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viernes, 21 de junio de 2024

Paseos y dibujos: de la lectura de “Antes de que dejemos de conocernos”

 El libro de Fran Beran, editado por el ayuntamiento, es un retrato coral de la sociedad canguesa al que se unen otros dibujos de rincones y calles de la ciudad de Cangas de Onís


Portada del libro  "Antes de que dejemos de conocernos". Foto. J. G. Caso


 Por Javier G. Caso:


“Antes de que dejemos de conocernos”. Este es el título del libro del artista y dibujante cangués, aunque nacido en Gijón, Fran Beran. Editado por el Ayuntamiento de Cangas de Onís, la publicación se presentaba este pasado lunes, 10 de junio, en el salón de actos de la casa de cultura.

Los dibujos, tanto los de las más de 186 personas que aparecen en el libro, como los que dan cuenta de distintas calles y rincones de Cangas de Onís, son el resultado y el fruto de un trabajo de más de tres años. Su detonante fueron los paseos de su autor por la capital canguesa. Ese pasear a diario, ese callejeo, se tradujo en todos esos dibujos con los que Fran Berán ha inmortalizado con maestría a representantes de varias generaciones de cangueses  con los que se cruzaba a diario y a cualquier hora.

Fran Beran y Paco Pantín en la presentación de "Antes de que dejemos de conocernos". Foto: J. G. C.


El autor, ante la casa de cultura de Cangas de Onís, posando con su libro. Foto: J. G. Caso

 Sabíamos de su gran nivel artístico. Fran Beran es autor de numerosos carteles dedicados a muy distintos temas locales: desde las fiestas de San Antoniu, los carnavales, el día de Asturias u otras citas festivas locales. También ilustró folletos turísticos, como aquel que le encargó Ramón Hevia cuando era presidente de la asociación Iniciativas Canguesas de Turismo ( INCATUR) y que incluía un minucioso dibujo de la ciudad de Cangas de Onís con sus casas, sus calles y sus principales monumentos. Hablamos de un folleto que el propio Ramón Hevia mostró a los asistentes a la presentación del libro de Fran Beran y que sirvió para recordar su trayectoria y sus obras,la mayoría de los cuales realizó de forma desinteresada.

Siempre fue mucho Fran de dejarse ver por Cangues. Desde que se jubiló sus paseos fueron a más y es raro no cruzarse con él casi a cualquier hora. Hace cosa de tres años decidió salir a la calle acompañado de un bloc y de un rotulador negro. Así nacieron sus primeros dibujos. Del rotulador, y sin dejar de dibujar a mano, un detalle que recalca para evitar malentendidos, Fran pasó al dibujo digital, con lápiz y en el que el cuaderno de cartulina fue sustituido por la pantalla de un ipad. “Pero sigo dibujando a mano, que conste. Aunque lleve mis dibujos en el móvil con el que fotografío a mis personajes, no hay ninguna aplicación que haga esos dibujos ella sola”, advierte el artista.

 Su libro aúna paisanaje y paisaje con dibujos que dan cuenta de esas calles en las que desarrollan sus vida las personas a las que dibujó. Unos dibujos, que no quiere calificar de retratos y que no se terminan, espera, en este libro que acaba de ver la luz. Confía en darles continuidad en un segundo volumen. Por eso sigue paseando y dibujando; de hecho ya tiene hechos más de sesenta dibujos de otros tantos cangueses de cara a un próximo libro. Ahora todo resulta muy sencillo. Al principio, a quien elegía por la calle, tenía que explicarle por qué le quería hacer una o varias fotos. Era eso o hacerlos posar durante horas, algo imposible. A estas alturas ya no hace falta que explique que esas imágenes las toma para luego realizar un dibujo de esa persona. Todo el mundo conoce su proyecto artístico. Por eso son muchos los que quieren ser dibujados por Fran Beran y así se lo hacen saber. De algunos, reconoce, casi no sabe ni cómo se llaman. Pero, por una u otra razón, decidió dibujarlos. Es una forma, reconoce Fran, de dejar constancia de “esa gente que te encuentras por la calle, de la que no recuerdas su nombre y tienes que buscar a un conocido común para preguntarle.” Y es que a veces, tal y como expresa el autor en el texto de la contraportada de su libro en cuantas ocasiones, y en cuantas conversaciones con algún vecino no solemos preguntarnos “¿qué sería de aquel que siempre nos saludaba en el bar? Sí hombre, siempre con una chaqueta gris y camisa de cuadros y pidiendo un vino de la casa. ¿Cómo se llamaba?”

