UA-47047058-1
Mostrando entradas con la etiqueta Asturias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Asturias. Mostrar todas las entradas

viernes, 6 de septiembre de 2024

Santi de la Vega, de Covadonga a Petra y de los Picos al Himalaya

 

Sus paisajes más próximos y otros que conoció en sus viajes protagonizan la mayoría de las instantáneas que componen “Arraigo”, la primera exposición monográfica del fotógrafo cangués


Santiago de la Vega, junto a su foto dedicada al Picu Uriellu e incluida en la exposición "Arraigo". FOTO J. G. CASO

Por Javier G. Caso

 Hablar de fotografía en Cangas de Onís en estos momentos, nos remite a nombres como José Allende Marcos, Pin, ganador de la sección Alpinismo en la edición XXIX del Memorial María Luisa, celebrada en 2019 con una fotografía titulada “Marble ice” y que realizó en Islandia. En aquella expedición, Pin estuvo acompañado por otro fotógrafo cangués, Santiago de la Vega, Santi, quien acaba de inaugurar esta tarde su primera exposición monográfica. Lleva por título “Arraigo” y puede visitarse en la Casa Municipal de Cultura de Cangas de Onís hasta el próximo 4 de octubre.




El Puentón de Cangas de Onís/ Cangues d´Onís, fotografiado por Santi de la Vega. FOTO: J. G. C.


 Se trata de una exposición compuesta por medio centenar de instantáneas. Elegirlas, nos confesaba Santi cuando lo entrevistamos para TPA Noticias, no fue una tarea sencilla. Tuvo que escogerlas entre las miles de fotos que atesora en una decena de discos duros. Un rápido vistazo a la muestra nos permite una primera conclusión: la montaña es el escenario favorito del fotógrafo cangués. Hay fotos de lugares tan dispares y lejanos como Los Picos de Europa, los Alpes y hasta la cordillera del Himalaya donde ha retratado cumbres tan emblemáticas como el mismísimo Everest. Y otro tanto ocurre con el paisanaje que puebla y protagoniza varias de las instantáneas. Aparecen elaboradores de queso gamonéu del valle como Alberto Martínez, de la quesería Priena, de Corao o Juan Sobrecueva. La foto de este quesero es la protagonista del cartel de la propia exposición y de todas las expuestas, ésta es la favorita de Santi de la Vega, como él mismo nos reconocía esta mañana mientras terminaba de montar “Arraigo”. En la muestra también aparecen pastores de la Montaña de Covadonga como Antonio Fernández, “Antonín, el de Gumartini”. Pero también hay alguno de Extremo Oriente, del remoto Kirguistán, que aparece a caballo acompañando a un rebaño de yaks. Santi, que ha viajado lo suyo, también nos muestra lugares tan singulares como la mítica Petra, o una cueva de Islandia. Algunas fotos muestran algunos de nuestros monumentos más emblemáticos, como el Puente Romano de Cangas de Onís, el Puentón, que además da nombre al barrio en el que se crió el propio De la Vega. O la basílica de Covadonga, protagonista también de una foto única, la de la aurora boreal que el fotógrafo cangués logró captar con su cámara el pasado mes de mayo, tanto en el Santuario de la Santina como en Los Lagos de Covadonga. De Los Picos de Europa hay una amplia muestra de fotografías, entre ellas una del Picu Urriellu, la cumbre más emblemática del Parque Nacional. Algunas de esas fotos son nocturnas. Hay muchas instantáneas más, también las utilizadas en los carteles anunciadores de varios de los documentales del director Alex Galán, con quien Santi de la Vega colabora como responsable de foto fija. Pero lo mejor, desde luego, es acercarse hasta la Casa de Cultura canguesa y disfrutarlas.















viernes, 21 de junio de 2024

Paseos y dibujos: de la lectura de “Antes de que dejemos de conocernos”

 El libro de Fran Beran, editado por el ayuntamiento, es un retrato coral de la sociedad canguesa al que se unen otros dibujos de rincones y calles de la ciudad de Cangas de Onís


Portada del libro  "Antes de que dejemos de conocernos". Foto. J. G. Caso


 Por Javier G. Caso:


“Antes de que dejemos de conocernos”. Este es el título del libro del artista y dibujante cangués, aunque nacido en Gijón, Fran Beran. Editado por el Ayuntamiento de Cangas de Onís, la publicación se presentaba este pasado lunes, 10 de junio, en el salón de actos de la casa de cultura.

Los dibujos, tanto los de las más de 186 personas que aparecen en el libro, como los que dan cuenta de distintas calles y rincones de Cangas de Onís, son el resultado y el fruto de un trabajo de más de tres años. Su detonante fueron los paseos de su autor por la capital canguesa. Ese pasear a diario, ese callejeo, se tradujo en todos esos dibujos con los que Fran Berán ha inmortalizado con maestría a representantes de varias generaciones de cangueses  con los que se cruzaba a diario y a cualquier hora.

Fran Beran y Paco Pantín en la presentación de "Antes de que dejemos de conocernos". Foto: J. G. C.


El autor, ante la casa de cultura de Cangas de Onís, posando con su libro. Foto: J. G. Caso

 Sabíamos de su gran nivel artístico. Fran Beran es autor de numerosos carteles dedicados a muy distintos temas locales: desde las fiestas de San Antoniu, los carnavales, el día de Asturias u otras citas festivas locales. También ilustró folletos turísticos, como aquel que le encargó Ramón Hevia cuando era presidente de la asociación Iniciativas Canguesas de Turismo ( INCATUR) y que incluía un minucioso dibujo de la ciudad de Cangas de Onís con sus casas, sus calles y sus principales monumentos. Hablamos de un folleto que el propio Ramón Hevia mostró a los asistentes a la presentación del libro de Fran Beran y que sirvió para recordar su trayectoria y sus obras,la mayoría de los cuales realizó de forma desinteresada.

Siempre fue mucho Fran de dejarse ver por Cangues. Desde que se jubiló sus paseos fueron a más y es raro no cruzarse con él casi a cualquier hora. Hace cosa de tres años decidió salir a la calle acompañado de un bloc y de un rotulador negro. Así nacieron sus primeros dibujos. Del rotulador, y sin dejar de dibujar a mano, un detalle que recalca para evitar malentendidos, Fran pasó al dibujo digital, con lápiz y en el que el cuaderno de cartulina fue sustituido por la pantalla de un ipad. “Pero sigo dibujando a mano, que conste. Aunque lleve mis dibujos en el móvil con el que fotografío a mis personajes, no hay ninguna aplicación que haga esos dibujos ella sola”, advierte el artista.

