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martes, 2 de diciembre de 2014

De la lectura del último libro de Lorenzo Cordero

“El rojo color de la memoria” ( ediciones Trea) se mueve entre la autobiografía y la crónica de Asturias durante la dictadura franquista

Portada del libro de Lorenzo Cordero, editado por Trea. FOTO: JAVIER CASO
 Por Javier G. Caso

 
Lo de maestro de periodistas es algo tan manido que lo más fácil es que no le guste que lo llamen así. Sin embargo son muchas las enseñanzas que, para cualquiera que ejerza este oficio, están recogidas entre las páginas de El rojo color de la memoria ( Ediciones Trea), libro del que es autor Lorenzo Cordero Rosete ( Ribadesella, 1927). Hablamos de una obra que contiene los 51 artículos que, en forma de serie y con el mismo título, publicó cada domingo entre marzo de 1994 y 1995 en las páginas de La Voz de Asturias, periódico en el que Cordero entró a trabajar en 1965, del que llegó a ser director, y en el que escribió hasta su cierre en abril de 2012, triste final para una cabecera que estaba a punto de cumplir los 90 años.

El periodista riosellano en el despacho de su domicilio de Oviedo en abril de 2012. FOTO: J. CASO.

 
Tal y como afirma en el prólogo del libro el profesor de Historia de la Universidad de Oviedo, Francisco Erice, no resulta fácil encuadrar o clasificar El rojo color de la memoria en un determinado género. Hay mucho de autobiográfico, pero a la par tiene muchísimo de crónica de la historia de Asturias a lo largo de los cuarenta años que duró la dictadura franquista, un relato en el que Lorenzo Cordero va dejando, a modo de pequeñas piedras o migas de pan que marcan un camino, sus principios personales, así como sus opiniones acerca de cómo se debe ejercer el periodismo. Pero no lo hace a modo de lección, es mucho más simple. El veterano periodista riosellano da cuenta, y nos cuenta, cómo ejerció este oficio en una época tan oscura y difícil para algunos periodistas, tal y como fue su caso, a la par que cómoda para otros plumillas. También relata su propia trayectoria personal, marcada por el fusilamiento de su padre en el cementerio gijonés de Ceares en diciembre de 1937, un hecho que lo convirtió en el hijo de un rojo, marcado en aquella España franquista por las ideas políticas de un padre que había militado de forma activa en el sindicato anarquista, la CNT. Cordero nos cuenta que fue un niño al que otros increpaban por no asistir al catecismo ni a misa y que apenas cinco horas de que ejecutaran a su progenitor vio cómo sus verdugos intentaron humillar a su madre mandándola a fregar el Casino riosellano. En su relato se describe como un niño refugiado en la lectura y que creció entre libros, una compañía que nunca le ha abandonado como puede comprobarse en una visita a su domicilio. Buen estudiante Cordero tuve que enfrentarse a la decisión del Ayuntamiento de Ribadesella de denegarle una beca por motivos políticos para acceder al Bachillerato Superior. La ayuda, sin embargo, la obtuvo después de la Diputación Provincial. En cuanto a sus avatares políticos el periodista también describe su paso por la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid y su posterior desembarco en La Voz de Asturias.

Una de las entregas publicadas en LVA.
Otro de los capítulos.





















Especialmente curiosas son sus referencias a ese periodismo de lenguaje críptico, cuando no surrealista, que él mismo tuvo que practicar bajo seudónimo para evitar las duras condiciones que el régimen franquista imponía al ejercicio de la profesión periodística. De eso iba la columna de Horacio de La Voz de Asturias con ejemplos como aquella frase que, viniendo de Lorenzo Cordero, era toda una declaración de principios: “ Yo escribo con la derecha, pero sujeto la cuartilla con la izquierda”. O aquella otra recogida también en su libro y que dice: “Yo, peatón. ¿Y usted?”. Aquella frase, nos explica el periodista de Ribadesella “ trataba de proclamar el izquierdismo del columnista: los peatones, por la izquierda”. Y es que tal y como advierte Cordero, desde hace años Cronista Oficial de Ribadesella, en la España de Franco un periodista no tenía más que dos caminos: “ O te dedicabas a incensar a los bonzos del sistema o camuflabas tu pensamiento entre frases que, en una primera lectura, parecían tonterías pero, en una segunda y, después, con el hábito adquirido, el lector leía entre líneas la crítica que echaba de menos. Era un asunto de complicidad clandestina. Frente a esta vía estaban los periodistas más cautos, y que según Cordero, optaron por ejercer la autocensura. Esta postura, a su juicio, es “la peor de las enfermedades que puede adquirirse en un periódico”. En un epígrafe titulado Posibilidades de la profesión, Lorenzo Cordero describe los distintos tipos de periodistas con los que se topó durante aquellos años: los que ejercieron el riesgo de la libertad de expresión, los que optaron por un puesto tranquilo o incluso aquellos que, según el riosellano, “ se olvidaron de lo que son, profesionalmente, y pasaron a ser funcionarios en la empresa privada, con sus influencias a tope, o en un organismo oficial”. En su libro también ocasión de hablar de la famosa ley de Prensa e Imprenta de 1966, más conocida como la ley Fraga. Aquella norma, nos explica Cordero, lejos de equivaler a la libertad de expresión, algo impensable bajo el paraguas de una dictadura como la de Franco, serviría para liquidar el método de la censura previa. Sin embargo añade que “ese quehacer inquisitorial se trasladaba a los directores de los diarios”. Se trataba pues, a juicio del veterano periodista de Ribadesella, de una censura delegada, “pero censura al fin y al cabo”. A este respecto Lorenzo Cordero alaba en su libro el papel que jugó en La Voz de Asturias un director como José Díaz Jácome, de quien dice que “demostró una inteligente permisividad a la vez que procuraba poner freno, suavemente, a los más vehementes muchachos que se impacientaban por practicar un periodismo cuyo concepto básico fuera la democracia y no las Leyes Fundamentales del Movimiento”. Por eso, añade, desde 1966 La Voz de Asturias trataría de ir aproximándose, “ lo más cautamente posible”, al periodismo democrático.