Por eso, y en cierta forma Fran ha puesto, nos ha puesto, deberes a sus lectores. Los personajes dibujados tan solo van acompañados de su nombre, en muchos casos su diminutivo. “Sin comentario alguno”, apostilla en la contraportada. “Quien quiera añadir algo más tiene a su disposición un espacio debajo para hacerlo”, añade Beran. La escritura de esa particular reseña tiene todo su sentido si nos atenemos al título del libro: “Antes de que dejemos de conocernos”. Y qué mejor forma de recordar a todos esos vecinos que dedicarles unas pequeñas líneas en las que cada uno dejemos por escrito, por ejemplo, su nombre completo, sus apellidos, oficio, parentesco...En fin, lo que se nos ocurra. En mayor o menor medida los conocemos a todos. En muchos casos no faltarán anécdotas o sucedidos que conozcamos de esos personajes. Dejarlos por escrito al pie de cada dibujo como nos propone Fran, es una idea genial. Seguro que más de uno se ha decidido a coger el boli para escribir un pequeño perfil de cada personaje. Otro tanto se puede hacer con los dibujos de las calles y rincones de Cangas de Onís que ilustran las páginas del libro y que seguro que también inspirarán no pocos recuerdos a cualquier cangués.

En definitiva, toca dar la bienvenida a este libro tan original y también solidario. A propuesta de su autor el Ayuntamiento de Cangas de Onís ha decidido no regalarlo. Todos los ejemplares editados, unos 200, se han cedido al colectivo local Rosa Palo para que los venda. Y todo lo recaudado con la venta de “Antes de que dejemos de conocernos” irá destinado a la investigación del cáncer de mama. Enhorabuena a Fran Beran por ese gesto y por este libro, todo un retrato coral de la sociedad canguesa del que ya esperamos ansiosos una nueva entrega.













domingo, 11 de octubre de 2020

Se nos fue Uca Mallén

 

Uca, entre Marga y Celsín, en un día grande San Antoniu. Foto cedida por M. Cimentada


Una canguesa siempre dispuesta a colaborar con les fiestes de San Antoniu


Cangas de Onís, 9 de octubre de 2020

Por Javier G. Caso


Iniciamos esta semana con el fallecimiento de otra persona conocida y apreciada: Matilde Mallén Herrero, a la que todos conocimos como Uca Mallén. Su figura ya fue recordada días atrás en la prensa escrita regional con sendos artículos de Guillermo Fernández Buergo en las páginas de El Comercio y de J. M. Carbajal en La Nueva España. Ambos la conocían bien. En el caso de Guillermo fue compañero de Uca en la redacción del desaparecido semanario llanisco El Oriente de Asturias.

¡Qué decir de Uca! La conozco desde críu, de cuando ella venía desde Llanes a visitar a sus tías, Eloísa y Josefina Herrero, mis vecinas de edificio en el entonces número 1 de la calle del Hotel, la actual calle Bernabé Pendás de Cangas de Onís.

Nosotros vivíamos en el tercer piso y las hermanas Herrero, les ties de Uca, justo debajo, en el segundo cuyas ventanas, como las nuestras, daban a la parte de atrás del ayuntamiento. Con Eloísa y Josefina pasaban temporadas los padres de Uca, Pilar y José María, su hermana Tere y su hermano Jose Mari, químico y que venía desde Francia a donde emigró siendo muy joven. Aunque llevaba más de medio siglo viviendo en Llanes donde se había casado, Uca era y se sentía muy, pero que muy canguesa, concejo en el que había nacido en 1936, en plena Guerra Civil. Uca venía por Cangas cuando podía; cuando la traían en coche algunos amigos o sus hijas, Varenka y Alejandra. Eran siempre visitas más cortas de lo que a ella le hubieran gustado. Para Uca era obligado, sobre todo, visitar el cementeriu de Cangues d´Arriba y la capilla de San Antoniu por el que sentía mucha devoción. Uca ejemplificaba a esos cangueses que, viviendo fuera, casi siempre venía por Cangues el día grande de San Antoniu. Y si por trabajo no podía ser por la mañana, para asistir a misa y a la procesión, entonces venía por la tarde a hacerle una visitina a su “San Antonín del alma” como ella le llamaba.