 Su libro aúna paisanaje y paisaje con dibujos que dan cuenta de esas calles en las que desarrollan sus vida las personas a las que dibujó. Unos dibujos, que no quiere calificar de retratos y que no se terminan, espera, en este libro que acaba de ver la luz. Confía en darles continuidad en un segundo volumen. Por eso sigue paseando y dibujando; de hecho ya tiene hechos más de sesenta dibujos de otros tantos cangueses de cara a un próximo libro. Ahora todo resulta muy sencillo. Al principio, a quien elegía por la calle, tenía que explicarle por qué le quería hacer una o varias fotos. Era eso o hacerlos posar durante horas, algo imposible. A estas alturas ya no hace falta que explique que esas imágenes las toma para luego realizar un dibujo de esa persona. Todo el mundo conoce su proyecto artístico. Por eso son muchos los que quieren ser dibujados por Fran Beran y así se lo hacen saber. De algunos, reconoce, casi no sabe ni cómo se llaman. Pero, por una u otra razón, decidió dibujarlos. Es una forma, reconoce Fran, de dejar constancia de “esa gente que te encuentras por la calle, de la que no recuerdas su nombre y tienes que buscar a un conocido común para preguntarle.” Y es que a veces, tal y como expresa el autor en el texto de la contraportada de su libro en cuantas ocasiones, y en cuantas conversaciones con algún vecino no solemos preguntarnos “¿qué sería de aquel que siempre nos saludaba en el bar? Sí hombre, siempre con una chaqueta gris y camisa de cuadros y pidiendo un vino de la casa. ¿Cómo se llamaba?”

Por eso, y en cierta forma Fran ha puesto, nos ha puesto, deberes a sus lectores. Los personajes dibujados tan solo van acompañados de su nombre, en muchos casos su diminutivo. “Sin comentario alguno”, apostilla en la contraportada. “Quien quiera añadir algo más tiene a su disposición un espacio debajo para hacerlo”, añade Beran. La escritura de esa particular reseña tiene todo su sentido si nos atenemos al título del libro: “Antes de que dejemos de conocernos”. Y qué mejor forma de recordar a todos esos vecinos que dedicarles unas pequeñas líneas en las que cada uno dejemos por escrito, por ejemplo, su nombre completo, sus apellidos, oficio, parentesco...En fin, lo que se nos ocurra. En mayor o menor medida los conocemos a todos. En muchos casos no faltarán anécdotas o sucedidos que conozcamos de esos personajes. Dejarlos por escrito al pie de cada dibujo como nos propone Fran, es una idea genial. Seguro que más de uno se ha decidido a coger el boli para escribir un pequeño perfil de cada personaje. Otro tanto se puede hacer con los dibujos de las calles y rincones de Cangas de Onís que ilustran las páginas del libro y que seguro que también inspirarán no pocos recuerdos a cualquier cangués.

En definitiva, toca dar la bienvenida a este libro tan original y también solidario. A propuesta de su autor el Ayuntamiento de Cangas de Onís ha decidido no regalarlo. Todos los ejemplares editados, unos 200, se han cedido al colectivo local Rosa Palo para que los venda. Y todo lo recaudado con la venta de “Antes de que dejemos de conocernos” irá destinado a la investigación del cáncer de mama. Enhorabuena a Fran Beran por ese gesto y por este libro, todo un retrato coral de la sociedad canguesa del que ya esperamos ansiosos una nueva entrega.













sábado, 18 de noviembre de 2023

La DOP Gamonéu celebra su 20 aniversario y los científicos del IPLA trabajan en el desarrollo de un fermento autóctono para este queso

Un momento del acto conmemorativo del 20 aniversario de la DOP Gamonéu. FOTO: J. G. CASO

El Consejo Regulador homenajeó a los impulsores y a quienes han formado parte de esta Denominación de Origen Protegida



POR JAVIER G. CASO:

 20 años ya. La Denominación de Origen Protegida (DOP) Gamonéu conmemoró este viernes sus dos primeras décadas de existencia. Lo hizo en un acto celebrado en el Parador de Turismo de San Pedro de Villanueva, en Cangas de Onís. Allí estuvieron muchos de los 22 queseros que conforman el censo de elaboradores de esta joya gastronómica, 18 del valle y 4 de la variedad del puertu.


La conmemoración tuvo dos partes bien definidas y muy distintas. La primera de éllas estuvo referida al futuro del queso gamonéu y pasa por el trabajo que ya han iniciado un grupo de científicos del Instituto de Productos Lácteos de Asturias (IPLA), dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Como ya hicieron para otras dos variedades queseras asturianas con DOP, el Cabrales y el Afuega el Pitu, de aquí a 2025 y con la inestimable colaboración de los propios queseros, estos investigadores van a desarrollar un fermento autóctono para el queso gamonéu. Los trabajos de campo ya han comenzado aislándose, por el momento, más de 300 bacterias. Ese fermento autóctono está llamado a reforzar el carácter y la personalidad del queso gamonéu.


Tras la presentación de este proyecto científico que contará con financiación europea, del ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y del propio Principado de Asturias, las emociones se adueñaron del acto del 20 aniversario de la DOP Gamonéu. Desde su actual Consejo Regulador se reconoció la labor de las personas que impulsaron y la hicieron posible. Hubo diplomas y distinciones para Margarita González Ardisana, funcionaria jubilada del Principado de Asturias, el veterinario Gerardo Niembro, la que fuera directora general de Desarrollo Rural y Agroalimentación del principado de Asturias, Tomasa Arce, y Alberto Valle Villaverde, en su día concejal de Agricultura del Ayuntamiento de Cangas de Onís y regidor de pastos de la Montaña de Covadonga. La verdad es que fue un reconocimiento muy merecido para todos ellos ya que no fue el poco el trabajo que desarrollaron hasta conseguir que en 2003 se aprobase el primer reglamento de la DOP y naciera su Consejo Regulador Provisional. Arrancó con 9 queseros del valle a los que se unieron en 2007 los 5 elaboradores que entonces hacían queso en el puertu. Por aquel entonces la producción anual estaba en torno a unos 60.000 kilos, que con el paso de los años se han convertido en los más de 144.000 kilos producidos en 2022. También se reconoció la labor desempeñada por Pepi, la administrativa que se encarga de la oficina de esta Denominación de Origen Protegida. El homenaje también se hizo extensivo a todos y todas los que han estado vinculados a la DOP Gamonéu a lo largo de estas dos décadas.