Lorenzo Cordero, con Alejandro Barrero, el pasado verano en Ribadesella. FOTO: J. CASO


Tampoco faltan en su libro referencias a los periodistas de “absoluta confianza” del régimen, que no eran otros que los que escribían las crónicas de las visitas que Franco cursaba a Asturias de vez en cuando, entre otras cosas para pescar en el Sella o el Narcea. “La adhesión incondicional alcanzaba en estos periodistas de la prensa privada y de la oficial fervores apasionados y delirantes. Las hemerotecas no mienten...” Frente a esa postura Cordero asegura que seguía a lo suyo, ejerciendo de “francotirador oculto tras eufemismos, frases crípticas, opiniones escritas entre líneas y practicando el discurso del absurdo”. Así hasta que en diciembre de 1970 sucedió algo por lo que el periodista riosellano acabó siendo acusado ante el mismísimo Tribunal de Orden Público (TOP). Sucedió cuando tras recibir un comentario alusivo al gravísimo estado de salud de Franco, que algunos casi dieron por muerto en aquel momento, en una columna de La Voz de Asturias titulada A diestro y siniestro, y bajo un título que ponía Rumores apareció escrito aquello de “Dicen que murió el raposu”. Y estalló el escándalo. Un gran escándalo. De esta forma, según Cordero, “en Oviedo una absurda frase tomada del rico folclore regional provocó una crisis de Estado inspirada en el más puro estilo de las astracanadas teatrales de Muñoz Seca”. 

Cordero mira a la cámara mientras sujeta un ejemplar de La Voz de Asturias. FOTO: J. CASO
 
Aquel suceso movilizó hasta al mismísimo comisario Claudio Ramos, al que Lorenzo Cordero describe como “el gran trampero del régimen en Asturias” y como un verdadero “cazador de rojos”. Aquel policía llegó incluso a afirmar por aquel entonces que había llegado la hora de ajustar cuentas con aquel periodista de La Voz de Asturias al que tildaba de “canalla rojo” en alusión a Cordero. “Hasta ahora pudo salvarse gracias a su supuesta habilidad para no caer en el delito. Pero ahora ya no tiene excusa. No se salvará como en otras ocasiones. Lo tenemos cogido y bien cogido”, habría afirmado aquel temido jefe de policía obsesionado con perseguir a los comunistas. Tras aquel suceso, y además del proceso judicial que se abrió contra él, Lorenzo Cordero también sufrió la desafección hacia su persona de compañeros de redacción que le negaban el saludo, tal y como relata en su libro, o que ya no gustaban de tomarse un café con él. Mientras tanto el enojo del régimen era más que evidente cuando hasta el ministro Alfredo Sánchez Bella, en aquel momento titular de la cartera de Información y Turismo, llegó a afirmar: “quiero la cabeza de ese Cordero”, mientras dejaba claro que la solución era “o Lorenzo Cordero o La Voz de Asturias”. Esas fueron las opciones que aquel ministro les dio a los entonces director y editor del diario durante una entrevista que mantuvo con ellos. Y claro, en esa situación, la cuerda terminó por romperse por el lado mas débil. De esta forma Lorenzo Cordero fue despedido de La Voz, si bien el periódico siguió pagándole el sueldo que le era enviado todos los meses a su casa “en sobre y mediante y recibo”, tal y como cuenta en su libro. Además tuvo que presentarse ante el titular de un Juzgado de Oviedo tras ser alertado por un compañero del periódico cuando nadie lo había citado de manera oficial. De esta forma Lorenzo Cordero, según rememora en las páginas de El rojo color de la memoria, acabó declarando delante de un juez, si bien lo primero que éste le aclaró fue que todo era cosa del entonces todopoderoso TOP, el Tribunal de Orden Público, al que tendría que remitir su declaración.

De aquellos años en los que no pudo ejercer su profesión, Cordero asegura que pudo sentir lo que era verse convertido en una especie de apestado social. En clara alusión al ambiente que entonces se respiraba en Oviedo, “noté que la ciudad se abalanzaba sobre mí”, mientras subraya que solo unos pocos amigos se mantuvieron a su lado. Aquella historia, aquel despido que afectó y tuvo como protagonista al periodista que “osó matar a Franco”, se prolongó durante cinco largos años. Según sostiene en su libro Lorenzo Cordero tiene claro que aquella famosa frase de “dicen que murió el raposu” no fue más que la excusa que algunos llevaban tiempo aguardando, “un pretexto utilizado por algunos para ponerme un bozal y emplomarme la pluma por otras cosas. Por reivindicar el derecho a ser uno mismo en un régimen que solo supo anular al otro”. Pero pese a todo, y con la complicidad de los responsables de La Voz de Asturias, Cordero pudo seguir escribiendo, eso sí, con más de una veintena de seudónimos. Seis años después del incidente, uno más desde la muerte de Franco, “cuando le concedieron a mi nombre la libertad”, Lorenzo Cordero pudo recuperar su firma y dejó de ser un periodista clandestino. A partir de ahí, y ya durante la etapa de la llamada Transición, el periodista subraya el papel jugado por La Voz de Asturias y destaca las actividades organizadas por este diario entre los años 1977 y 1980. Todas ellas, asegura, encaminadas a ofrecer una información política desde la libertad profesional. “Aquellas cenas de La Voz de Asturias- como eran conocidos aquellos eventos que fueron una serie de encuentros con los políticos que concurrían a las primeras elecciones de la democracia- fueron escuelas de democracia y foro para la inteligencia”, rememora Lorenzo Cordero.