Uca, que fue correctora de textos del semanario llanisco El Oriente de Asturias, en el que además escribió durante años la sección El rincón femenino, era colaboradora asidua de la revista de San Antoniu. Casi siempre firmaba sus artículos como Ana Sierra de la Pedrera, su seudónimo. En sus textos conversaba de tú a tú con San Antoniu. Unas veces le agradecía al santo sus favores, mientras que otras le recriminaba que no le hiciera caso. Además, y en confianza, también le hacía mención a su fama de ser un santu peseteru a la hora de conceder alguna gracia. Y en medio de esas conversaciones, Ana Sierra de la Pedrera nos iba informando de todas las cosas que habían sucedido por Cangas de Onís a lo largo del año previo a las fiestas: obras, fallecimientos, la vida política local, recuerdos de antaño... Son las suyas unas crónicas de lo más interesantes y que también nos permiten recordar rincones y edificios cangueses, así como personajes locales que ya no están entre nosotros como Evaristo el barrenderu. Uca casi siempre se refiere al río Güeña como el ríu Chicu de Cangues, en contraposición con el Sella, un topónimo local que ahora apenas se usa, al menos entre los más jóvenes.

Muchas de las anécdotas e historias canguesas que Uca recogía en sus artículos se las había contado su tía Eloísa, una mujer que era muy graciosa. Hace unos días cuando supe de su fallecimiento, comenté en las redes sociales que, con su muerte, nos habíamos quedado sin una gran pregonera de San Antoniu. Sin embargo, nuestra amiga común Marga Cimentada, me sacó del error enseguida al recordarme que Uca Mallén sí había sido pregonera de nuestras fiestas patronales. De hecho leyó su pregón en 1994 desde el mismísimo balcón del ayuntamiento. Habrá que buscarlo porque tuvo que ser un discurso magnífico. También me recordaba Marga, quien durante muchos años formó parte de la comisión organizadora de la fiestas de San Antoniu, lo mucho que había que bregar con Uca todos los años hasta conseguir convencerla de que les mandara su artículo para la revista, de hecho hubo ocasiones, siempre por cuestiones personales que la desanimaban, que no lo publicó. Luego cuando, al año siguiente, enviaba su texto, siempre disculpaba su ausencia con esa gracia que la caracterizaba. Uca era muy buena gente. Educada, saludadora, gran conversadora y, como ya he dicho, una canguesa de pura cepa. No hay más que ver como terminaba el artículo que escribió para el libro de las fiestas de San Antonio en 1994: “...Y aunque no mi hagas casu, seguiré pidiéndoti esto y lo otro, pero sobre tou, que protejas a esti Cangas de mi alma que, a pesar de estar lejos, recórrolu todos los días con el pensamientu y quiérolu cada vez más”. Hasta siempre, Uca. Y ten presente que cuando pasemos por la capillina de San Antoniu, vamos a acordanos muchu de ti.




domingo, 3 de abril de 2016

Último adiós a Ramón Aranguez

!Esta vez no fueron buenos días por la mañana!

 

Ramón Aranguez, en la entrada al depósito de agua de Cangues d´Arriba. FOTO: JAVIER G. CASO

Por JAVIER G. CASO

Era una de sus muchas frases graciosas y ocurrentes. Tanto que, de tanto repetírsela domingo tras domingo, al final algunos de los senegaleses que desde hace años ejercen como vendedores en nuestro tradicional mercau semanal, acabaron haciéndola suya. Y así, cada vez que alguno de ellos franqueaba la puerta de la cafetería del Hotel Plaza a la que acudían a desayunar, siempre saludaban de la misma manera: “ ¡buenos días por la mañana!”. Y él, que estaba trasteando y echando una mano a Fernando detrás del mostrador, les contestaba con esa sonrisa que siempre tenía en la cara: “¡buenos días por la mañana, hombre!”.
Así era Ramón Aranguez Severino, Ramón el fontaneru o Ramonín el de Lucio, como lo conocíamos en Cangas de Onís y al que este domingo dábamos el último adiós en nuestra iglesia parroquial, mientras en La Plaza, su barrio desde hace muchos años, se celebraba un mercau más. A sus 77 años, Ramón era de esos cangueses que conocía a todo el mundo y que, con una memoria prodigiosa, atesoraba infinidad de anécdotas y de historias que contaba como nadie. Ramón se conocía al dedillo la pequeña y la gran historia canguesa de los últimos sesenta o setenta años. De su mano conocí, por ejemplo, que el callejón peatonal que va desde La Carreterona hasta las inmediaciones de la Plaza, por detrás de la calle del Mercau, se llama la calle del Campón.
¿A qué tú no sabes quien era fulanito? Te preguntaba Ramón, sabedor de que a uno no hay cosa que más le preste que recabar información y datos de aquel Cangas en el que crecieron nuestros mayores. A su pregunta sucedía una detalladísima y documentada explicación por parte de Ramón acerca de aquel personaje desconocido. Lo mismo te contaba dónde estaba tal o cual negocio cangués de antaño que una aventura protagonizada por algún cangués. ¡Qué lástima no haber grabado aquellos momentos! Pero siempre quedará el recuerdo de esas improvisadas charlas. Además de excelente conversador, otra de sus pasiones fue la música coral, que practicó durante décadas en el Coro Peña Santa de la mano de su tocayo Ramón A. Prada.