La DOP Gamonéu está plenamente consolidada y la producción de queso gamonéu está llamada a jugar un papel importante en la economía local de los concejos de Onís y de Cangas de Onís en los que se elabora esta variedad quesera. Sin embargo los queseros volvieron a dejar patente una de sus grandes necesidades: disponer de una nueva cueva de maduración colectiva, ya que Cueva Oscura se les ha quedado pequeña. En estos momentos se han iniciado estudios a fin de constatar qué condiciones ofrece la cueva de la Cañada para madurar queso gamonéu. Si son buenas, aún restará darle un buen acceso y acometer obras de acondicionamiento. Ojalá se acometan lo antes posible porque esa nueva cueva sería todo un espaldarazo para los elaboradores.

 

domingo, 16 de mayo de 2021

En recuerdo de Leonor Sarmiento Pubillones, Corao (Cangas de Onís) , 1924/ Cabo San Lucas, Baja California Sur (México), 2021

Adiós a una canguesa que mantuvo viva la memoria del exilio español y que presidió el Ateneo Español  de México durante 17 años 


Leonor Sarmiento, en Corao, en la inauguración de la exposición dedicada al centenario de El Despertar, en septiembre de 2008. FOTO: J. G. CASO

 Tras su reciente fallecimiento el pasado 8 de mayo en Cabo San Lucas, Baja California Sur

 (México), quiero recuperar para EL AUSEVA DIGITAL la entrevista que le hice a Leonor

 Sarmiento Pubillones en 2008 y que publicó La Voz de Asturias, donde yo trabajaba por

 aquella. Leonor Sarmiento Pubillones fue durante 17 años la presidente del Ateneo Español

 de México y, desde 2005, era su presidenta emérita.



JAVIER G. CASO

CORAO (CANGAS DE ONÍS), 24 de septiembre de 2008. CASA DEL MÉDICU.


A sus 84 años, Leonor Sarmiento Pubillones, nacida en Corao (Cangas de Onís) y residente

 en México, a dónde llegó desde Francia en los años 50 tras huir de España durante la

 Guerra Civil, asiste estos días “emocionada” en su localidad natal a los actos

 conmemorativos del centenario del sindicato agrícola El Despertar, fundado por su padre

, Ángel Sarmiento.



--¿Qué edad tenía cuando partió al exilio?

--Cumplí 12 años a los quince días de iniciarse la Guerra Civil. Tenía 13 años.


--¿Recuerda el día en el que familia se va de Corao?

-- Me acuerdo de que mi padre le dijo a mamá que metiese unas cuantas cosas en una maleta

 porque íbamos a regresar pronto.


--Sus padres murieron en México. ¿Nadie en la familia se imaginaba un exilio tan largo?

--Para nada pensaron que no volverían aquí. Conforme iban pasando era mayor la

 desesperación de mi padre.


--Ver morir a sus padres lejos de España, ¿fue uno de los momentos más duros?

-- Si, si. Cada vez que íbamos a un entierro de un exiliado siempre se comentaba: otro que no vuelve.


--¿Cómo fue su exilio?

--Muy triste. No teníamos absolutamente nada. Yo era la mayor, tenía catorce años cuando

 pasamos a Francia. Mi padre no nos pudo acompañar porque aún estaba en el ministerio de

 la Guerra. Mi madre y una hermana, que tenía siete meses y pesaba tres kilos y medio,

 estaban muy enfermas. Yo tenía una responsabilidad tremenda y había que afrontarla.


--¿Cuánto tiempo estuvieron separados de su padre?

--Fue poco relativamente, como tres o cuatro meses tras los cuales pudimos juntarnos con

 papá. Y al poco tiempo comenzó la II Guerra Mundial.


--¿A qué obedeció el traslado de la familia desde Francia a México?

--A la desesperación de no poder regresar a España. Unos amigos de mi padre en México le

 animaron mucho para que fuera. Allí era más fácil para los exiliados el encontrar trabajo.

 No era el caso de mi padre porque no tenía profesión alguna, pero el médico ejerció de

 médico y el abogado de abogado y demás, mientras que en Francia no se podía hacer eso.


--Comentó usted en su conferencia que uno de los pesares de su padre fue ver cómo

 ninguno de sus hijos pudo cursar una carrera universitaria

-- Claro. Eso fue terrible y muy triste para él. Yo iba a entrar al instituto aquí en Cangas en

 septiembre de 1936…y ya no entré.


--Su padre era una persona culta aunque no tuviera estudios

--Era autodidacta. Leía muchísimo y a todos los hijos nos enseñó a leer. En Francia todos

 los días nos dictaba una página para que no se nos olvidase el español.


--Se cumple ahora el centenario del Sindicato el Despertar, uno de cuyos fundadores

 fue su padre. ¿Era un adelantado a su época?

-- Mucho. Hay que ver que llegaron hasta conseguir pensiones y montar el coto de previsión

 social. Era de lo más adelantado. Para mi padre luchar por el campesino lo era todo.


--Usted era una cría entonces. ¿Qué recuerda de El Despertar?

-- Me acuerdo mucho de la biblioteca porque ya entonces me interesaban los libros. Y me

 acuerdo de los lectores que iban a los pueblos en invierno. La biblioteca del sindicato y las

 de mi casa las quemaron. a la hora de montar la del Despertar ayudó mucho a mi padre el

 entonces rector de la Universidad de Oviedo, Fermín Canella. Y también Rafael Altamira.


--Ya en México, usted fue durante 17 años presidenta del Ateneo Español de México.

 ¿Qué supuso esta institución para los exiliados?

