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domingo, 16 de mayo de 2021

En recuerdo de Leonor Sarmiento Pubillones, Corao (Cangas de Onís) , 1924/ Cabo San Lucas, Baja California Sur (México), 2021

Adiós a una canguesa que mantuvo viva la memoria del exilio español y que presidió el Ateneo Español  de México durante 17 años 


Leonor Sarmiento, en Corao, en la inauguración de la exposición dedicada al centenario de El Despertar, en septiembre de 2008. FOTO: J. G. CASO

 Tras su reciente fallecimiento el pasado 8 de mayo en Cabo San Lucas, Baja California Sur

 (México), quiero recuperar para EL AUSEVA DIGITAL la entrevista que le hice a Leonor

 Sarmiento Pubillones en 2008 y que publicó La Voz de Asturias, donde yo trabajaba por

 aquella. Leonor Sarmiento Pubillones fue durante 17 años la presidente del Ateneo Español

 de México y, desde 2005, era su presidenta emérita.



JAVIER G. CASO

CORAO (CANGAS DE ONÍS), 24 de septiembre de 2008. CASA DEL MÉDICU.


A sus 84 años, Leonor Sarmiento Pubillones, nacida en Corao (Cangas de Onís) y residente

 en México, a dónde llegó desde Francia en los años 50 tras huir de España durante la

 Guerra Civil, asiste estos días “emocionada” en su localidad natal a los actos

 conmemorativos del centenario del sindicato agrícola El Despertar, fundado por su padre

, Ángel Sarmiento.



--¿Qué edad tenía cuando partió al exilio?

--Cumplí 12 años a los quince días de iniciarse la Guerra Civil. Tenía 13 años.


--¿Recuerda el día en el que familia se va de Corao?

-- Me acuerdo de que mi padre le dijo a mamá que metiese unas cuantas cosas en una maleta

 porque íbamos a regresar pronto.


--Sus padres murieron en México. ¿Nadie en la familia se imaginaba un exilio tan largo?

--Para nada pensaron que no volverían aquí. Conforme iban pasando era mayor la

 desesperación de mi padre.


--Ver morir a sus padres lejos de España, ¿fue uno de los momentos más duros?

-- Si, si. Cada vez que íbamos a un entierro de un exiliado siempre se comentaba: otro que no vuelve.


--¿Cómo fue su exilio?

--Muy triste. No teníamos absolutamente nada. Yo era la mayor, tenía catorce años cuando

 pasamos a Francia. Mi padre no nos pudo acompañar porque aún estaba en el ministerio de

 la Guerra. Mi madre y una hermana, que tenía siete meses y pesaba tres kilos y medio,

 estaban muy enfermas. Yo tenía una responsabilidad tremenda y había que afrontarla.


--¿Cuánto tiempo estuvieron separados de su padre?

--Fue poco relativamente, como tres o cuatro meses tras los cuales pudimos juntarnos con

 papá. Y al poco tiempo comenzó la II Guerra Mundial.


--¿A qué obedeció el traslado de la familia desde Francia a México?

--A la desesperación de no poder regresar a España. Unos amigos de mi padre en México le

 animaron mucho para que fuera. Allí era más fácil para los exiliados el encontrar trabajo.

 No era el caso de mi padre porque no tenía profesión alguna, pero el médico ejerció de

 médico y el abogado de abogado y demás, mientras que en Francia no se podía hacer eso.


--Comentó usted en su conferencia que uno de los pesares de su padre fue ver cómo

 ninguno de sus hijos pudo cursar una carrera universitaria

-- Claro. Eso fue terrible y muy triste para él. Yo iba a entrar al instituto aquí en Cangas en

 septiembre de 1936…y ya no entré.


--Su padre era una persona culta aunque no tuviera estudios

--Era autodidacta. Leía muchísimo y a todos los hijos nos enseñó a leer. En Francia todos

 los días nos dictaba una página para que no se nos olvidase el español.


--Se cumple ahora el centenario del Sindicato el Despertar, uno de cuyos fundadores

 fue su padre. ¿Era un adelantado a su época?

-- Mucho. Hay que ver que llegaron hasta conseguir pensiones y montar el coto de previsión

 social. Era de lo más adelantado. Para mi padre luchar por el campesino lo era todo.


--Usted era una cría entonces. ¿Qué recuerda de El Despertar?

-- Me acuerdo mucho de la biblioteca porque ya entonces me interesaban los libros. Y me

 acuerdo de los lectores que iban a los pueblos en invierno. La biblioteca del sindicato y las

 de mi casa las quemaron. a la hora de montar la del Despertar ayudó mucho a mi padre el

 entonces rector de la Universidad de Oviedo, Fermín Canella. Y también Rafael Altamira.


--Ya en México, usted fue durante 17 años presidenta del Ateneo Español de México.

 ¿Qué supuso esta institución para los exiliados?