En el último capitulo del libro, titulado Confesiones de parte, aparece un autorretrato del periodista riosellano. Cordero alude a los sentimientos que, entiende, mejor definen su carácter: el pesimismo y el escepticismo. Y alude a ambos cuando al hablar de la Transición y de su significado asegura que no fue otra cosa que “una reforma del régimen franquista”. A este respecto no duda en añadir que la Transición política española “embalsamó la democracia orgánica, pero no la sustituyó por la democracia de las libertades; una democracia por la que muchos han suspirado y que, seguramente, habría llegado si en vez de por transición hubiesen optado por ruptura”, señaló Lorenzo Cordero con ese sentido crítico que lo caracteriza y que emana directamente de esas dos “coordenadas”, pesimismo y escepticismo, las cuáles advierte “no me condicionan, sino que inspiran mi personal entendimiento de la vida”. En definitiva la lectura de El rojo color de la memoria nos permite acercarnos tanto al personaje y a su trayectoria periodística, así como percibir el férreo control que el franquismo ejerció sobre los medios de comunicación y del que algunos periodistas como Lorenzo Cordero trataron de librarse como pudieron.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Las mejores cabras bermeyas de Asturias se crían en el desfiladero de Los Beyos

El pongueto José Ángel Moriñigo, el gran triunfador del último concurso nacional,  mantiene viva la tradición de la ganadería de caprino en el desfiladero del Alto Sella

José Ángel Moriñigo con "Beyusca", campeona nacional de la cabra bermeya, en Corao. FOTO: JAVIER G. CASO


Por Javier G. Caso



El desfiladero de Los Beyos siempre fue, y sigue siéndolo, tierra de cabras y cabreros. El caprino, es con mucho, el ganado que mejor se adapta a esos parajes tan bellos como agrestes y verticales. Apenas hay suelo para la agricultura y los pocos prados llanos que hay son los que consiguieron en tiempos inmemoriales los beyuscos a base de aterrazamientos construidos a costa de mucho esfuerzo y ganados a la verticalidad. Pero la mayor parte de este territorio que atraviesa el Sella en su curso alto y que comparten los concejos de Sajambre, Ponga y Amieva, son unas laderas rocosas y empinadas en las que solo las cabras son capaces de aprovechar unos pastos tan minúsculos como excelentes. Los pastores de los pueblos de los Beyos son los que siempre se han encargado de atender a esos rebaños.

El puente Angoyu, en el desfiladero de Los Beyos. FOTO: J. CASO


 Esa tradición ganadera sigue viva gracias a personas como José Ángel Moriñigo, vecino de San Ignacio de los Beyos y, sin duda, el gran triunfador del último concurso nacional de la cabra bermeya. Moriñigo se presentó el pasado sábado 22 de noviembre en Corao con un rebaño de once animales que mereció ser distinguido con el premio al mejor lote del certamen. Además una de sus cabras, de nombre beyusca, fue elegida por el jurado campeona nacional de la muestra. Pero la cosa no quedó ahí y a estos dos galardonados se sumaron otros cuatro más, entre ellos el de mejor cabritu y mejor chivo joven. La pena de este joven ganadero pongueto, que lleva desde crío dedicado a este oficio, fue no haber podido llevar al concurso a su chivo Mocu. Una pelea con otro animal del rebaño lo dejó sin uno de sus cuernos y este problema estético dejó al castrón sin opciones a presentarse al concurso. No obstante su propietario tiene claro que, sin duda alguna, “es el mejor chivu que tengo”. Por eso, añade, lo mantendrá como principal semental de un rebaño que Moriñigo ha ido conformando poco a poco a lo largo de los últimos quince años desde que, siendo un chavalete, un vecino le regaló una cabrita. “Me la dio José el de El Arenal y criela a mamona. Luego parió dos cabritos”.

Moriñigo con parte de su rebaño días atrás en Vidosa. FOTO: J. CASO


Aunque el grueso de su rebaño lo componen cabras de raza bermeya, Moriñigo también tiene otros animales, como una cabra negra y otra de tonos amarillentos, cuyos colores le son de mucha utilidad a este pastor de San Ignacio ya que las usa a modo de reclamo visual. Y es que localizar desde lejos por los Beyos a sus cabras bermeyas, o “rubias” como las llama Moriñigo, no es fácil porque su color las camufla entre la vegetación de las laderas del Alto Sella. Este ganadero, que también tiene ganado vacuno y ovejas, cría cabras para carne. De lo más ecológica desde luego. No en vano su rebaño pasta libremente por encima de Rubriellos hasta El Derrabau, por encima de la margen derecha del Sella, la mayor parte del año.  Moriñigo solo las guarda cuando a sus cabras les llega el momento de parir, precisamente en esta época del año. Entonces las ayuda y refuerza su alimentación con un poco de pienso y hierba. 

Moriñigo cría cabras desde hace quince años. FOTO: J. CASO

Este pastor asegura que ésta es una ganadería rentable porque los cabritos tienen salida. Pero claro las cosas no son tan sencillas. Su gran problema son los lobos y sus ataques al ganado menor. En lo que va de año estos cánidos se han llevado por delante cuarenta y dos de sus cabras. Por eso, asegura, en los Beyos quedan cada vez menos rebaños de caprino. Está el suyo, el de César y Arsenio en Casielles; las cabras de Mariano en Biamón, las de Colás y Lorenzo en San Ignacio y alguna más de los de El Arenal. Alguna otra cabra queda también en la zona del desfiladero de los Beyos que pertenece a Amieva, como las de Pepito el de Vega de Cien, las de José Antonio Vega, en Cien o las de Rubén el de Ceneya; además de alguna que otra en Pregondón. Es una lástima pero todo indica que, de seguir así las cosas, los apreciados cabritos de los Beyos, una carne con un potencial gastronómico excelente, podrían tener los días contados si quienes los crían acaban abandonando su oficio. Ojalá que esto no suceda. 

