó al original como ha sucedido en muchas iglesias, está formado por unos ladrillos de considerable tamaño. A partir de ahí llama la atención su decoración pictórica del arco triunfal que separa la nave del altar. En el pilar de la izquierda aparecen sendas cruces pintadas en tono ocre una sobre la otra. La de más abajo está pintada dentro de un círculo; en el frente del pilar del lado derecho hay pintadas lo que parecen ser las figuras de algún animal. En el lateral del pilar derecho lo que aparecen representadas,de una forma muy elemental y esquemática, son dos figuras humanas a distintas alturas. La más alta y de mayor tamaño porta una especie de bastón alargado en forma de cruz. Por su parte en las impostas de las que arranca el arco aparecen decoraciones geométricas y unos pájaros. Ya en el altar mayor, presidido por un retablo de madera, en la pared de la cabecera hay más pinturas, una decoración pictórica bastante mal conservada. Preside el altar la figura de San Julián, acompañada a los lados por un Corazón de Jesús y una Virgen.

Vista del arco triunfal y, al fondo, el altar, de la capilla. FOTO: J. C. 

Decoración pictórica con motivos animales y geométricos. FOTO: J. C.


Figuras humanas pintadas. FOTO: J. C. 

Cruces pintadas. FOTO: J. C. 
Lo más feo de esta capilla es, sin duda, el muro de hormigón que rodea el pórtico y que, me imagino, sustituyó hace años al muro de sillería original. Posiblemente la actuación evitó que el techo del porche de la ermita se viniera abajo, pero la buena actuación no evita poder decir que se hizo a costa de destrozarlo por completo. Lo que sí conserva el pórtico es un desigual empedrado a base de regodones de río, unas piedras de distinto tamaño, distribuidas en cuadrantes.

Pórtico empedrado. FOTO: J. CASO


Aunque ya no puede contemplarse, según este vecino, en su día hubo pila bautismal en la capilla de El Pedrosu, dónde ahora hay unos once vecinos pero que, según Álvaro Asprón, llegó a tener hasta doscientos habitantes en su día. El Pedrosu pertenece a la parroquia de La Robellada, pero su ermita, según este vecino, pudo ser parroquia hace siglos. Hasta hace cien años en este pueblo oniense se festejaba a San Antonio de Padua, del que aún se conserva una talla de buen porte que luce en el lateral izquierdo del presbiterio de la ermita.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Carreteres y samartinos

Una tradición rural, la de matar el gochu, que sigue viva

Un grupo de vecinos de Onao, en plena faena de pelar el gochu. FOTO: J. G. CASO





El gochu, ya colgau. FOTO: J. C.

 Por Javier G. Caso

Informar de lo que acontece por los pueblos es lo que tiene. Te acercas para hacer un reportaje sobre el inicio de las obras de una carretera y te topas con un grupo de vecinos haciendo el sanmartín o samartín. Sucedió hace unos días en la localidad de Onao (Cangues d´Onís/ Cangas de Onís). Y cuchillo en mano, haciendo una pausa mientras pelaban el gochu, los paisanos relataron lo importante que es para ellos disponer de una carretera decente, sin baches, para llegar a sus casas.

La escena de la matanza, por lo demás, invita a una cierta reflexión. De una parte no hay más que confratularse de que este tipo de tradiciones rurales se mantengan, por más que algún urbanita ignorante y despistado sea capaz de tacharlas de barbaridad. En fin... Estamos en un país en el que no cabe un tonto más. A la vez, la escena muestra que los pueblos, pese a todo, siguen vivos y que la colaboración vecinal, una de sus señas de identidad; y la costumbre de juntarse para matar el gochu, siguen presentes. Como siempre se hizo en los pueblos y aldeas asturianas. Y que sigan así. Por muchos años.



Vista de Onao, desde Perlleces. FOTO: J. C.

 

martes, 7 de febrero de 2017

Lagos, hielo, selfies y mentecatos

Una bella estampa invernal, la del lago Ercina congelado, de la que algunos no supieron disfrutar

 

Vista general del lago Ercina, casi congelado por completo. FOTO: JAVIER CASO

Por Javier G. Caso

La invernal y espectacular imagen de un lago Ercina casi congelado por completo tuvo su peor cara el pasado domingo 22 de enero cuando unos descerebrados decidieron convertirlo en una especie de pista de hielo como las que, durante las pasadas navidades, estuvieron instaladas en Oviedo y Gijón. Y claro, el hielo del Ercina se quebró bajo sus pies y hasta siete personas terminaron empapadas. Los mismos domingueros que son capaces de subir a un niño a lomos de una vaca mientras está tranquilamente tumbada en una campera para hacerle una foto a su retoño, o quienes son capaces de hacer la ruta del Cares en alpargates, son los que ahora se deciden a ir más allá adentrándose en un lago de montaña parcialmente congelado.

En fin. Allá cada uno. Pero ni el espesor del hielo, ni el lugar son los adecuados para hacer una tontería así. Soy de los que pensaba que en el lago Ercina, el más pequeño de los Lagos de Covadonga no hay profundidad suficiente como para cubrir por completo a una persona adulta; de ahí que cuando se supo que varias personas se habían precipitado al lago tras hundirse el hielo que pisaban, tan sólo pensé: bueno, los pies mojados o como mucho empapados hasta la cintura. Un chapuzón no deseado y que espabilen. Pero no. Resulta que hay puntos concretos del Ercina en los que puede haber hasta dos metros de profundidad. Y eso ya son palabras mayores. Si alguien se hunde justo ahí, igual no sale. No digamos nada si esa tochura de caminar sobre el hielo, alguien decidiera llevarla a cabo en el lago Enol, con profundidades de hasta 24 metros.