Ramón, dentro del depósito. FOTO: J. G. CASO



 
Por su condición de fontanero municipal, a Ramón le tocó estar a pie de obra cuando se ejecutaron las últimas traídas de agua, así como las redes de distribución y los enganches domiciliarios. Tanto en la capital canguesa como en muchos pueblos. Y a falta de planos, como Ramón tenía en su cabeza por donde iban todas y cada una de las tuberías, no faltaron las ocasiones en las que, hasta ya jubilado, venían a buscarlo los obreros a casa cada vez que iban a abrir una zanja, no fuera a ser que reventaran la tubería del agua.
Pero antes que fontaneru, Ramón aprendió el oficio de hojalateru de su abuelo Lucio. Ahora los quesos y los embutidos se envasan al vacío. En plástico. Pero de aquella, como él mismo me contó, iban en lata. A ellos les tocó hacer muchos de esos recipientes a medida de hojalata. Y así, en conserva, viajaron hasta América y cruzaron el Charcu, con destino a países como Cuba, México o los Estados Unidos, quesos de Cabrales, de Gamonéu, chorizos y morcilles. Pero uno de sus trabajos más curiosos fue sin duda cuando, allá por 1963, año en el que se inauguró nuestra iglesia parroquial, tuvo que engolase en la cruz que preside la espadaña de la iglesia para soldar el pararrayos. Y lo hizo sentado en los mismos brazos de la cruz, a más de 30 metros de altura, como él mismo recordaba hace tres años cuando se celebró el cincuenta aniversario de la construcción del nuevo templo parroquial cangués.

Durante años Ramón cloró los depósitos municipales. FOTO: J. CASO


En este mundo no va a quedar nadie. Eso está claro. Pero, joder, qué duro es que la parca se lleve en veinte días a una persona tan apreciada y querida sin que nadie sospechara lo malín que estaba. Este sábado a media mañana sonó el teléfono móvil. Vi la llamada y ya me imaginaba lo que me iban a contar. Era la noticia de tu fallecimiento. Desde luego, Ramón, esta vez lo que me dieron no fueron los buenos días por la mañana. Sirvan estas líneas para rendir homenaje a una persona tan buena como cariñosa con todo el mundo y a la que, si bien conocí ya de criu como el padre de uno de mis mejores amigos, con el paso de los años acabó por convertirse en un amigo más. Mira que te prestaba llegar y decirnos de repente sin venir a cuentu: ¿a qué no sabéis cuántos días quedan pa San Antoniu? Vamos a echate de menos Ramón. Pero estoy seguro de que desde ahí arriba, esos días, los seguirás contando para todos nosotros.


 

domingo, 24 de enero de 2016

¡Hasta siempre, Toñito!

¡Hasta siempre, Toñito!


Antonio Martínez Marqués, Toñito, paseando con Mundo por la Avenida de Covadonga, hace unos años. FOTO: J. CASO  
POR JAVIER G. CASO

 
Murió Toñito. La noticia corrió como la pólvora por Cangues a lo largo de toda la mañana de este pasado domingo 17 de enero, festividad de San Antón Abad. A la sorpresa y la incredulidad iniciales por una muerte inesperada, sucedió la pena; un sentimiento que compartimos la mayor parte de los cangueses, sobre todo sus amigos. Pero también los que, sin ser íntimos, lo conocimos, tratamos y apreciamos. Ya desde críos. Compartimos un curso en las antiguas escuelas del desaparecido Colegio Vázquez de Mella. En 7º u 8º de EGB. No lo sé con exactitud. Sí recuerdo que en aquella clase, Antonio Martínez Marqués, a quien siempre conocimos como Toñito, era de los que tenía mando en plaza. Imponía, pero siempre supo ganarse el cariño de los que fuimos sus compañeros. Más adelante fuimos creciendo y manteniendo relación, compartiendo amistad y colegas. Con Toñito había feeling y eso se notaba.

De carácter aparentemente bronco, pero sólo en apariencia, porque en el fondo era un cachu pan, por lo general Toñito siempre saludaba a la brava, cuando no con algún bocinazu con aquella vozona suya. Sin embargo esa supuesta hosquedad distaba mucho de la realidad. No era tal ni mucho menos. Lo saben bien los que fueron sus colegas, una amistad que algunos fraguaron en el antiguo Campo de fútbol de Santa Cruz donde compartieron con él entrenamientos y partidos en los equipos de las categorías inferiores del Cánicas.

