Una villla de Llanes alejada del bullicio estival acogió la segunda edición del encuentro de estos fogones que nacieron en el tren hullero de La Robla y que son claro ejemplo de lo que es una cocina tranquila y sin prisas.
Por Javier G. Caso
Un Llanes alejado del gentío y el mogollón turístico del verano
acogió el pasado sábado, 7 de febrero, el II encuentro de ollas
ferroviarias. A estas alturas del año, esta cita gastronómica se
ajusta como un guante al devenir invernal de la capital llanisca, con
las calles más despejadas y tranquilas. Estos originales pucheros en
los que se guisaron fabada y patatas con carne o pescau, requieren de
paciencia, tranquilidad y muchas hora por delante. Nada que ver con
las guisos rápidos de la olla exprés o los robots de cocina. La
olla ferroviaria la inventaron los maquinistas y los trabajadores del
tren hullero que comunicaba La Robla ( León) con Bilbao. Aquellas
tarteras, en su día alimentadas con el mismo carbón de las máquinas
de vapor, ahora se atizan con carbón vegetal. Como se cocinaba con
el tren en marcha, el traqueteo del Hullero a lo largo de un viaje
que se prolongaba un montón de horas, mecía el guiso dándole un
toque fundamental. Estas ollas ferroviarias, que también hay que
mover y atender sin prisas, ya no son unos pucheros viajeros, pero la
esencia es la misma: cocina tranquila, slow food en estado puro.


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