--Fue muy importante y hay muchísimo material. Tenemos una buena biblioteca del exilio

 junto a la general, que tiene 15 o 20.000 volúmenes; y todo fueron donaciones porque

 nunca tuvimos dinero en el Ateneo. Hasta ahora se ha mantenido. Quieren llevárselo al

 Colegio de México y a mi no me hace mucha gracia.


--Usted tiene una propuesta para ese fondo documental

--Me gustaría que el Ateneo se convirtiera en un centro de estudios del exilio español.

 Vamos a planteárselo al embajador. Además de la biblioteca hay una muy buena colección

 de pinturas realizadas por pintores del exilio.


--¿Qué sensaciones tiene al regresar a Corao, su pueblo natal?

--Allá lo imaginas todo mayor. Las manzanas mayores, las cerezas más gordas. Hasta el

castañeu lo encuentro más chico. En el exilio solo piensas en volver y lo idealizas todo. Uno

 no cuenta con lo que tienes allí, sigues pensando en lo que se tenía acá; sobre todo los que

 salieron de mayores, mucho más.


--¿Qué opinión le merece la ley de la memoria histórica?

-- Estupendo. Gracias a esos temas he podido venir porque me dieron la pensión de niña de

 guerra; sino no podría venir. Qué menos que cada quien sepa dónde está su muerto. Ayer

 me decían en Intriago del tío Eduardo que no saben dónde se quedó.


--Algunos piensan que Memoria Histórica resucita odios y fantasmas

-- No tiene por qué. No están pidiendo represión ni cárcel a los que hicieron aquello, sino

 saber dónde están los muertos.


--El exiliado, ¿llega a ser casi un muerto en vida?

--Por el sufrimiento y la añoranza, sí. Uno no se da cuenta de lo que está teniendo allí; sigue

 pensando en lo que tenía, en lo que se dejó y en cómo se vivía.



--Ninguno de sus hermanos regresó

-- Ninguno. Todos eran más chicos que yo. Uno ya ha muerto y el resto están en México.


--Huyen de la Guerra Civil y encima llega la II Guerra Mundial

-- Y en qué condiciones. Lo más tremendo fue que encima quedamos en zona ocupada por

 los alemanes. Cuando veíamos a uno de los SS, procurabas cambiar de acera o entrar en

 una tienda. Fue tremendo.


--Ustedes ayudaron a miembros de la Resistencia, ¿se la jugaron?

--Mucho. Tener un herido en la casa era muy peligroso. Y venir aquí a encontrar a alguien

 que tuvo un pariente que estuvo en casa de Sarmiento en Las Landas. También una vez que

 salí en el periódico, uno de Gijón que estuvo en nuestra casa me reconoció y me mandó una

 carta.


--¿Cómo fue el último día en Corao?

--No recuerdo mucho. Oíamos la radio todo el día.


--¿Cómo cruzaron la frontera de Francia, a pie?

-- No. Mi padre se quedó en España y yo estaba con mamá que casi no podía caminar y con

 el resto de mis hermanos. Unos soldados se dieron cuenta de nuestra situación y nos

 subieron a un vagón de un tren que iba para Francia con heridos. Por eso pudimos salir. La

 frontera estaba muy cerca, pero había que caminar.


--Todas sus experiencias se merecen estar publicadas

--Hay un libro que se llama Nuevas raíces en el que hay un relato chico mío. Ahí está

 nuestra experiencia.


--Usted recibió la Encomienda de Isabel Católica

--Ese día yo pensé tanto en mi padre (risas); lo que él pensaba de Isabel la Católica. En el

 momento en el que recibí la distinción, yo no podía aguantar la risa. La gente debía pensar

 en lo contenta que yo estaba, pero en realidad estaba pensando en mi padre.


--¿De qué se siente más satisfecha en sus años como presidenta del Ateneo Español de México?

-- En primer lugar de haber recogido todos los documentos, todos los papeles. No teníamos

 quien los pudiera clasificar, pero se iban juntando. También cuando la gente empezó a

 conocerme, vinieron muchas donaciones de libros para la biblioteca. Empezamos con 300 o

 400 libros y ahora tenemos como 6.000, exclusivamente del exilio.


--¿Cómo valora el homenaje de la asociación Abamia a la figura de su padre?

-- Estoy muy emocionada. Nunca pensé en que se haría algo así. Ojalá la asociación siga

 adelante y no desmaye y que formen de veras un verdadero centro cultural aquí en Corao.

 Tendrían que hacerlo en el edificio del Despertar. A mi se hace absurdo que una cosa que

 era del pueblo se haya vendido a un particular.


--Era usted una cría pero, ¿se acuerda de algunos de los actos organizados por El

 Despertar?

-- Mi padre se pasaba la vida allí y me acuerdo de cuando escogía los abonos según las

 necesidades de cada tierra. Recuerdo que, casi cuando la guerra, hizo una plantación de soja

 para ver si se podía dar aquí y se dio muy bien. También hizo un ensayo para plantar

 tabaco. Su preocupación era saber lo que se podía hacer. Un tipo de abono no servía, pero a

 lo mejor otro era muy bueno.


--Su padre también estuvo vinculado al periodismo

-- Fundó varios periódicos y escribió muchos artículos.


--El exilio español, ¿le debe mucho a México?

--Mucho. La mayor parte de los maestros de la Escuela de Ciencias del Politécnico de

 México que fundó Lázaro Cárdenas, eran españoles. Hay una placa con los nombres de

 todos.


--¿ A qué figuras del exilio conoció?