Hacia el año 2001 Toñito decidió dar un giro a su vida. Y, ni corto ni perezoso, se fue a trabajar al Principado de Andorra, cambiando Cangues, en las estribaciones de los Picos de Europa, por Andorra la Vella, a 1.123 metros de altitud, en pleno corazón de los Pirineos. Desde entonces apenas si nos veíamos una vez al año. En ese momento nunca faltó su saludo cordial, eso sí acompañado de alguna broma. Toñito, que cumplió 51 años el pasado 1 de enero, visitaba Cangues al principio del verano, casi siempre coincidiendo con las fiestas de San Antoniu, su tocayu; al que como todos los de Cangues d´Arriba profesaba una especial devoción.

Imposible olvidarse de sus años de portero de Galaxia, una tarea que ejercía con autoridad. Le gustaba hacer bien su trabajo y aunque los que lo conocíamos nunca teníamos problemas con él, Toñito disfrutaba haciéndonos sufrir un poco antes de, finalmente, dejarnos enfilar escaleras abajo y entrar en la discoteca. Eso a los rapaces. Las mozas, con él, aunque las entretenía un ratín a la altura de la taquilla, lo tenían mucho más fácil para pasar. La última vez que nos vimos debió ser por junio, creo que por el Peñalver, uno de los bares en los que solía parar. O Los Arcos, dónde también trabajó. Como siempre, compartimos charla y amigos.

Me hubiera gustado haberlo visitado en Andorra dónde, sé de buena tinta, ejerció de perfecto anfitrión de aquellos amigos que, desde Cangas de Onís, se animaron a viajar hasta allí para verlo. Sus colegas, además, conocieron a los grandes amigos que hizo por aquellas tierras pirenaicas y que se convirtieron en su familia de Andorra; una gente que, aseguran, le profesaron un cariño digno de admirar. Todo ello demuestra que supo hacer amigos allí por donde pasó. Era buena gente. Como dejó escrito Chusón Quesada en facebook nada más enterarse de su fallecimiento: ¡Hasta siempre Toñito! Y cuando llegue San Antoniu, miraremos al cielo desde el robledal para recordarte el día de tu santu.

jueves, 21 de agosto de 2014

Ramón A. Prada: Hasta siempre maestro

Cangas de Onís dice adiós a Ramón Prada, uno de sus vecinos más queridos


Ramón A.  Prada, en 2006, cuando recibió el título de Hijo Predilecto de Cangas de Onís. A su lado, el entonces alcalde, Alfredo García. FOTO: J. G. CASO

Por Javier G. Caso

 
Será este mediodía cuando Cangas de Onís se disponga a despedir a uno de sus vecinos más queridos: Don Ramón Aniceto Prada Vicente. Nacido en la capital canguesa en 1930, el próximo mes de diciembre hubiera cumplido 84 años y se va tras toda una vida dedicada a la promoción de la música coral, sin duda su gran pasión. Han sido varias las generaciones de cangueses y canguesas que formaron parte de los sucesivos coros infantiles que Don Ramón formó a lo largo de su larga trayectoria docente, primero en Villanueva y después en Cangas de Onís, en el Colegio Público Vázquez de Mella. Pero sin duda alguna, y como él mismo comentaba entre risas, Don Ramón Prada pasará a la historia como el director de coro más veterano que se recuerde al frente de una misma formación: la Masa Coral Peña Santa, que él mismo fundó en la década de los cincuenta del siglo pasado, que años después pasa a denominarse Coro Mixto Peña Santa como lo conocemos en la actualidad y del que Prada fue su primer y único director; un coro que en algunos momentos llegó a estar integrado por 70 voces. Casi nada.

Ramón A. Prada, con el Coro Peña Santa, durante uno de sus conciertos. FOTO: J. CASO


Casado con Emilina Blanco, y padre de cuatro hijos: Ramón, Juan, Emilio y Blanca; puede afirmarse sin exagerar que Coro Peña Santa era el quinto hijo de Don Ramón Prada. O su segunda familia. Una gran familia. Horas después de que se hiciera público su fallecimiento, ocurrido este miércoles en Oviedo, muchos de los integrantes del coro no podían reprimir sus lágrimas y se emocionaban recordando al que, durante tantos años, fue su director. Era su líder y su amigo. Y pasará un tiempo hasta que logren reponerse de su ausencia. Pero para este mediodía ya han prometido que por mucho que les embargue la emoción, van a desenredar el nudo que todos tienen en la garganta desde que supieron de la muerte de Don Ramón y van a cantar para él en su funeral. Será su último adiós. A más de uno le correrán las lágrimas por las mejillas, y a lo mejor no les sale todo lo bien que desearían, pero no tengo dudas de que, ese funeral cantado por el Coro Peña Santa, será algo inolvidable. Porque van a cantar con el corazón. Y así no hay quien falle.