--Fue muy importante y hay muchísimo material. Tenemos una buena biblioteca del exilio

 junto a la general, que tiene 15 o 20.000 volúmenes; y todo fueron donaciones porque

 nunca tuvimos dinero en el Ateneo. Hasta ahora se ha mantenido. Quieren llevárselo al

 Colegio de México y a mi no me hace mucha gracia.


--Usted tiene una propuesta para ese fondo documental

--Me gustaría que el Ateneo se convirtiera en un centro de estudios del exilio español.

 Vamos a planteárselo al embajador. Además de la biblioteca hay una muy buena colección

 de pinturas realizadas por pintores del exilio.


--¿Qué sensaciones tiene al regresar a Corao, su pueblo natal?

--Allá lo imaginas todo mayor. Las manzanas mayores, las cerezas más gordas. Hasta el

castañeu lo encuentro más chico. En el exilio solo piensas en volver y lo idealizas todo. Uno

 no cuenta con lo que tienes allí, sigues pensando en lo que se tenía acá; sobre todo los que

 salieron de mayores, mucho más.


--¿Qué opinión le merece la ley de la memoria histórica?

-- Estupendo. Gracias a esos temas he podido venir porque me dieron la pensión de niña de

 guerra; sino no podría venir. Qué menos que cada quien sepa dónde está su muerto. Ayer

 me decían en Intriago del tío Eduardo que no saben dónde se quedó.


--Algunos piensan que Memoria Histórica resucita odios y fantasmas

-- No tiene por qué. No están pidiendo represión ni cárcel a los que hicieron aquello, sino

 saber dónde están los muertos.


--El exiliado, ¿llega a ser casi un muerto en vida?

--Por el sufrimiento y la añoranza, sí. Uno no se da cuenta de lo que está teniendo allí; sigue

 pensando en lo que tenía, en lo que se dejó y en cómo se vivía.



--Ninguno de sus hermanos regresó

-- Ninguno. Todos eran más chicos que yo. Uno ya ha muerto y el resto están en México.


--Huyen de la Guerra Civil y encima llega la II Guerra Mundial

-- Y en qué condiciones. Lo más tremendo fue que encima quedamos en zona ocupada por

 los alemanes. Cuando veíamos a uno de los SS, procurabas cambiar de acera o entrar en

 una tienda. Fue tremendo.


--Ustedes ayudaron a miembros de la Resistencia, ¿se la jugaron?

--Mucho. Tener un herido en la casa era muy peligroso. Y venir aquí a encontrar a alguien

 que tuvo un pariente que estuvo en casa de Sarmiento en Las Landas. También una vez que

 salí en el periódico, uno de Gijón que estuvo en nuestra casa me reconoció y me mandó una

 carta.


--¿Cómo fue el último día en Corao?

--No recuerdo mucho. Oíamos la radio todo el día.


--¿Cómo cruzaron la frontera de Francia, a pie?

-- No. Mi padre se quedó en España y yo estaba con mamá que casi no podía caminar y con

 el resto de mis hermanos. Unos soldados se dieron cuenta de nuestra situación y nos

 subieron a un vagón de un tren que iba para Francia con heridos. Por eso pudimos salir. La

 frontera estaba muy cerca, pero había que caminar.


--Todas sus experiencias se merecen estar publicadas

--Hay un libro que se llama Nuevas raíces en el que hay un relato chico mío. Ahí está

 nuestra experiencia.


--Usted recibió la Encomienda de Isabel Católica

--Ese día yo pensé tanto en mi padre (risas); lo que él pensaba de Isabel la Católica. En el

 momento en el que recibí la distinción, yo no podía aguantar la risa. La gente debía pensar

 en lo contenta que yo estaba, pero en realidad estaba pensando en mi padre.


--¿De qué se siente más satisfecha en sus años como presidenta del Ateneo Español de México?

-- En primer lugar de haber recogido todos los documentos, todos los papeles. No teníamos

 quien los pudiera clasificar, pero se iban juntando. También cuando la gente empezó a

 conocerme, vinieron muchas donaciones de libros para la biblioteca. Empezamos con 300 o

 400 libros y ahora tenemos como 6.000, exclusivamente del exilio.


--¿Cómo valora el homenaje de la asociación Abamia a la figura de su padre?

-- Estoy muy emocionada. Nunca pensé en que se haría algo así. Ojalá la asociación siga

 adelante y no desmaye y que formen de veras un verdadero centro cultural aquí en Corao.

 Tendrían que hacerlo en el edificio del Despertar. A mi se hace absurdo que una cosa que

 era del pueblo se haya vendido a un particular.


--Era usted una cría pero, ¿se acuerda de algunos de los actos organizados por El

 Despertar?

-- Mi padre se pasaba la vida allí y me acuerdo de cuando escogía los abonos según las

 necesidades de cada tierra. Recuerdo que, casi cuando la guerra, hizo una plantación de soja

 para ver si se podía dar aquí y se dio muy bien. También hizo un ensayo para plantar

 tabaco. Su preocupación era saber lo que se podía hacer. Un tipo de abono no servía, pero a

 lo mejor otro era muy bueno.