Lo cierto es que vivimos tiempos de locura. Los autorretratos fotográficos, los populares selfies, unidos a un cierto afán exhibicionista al que luego damos carrete en las redes sociales, es lo que suele estar detrás de todas estas pijadas. Ya no vale fotografiarse con un lago helado detrás. No. Ahora lo que mola es hacerse la fotito sobre el mismo lago. Verás que envidia le vamos a dar a los colegas y, al mismo tiempo, verás los muchos me gusta que sumaremos de nuestros seguidores en Facebook o Instagram. Por fortuna no pasó nada. Como mucho una buena moyadura y, a buen seguro, un constipado. Pero, por favor, seamos serios. Se trata de un Parque Nacional, el de los Picos de Europa. Y si el baño está prohibido en Los Lagos de Covadonga, una medida más o menos discutible, tal y como advierten un buen número de carteles, ¿ hace falta que también se coloque una señal que diga expresamente que tampoco se puede pasear sobre sus aguas congeladas? Esto no hay quien lo entienda. Se supone que nunca hemos estado tan bien informados como ahora. Sin embargo, luego la peña actúa y se comporta como auténticos ignorantes.

Vista general del Lago Enol, con aves acuáticas sobre el agua. FOTO: J. C.

 
Una focha del Ercina, en aguas del lago Enol. FOTO: J.C.

Debo estar haciéndome mayor. Contemplar días atrás el Ercina congelado, lejos de invitarme a a cruzarlo como a esos desaprensivos, no sé si con la idea de imitar a algún explorador del Ártico, tan sólo me llevó a recordar una anécdota que recuperé de la novela Tomates verdes fritos en el Café de Whistle Stop, que leí hace ya unos años. Una de sus personajes, una señora mayor, contaba una leyenda genial: hablaba de la súbita congelación de un lago en Alabama. Y de cómo los patos que lo habitaban, lejos de morir de frío allí atrapados, salieron volando y se llevaron el lago con ellos hasta el vecino estado de Georgia. En el caso del Ercina, antes de que se llegara a helar por completo, las fochas que lo habitan todo el año, lo que hicieron fue huir del hielo y trasladarse hasta el vecino lago Enol sobre el que se las podía ver nadar tranquilamente. Ni estas aves acuáticas que pesan bastante menos que una persona, osaron pisar y caminar por la superficie helada del lago Ercina. Por si acaso.

 

Once miradas al Paraíso

La Casa de Cultura canguesa acoge una interesante exposición fotográfica con los paisajes del entorno de Cangas de Onís y los Picos de Europa como grandes protagonistas

 

Cartel anunciador de la muestra, a la entrada de la sala de exposiciones de la Casa de Cultura. FOTO: J. CASO

 
Por JAVIER G. CASO

Once miradas al Paraíso. Así se titula la muestra fotográfica que, desde ayer lunes y hasta el próximo 28 de febrero, permanecerá colgada en la sala de exposiciones de la Casa Municipal de Cultura de Cangas de Onís. En ella pueden contemplarse una amplia variedad de imágenes dedicadas, sobre todo, al paisaje y a la naturaleza, pero también al paisanaje del concejo de Cangas de Onís y de esta comarca de los Picos de Europa.


Una visitante, contemplando algunas de las fotos expuestas. FOTO: J. C.


 Precisamente los Picos de Europa, a los que el fallecido escritor José Ignacio Gracia Noriega bautizó como los Grandes Grises, en alusión al color característico de su roca caliza, son uno de los grandes protagonistas de esta exposición. Las fotos que la integran son obra de once fotógrafos aficionados locales cuyas instantáneas, en la mayoría de los casos, destilan amor y pasión hacia las personas y los paisajes fotografiados. José Allende, Fernando Moro, Laura Coviella, Alejandro López, Santi de la Vega, Javier Remis, Sergio Castaño, Silvia Castro, Pedro Castro, María Antonia Poza y Cori Castro, componen la nómina de fotógrafos cuyos trabajos se pueden contemplar en la Casa de Cultura y que, en algunos casos, exponen sus instantáneas de una forma pública.

Fotos: J. C.


La exposición bien merece una visita al centro cultural cangués. No les va a defraudar. Hay imágenes que merecen mucho la pena. Como los retratos de Laura Coviella, cuya detalle de la feria de Corao transmite a la perfección lo que es la dureza de la vida campesina. O las fotos nocturnas tomadas por José Allende en Cebolleda y Vega Redonda, en pleno corazón del Macizo Occidental de los Picos de Europa, unas instantáneas de las que, por otra parte, alguna ya obtuvo algún reconocimiento en el prestigioso concurso fotográfico del Memorial María Luisa. Pero hay mucho y bueno en qué escoger...




Fotos: J. C.


Contemplar la exposición invita a reflexionar y a pensar, por qué no, en organizar una segunda muestra fotográfica al aire libre, distribuida por las calles de Cangas de Onís, con una selección de las mejores instantáneas reproducidas a gran formato. Sería ideal poder organizarla de cara al verano, a fin de que los miles y miles de turistas que visitan la capital canguesa durante la temporada estival, puedan disfrutar de algunos de nuestros paisajes más bellos tal y como los han captado con sus cámaras este grupo de entusiastas y amantes de la fotografía.