Prada, con el Coro Peña Santa, en un concierto en la Casa de Cultura de Cangas de Onís. FOTO: J. CASO


Se nos va una persona que cantó misas y funerales en innumerables ocasiones. Que tocó el órgano de la iglesia de Santa María ni sabe cuántas veces; una persona que no sabía decir que no a nada y que, de forma desinteresada, colaboró con todo lo que se le puso por delante en Cangas de Onís. Fueron varias las generaciones de cangueses, entre ellas la mía, que tuvieron oportunidad de ser sus alumnos en el Colegio Vázquez de Mella donde dio clases de Lengua, de Dibujo y de Pre-tecnología, entre otras materias. Personaje inquieto, de curiosidad insaciable, hiperactivo me atrevería a decir, Don Ramón era de los que siempre llevaba de todo en los bolsillos de su americana: papel, bolis, lápices, destornilladores.... Hasta algún trasto singular. En Cangas debió ser de los primeros en portar un reloj digital, con calculadora y hasta con radio. De los primeros que tuvo de esas calculadoras científicas y hasta ordenador. Fue un apasionado de la electrónica, de la informática. También le gustaba viajar y durante décadas Don Ramón, junto a su mujer Emilina, eran algunos de los maestros que acompañaron a los alumnos y alumnas de octavo curso de EGB del Vázquez de Mella en aquel clásico viaje de estudios, siempre con destino a Madrid. Aunque creo que hubo años que también incluyó Toledo. Por toda España viajó también Don Ramón al frente de su Coro Peña Santa y en los últimos años participó en varios de los viajes organizados por el Club Cangas de Onís Atletismo hasta ciudades como Lisboa o París donde iban a competir los atletas locales. Siempre pertrechado por su cámara fotográfica, al regreso de cada viaje, y a modo de recuerdo, Don Ramón solía entregar a quienes lo habían acompañado en aquellas expediciones un CD con fotos y una crónica del viaje. Y es que a lo largo de su vida Prada escribió, y mucho. Sobre Cangas de Onís y los cangueses. Fue durante décadas corresponsal del diario La Nueva España y año tras año colaboró con innumerables artículos para la revista de las fiestas de San Antonio: en prosa, en verso. Tanto en castellano como en asturiano. Tienen que ser cientos los textos que habrá escrito Don Ramón. Muchos firmados como Ramón A. Prada. Muchos otros con seudónimo, como Nin del Buxu, además de algún otro que no recuerdo. 
Ramón A. Prada, dirigiendo un coro infantil, en un concierto de Villancicos en Villanueva. FOTO: J. CASO
 Desde luego era único. Don Ramón era capaz de escribir sobre la marcha y componer en un tris el himno de un club local o una canción dedicada a algún rincón de Cangas, como hizo en más de una ocasión dejando a todo el mundo con la boca abierta. Así era él. Genio y figura. Uno de los momentos más esperados del año era cuando llegaba el acto del pregón de las Fiestas de San Antoniu, de las que por supuesto fue pregonero en alguna ocasión. A esa cita nunca han faltado ni el Coro Peña Santa ni su director. Contemplar a Don Ramón dirigirlo era un espectáculo impagable, lo mismo que cuando, entre canción y canción, se dirigía al público al que siempre hacía reír con sus improvisados comentarios. Y es que su espontaneidad era otra de sus muchas cualidades. Todavía ocurrió este pasado mes de diciembre. Cuando iba a concluir el acto de entrega de los primeros premios Sifón de Oro en el salón de actos del ayuntamiento, Don Ramón Prada no dudó en levantar una mano ( en la otra debía llevar la cámara de fotos) Y tras pedirle permiso al alcalde para hablar, en un momento genial de los suyos, reclamó que el consistorio cangués le concediera a Luis Salcines el título de Hijo Predilecto de Cangas de Onís. 