--Su padre también estuvo vinculado al periodismo

-- Fundó varios periódicos y escribió muchos artículos.


--El exilio español, ¿le debe mucho a México?

--Mucho. La mayor parte de los maestros de la Escuela de Ciencias del Politécnico de

 México que fundó Lázaro Cárdenas, eran españoles. Hay una placa con los nombres de

 todos.


--¿ A qué figuras del exilio conoció?

-- A muchas. Conocía a Celso Amieva, que estaba el pobre muy traumatizado de los campos

 de concentración. No he visto a nadie como él. También conocí mucho a León Felipe, a

 Max Aub, y también a Claudio Sánchez Albornoz y a los Miaja. Conozco mucho al nieto de

 Pachín de Melás y me encargó unas cosas del Sporting de Gijón.







miércoles, 24 de febrero de 2016

Enraizados con la historia local

El escritor y naturalista Ignacio Abella publica "Árboles de Junta y Concejo. Las raíces de la comunidad"
 
Portada del último trabajo de Ignacio Abella. FOTO: J. CASO

La publicación permite conocer unos árboles emblemáticos, en muchos casos centenarios, y  tan queridos como maltratados

Por JAVIER G. CASO

En estos tiempos de Internet, de redes sociales y relaciones virtuales, hay quien como Ignacio Abella centra su atención en aquellos árboles que, durante siglos y siglos, fueron testigos del devenir diario de las comunidades locales hasta el punto de llegar a convertirse, en muchos, en verdaderos símbolos o tótems. Los mismos bajo los que muchos pueblos se reunían para tratar, discutir y acordar todos aquellos asuntos que los concernían.

Editado por Libros del Jata, el nuevo trabajo del naturalista y escritor Ignacio Abella lleva, precisamente, por título "Árboles de Junta y Concejo. Las raíces de la comunidad". Hablamos de unos árboles que fueron testigos mudos de la historia local. Por sus páginas desfilan robles, texos, olmos... Son más de un centenar los árboles citados en este libro, repartidos por la práctica totalidad de las comunidades autónomas españolas, de Portugal, nuestro vecino peninsular, así como de otros países europeos como Francia, Italia o Bélgica. No faltan tampoco menciones y referencias a otras partes del mundo. Y es que la figura del árbol de la palabra está muy presente en todo el planeta, asegura Abella. Desde la península arábiga al continente africano, América Central y del Sur o Australia. El objetivo del libro es recoger la memoria de todos esos árboles bajo cuyo ramaje se tomaron todo tipo de decisiones en el ámbito local o, como mucho comarcal. En concejo público o junta. Unas reuniones que tienen lugar desde tiempos inmemoriales, desde mucho antes que existieran las casas consistoriales o los juzgados. Asegura Abella que su libro es algo así como “un catálogo o inventario de la memoria, una crónica de la relación entre los seres humanos y los árboles”.

Afincado en Asturias desde hace más de 25 años, Ignacio Abella inició sus trabajos de campo, sus estudios, acerca de los árboles de concejo allá por 1990. Muchos de los reseñados en su libro son árboles que se reparten por distintos pueblos, aldeas y rincones del Principado de Asturias, una región que, asegura el escritor, conserva muy viva la memoria de esos árboles de reunión y comunidad, de hecho aún hay gente mayor que recuerda perfectamente haber asistido a estos concejos. Así nos habla de árboles como el desaparecido texu de Seloriu (Villaviciosa) o el rebollo de Bermiego, caído en abril de 2014, de la texona de Bermiego, los texos de Mier, Melendreros o Santibáñez. O los tres texos de Abamia. De ellos, el más grande y antiguo, con más de 400 años de historia, es el que se asienta más cerca de la iglesia románica de Santa Eulalia de Abamia, en la que según la tradición fue enterrado el rey Pelayo. La iglesia se levanta en un lugar que albergó enterramientos en tiempos prehistóricos, un dolmen del que se conserva una única pieza, una losa u ortostato que se expone en el Museo Arqueológico Nacional, si bien Cangas de Onís existe una reproducción de esa piedra decorada con lo que se denominó como el ídolo de Abamia. Quien sabe si los texos que rodean el lugar donde se levantó el dolmen son herederos de otros árboles anteriores que allí pudieron existir ya desde tiempos prehistóricos y bajo los que ya se reunirían quienes entonces habitaban el valle del Güeña

Vista del texu principal de Abamia, junto a la iglesia románica. FOTO: J. CASO
 
Pero estos árboles que, en su día jugaron un papel capital y que eran territorio “de la identidad, lo afectivo y natural, de los vivido y lo experimentado”, como escribe Ignacio Abella han ido perdiendo utilidad. Llegaron los ayuntamientos y fueron acabando con aquel sistema asambleario celebrado en campo abierto y bajo la copa de estos arbolones. Además, y aunque resulte paradójico, en las páginas de su libro Abella da cuenta del maltrato sufrido por muchos de estos árboles totémicos, a causa de un mal entendido urbanismo que se ha llevado por delante sus entornos, los lugares en los que se levantan. Obras como las ejecutadas en Abamia, con zanjas que cercenaron las raíces de los tejos. O en Vidiago, donde su tejo agónico no ha podido recuperarse cuando años atrás echaron alquitrán a su alrededor. Hasta el mismo tronco. Sin dejarle un mínimo alcorque.