-- A muchas. Conocía a Celso Amieva, que estaba el pobre muy traumatizado de los campos

 de concentración. No he visto a nadie como él. También conocí mucho a León Felipe, a

 Max Aub, y también a Claudio Sánchez Albornoz y a los Miaja. Conozco mucho al nieto de

 Pachín de Melás y me encargó unas cosas del Sporting de Gijón.







sábado, 19 de diciembre de 2020

De la lectura de Carboneras

 La periodista y escritora Aitana Castaño y el dibujante Alfonso Zapico regresan con un nuevo libro que nos acerca a la realidad de las cuencas mineras asturianas en los años 60 del siglo pasado


Portada del libro editado por Pez de Plata. FOTO: J. G. CASO

Por JAVIER G. CASO:

El tándem cuenquil que integran la periodista y escritora Aitana Castaño y el dibujante e ilustrador Alfonso Zapico acaba de publicar Carboneras. Es, tras Los Niños de Humo, su segundo libro juntos; ambos con la editorial Pez de Plata. Tanto Castaño como Zapico son de la Cuenca del Nalón y su conocimiento, tanto de la realidad minera como de sus gentes, es algo que se percibe conforme uno va leyendo Carboneras. Es un libro que engancha desde la primera página hasta la última a través de diecisiete relatos. Cada relato funciona como una pequeña historia, en el sentido de que son cortas, de unas pocas páginas. Pero intensas. Y aunque pueden leerse de forma independiente, todas ellas están engarzadas como las cuentas de un collar y se suceden como si fueran los capítulos de una novela. Carboneras es un relato sociológico de las cuencas mineras allá por la década de los 60 del pasado siglo con un claro protagonismo femenino, encarnado por esas mujeres que se dedicaban a clasificar el carbón y que también, sí ellas también, sufrieron la durísima represión que el régimen franquista ejerció en esta zona de Asturias. Todo ello se percibe, precisamente, en el relato que da título al libro. Hay historias de represión, pero también de amor, de solidaridad, de dolor, unos sentimientos todos ellos que desfilan por las páginas de este libro en el que también aparecen personajes masculinos, eso sí, en papeles más o menos secundarios: el tendero, el cura obrero, el minero comunista, el fugau, el dueño de la empresa local de autobuses o el capitán de la Guardia Civil, un furibundo anticomunista. Más allá de la dureza de algunos relatos y de algunas de sus escenas, como esas carboneras a las que vejan en el cuartelillo de la Benemérita rapándoles la cabeza, en este libro también se aprecian, aunque sea de soslayo, buenos momentos marcados por la alegría de unas vidas que vuelven a reencontrarse muy lejos de Asturias tras años de forzada separación. O por el disfrute de unos pasteles, unos milhojas, capaces de hacer que una niña se olvide de lo malina que está de los pulmones. Al igual que Los niños de humo, Carboneras se lee de un tirón. En paralelo a los relatos escritos por Aitana Castaño, las ilustraciones de Alfonso Zapico describen distintas escenas, momentos, o detalles de cada historia y al final, cuando la lectura de esos relatos llega a su fin, a modo de álbum de fotos, cinco páginas llenas de dibujos nos cuentan cómo les fue a varios de los personajes de un libro que se desarrolla en Montecorvo del Camino, una localidad minera nacida de la imaginación de Zapico y que ya aparece en La Balada del Norte, su historia gráfica de la Revolución del 34. En Montocorvo y, más en concreto, en sitios como el pozu Revenga, las tolvas, la Zapatería GG, la iglesia de Santa Bárbara, el cuartelillo, el comercio Casa Cuco o el barrio de la Soledad, confluyen todas esas pequeñas grandes historias que se recogen en Carboneras y que también discurren, en parte, en otros lugares como Mieres, Oviedo o hasta la mismísima Buenos Aires.


miércoles, 24 de febrero de 2016

Enraizados con la historia local

El escritor y naturalista Ignacio Abella publica "Árboles de Junta y Concejo. Las raíces de la comunidad"
 
Portada del último trabajo de Ignacio Abella. FOTO: J. CASO

La publicación permite conocer unos árboles emblemáticos, en muchos casos centenarios, y  tan queridos como maltratados

Por JAVIER G. CASO

En estos tiempos de Internet, de redes sociales y relaciones virtuales, hay quien como Ignacio Abella centra su atención en aquellos árboles que, durante siglos y siglos, fueron testigos del devenir diario de las comunidades locales hasta el punto de llegar a convertirse, en muchos, en verdaderos símbolos o tótems. Los mismos bajo los que muchos pueblos se reunían para tratar, discutir y acordar todos aquellos asuntos que los concernían.

Editado por Libros del Jata, el nuevo trabajo del naturalista y escritor Ignacio Abella lleva, precisamente, por título "Árboles de Junta y Concejo. Las raíces de la comunidad". Hablamos de unos árboles que fueron testigos mudos de la historia local. Por sus páginas desfilan robles, texos, olmos... Son más de un centenar los árboles citados en este libro, repartidos por la práctica totalidad de las comunidades autónomas españolas, de Portugal, nuestro vecino peninsular, así como de otros países europeos como Francia, Italia o Bélgica. No faltan tampoco menciones y referencias a otras partes del mundo. Y es que la figura del árbol de la palabra está muy presente en todo el planeta, asegura Abella. Desde la península arábiga al continente africano, América Central y del Sur o Australia. El objetivo del libro es recoger la memoria de todos esos árboles bajo cuyo ramaje se tomaron todo tipo de decisiones en el ámbito local o, como mucho comarcal. En concejo público o junta. Unas reuniones que tienen lugar desde tiempos inmemoriales, desde mucho antes que existieran las casas consistoriales o los juzgados. Asegura Abella que su libro es algo así como “un catálogo o inventario de la memoria, una crónica de la relación entre los seres humanos y los árboles”.

Afincado en Asturias desde hace más de 25 años, Ignacio Abella inició sus trabajos de campo, sus estudios, acerca de los árboles de concejo allá por 1990. Muchos de los reseñados en su libro son árboles que se reparten por distintos pueblos, aldeas y rincones del Principado de Asturias, una región que, asegura el escritor, conserva muy viva la memoria de esos árboles de reunión y comunidad, de hecho aún hay gente mayor que recuerda perfectamente haber asistido a estos concejos. Así nos habla de árboles como el desaparecido texu de Seloriu (Villaviciosa) o el rebollo de Bermiego, caído en abril de 2014, de la texona de Bermiego, los texos de Mier, Melendreros o Santibáñez. O los tres texos de Abamia. De ellos, el más grande y antiguo, con más de 400 años de historia, es el que se asienta más cerca de la iglesia románica de Santa Eulalia de Abamia, en la que según la tradición fue enterrado el rey Pelayo. La iglesia se levanta en un lugar que albergó enterramientos en tiempos prehistóricos, un dolmen del que se conserva una única pieza, una losa u ortostato que se expone en el Museo Arqueológico Nacional, si bien Cangas de Onís existe una reproducción de esa piedra decorada con lo que se denominó como el ídolo de Abamia. Quien sabe si los texos que rodean el lugar donde se levantó el dolmen son herederos de otros árboles anteriores que allí pudieron existir ya desde tiempos prehistóricos y bajo los que ya se reunirían quienes entonces habitaban el valle del Güeña