Los Beyos, a la altura de la Güera. FOTO: J. CASO


Y si bien los pueblos beyuscos han ido perdiendo gran parte de su población a lo largo de las últimas décadas, con aldeas abandonadas como Rubriellos o Tolivia; que por lo menos, los pocos vecinos que quedan puedan seguir con sus rebaños y que sus cabras sigan sacando provecho a los pastos de la “entalladura fantástica”, tal y como el francés Paul Labrouche bautizó al desfiladero del Sella. Un paisaje en el que en su día “algunos pastores de la comarca conseguían dar la vuelta a la rueda del año siguiendo a un hato de cabras sin salir de la pared”. Así lo explican Gonzalo Barrena y Jaime Izquierdo en su excelente libro Marqueses, funcionarios, políticos y pastores, publicación que nos acerca a los “pueblos pastores” del entorno de los Picos de Europa y que hoy día están representados por jóvenes como el beyusco José Ángel Moriñigo, digno sucesor de otros históricos cabreros de Los Beyos como Rafael Rivero, Ciriaco, Venancio, Lorenzo el del Beyu, Pepe el de Covarcil o Gasparín el de la Caviella.

 

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Quesería Priena: el gamonéu sin prisas

Alberto Martínez, de Corao, en Cangas de Onís, lleva siete años como quesero de la variedad del valle y una de sus piezas fue elegida por el jurado como la mejor del último Certamen del Queso Gamonéu celebrado en Benia de Onís

El quesero Alberto Martínez maneja la cuajada para moldear un queso. FOTO: JAVIER G. CASO

POR JAVIER G. CASO

 

El queso no entiende de prisas. Menos aún si uno tiene entre manos la elaboración de quesos de una variedad tan afamada como el gamonéu. En este caso hay que tratarlo con mimo, como le gusta decir al cangués Alberto Martínez, vecino de Corao y titular de la Quesería Priena. Pese a una trayectoria relativamente corta como quesero, y sin antecedentes familiares en el oficio, Martínez es ya un elaborador reconocido y laureado, no en vano acumula seis primeros premios en la variedad de gamonéu del valle, tres y tres, logrados en los últimos años entre el Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa de Cangas de Onís y el Certamen del Queso Gamonéu. Precisamente en la última edición de este último, celebrada el 26 de octubre en Benia de Onís, Alberto Martínez se llevaba no sólo el primer premio como elaborador de gamonéu del valle, sino que además el jurado reconoció la pieza premiada como la mejor de todo el concurso, superando incluso a los quesos del puertu, algo que no suele suceder de forma habitual.

Alberto corta un queso ante un cliente en el último certamen de Benia. FOTO: J. CASO


En su quesería de Corao Alberto Martínez procesa cada dos días unos 140 litros de leche, mezcla de vaca, oveja y, sobre todo, cabra. El protagonismo de esta última variedad de leche es, sin duda alguna, su gran apuesta, algo que se puede constatar si tenemos en cuenta que en la pieza premiada en Benia, el porcentaje de leche de cabra era del 45% del total. El resto de la materia primera la componían un 35% de leche de vaca y un 20% de oveja, tal y como detalló en su crónica del certamen el periodista de El Comercio, Guillermo Fernández Buergo. Alberto Martínez obtiene la leche para sus quesos de su propio ganado: cinco vacas de raza parda alpina, un rebaño de cuarenta ovejas y otro compuesto por una treintena de cabras, si bien tiene claro que, en cuanto pueda, ampliará este número para que la leche de cabra gane aún más presencia en sus quesos, con todo lo que ello supone respecto a sus características organolécticas. 

 Algunos días Alberto elabora hasta cinco piezas en una mañana. El día que EL AUSEVA DIGITAL lo visitó en su quesería fueron tres, una de ellas de nada más y nada menos que siete kilos de peso. La rutina es la de todos los días. A primera hora hay que echar a cuajar la leche ordeñada el día anterior. Hacia las once y media de la mañana, y cuando la cuajada ya está lista, este quesero de Corao procede a cortarla con una lira en un primer momento, para luego seguir con una garcilla hasta ir deshaciendo y desgranando la cuajada. Este quesero de Corao lo hace de forma pausada mientras, a la vez, va retirando el suero. Así hasta que dar con el grano que busca y que será el que dé a sus quesos la textura que busca. Llegado a este punto, toca empezar a moldear sus quesos. Como la suya no está totalmente seca, Alberto rellena los moldes de cuajada de manera generosa y aunque al principio sobresale mucho por encima, irá bajando conforme acabe de desuerar. Dos días después será el momento de sacar el queso del molde y durante ese tiempo se aprovecha para darle sal, primero por una casa y doce hora después por la otra.

La cuajada ya en el molde del que saldrá el queso. FOTO: J. CASO


 Con los quesos ya fuera del molde llega el momento de trasladarlos al ahumadero, una sala contigua a la quesería dónde Alberto los deja entre 15 días y un mes. Este quesero cangués ahuma sus piezas con madera de fresnu y, una vez finalizado este proceso, luego los sube a madurar a la Cueva de Teón, en la Montaña de Covadonga, dentro del Parque Nacional de los Picos de Europa.

Uno de los quesos de Alberto Martínez, ya en la sala de ahumado. FOTO: J. CASO

Piezas de la Quesería Priena expuestas en  Benia. FOTO: J. CASO
 



lunes, 3 de noviembre de 2014

Coro Ecos de Onís, el entusiasmo hecho música

La coral, nacida hace un año y medio de un taller musical, es ya una formación consolidada

 

Vista general de uno de los ensayos del coro Ecos de Onís. FOTO: JAVIER CASO


POR JAVIER G. CASO

Cuando hay entusiasmo y ganas, las cosas salen. Eso está claro. Ahí está como ejemplo, sin ir más lejos, la actuación ofrecida días atrás por el Coro Ecos de Onís en el marco del XXXV Certamen del Queso Gamonéu. Su recital supone un antes y un después en esta formación coral que nació hace cosa de un año y medio en el marco de los Talleres Musicales de Onís. Inicialmente era una actividad solo para niños. Pero el interés de varios adultos por iniciarse en la música coral, sin contar con formación musical previa, desembocó en un taller específico en el que una docena de personas pudo iniciarse en el mundo de la polifonía. Y de aquel ciclo formativo que duró tres meses nació el coro Ecos de Onís, que sigue bajo la batuta de Martín Martínez, la persona que dirigió aquel taller y que, con la música popular como gancho, supo enganchar a sus pupilos. 