Zanjas que afectaron a las raíces de los texos de Abamia. FOTO: J. C.


 De esos ataques no se libra ni el árbol de Guernica como relata Abella. Han sido varios los ejemplares de roble que allí se levantaron desde el árbol viejo al proclamado como árbol del siglo XXI, si bien “la progresión de la longevidad viene siendo asombrosamente descendente, desde los 150 años del árbol viejo, a los 43 del nuevo y una década para el penúltimo”. Y es que como bien apunta Abella, mientras el tronco del árbol más antiguo es tratado y está expuesto como una reliquia, a los árboles de Guernica vivos de ese mismo linaje “se les somete a una incesante tortura. ¿Aprenderán las futuras generaciones a convivir con viejos árboles? ¿Durará el árbol del siglo XXI siquiera lo que queda de siglo?

Aunque más allá de recuperar su memoria, el libro tiene mucho de elegía, de oración fúnebre por esos árboles de concejo ya desaparecidos, Abella no deja de reivindicarlos e invita a plantar nuevos ejemplares por los pueblos. Con independencia de que los hubiera habido o no. Este escritor y naturalista está convencido de que, con el tiempo, el nuevo árbol “acabará reuniéndonos”. Y es que además de reivindicar la figura del árbol de junta o concejo, Abella también defiende la necesidad de recuperar este tipo de reuniones “como espacios de soberanía local”.

Finalmente la publicación concluye con una nueva llamada a concejo para completar la memoria, incompleta como casi todas, de estos árboles. Por eso Abella solicita que quien lo desee le remita cualquier testimonio e información acerca de otros ejemplares que no están incluidos en su publicación y que también jugaron ese papel de centros de reunión. Con ese objeto el libro incluye un cuestionario que, junto a imágenes, se puede remitir a arboldejunta@gmail.com incluyendo datos como una breve reseña del árbol en cuestión y sus funciones, datos del informante, documentación, relatos de la tradición...Así, al igual que sus raíces sustentaban a estos árboles de la palabra, la Red también puede jugar un papel importante a la hora de ir sumando nuevos testimonios relativos a estos árboles





jueves, 9 de abril de 2015

El mejor homenaje póstumo para Don Celso Diego Somoano

El libro "Cangas de Onís, señas de identidad" recoge una parte fundamental de sus trabajos históricos dedicados al municipio cangués


Portada del libro, con fotografía de la Cueva de Covadonga de  Juan Martínez Dalmau.

POR JAVIER G. CASO

Transcurridos tres años desde el fallecimiento de Don Celso Diego Somoano ( Linares (Ribadesella), 1922), acaba de ver la luz Cangas de Onís, señas de identidad, publicación que recoge una parte considerable del legado del que fuera Cronista Oficial del municipio cangués. No queda más que felicitarse de esta novedad editorial y dar las gracias tanto al Excelentísimo Ayuntamiento de Cangas de Onís por su financiación, así como a sus dos coeditores: Carlos Tejo y Paco Pantín por ampliar la bibliografía local con este volumen. Respecto a su estructura, el libro recoge una amplia detallada y documentadísima biografía de Don Celso, escrita por Carlos Tejo, una aproximación a su obra, además de una escogida selección de algunos de sus trabajos historiográficos, todos ellos dedicados a Cangas de Onís. Bajo el epígrafe El legado de Don Celso Diego Somoano el lector podrá disfrutar con la lectura de casi una veintena de artículos, elegidos por Paco Pantín y dedicados cada uno de ellos a un monumento, lugar o institución canguesa. 

 De izquierda a derecha el alcalde, José Manuel González,Carlos Tejo, Paco Pantín y Alfredo García. FOTO: J. CASO

Todos ellos en su conjunto resultan fundamentales para conocer la Historia de este concejo. Hablamos de Covadonga, de Abamia, el Puente Romano, la Capilla de Santa Cruz, San Pedro de Villanueva o la capilla y las fiestas de San Antonio. En su conjunto esos trabajos históricos permiten aglutinar las señas de identidad de Cangas de Onís. No faltan en el libro el saluda del alcalde, José Manuel González Castro, así como un artículo de su antecesor en el cargo, Alfredo García, también profesor de Historia y compañero durante muchos de Don Celso en el Instituto Rey Pelayo de Cangas de Onís. Por último, y en un apartado titulado Con pluma amiga, el escritor José Ignacio Gracia Noriega, el Cronista Oficial de Parres Francisco José Rozada, los periodistas Susana Peruyera, José María Carbajal y quien escribe estas líneas, dedicamos unos líneas a desgranar algún aspecto más de la tracyectoria vital y profesional de un historiador como Don Celso Diego Somoano, quien además en su faceta docente, primero como maestro y después como Catedrático de Historia, formó a generaciones y generaciones de alumnos, tanto de Cangas de Onís como de otros municipios que cursaron sus estudios de bachillerato en el Rey Pelayo.