Vista del texu principal de Abamia, junto a la iglesia románica. FOTO: J. CASO
 
Pero estos árboles que, en su día jugaron un papel capital y que eran territorio “de la identidad, lo afectivo y natural, de los vivido y lo experimentado”, como escribe Ignacio Abella han ido perdiendo utilidad. Llegaron los ayuntamientos y fueron acabando con aquel sistema asambleario celebrado en campo abierto y bajo la copa de estos arbolones. Además, y aunque resulte paradójico, en las páginas de su libro Abella da cuenta del maltrato sufrido por muchos de estos árboles totémicos, a causa de un mal entendido urbanismo que se ha llevado por delante sus entornos, los lugares en los que se levantan. Obras como las ejecutadas en Abamia, con zanjas que cercenaron las raíces de los tejos. O en Vidiago, donde su tejo agónico no ha podido recuperarse cuando años atrás echaron alquitrán a su alrededor. Hasta el mismo tronco. Sin dejarle un mínimo alcorque.

Zanjas que afectaron a las raíces de los texos de Abamia. FOTO: J. C.


 De esos ataques no se libra ni el árbol de Guernica como relata Abella. Han sido varios los ejemplares de roble que allí se levantaron desde el árbol viejo al proclamado como árbol del siglo XXI, si bien “la progresión de la longevidad viene siendo asombrosamente descendente, desde los 150 años del árbol viejo, a los 43 del nuevo y una década para el penúltimo”. Y es que como bien apunta Abella, mientras el tronco del árbol más antiguo es tratado y está expuesto como una reliquia, a los árboles de Guernica vivos de ese mismo linaje “se les somete a una incesante tortura. ¿Aprenderán las futuras generaciones a convivir con viejos árboles? ¿Durará el árbol del siglo XXI siquiera lo que queda de siglo?

Aunque más allá de recuperar su memoria, el libro tiene mucho de elegía, de oración fúnebre por esos árboles de concejo ya desaparecidos, Abella no deja de reivindicarlos e invita a plantar nuevos ejemplares por los pueblos. Con independencia de que los hubiera habido o no. Este escritor y naturalista está convencido de que, con el tiempo, el nuevo árbol “acabará reuniéndonos”. Y es que además de reivindicar la figura del árbol de junta o concejo, Abella también defiende la necesidad de recuperar este tipo de reuniones “como espacios de soberanía local”.

Finalmente la publicación concluye con una nueva llamada a concejo para completar la memoria, incompleta como casi todas, de estos árboles. Por eso Abella solicita que quien lo desee le remita cualquier testimonio e información acerca de otros ejemplares que no están incluidos en su publicación y que también jugaron ese papel de centros de reunión. Con ese objeto el libro incluye un cuestionario que, junto a imágenes, se puede remitir a arboldejunta@gmail.com incluyendo datos como una breve reseña del árbol en cuestión y sus funciones, datos del informante, documentación, relatos de la tradición...Así, al igual que sus raíces sustentaban a estos árboles de la palabra, la Red también puede jugar un papel importante a la hora de ir sumando nuevos testimonios relativos a estos árboles





lunes, 19 de octubre de 2015

Acerca de la publicación de "Los llavaderos del Conceyu Piloña"

El libro del etnógrafo Daniel Cueli, que incluye un censo, estudia las 73 construcciones que aún se conservan en el municipio piloñés

Daniel Cueli posa con un ejemplar de su libro en el lavadero de Los Caños de Infiesto. FOTO: JAVIER G. CASO


POR JAVIER G. CASO

 
Tal y como recoge el diccionario de la Real Academia Española (RAE), la etnografía es “el estudio descriptivo de las costumbres y tradiciones de los pueblos”. Mucho más cálida y cercana es lo que significa el mismo término para el piloñés Daniel Cueli. Para este etnógrafo “ye la historia de la xente que nun protagoniza la historia”. O lo que es lo mismo: lo próximo, lo cotidiano, incluyendo utensilios, construcciones y equipamientos. Todo aquello que, en definitiva, acompañó el quehacer diario de nuestros ancestros. Sobre todo en el medio rural.

 
Portada de "Los llavaderos del Conceyu Piloña".
 
Viene a cuento este preámbulo de la reciente publicación de Los llavaderos del conceyu Piloña, libro editado por la Fundación Belenos y del que es autor, precisamente el ya mencionado Daniel Cueli. La publicación, un volumen de apenas 70 páginas ilustradas con mucha fotografía y en una cuidada edición, permite al lector acercarse a este patrimonio etnográfico que son los lavaderos públicos. Se trata de unas construcciones que, según recoge el autor en la introducción del libro, “jugaron un papel muy importante en los siglos XIX y XX, mejorando las condiciones de las mujeres en su dura tarea de lavar la ropa”. Unos lavaderos que, además, cumplieron una importante labor socializadora al ser lugares de encuentro y conversación en aquelos tiempos en los que el agua corriente aún no había llegado a la mayoría de los domicilios de la zona rural.

No es la primera vez que Daniel Cueli se dedica a estudiar los lavaderos. Con anterioridad a esta obra ya publicó hace años otro estudio en la revista Asturies, memoria encesa de un país, dedicada a los que se reparten por la Comarca de la Sidra, Piloña y Siero. Pero como piloñés quiso estudiar más en profundidad los de su concejo natal, avalado además por el gran número de lavaderos que aún siguen en pie en Piloña, un total de 73. La cifra, subraya Cueli, ya es de por sí importante y significativa como para dedicarles un trabajo específico y que acaba de ver la luz. “Con esti trabayu quiso conxelar la realidá d´estes construcciones nun momentu concretu, faciendo una semeya fixa que marcara un enantes y un dempués y que pudiera sirvir de guía a les persones que tienen la responsabilidá de mirar pol nuesu patrimoniu”. Para ello este etnográfo visitó a lo largo de dos años todos y cada uno de los lavaderos que se reparten por las 24 parroquias piloñesas y de los que elaboró una ficha específica.