Don Ramón, dirigiendo un multitudinario coro desde el balcón del antiguo internado durante la celebración, en 2003, del Día Coral. FOTO: J. CASO

Don Ramón, el año que leyó el Pregón de San Antoniu. FOTO: J. CASO


Y eso lo hizo alguien como Don Ramón Prada a quien, en 2006, el Excelentísimo Ayuntamiento de Cangas de Onís nombró por unanimidad de todos los grupos municipales Hijo Predilecto del concejo cangués. Además, y en la misma sesión plenaria, la corporación decidió darle su nombre a una céntrica calle de Cangas de Onís, la misma en la que desde hace décadas residía Don Ramón y su familia, algo que siempre comentaba orgulloso. Hará poco más de una semana que lo vi por última vez paseando por La Plaza acompañado de Emilina. Después de lo bien que se había recuperado de la operación de corazón a la que se había sometido en febrero, ahora se le veía mucho más débil, más gastadín; pero ni por asomo como para esperar un fallecimiento que todos los cangueses ha cogido por sorpresa. Con la muerte de Don Ramón se ha apagado la voz de un cangués irrepetible; pero a buen seguro que a estas horas, allá arriba en el Cielo, ya estará haciendo de las suyas. Igual hasta ya ha reunido a algún grupo de ángeles, ha formado un coro y ya ensaya con ellos “Como la flor” o “Axuntábense”. Hasta siempre, Maestro. Y ojalá nunca se apague en Cangas de Onís la llama de la música polifónica que él siempre mantuvo viva. Sería el mejor homenaje que se pueda hacer a la memoria de Ramón A. Prada Vicente.


jueves, 24 de julio de 2014

El mural del pasadizo de El Censu

El artista cangués Omar López saca lustre a un rincón hasta ahora olvidado y abandonado de Cangas de Onís  y nos "sube" a un vagón del tranvía de Covadonga


La despedida de un viajero, con el tranvia parado ante el consistorio cangués. FOTO: JAVIER CASO 
Por JAVIER G. CASO

Algunos no supimos del dibujante cangués Omar López hasta que, hace unos meses, Sergio Núñez y Aniana Miranda, tomaron las riendas del Bar Alkama, ubicado en el cruce de La Pontiga, en el mismo lugar dónde hace años abría sus puertas la popular Covadonguina. Aquel dibujo que presidía el bar, y que vi por primera vez el día de la inauguración, llamaba la atención. Se trataba de una vista idealizada de la canguesa  calle del Mercado, llena de personajes de cómic. Y claro la pregunta era obligada. ¿Quien hizo esi dibuju tan chulo?.

La calle del Mercado, vista por Omar López. FOTO: BAR ALKAMA.

Así fue como recibí las primeras referencias acerca de de este joven ilustrador y dibujante cangués, que en la actualidad trabaja y reside en tierras valencianas dedicado a lo que mejor saber hacer: dibujar. En su caso, y por lo que me han dicho, dentro del mundo de los videojuegos. Algunos no lo conocíamos, pero me consta que en el Instituto Rey Pelayo, dónde estudió Bachillerato Artístico, sabían de sus dotes artísticas antes de que se trasladase a Oviedo donde cursó estudios en la Escuela de Arte. Pero por aquella pared del Alkama fueron pasando otros dibujos de Omar López, siempre con la calle del Mercado como tema central pero actualizándo su ilustración al momento que tocara. Así pudimos disfrutar de una estampa navideña allá por el mes de diciembre. Y hace nada, en junio, del paso de la procesión de San Antoniu por La Pontiga, caminu de Cangas de Arriba.

Estampa navideña de la calle del Mercado. FOTO: BAR ALKAMA


La procesión de San Antoniu, en La Pontiga. FOTO: BAR ALKAMA

Todo esto viene a cuento del último trabajo de Omar López en Cangas de Onís. A diferencia de las anteriores, se trata de una intervención en un espacio público al que ha transformado, de la mano de sus dibujos, en un lugar agradable cuando antes era más bien un lugar cutre pese a estar en pleno centro de la capital canguesa y ser bastante transitado. Hablamos del pasadizo que comunica la calle Celso Diego Somoano con el aparcamiento de El Censu.

Pasadizo de El Censu. FOTO: J. CASO
Antes de los dibujos el Ayuntamiento de Cangas de Onís instaló una barandilla e instaló unas bandas para evitar resbalones, amén de colocar nueva iluminación. A continuación, y de la mano de los dos murales dibujados por Omar e instalados a partir de varias piezas impresas, al viandante se le invita a subirse al interior de uno de los vagones del tranvía que unía Arriondas con Cangas de Onís y Covadonga y que funcionó durante el primer tercio del siglo XX. 