Un momento de la presentación del libro en un abarrotado salón de actos de la Casa Municipal de Cultura de Cangas de Onís. FOTO: J. CASO

 
Ilustran el libro un montón de fotografías. Buena parte de ellas son imágenes de la vida de Don Celso y acompañan a su biografía, titulada La vida corriente de un hombre extraordinario. El resto de las fotografías, muchas de su propio archivo personal y otras inéditas, obtenidas por los editores, enriquecen esa selección de artículos suyos, que constituyen la piedra angular de una obra de 369 páginas y de la que se han editado 800 ejemplares. No cabe duda de que Cangas de Onís, señas de identidad. El legado de Don Celso Diego Somoano es el mejor homenaje póstumo que se le podía tributar a quien durante tantos años se afanó en el estudio de la historia local, la de Cangas de Onís; un concejo al que llegó “en una tarde fría y con nieve”, como él mismo dejó escrito. Aquellas circunstancias no impidieron en absoluto que su relación con el municipio cangués, que lo nombró Hijo Adoptivo, acabara siendo tan cálida como intensa y definitiva.

lunes, 7 de julio de 2014

El último molino del valle del Güeña

El molino de Corao cuenta con cuatro molares que funcionan de forma simultánea en algunas épocas del año

La molinera, Mari Carmen Sánchez, al pie del molín. FOTO: J. G. CASO

 Por Javier G. Caso

 
Hoy visitamos el molino de Corao que regentan Bernardo Bulnes y su mujer Mari Carmen Sánchez. A sus 57 años Bernardo lleva al frente del molino coraín, adquirido por su abuelo a su regreso de Cuba, desde los 14 años. Y Mari Carmen, su mujer, se hizo molinera desde que se casaron. Pero la mujer recuerda que ya de cria, cuando vivía en La Riera, le gustaba acercarse hasta el molino y jugar con la harina.

El de Corao es un ingenio hidráulico cuyos orígenes, tal y como nos explicó Francisco Pantín en un artículo incluido en el libro Abamia. Cien años de abandono y titulado El molino de Corao, se remontan al siglo XVIII. De hecho era uno de los sesenta y un molinos existentes por aquel entonces en el concejo de Cangas de Onís, veintiuno de los cuáles se asentaban en la parroquia de Abamia, de la que Corao es cabecera. En aquel momento el molino de Corao tenía dos molares y, según detalla Pantín, “producía para su dueño un beneficio de ocho fanegas de escanda y dieciséis de maíz”, lo que lo convertía en uno de los molinos que ofrecía “de los mayores rendimientos del concejo”.

Bernardo, el molinero, carga harina de cebada en un saco. FOTO: J. CASO


Desde el siglo XVIII hasta la actualidad, y tras sufrir numerosas vicisitudes, el molino de Corao ha pasado de dos a cuatro molares que, en algunas épocas del año llegan a trabajar de forma simultánea, sobre todo en los meses del invierno cuándo el río Güeña, que le presta una parte de sus aguas, presenta su caudal máximo. En Corao se muele sobre todo maíz y cebada y hasta su molino llegan vecinos de casi toda la comarca con sus moliendas. Por supuesto la maquila sigue vigente. Depende del peso de lo que cada uno les lleve y los molineros de Corao se quedan, más o menos, con un 10% de cada molienda. Pese a la actividad que vive su molino, tanto Mari Carmen como Bernardo, reconocen que sobre todo es un “complemento” a su renta familiar. Lo cierto es que la harina de maíz del molino de Corao es de lo más apreciada, incluso por maestros de la cocina como el parragués Nacho Manzano, quien la utiliza para sus tortos de maíz y que no ha dudado en llevarla hasta el restaurante que tiene en Londres.