Ese recorrido le permitió a Cueli hacer algunas consideraciones acerca de estas construcciones. En cuanto a su tipología, y a partir de la posición que ocupa el pilón en el lavadero, Cueli distingue entre los de pilón central, que en su mayoría disponen de cubierta a dos aguas, o los de pilón lateral que suelen estar cubiertas con un tejado de cubierta a una sola vertiente. A su vez el estudio constata que en muchos casos, el lavadero se levanta al pie de una fuente y un bebedero, conformando un conjunto etnográfico en el que los vecinos del pueblo no sólo lavaban la ropa, sino que también se abastecían de agua para casa y además llevaban su ganado a beber allí.

El más importante de los lavaderos piloñeses, y el más antiguo a la vez, es el de Los Caños de Infiesto, ubicado en el barrio de Triana. Fue rehabilitado en 2006 después de que en años anteriores estuviera a punto de correr serio peligro de ser demolido, lo que hubiera supuesto una importante pérdida patrimonial para Piloña y para Infiesto, ya que apenas si se conocen lavaderos así en otras villas similares de la comarca del Oriente asturiano. Daniel Cueli que además es de los más antiguos de Asturias y que ya aparecía citado en el Diccionario de Madoz que data de los años 1845 a 1850. La fuente de los Caños, situada junto al lavadero, es de 1807. Así puede leerse en la placa que la preside, con lo que el lavadero tuvo que levantarse no mucho más tarde en la primera mitad del siglo XIX, explica Cueli. Para hacerse una idea de lo que fue, el etnógrafo piloñés explica que que por las dimensiones de su pilón, allí podían reunirse a lavar a la vez hasta 30 mujeres.

Vista general del lavadero de Los Caños, ubicado en el barrio de Triana de Infiesto. FOTO: J. G. CASO


Mención especial merece a su vez el lavadero público de El Valledal, en Villamayor. Fue construido en 1919 y donado al pueblo por Rafael Fabián, tal y como reza en una inscripción situada en uno de sus laterales. Actualmente en desuso, aunque bien conservado; de este lavadero destaca un estante de madera que recorre de lado a lado su cubierta interior por encima del pilón y que, según describe Cueli, serviría para dejar allí los baldes con la ropa que se iba a lavar.

Interior del lavadero de El Valledal, en Villamayor. FOTO: J. CASO

Vista exterior del lavadero de El Valledal. FOTO: J. CASO

Además de defender la conservación de los 73 lavaderos que se recogen en su libro y que aún existen en Piloña, el autor del trabajo apuesta por la recuperación de los que están peor conservados y por su utilización como recurso turístico. Así Daniel Cueli defiende que alguno de ellos bien podría acoger un centro de interpretación de este tipo de construcciones, algo que ya se ha hecho en otros concejos como Boal. También apunta la posibilidad de señalizar una ruta de los lavaderos en alguna de las parroquias piloñesas, en concreto por aquellas que cuentan con más número de ellos como las Belonciu, Villamayor o Borines. En definitivo, en su libro este etnógrafo pone el ojo y estudia de forma rigurosa un patrimonio que en muchos casos se encuentra bastante olvidado y que, además, resulta muy desconocido para los más jóvenes.







martes, 5 de mayo de 2015

70 años de la liberación del Campo de los españoles

Mauthausen

Por Javier G. Caso

 
El horror nunca está demasiado lejos. Ni en el tiempo, ni en la distancia. Hoy 5 de mayo se cumplen 70 años de la liberación del campo de concentración nazi de Mauthausen por tropas estadounidenses. Aquel lugar tenebroso, situado a más de 2.000 kilómetros de Asturias, fue bautizado como el campo de los españoles. Allí murieron asesinados cerca de 5.000 compatriotas de los más de 7.000 españoles, todos ellos republicanos, que acabaron internados en aquel campo de la muerte. Pero por mucho que hayan pasado siete décadas, eso no puede hacernos olvidar aquella barbarie. A Mauthasen fueron a parar muchos republicanos que, tras perder la Guerra Civil, combatieron a los nazis en suelo francés. También exiliados. Y solo por sus ideas políticas. Como prisioneros de aquel campo, y después de que Franco renegase de ellos, aquellos españoles lucieron en sus uniformes el triángulo azul de los apátridas. Más de un centenar de asturianos fueron encarcelados y la mayoría fallecieron en Mauthausen. Entre los fallecidos estaban dos cangueses: Salvador de la Visitación Villa, nacido en Cangas de Onís; y Máximo Fierro Orejas, éste natural de Mestas de Con. Sirvan estas líneas para honrar su memoria y la del resto de republicanos españoles fallecidos a manos de los nazis en tan siniestro lugar.

sábado, 26 de abril de 2014

Un gamonéu del valle de Cangas de Onís, queso del año en "Asturias, el país de los cuarenta quesos"

La Quesería Toriello, de Ixena, elaboró la pieza premiada con una mezcla de leche de vaca y cabra

 
Hortensia Villanueva, titular de la Quesería Toriello, con varias piezas en la sala de ahumado. FOTO: J. CASO 


Por Javier G. Caso

Hortensia Villanueva, vecina de la localidad canguesa de Ixena, creció viendo a su madre hacer queso para consumo familiar, una actividad que años después élla convirtió en su profesión en la Quesería Toriello, una empresa familiar asentada en este mismo núcleo rural de Cangas de Onis desde hace diecinueve años y dedicada a la elaboración del queso gamonéu del valle desde que se puso en marcha la Denominación de Origen Protegida (DOP).

Hortensia tiene motivos estos días para sentirse orgullosa. Unos de sus quesos, elaborado como todos los que salen de su quesería, con mezcla de leche de vaca y de cabra, acaba de ser reconocido como el Mejor Queso del Año en la XII edición de "Asturias, el país de los cuarenta quesos", un evento gastronómico impulsado por la empresa Tierra Astur y que este año se llevó a cabo durante la primera semana del mes de abril en sus sidrerías de Oviedo, Gijón, Avilés y Colloto (Siero). En una cata popular en la que se emitieron más de 4.000 votos entre los clientes que degustaron las cuarenta variedades queseras que se elaboran en el Principado de Asturias, la pieza de la Quesería Toriello se llevó el 17,64% de los votos. Quienes lo premiaron subrayaron su sabor "ligeramente ahumado" y un "reconocido carácter" en la boca. En definitiva: que ese queso sabía y recordaba a los que antaño se elaboraban en les cabañes del puertu, tal y como hace unos días destacaba en sus páginas el semanario El Fielato.