El director del coro, Martín Martínez, con parte de los integrantes. FOTO: J. CASO


 Ensayan una vez a la semana, los martes, en el centro municipal de Tullidi. Asistir a uno de sus ensayos permite atisbar el buen rollo que hay entre todos los integrantes del coro, en total 28 personas, de los que la mayoría son mujeres, ya que el coro Ecos de Onís tan sólo cuenta con cinco voces masculinas. De ahí que su director reconozca que el gran reto de la formación coral que dirige pasa por fichar a más paisanos. Pero es evidente que, lleguen o no esos fichajes, el de Onís es un coro consolidado. Empezaron cantando a una voz y ahora ya lo hacen a tres o cuatro voces.

En primer plano, tres de las cinco voces masculinas del coro. FOTO: J. CASO

 Pasó con nota días atrás la prueba del certamen del gamonéu al actuar en un marco que no era el más apropiado para un concierto de música. Para empezar porque cantaron en un escenario pensado para lo que realmente era: ejercer de tribuna de autoridades. Pero solventado ese problemilla, además de otros como el ruido ambiente, lo cierto es que cantaron fenomenal. Aunque ya habían tenido actuaciones anteriores, lo cierto es que la de Benia, reconocen, fue la más importante y emotiva desde que crearon el coro, que en breve pasará a constituirse como entidad cultural con personalidad propia.

Durante los ensayos el coro de Onís canta acompañado al piano. FOTO: J. CASO


  Ahora están inmersos en la preparación de los conciertos y recitales que ofrecerán durante las próximas fiestas navideñas. El primero tendrá lugar el 6 de diciembre en el Parador de Turismo de San Pedro de Villanueva, en el vecino concejo de Cangas de Onís. Será con motivo del acto de encendido de su árbol de Navidad y como apertura del ciclo de música navideña que desde hace años acoge el Parador desde su fundación en la etapa de César Álvarez Montoto como director de este establecimiento de de la Red de Paradores. Será, sin duda, una excelente ocasión para volver a disfrutar del coro Ecos de Onís. Reserven sitio.

Las voces femeninas son mayoría en el coro de Onís. FOTO: J. CASO

jueves, 30 de octubre de 2014

Multitudinario y exitoso certamen del queso de gamonéu

El alto volumen de ventas y la subasta de la mejor pieza en 1.900 euros marcaron la fiesta anual del gamonéu celebrada en Benia de Onís

Covadonga Fernández, ganadora en la variedad del puertu, con una cuña de gamonéu en la mano lista para entregar a un cliente. FOTO: J. CASO
 POR JAVIER G. CASO

Benia de Onís acogió el pasado domingo la trigésimo quinta edición del certamen del queso gamonéu. El de este año será recordado, sin duda, como el más multitudinario de los últimos años. Hizo un día fantástico en todos los sentidos. Con mucho sol e incluso calor en algunos momentos, lo que invitaba a salir de casa y eso fue lo que hizo que hasta Benia se desplazaran varios cientos de personas en busca de la joya gastronómica del Cornión o Macizo Occidental de los Picos de Europa.

Pero lo mejor de todo fue, sin duda, que ese público llegó hasta la capital de Onís con ganas de probar y, sobre todo, de comprar queso gamonéu. Por eso al final de la mañana la mayoría de los quince queseros presentes en el certamen habían logrado acabar con el género. Y eso que alguno acudió a Benia con más de 150 kilos de gamonéu de los que ninguno de ellos volvió para casa. En total fueron unos 1.150 kilos los que todos los queseros pusieron a la venta, de los 480 eran de la variedad del puertu y el resto del valle. De la primera no falló ninguno de los cuatro pastores queseros que aún aguantan en los puertos de Onís y de Cangas de Onís y que elaboran queso acogidos a la Denominación de Origen Protegida (DOP) gamonéu. Como ya pasó en la capital canguesa el día del Pilar en el marco del Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa, el primer premio en esta variedad fue para la quesera de Gumartini Covadonga Fernández. Y de las once queserías del valle ese primer premio se lo llevó Alberto Martínez, de la quesería Priena, que repitió la victoria del año en este mismo certamen.

Alberto Martínez, ganador en la variedad del valle y elaborador del mejor queso del concurso. FOTO: J. CASO

El jurado eligió a este queso como el mejor del certamen. FOTO: J.CASO

Pero Martínez no solo triunfó entre los queseros del valle, ya que la pieza con la que concursó fue elegida como la mejor de todo el certamen, lo que demuestra que no sólo se hace buen queso de gamonéu en el puertu. Su pieza salió a subasta en una puja que, ésta sí, colmó las expectativas creadas. Es verdad que no se llegó a los 3.000 euros que se pagaron en agosto por el mejor queso de Cabrales, pero la del domingo en Benia fue una subasta de lo más animada. Ejerció de pujador el mismísimo alcalde de Onís, José Manuel Abeledo, a quien solo le faltó el mazo para darse a un aire a los subastadores de la Casa Sotheby´s.