 El molino de Corao tuvo como primer propietario a Fernando Joseph de Noriega, quien en 1761, según relata Francisco Pantín, se vio obligado a reconstruir una buena parte de los elementos del molino tras una riada del Güeña. Aquellas obras le costaron 5.000 reales de aquel entonces. Pero hubo más ocasiones en las que el molino sufrió inundaciones. Así sucedió en 1820, como recuerda la inscripción esculpida sobre la piedra que preside el dintel de la puerta de acceso al molino. Aquella riada llegó a tapar hasta las piedras del molino. Fue en agosto de aquel año, igual que sucedió en 1983. De ambas, y de otras riadas, hay varias marcas a la entrada del molino que señalan la altura que alcanzó el agua del Güeña. En fin una larga historia la del molino de Corao y ojalá que sus cuatro muelas sigan girando y moliendo maíz y cebada durante muchísimos años.

miércoles, 10 de abril de 2013

Veintitrés vidas notables

Portada de la publicación editada por la AsociaciónCultural Abamia. En la imagen, Eduardo Llanos Álvarez de las Asturias, fotografiado por Benjamina Miyar. REPRODUCCIÓN JAVIER G. CASO

Veintitrés vidas notables

"Hombres y mujeres de Abamia" recoge las biografías de algunos de los personajes más ilustres de la parroquia canguesa

JAVIER G. CASO

Honrar y recordar a los que alguna vez, a lo largo de la historia, se ganaron el respeto de sus convecinos. De eso trata Hombres y mujeres de Abamia presentado recientemente en la Casa del Médico de Corao (Cangas de Onís). El libro es el último trabajo editorial de la Asociación Cultural Abamia y ha sido coordinado por Francisco José Pantín Fernández y María del Carmen Meneses Fernández-Baldor, autores a su vez junto a otras ocho personas, de algunas de las veintitrés biografías que se recogen en este volumen. Junto al esfuerzo de la asociación Abamia cabe subrayar el apoyo económico del Excelentísimo Ayuntamiento de Cangas de Onís. La publicación está dedicada a la memoria del que fuera Cronista Oficial del municipio cangués, Celso Diego Somoano, fallecido el 21 de marzo de 2012.
"Los hombres y mujeres biografiados en este libro han sido, más que nadie, los auténticos protagonistas de la Abamia que conocemos", afirma en su saluda el primer edil cangués, José Manuel González Castro. Por su parte la introducción corre a cargo de Francisco José Pantín, quien justifica la publicación de Hombres y mujeres de Abamia como una "tarea de gratitud, de respeto a la memoria de estas personas vinculadas a la parroquia de Santa Eulalia de Abamia, territorio pequeño en extensión, pero grande en protagonistas de la historia asturiana y española". A su vez Pantín atina cuando cuando afirma que Hombres y mujeres de Abamia "en absoluto es local ni localista". Y deja muy claro el por qué de esta afirmación cuando, en alusión a los biografiados, añade que "las ideas que estas personas abrazaron y defendieron son universales: los derechos y libertades del ciudadano, la intrínseca dignidad del hombre- independientemente de su posición social- y el acceso a la educación, fueron el eje central de la existencia de algunos. El gusto por el arte, la literatura y la cultura, caracterizaron la de otros. Casi todos emigraron, se abrieron a nuevos mundos y, en contacto con otros hombres, terminaron de forjar sus personalidades".
Abre la relación de personajes biografiados Don Pelayo. Y no por qué desde la asociación Abamia se reivindique que el primero de los reyes asturianos sea natural de esta parroquia canguesa, que el debate sobre los orígenes del monarca es todo un clásico. Nada de eso. La explicación es bastante más sencilla. Es la de un pueblo orgulloso de su historia. Por eso se insiste en la reivindicación de la iglesia de Santa Eulalia de Abamia como primer panteón del rey Pelayo y de su esposa Gaudiosa, en sintonía con una larga tradición que algunos parecen empeñados en olvidar, o incluso atacar, a pesar de que los últimos trabajos arqueológicos, tal y como se destaca en el libro, "han confirmado que la ocupación cristiana del lugar es cuando menos anterior al siglo X, estando verosimilmente relacionado con un templo de fundación altomedieval, situado posiblemente bajo la iglesia actual y pendiente de localizar".
Junto a Don Pelayo la lista de personajes incluidos en Hombres y mujeres de Abamia la completan Damián Cornejo, fraile, catedrático, obispo y escritor, Pedro de la Cruz Mayo, Gobernador de Lérida y Comandante General de Extremadura, Juan Bautista de Noriega Robredo, Sargento Mayor de la Plaza de México, Miguel González Villarmil, el párroco que engrandeció Abamia, Benito de Llanos Noriega, primer alcalde del Ayuntamiento Constitucional de Corao, Eulalia de Llanos Noriega, poetisa, Antonio Miyar, librero y patriota ilustrado, Roberto Frassinelli Burnitz, el alemán de Corao, uno de los protagonistas del engrandecimiento de Covadonga, Antonia Cortés Llanos , benefactora y poetisa, José Ramón Alonso Villarmil, escritor y pionero de la fotografía en Asturias, Sebastián de Soto Cortés, apasionado de los libros y de los caballos, Eduardo Llanos Álvarez de las Asturias, filántropo, mecenas y héroe nacional en Chile, Basilio Sobrecueva Miyar, fabricante de relojes, Elias José Con y Tres, militar y escritor, Ismael y Roberto Miyar Álvarez, relojeros, Ángel Sarmiento, labrador, sindicalista agrario, político y escritor, Benjamina Miyar, la única fotógrafa profesional en Asturias antes de la Guerra Civil, Félix Llanos, maestro y revolucionario, José Miguel Caso González, catedrático de Literatura y Maximino Blanco del Dago, arquitecto técnico, ceramista y apasionado de la cultura asturiana.  