En la Quesería Toriello cuentan con una quincena de cabras de raza alpina de las que obtienen una leche que luego mezclan con la de vaca, que compran a una ganadería ubicada en la vecina localidad de Labra. "La traemos cada dos días", explica Hortensia Villanueva, quien procesa unos 500 litros de leche al dia . De ellos obtendrá unos ocho quesos, la mayoría de ellos de tamaño grande. De hasta ocho kilos. "Ahora hay mucha demanda de ellos aunque también hacemos piezas de 600 gramos que tienen mucha aceptación entre los turistas", añade esta quesera. Una vez elaborados, y salados de forma sucesiva por cada una de sus dos caras, al tercer día los quesos pasan a la sala de ahumado de la quesería.

Las piezas más grandes están en el ahumadero "un mes", mientras que los pequeños tienen bastante con diez días. El siguiente paso será llevar los quesos a la cueva de maduración de Cueva Oscura para que acaben de madurar y dónde permanecerán un mes "como mínimo", precisa Hortensia. Si sus clientes no la apuran, esta quesera reconoce que entonces mantiene sus quesos en la cueva durante más tierno. 

Una vez retirados los quesos de la cueva de maduración, y antes de sacarlos al mercado, toca limpiarlos antes de proceder a su etiquetado. A partir de ahí se ponen a la venta, bien a través de comercios del ramo, como La Barata en Cangas de Onís, o bien en las mismas instalaciones de la quesería si es que algún cliente prefiera acercarse hasta Ixena a comprar queso de gamonéu del valle elaborado por la Quesería Toriello. Ahora se han llevado el premio de "Asturias, el país de los cuarenta quesos", un galardón que les hace sentirse muy satisfechos. Pero a Hortensia no se le olvida que hace años uno de sus quesos de gamonéu ya fue degustado, nada más y nada menos, que en la boda de los Príncipes de Asturias.

lunes, 8 de abril de 2013

Bautizo del Airbus "Cangas de Onís"

El aeropuerto de Asturias acogerá el bautizo del Airbus 320 de Iberia "Cangas de Onís"

La aeronave pasará el denominado arco de agua

JAVIER G. CASO

El aeropuerto de Asturias será escenario el próximo lunes 15 de abril, a partir de las 19,50 horas, del bautizo del Airbus 320 de la compañía Iberia que llevará el nombre de "Cangas de Onís", tal y como acaban de informar responsables del equipo de Gobierno local. A esa hora está prevista la ceremonia del arco de agua, una tradición aeronaútica internacional con la que se da la bienvenida a los nuevos aviones.   La decisión de Iberia de dar el nombre del municipio de Cangas de Onís a una de sus aeronaves de pasajeros responde a una petición del equipo de Gobierno cangués que preside el popular José Manuel González Castro y con la que se pretende contribuir a una mayor promoción turística del concejo. La aceptación por parte de Iberia de la propuesta municipal tuvo lugar el pasado mes de enero.

jueves, 14 de febrero de 2013

El abandono de la finca Les Llanes

Les Llanes

Vista de la entrada principal a la finca Les Llanes. Al fondo la Basílica de Covadonga. FOTO: JAVIER G. CASO.



Una situación de abandono y dejadez que debe ser corregida por parte del Principado de Asturias

JAVIER G. CASO


Leo en El Comercio de hace unos días que para la consejera de Cultura la finca de Les Llanes “no está entre sus prioridades”. Tampoco es que nos haya descubierto nada nuevo doña Ana González. No lo ha sido nunca para  responsable alguno del Principado de Asturias. A la Administración autonómica le llevó casi diez años construir los aparcamientos vinculados al plan Lagos y culminar la senda peatonal de Muñigu, una vez que le resultó imposible llevar adelante su idea inicial de construir un nuevo acceso rodado a Covadonga. En lo que atañe a Les Llanes la propiedad fue adquirida a bombo y platillo hace ya siete años en tres millones de euros durante la etapa de Vicente Álvarez Areces al frente del Gobierno regional. Aquella operación se justificó en su día por los planes del Principado de Asturias para convertir esta finca en la base de un remonte, en concreto de un tren cremallera de dos vagones y 60 plazas, que uniría El Repelao con el Santuario de Covadonga.
 El coste del proyecto, del que se dijo que iba a ser una realidad en 2008, y del que nunca más se supo, iba estar entre los 2 y los 3 millones de euros. La actuación incluiría además un aparcamiento que completaría la red de estacionamientos ya construidos en El Repelao y las cercanías de Muñigu. Ahora la situación económica actual, según la consejera, es la que impide llevar adelante la actuación prevista en Les Llanes. Puede ser. Ya no es tiempo de grandes proyectos. No hay perres. Sin embargo no es eso lo que se debate estos días después de que la prensa regional denunciase el abandono que presentan tanto la casona como la finca de Les Llanes, una situación que el propio alcalde de Cangas de Onís, José Manuel González Castro, puso sobre la mesa durante la última reunión del patronato de Covadonga.
La cuestión es por qué esa propiedad apenas ha recibido atención alguna por parte del Principado de Asturias desde el momento que pasó a ser patrimonio público en 2006. La sensación de dejadez ha ido a más desde entonces. Tanto el inmueble como la finca, de la que despegó el helicóptero que trasladó a Los Lagos a su Santidad el Papa Juan Pablo II durante su visita a Covadonga en agosto de 1989, presentan un estado lamentable. Y todo eso sucede, para mayor vergüenza, en la principal puerta de acceso al Parque Nacional de los Picos de Europa en su vertiente asturiana, al pie del Real Sitio de Covadonga, un lugar que desde luego no ha recibido en los últimos años el trato que se merece. Al Ejecutivo regional no le queda otra que reparar todo lo que sea necesario y mantener la finca y la casona atendidas y vigiladas. Más adelante, sin prisas porque lo que sobran en Asturias son equipamientos infrautilizados, lo suyo sería buscar un uso adecuado para Les Llanes. Su ubicación es estratégica  si pensamos en los cientos de miles de turistas que todos los años se acercan hasta Covadonga y Los Lagos. Se aceptan propuestas.