UA-47047058-1

jueves, 23 de febrero de 2017

La capilla de El Pedrosu, en Onís

La ermita, dedicada a San Julián, es del siglo XVII y tiene unas interesantes pinturas


Vista general de la capilla de San Julián, en la localidad de El Pedrosu, en Onís. FOTO: JAVIER G. CASO

Por JAVIER G. CASO

Nuestro entorno rural nunca dejará de sorprenderme. En esta ocasión ha sido la capilla de San Julián, en El Pedrosu (Onís) en cuyo entorno acomete estos días trabajos de mejora el consistorio oniense. Al pie de la ermita se ha levantado una escollera que, si bien de mano sorprende un tanto, lo cierto es que evita cualquier peligro de que la capillina se pueda venir abajo si el terreno cede. El vecino más próximo, Álvaro Asprón, ejerció de improvisado guía y, muy amablemente, me aportó datos más que interesantes de esta modesta edificación religiosa levantada, me explicó, en 1656.


De inmediato le digo que sí cuando este vecino, custodio de la llave de la ermita, me invita a visitarla. Atravesar su pórtico empedrado y franquear la puerta de madera situada bajo un arco de medio punto, permite disfrutar de un interior más que interesante. El pavimento de la capilla, lejos de ser de piedra o de un moderno terrazo que sustituyó al original como ha sucedido en muchas iglesias, está formado por unos ladrillos de considerable tamaño. A partir de ahí llama la atención su decoración pictórica del arco triunfal que separa la nave del altar. En el pilar de la izquierda aparecen sendas cruces pintadas en tono ocre una sobre la otra. La de más abajo está pintada dentro de un círculo; en el frente del pilar del lado derecho hay pintadas lo que parecen ser las figuras de algún animal. En el lateral del pilar derecho lo que aparecen representadas,de una forma muy elemental y esquemática, son dos figuras humanas a distintas alturas. La más alta y de mayor tamaño porta una especie de bastón alargado en forma de cruz. Por su parte en las impostas de las que arranca el arco aparecen decoraciones geométricas y unos pájaros. Ya en el altar mayor, presidido por un retablo de madera, en la pared de la cabecera hay más pinturas, una decoración pictórica bastante mal conservada. Preside el altar la figura de San Julián, acompañada a los lados por un Corazón de Jesús y una Virgen.

Vista del arco triunfal y, al fondo, el altar, de la capilla. FOTO: J. C. 

Decoración pictórica con motivos animales y geométricos. FOTO: J. C.


Figuras humanas pintadas. FOTO: J. C. 

Cruces pintadas. FOTO: J. C. 
Lo más feo de esta capilla es, sin duda, el muro de hormigón que rodea el pórtico y que, me imagino, sustituyó hace años al muro de sillería original. Posiblemente la actuación evitó que el techo del porche de la ermita se viniera abajo, pero la buena actuación no evita poder decir que se hizo a costa de destrozarlo por completo. Lo que sí conserva el pórtico es un desigual empedrado a base de regodones de río, unas piedras de distinto tamaño, distribuidas en cuadrantes.

Pórtico empedrado. FOTO: J. CASO


Aunque ya no puede contemplarse, según este vecino, en su día hubo pila bautismal en la capilla de El Pedrosu, dónde ahora hay unos once vecinos pero que, según Álvaro Asprón, llegó a tener hasta doscientos habitantes en su día. El Pedrosu pertenece a la parroquia de La Robellada, pero su ermita, según este vecino, pudo ser parroquia hace siglos. Hasta hace cien años en este pueblo oniense se festejaba a San Antonio de Padua, del que aún se conserva una talla de buen porte que luce en el lateral izquierdo del presbiterio de la ermita.