En resumen, no cabe más que elogiar una vez más a la Asociación Cultural Abamia que, con este quinto título publicado, amplía aún más su labor en pro de la divulgación de la historia y la cultura de esta parroquia del concejo de Cangas de Onís para disfrute de todos los interesados en conocer nuestro pasado.

http://www.periodisticos.com/ 

  

sábado, 23 de febrero de 2013

"Cangueses en Granada": una nueva aportación a la Historia de Cangas de Onís

Una nueva aportación a la Historia de Cangas de Onís

La publicación de Cangueses en Granada permite acercarse a uno de los primeros movimientos migratorios protagonizados por naturales de este concejo
Acto de presentación de Cangueses en Granada en la Casa de Cultura. De izquierda a derecha, Francisco Pantín, de la asociación Abamia, José Manuel Trespando, autor del trabajo, y Moisés García, director de la casa de cultura. FOTO: JAVIER G. CASO.

José Manuel Trespando, posa con un ejemplar de su nuevo libro, editado por la asociación cultural Abamia y el consistorio cangués. FOTO: JAVIER G. CASO.

 

JAVIER G. CASO

La emigración no ha sido, ni mucho menos, un fenómeno ajeno al concejo de Cangas de Onís. Como muchos otros asturianos, no fueron pocos los cangueses que en su día se vieron obligados a emigrar en busca de una vida mejor lejos de su lugar de origen. Así fue a finales del siglo XIX y principios del XX con rumbo a América, con México y Cuba como destinos preferentes. Durante la pasada centuria, y a lo largo de las décadas de los 60 y los 70, la emigración canguesa fue sobre todo europea. A países como Alemania, Bélgica o Suiza.
 Viene esta pequeña introducción a cuento de la reciente presentación el pasado viernes de “Cangueses en Granada”, un trabajo del que es autor José Manuel Trespando Corredera, editado por la asociación cultural Abamia con la colaboración del Ayuntamiento de Cangas de Onís. Y es que se trata de un estudio en el que se aborda el que pudo ser “uno de los primeros movimientos migratorios” protagonizados por cangueses. Su investigación comienza cuando durante la consulta de los libros parroquiales de San Pedro de Con y San Martín de Grazanes relativos al siglo  XVII, Trespando se topa con algo que le llama la atención. Descubre que varias decenas de las defunciones anotadas en esos libros corresponden a feligreses fallecidos nada menos que en Granada. Es el caso ente otros de Domingo de Francisco (1666), Antonio de Con, Pedro Sobero de Mestas y Pedro Talavero (1677), tal y como se recoge en una nota a pie de página de “Cangueses en Granada”. Es así como José Manuel Trespando acaba por llevar su trabajo investigador hasta la ciudad de la Alhambra donde rastreará la pista de esos cangueses por varios archivos granadinos. Fruto de esa labor será su contacto con la historia de la Hermandad de Nuestra Señora y San Roque, fundada en la parroquia de Santa María Magdalena de Granada en 1502 y conocida como la hermandad de los asturianos. Hacia 1566 la entidad original pasa a denominarse la Hermandad de Nuestra Señora y Ánimas del Purgatorio, más conocida como la hermandad de los ganapanes. Hasta que en 1702, y por una serie de desavenencias, los asturianos deciden separarse y formar la Hermandad de Nuestra Señora de Covadonga, una institución “mayoritariamente masculina y muy democrática”, tal y como afirma José Manuel Trespando Corredera. Pues bien, tras un concienzudo estudio de la documentación de esta hermandad, este investigador presenta en su trabajo los nombres y apellidos de aquellos asturianos que formaron parte de ella. En esa relación se suceden apellidos como Con, Coviella, Corao, Fana, Suero, Tárano, Teleña, Trespando, Tejuca, Zardón, Sobrecueva, Intriago, Gamoneo o Remis, lo que viene a dejar constancia documental de esos emigrantes cangueses instalados al pie de la Alhambra desde el siglo XVI. ¿Pudieron llegar antes? Es posible. En las primeras páginas de “Cangueses en Granada” se da cuenta del protagonismo que tuvieron los asturianos en la conquista de Granada. “A tenor de las fuentes documentales existentes, una de las regiones que más peones aportó a este conflicto fue la de Asturias”, escribe José Manuel Trespando. Tal y como precisó el otro día durante la presentación del libro en la Casa de Cultura, de los 40.000 peones que emplearon los Reyes Católicos para conquistar Granada, unos 6.000 eran del Norte, es decir gallegos, asturianos o vascos. Del Principado de Asturias eran unos 256, 5 de ellos de Cangas de Onís. ¿Fueron los primeros de esa colectividad canguesa que luego se afincó en Granada? Todo indica que sí, con lo que ello significa al poner en relación Covadonga y Cangas de Onís, los lugares donde se inició la Reconquista, con la que fuera capital del Reino nazarí de Granada, el último reducto musulmán de la Península Ibérica, conquistado por los Reyes Católicos en 1492.