Seis de los siete pujadores que participaron en la subasta. FOTO: J. CASO

Aunque como en toda subasta al final sólo uno podía llevarse el disputado queso campeón, lo cierto es que no queda otra que reconocer que los siete pujadores que entraron en liza se implicaron hasta el final. Persiguieron el queso y eso contribuyó a darle vistosidad y emoción a un acto, la subasta, que se realizaba por primera vez. La pieza, con un peso de 6 kilos y 500 gramos, salió en 500 euros, cantidad que subió de 50 en 50 euros hasta los 1.900 euros finales que ofertó el Hotel María Manuela de Benia de Onís y que nadie osó superar. Hasta 28 pujas hicieron falta para que Román García consiguiera hacerse con la pieza ganadora y llevársela para su establecimiento para disfrute de sus clientes. Es sin duda el queso de gamonéu más caro de la historia, ya que salió nada más y nada menos que a 292 euros el kilo.

Román García, del Hotel María Manuela recoge el queso, tras ganar la subasta. FOTO: J. CASO

Otro de los momentos más emotivos de la mañana fue, desde luego, la entrega del premio Gamonéu de Oro a José Antonio González Gutiérrez, precisamente la persona que creó e instituyó este galardón durante su etapa como alcalde de Onís, un período de 24 años en los que José Antonio, conocido de forma cariñosa como Toño, hizo crecer y consolidó el certamen del queso gamonéu, nacido unos años antes de que llegase a la alcaldía. Desde luego si el certamen ha llegado hasta donde ha llegado en la actualidad, eso es mérito de José Antonio González, quien en estos años se afanó por enriquecerlo, darle contenidos y por atraer a pregoneros de postín como sucedió cuando trajo a Benia al que fuera entonces ex ministro de Defensa, José Bono, dos años antes de que el castellano manchego llegase a la presidencia del Congreso de los Diputados. En su discurso José Antonio no se olvidó de alcaldes de la comarca ya fallecidos y que siempre acudían al certamen como José Antonio Muñiz, de Ponga, Arturo Coro, de Cabrales, Ángel García, de Amieva o Manuel Millán García, de Parres.

José Antonio González agradecio el gamonéu de oro con un discurso. FOTO: J. CASO
 
Pero a González, quien llegó a mostrar al público un folleto del primer certamen del gamonéu que le tocó organizar, también se le quiso reconocer por lo mucho que luchó a la hora de conseguir que el queso gamonéu obtuviera en 2003 una marca de calidad como la Denominación de Origen Protegida (DOP). Además en su gestión quesera también hay que subrayar la consecución de las cabañas queserías de Belbín en Onís, construidas a la par que las de Gumartini, en Cangas de Onís, con Alfredo García como alcalde. Alejado de la vida política, Toño no acaba de despegarse del queso de gamonéu y no hay certamen, feria o mercado quesero en la comarca en el que no se deje ver con su cámara Canon para hacer fotos, unas instantáneas de gran calidad y en las que gusta mostrar las distintas texturas y tonos que ofrecen las distintas piezas. Y en cuanto tiene ocasión tampoco deja de denunciar los fraudes que sufre el gamonéu y que pueden verse en algunos mercados.

Cándido Asprón,elaborador de Belbín, vendiendo queso del puertu. FOTO: J. CASO
Si hablamos de precios no hubo cambios respecto al certamen del Pilar. En Benia el gamonéu del puertu se vendió, y bien, en 38 euros el kilo, el mismo precio de los últimos años. Del valle siete queserías vendieron a 24 euros el kilo, un elaborador lo hizo a 25 euros y cuatro lo hicieron a 30 euros. Lo mejor fue eso, que lo vendieron casi todo. Entre los clientes, satisfacción. Aunque no faltó quien comentara que que le hubiera gustado degustar y adquirir queso más maduro. Pero bueno, en la variedad está el gusto y por lo que se vendió no se puede negar que el gamonéu triunfó de nuevo, un año más, en Benia de Onís.


miércoles, 15 de octubre de 2014

Chatarra por los aires

Un helicóptero concluyó en Ponga los trabajos de retirada de los restos de una pala- excavadora del cauce del río Santagustia

La aeronave, situada sobre el punto donde estaba la pala. FOTO: J. CASO

POR JAVIER G. CASO

Chatarra por los aires y trabajos de altos vuelos los que este miércoles se han podido ver de nuevo en la garganta del río Santagustia, en Ponga, una vez que los operarios de la empresa Buelna Vertical ya habían terminado, semanas atrás, de desguazar la pala excavadora que en 2008 se precipitó al río durante las obras de ampliación de la carretera de Vidosa a Viegu. Aquel accidente costó la vida al palista de la máquina, cuyos restos se acabaron de sacar esta tarde. Tal y como ya había hecho el pasado 16 de agosto, el helicóptero de la empresa Helitrans Pyrinees, especializado en este tipo de trabajos aéreos, el mismo que desde hace años transporta mercancía a los refugios de los Picos de Europa, empleó unos cuarenta y cinco minutos para dar los catorce viajes que hicieron falta hasta sacar la última pieza de la pala excavadora. Cada vuelo duró menos de cinco minutos. Y eso que se trataba de una maniobra delicada, debido tanto a lo angosto del desfiladero del Santagustia, como a la presencia de cables de un tendido eléctrico. 