Viajeros despidiéndose y al fondo el andén y la estación de Cangas. FOTO: J. CASO

Viajeros a bordo ajenos a lo que ocurre fuera del vagón. FOTO: J. CASO


Zona del mural pendiente de rematar. FOTO: J. CASO


Así podemos contemplar la fachada del Ayuntamiento de Cangas de Onís o el andén y el edificio de la desaparecida estación de la capital canguesa. Del otro lado aparecen diversos paisajes menos reales y salidos de la imaginación del dibujante. Un sinfín de viajeros de todo tipo y edad ilustran ambos murales, pintados con bastante detalle y que, con arte y humor han devuelto la dignidad a este espacio público hasta ahora olvidado y bastante abandonado. Ahora lo de siempre. Confiar en que los cafres de siempre no se lo lleven por delante y en que, de una vez por todas, se coloque la puerta que falta y sin la que no podemos disfrutar de esta intervención artística al completo.

lunes, 4 de noviembre de 2013

LXXIII CONCURSO EXPOSICIÓN DE QUESOS DE LOS PICOS DE EUROPA

Más certamen del Pilar

Cangas de Onís tiene que potenciar aún más el concurso exposición de queso de los Picos de Europa, un evento que en 2015 cumplirá 75 años

Cartel del último Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa
 Suele ser recomendable dejar que las cosas reposen antes de analizarlas, criticarlas o valorarlas. Lo mejor es dejar pasar un tiempo prudente a la hora de hablar de algo. Viene esto a cuenta del 73 Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa, celebrado en Cangas de Onís el pasado 12 de octubre, Día del Pilar. Comencemos diciendo que el de este año fue un gran cartel anunciador, como puede comprobarse en  la imagen superior. Todas las fotos tienen su historia y la que ilustra el cartel nos cuenta que, hace décadas, el certamen quesero de Cangas de Onís se celebraba en el robledal de San Antoniu, algo que al menos, en mi caso, desconocía. Y como decían en aquel inolvidable programa televisivo de La Bola de Cristal, "nunca te acostarás sin saber una cosa más", por lo que gracias por aportarnos esa información.

Por lo demás hay cuestiones que, quizás, deberían retocarse en aras a mejorar, y reforzar aún más este certamen quesero. En primer lugar está cuestión de su ubicación. En sus 73 años de historia ha deambulado por distintos lugares de la capital canguesa, desde el campo de San Antoniu, a la plaza del mercado o la del ayuntamiento. Estos días de atrás he oído comentarios que apuntan que el Concurso Exposición de quesos de los Picos de Europa debería volver a celebrarse en la plaza, bajo los soportales donde todos los domingos tienen lugar el mercado cangués. Y tiene sentido. Además de que, como ya hemos dicho, ya se celebró allí nuestro certamen quesero, lo cierto es que se trata de un lugar ya asociado a la venta de quesos, como puede comprobar cualquiera que visite Cangas un domingo de mercado. Además tiene más encanto que cualquier carpa por muy grande y confortable que sea. No tendría porque haber ningún problema. El certamen del Pilar sólo coincidiría con el mercado cuando cayera en domingo. Y aunque es verdad que Cangas también improvisa un mercado cada 12 de octubre, no pasaría nada porque ese día, los soportales de la plaza fueran solo ocupados por los queseros participantes en el Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa.
Otra cuestión a considerar es la conveniencia, o no, de que Cangas de Onís celebre una feria regional de quesos el fin de semana anterior al Pilar. Sinceramente, creo que habría que buscarle otra fecha. En primer lugar porque al celebrarse tan cerca, debilita al certamen quesero del 12 de octubre. Lo suyo sería que se celebrara siempre con posterioridad a este fecha. Por ejemplo, a lo largo de los meses de noviembre, diciembre. O enero si me apuras. Porque es verdad que los queseros están contentos con esta feria y además se trata de un evento que podría animar cualquier otro fin de semana en temporada baja, que siempre vendrá bien. Por otro lado, de toda la vida, el primer queso de Gamonéu del año que sale a la venta, siempre se ponía a la venta en Cangas de Onís el día del Pilar. De ahí que, para muchos cangueses y no cangueses, sea toda una tradición acudir ese día a comprar un buen pedazo de queso gamonéu. Y eso, que dice mucho del certamen cangués, es algo que no debería perderse. Además pocos eventos gastronómicos pueden presumir, como es el caso del Concurso Exposición de quesos de los Picos de Europa, de llevar nada más y nada menos que setenta y tres ediciones. Eso quiere decir que en 2015 se conmemorará su 75 aniversario. Así pues solo resta pedir más y mejor certamen de quesos del Pilar. Ese debería ser el camino y desde el Ayuntamiento de Cangas de Onís ya se trabaja en ello. Quedamos a la espera.
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