Como ya sucedió en agosto, los vuelos llamaron la atención de quienes, a esa hora, circulaban por la carretera de Viegu. La mayoría no dudó en detener su vehículo y disfrutar de un espectáculo que, como ya es habitual en estos tiempos, casi todo el mundo grabó o fotografió con su teléfono móvil. El piloto demostró su pericia ya que iba dejando las piezas, de unos 1.000 kilos cada una, en la misma caja del camión que les llevaría hasta su destino final, un desguace o una chatarrería, es de suponer. La pala pesaba unas 17 toneladas. En agosto ya se habían sacado unas 10. Ahora se sacó el resto y el lecho del río Santagustia quedó, por fin, limpio de chatarra. Terminaba así este desguace en pleno desfiladero.




martes, 14 de octubre de 2014

Cinefilia

Miguel Pérez, "Trebolín", y la magnífica colección de películas, máquinas y proyectores de Cine que atesora en Veguellina de Órbigo


Miguel Pérez, "Trebolín", ante el proyector OSSA 6C, la joya de su colección. FOTO: JAVIER CASO
Por Javier G. Caso

Ahora que ha remitido la fiebre del legado del tibu y de otros retos virales más o menos chorras, lo cierto es que, de vez en cuando, te topas por las redes sociales con algún otro de interés y que merece la pena. Hace poco circulaba por el facebook, creo, otro reto o juego de éstos.  Respondía el epígrafe Fotocinefilia. Iba de una propuesta que te hacían para que subieras a la red una foto relativa a alguna película de esas que te hubieran cautivado. Vamos, que demostraras lo mucho que te gustaba el Séptimo Arte y por donde iban los gustos de cada uno.  Viene esto a cuento, a modo de preámbulo o introducción, para hablar acerca de la pasión por el Cine, la que siente el leonés Miguel Pérez, más conocido como Trébol Trebolín por sus vecinos de Veguellina de Órbigo.

Lo suyo sí que es cinefilia. Operador de Cine desde los trece años en los Cines Gordón y Apolo de Veguellina, así como en la sala de proyecciones que existió en su día en Benavides de Órbigo, Trebolín viene a ser un alter ego, un trasunto de Totó, el inolvidable personaje protagonista de esa gran película que es Cinema Paradiso, toda una declaración de amor hacia al Séptimo Arte y aquellos cines de pueblo prácticamente desaparecidos o que, en el mejor de los casos, siguen ahí aunque estén cerrados al público, caso de nuestro Cine Colón de Cangas de Onís.

Fachada del desaparecido Cine Apolo, en la localidad leonesa de Veguellina de Órbigo. REPRODUCCIÓN: J. CASO


La pasión cinéfila de Trebolín no ha remitido con el paso de los años. Ni mucho menos. Se traduce en una excelente colección de proyectores de cine de todos los calibres y tamaños, desde super ocho caseros hasta la OSSA VI C, quizás su pieza favorita y que durante años funcionó en el Cine Capitol de Sama de Langreo, localidad hasta la que Miguel se desplazó para hacerse con ella e incorporarla a su amplio catálogo de piezas de cine. Un proyector, que como casi todos los que posee, funciona y pone en marcha ante cualquiera que llegue a su taller, un lugar mágico por el que tiene desparramados todos sus tesoros, entre ellos multitud de latas con películas, tanto largometrajes comerciales como documentales del NODO.

Lata con un NODO de 1940. FOTO: J.C
Rollos de películas apilados, junto a otras piezas. FOTO: J. C       


 
 




















Dada su condición de mecánico, no en vano trabaja como tal en la Azucarera de La Bañeza tras haber desarrollado esta misma labor en la antigua factoría azucarera de Veguellina de Órbigo, Miguel ha restaurado la mayoría de sus proyectores y eso le permite hacer algo de lo que más le gusta en la vida: poner películas, desde un corto de Disney en una máquina de super ocho, a cintas comerciales en proyectores de mayor tamaño. Tras una trayectoria de más de 20 años como coleccionista, Trébol tiene piezas que son auténticas joyas, como los dos proyectores de la marca francesa Pathé-Baby. Tienen casi cien años y funcionaban a manivela.

Miguel  gira la manivela de una máquina Pathé- Baby. FOTO: J. C.

Detalle de un rollo de película de principios del siglo XX. FOTO: J. C.
Lo bueno de Trébol es que, en contra de lo que hacen esos coleccionistas egoístas, que gustan de atesorar y atesorar cacharros que esconden y guardan para su único disfrute, a él le gusta recibir visitas y enseñar sus cacharros de cine. Hace años, incluso, no dudó en sacar a la calle su proyector OSSA y poner películas a su vecinos en unas sesiones de cine de barrio veraniego, acompañadas de una degustación de sopas de congrio, y  en las que cada uno tenía que llevarse el asiento de casa. De esta experiencia hay documental, obra del cineasta Julián Álvarez, natural de Veguellina y que lleva por título Trébol, cine y sopas de congrio, que puede verse en VIMEO:http://vimeo.com/29382895 

Miguel Pérez sujeta un tomavistas mientras estira un trozo de película. FOTO: J. CASO
 Fue el pasado mes de agosto, entre los días 8 y 10, cuando con motivo de la celebración en Veguellina del I Festival Luna de Cortos, que incluyó diversas proyecciones, todas ellas al aire libre, como las que siempre ha hecho Trebolín, que gran parte de su colección estuvo expuesta al público en el salón de actos que Caja España tiene en Veguellina. Por desgracia fueron muy pocos días y algunos nos quedamos con las ganas de verla. La verdad es que hubiera merecido la pena un período de exposición mucho más amplio porque merece mucho la pena. Su ilusión, y la de cualquiera que ame al Cine, sería poder exponerla de forma permanente. Ojalá que el Ayuntamiento de Villarejo de Órbigo tome nota de ese deseo y se decida a buscarle un local apropiado. Exponer esa colección sería un recurso turístico de primer orden para esta localidad. Además sería la mejor manera de evitar, que todas esas piezas que Trebolín ha logrado reunir con el paso de los años, pudieran acabar yéndose muy lejos de la comarca leonesa del Órbigo. Su pasión por el Cine, su cinefilia, bien se lo merecen. Ojalá lo veamos.  Alguna de las abandonadas naves de la antigua Azucarera de Veguellina sería, además, el lugar ideal para ello. 

Bajo estas líneas, la entrevista que EL AUSEVA DIGITAL le hizo a Miguel Pérez, Trebolín, el pasado verano, en su taller de Veguellina.


domingo, 12 de octubre de 2014

74 Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa

Las joyas gastronómicas de la comarca de Picos brillaron de nuevo en Cangas de Onís el día del Pilar

Los 33 elaboradores de Cabrales, Gamonéu, Beyos y Bejes- Tresviso, pusieron a la venta más de 2 toneladas de queso

Los mejores quesos de cada una de las variedades, expuestos tras el fallo del jurado. FOTO: J. CASO

 POR JAVIER G. CASO

Como es habitual, desde 1997 de forma ininterrumpida, la plaza del Ayuntamiento de Cangas de Onís acogió el Día del Pilar la celebración del 74 Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa. En esta ocasión concurrieron al certamen treinta y tres elaboradores, catorce de ellos de la variedad Gamonéu, una decena del valle y los cuatro que aún lo elaboran en el puertu. A ellos se sumaron una docena de queseros de Cabrales, tres de Beyos y cuatro del queso picón Bejes- Tresviso, un queso que cuenta con su propia Denominación de Origen Protegida (DOP) y que por primera vez competía en este histórico concurso quesero que el próximo año festejará sus Bodas de Platino.

El queso picón Bejes- Tresviso Concursó por primera vez. FOTO: J. CASO


Unos y otros elaboradores pusieron a la venta más de 2.200 kilos de queso, más de la mitad de ellos de Gamonéu, y que al final de la mañana se habían vendido en su mayor parte a las centenares de personas que visitaron Cangas para asistir tanto a su certamen quesero como a la Feria de la Miel del Oriente de Asturias, en la que tomaron parte dieciséis participantes.

Las ventas estuvieron animadas a lo largo de toda la mañana en el recinto de la plaza del ayuntamiento. FOTO: J. CASO


Si hablamos de precios no hubo grandes novedades. La miel se vendió a 7 euros el kilo, el precio oficial fijado por la organización. En cuanto a los quesos, el más caro volvió a ser el Gamonéu del puertu. Se nota que estamos en una coyuntura de crisis porque se mantuvo en el mismo precio de los últimos años: los 38 euros el kilo. Del Cabrales se vieron distintos precios. Mientras que el más convencional se vendía a 20 euros el kilo, las piezas que se han dado en llamar Cabrales Gran Reserva, unos quesos con largas maduraciones que pueden alargarse hasta los ocho, los nueve e incluso los diez meses, salieron a la venta en 35 euros el kilo. El Gamonéu del Valle se vendió en su mayor parte en 24 euros/kilo, tal y como habían acordado muchos de los elaboradores, si bien alguno de ellos optó por vender a 30 euros el kilo. Por lo que atañe al queso de los Beyos, su precio varió en función de la materia prima utilizada. Si se trataba de queso elaborado con leche de vaca, el kilo se vendía a 12 euros, un precio que se incrementaba hasta los 15 euros si los quesos eran de leche de cabra o de oveja, que los de los Beyos no son quesos en los que se mezclen distintos tipos de leche.  Por su parte los cuatro elaboradores del queso picón Bejes- Tresviso mantuvieron un precio unitario de 18 euros el kilo.

El jurado del concurso, en pleno proceso de cata y deliberación. FOTO: J. CASO


Las deliberaciones del jurado, que tuvieron lugar sobre una tribuna a la vista del público, fueron largas y se supone que arduas y difíciles. El fallo se retrasó y por eso los actos protocolarios comenzaron un poco más tarde del horario previsto. Al final, el primer premio en la variedad de queso de Cabrales fue para Ángel Díaz Herrero, vecino de Tielve, una localidad que sin duda alguna es la Meca del mejor Cabrales. Por su parte la Quesería La Collada, de Cirieñu (Amieva), se llevó el premio al mejor queso de los Beyos y Javier Campo fue reconocido como el mejor elaborador del picón Bejes- Tresviso. En cuanto al Gamonéu, el primer premio del puerto fue la quesera de Gumartini, y vecina de Intriago (Cangas de Onís), Covadonga Fernández. Su hija Graciela, titular de la quesería El Arbeyal, ganó el premio en la variedad del valle.

Los premiados en el concurso, junto a los pujadores de la subasta de las mejores piezas. FOTO: J. C


Tras la entrega de premios, tanto del certamen, como del concurso de pinchos al gamonéu, que organizaba la Cofradía de Amigos del Queso Gamonéu y que, por segundo año consecutivo se llevó Paz Ardines, del restaurante El Molín de la Pedrera, tuvo lugar uno de los actos más novedosos del concurso quesero cangués: la subasta, uno a uno, de las cuatro piezas ganadoras. Concurrieron cinco pujadores que representaban a dos restaurantes de Cangas de Onís: Casa Manuela y Los Arcos, otros dos de Ponga, Hotel Puente Vidosa y Casa Luciano, y un quinto de Parres: el Corral del Indianu que dirige José Antonio Campo Viejo.

Esta primera subasta contó con cinco pujadores de Cangas de Onís, Ponga y Parres. FOTO: J. CASO.


A pesar de la expectación creada y con cientos de personas atentos a todo cuanto acontecía, lo cierto es que la puja no resultó todo lo disputada que se podía esperar. Por eso ninguna de las piezas llegó, ni de lejos, hasta los 3.000 euros en los que se remató el mejor queso subastado en Arenas el pasado 31 de agosto en el marco del Certamen del Queso de Cabrales. De esta forma en Cangas, mientras el mejor queso de los Beyos se subastó en 400 euros y en 500 el de Cabrales, los de Gamonéu, primero el de los valles y por último el del puertu, compartieron precio final. Ambos fueron subastados, sin demasiada disputa entre los pujadores, en 600 euros. Todos los comienzos suelen ser modestos. Por eso es de esperar que tras esta primera subasta, la del año que viene, esté bastante animada, de manera que los mejores quesos de la que será la 75 edición del Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa, alcancen precios más elevados. También se podría estudiar, como apuntaron algunos de los asistentes a esta primera subasta, la posibilidad de subastar a la vez las cuatro piezas en un único lote formado por los mejores quesos elaborados en esta comarca de los Picos de Europa.