 

 

 


martes, 12 de febrero de 2013

El torreón de la Jura sigue en la lista roja del patrimonio español

Un monumento cangués que sigue en la lista roja del patrimonio español

Vista del Torreón de la Jura desde la carretera. FOTO: JAVIER G. CASO




 

Hispania Nostra vuelve a incluir el Torreón de la Jura en su ranking de monumentos en mayor peligro

JAVIER G. CASO

A nadie en Cangas de Onís se le escapa el mal estado de conservación que presenta la Torre de los Soto, más conocido como el Torreón de la Jura y situado en Soto de Cangas. Pero la situación tampoco pasa desapercibida fuera de los límites municipales cangueses. Tan es así que la Asociación Hispania Nostra (www.hispanianostra.org ), cuya misión es la “defensa, salvaguarda y puesta en valor del patrimonio cultural español”, ha vuelto a incluir este monumento cangués en su lista roja del patrimonio, donde denuncia la falta de atención que sufren unos 436 monumentos de nuestro país, de los que 19 son asturianos, alguno de ellos tan emblemático como la iglesia de San Miguel de Lillo.
La ficha que acompaña al Torreón de la Jura alerta de su “total abandono” y del “riesgo de hundimiento” que padece el monumento cangués, cuyo origen se sitúa en  el siglo VIII y que la tradición local relaciona con Pelayo. Su estado actual, desde luego, contrasta con la importancia que tuvo en otros tiempos cuando los alcaldes de Cangas de Onís juraban su cargo junto al Torreón de los Soto. La historia de este edificio histórico aparece perfectamente resumida en un artículo escrito por el fallecido Don Celso Diego Somoano en abril de 1996 y que puede leerse completo en la página web de la asociación cultural Abamia (www.abamia.net).
 En este artículo, que lleva por título El Torreón de la Jura,  el último cronista oficial de Cangas de Onís destaca que “allí juró Pelayo como rey de Asturias”, además de llevarse a cabo la elección de jueces y de ayuntamientos. En el texto también se da cuenta de que fue en el Campo de la Jura donde el 2 de agosto de 1902 tuvo lugar la recepción oficial al rey Alfonso XIII por parte de los responsables municipales de Cangas de Onís. En aquel acto, cómo recoge el artículo de Don Celso,  el entonces alcalde, José María Pendás Cortés, dejó bien claro el significado el Torreón de la Jura o de Cauvilla cuando afirmó: “Señor, ponéis los pies en el mismo sitio que los puso Pelayo, en donde éste juró como rey, en donde tuvo principio la monarquía española, que tan gloriosamente sostiene y representa vuestra majestad”. En los últimos años Cangas de Onís ha vuelto a dar testimonio de la importancia de este monumento al incluirlo en la denominada Ruta de Pelayo, diseñada con motivo del Plan de Excelencia Turística de Cangas de Onís, cuya información recoge el folleto que lleva por título Viaje al reino de Asturias, publicado en versión digital en (www.infocangasdeonis.com ). Por todo ello queda claro que Cangas de Onís debería cuidar mucho mejor de un elemento arquitectónico tan emblemático como es el Torreón de la Jura. Además, en rankings como la lista roja del patrimonio español siempre es mejor no aparecer.

 


lunes, 11 de febrero de 2013

José Manuel Trespando presenta "Cangueses en Granada"

José Manuel Trespando presenta Cangueses en Granada

 

José Manuel Trespando, en el archivo municipal, con un ejemplar de su libro padrones de hidalguía de Cangas de Onís. FOTO JAVIER G. CASO

 La presentación del libro, editado por la asociación cultural Abamia y el Ayuntamiento de Cangas de Onís, tendrá lugar este viernes en la Casa Municipal de Cultura a las siete de la tarde

JAVIER G. CASO

Una nueva investigación sobre la historia de Cangas de Onís. José Manuel Trespando Corredera presenta este viernes, a las siete de la tarde, en la Casa Municipal de Cultura, Cangueses en Granada (Los ganapanes), un trabajo centrado en los siglos XVII y XVIII y que trata sobre la presencia en tierras granadinas de un grupo de personas naturales del concejo de Cangas de Onís y vinculadas a dos hermandades de la parroquia granadina de Santa María Magdalena. La investigación llevada a cabo por Trespando, y que ahora publican la asociación cultural Abamia y el Ayuntamiento de Cangas de Onís, permite acercarnos a estos cangueses afincados en Granada. Su presencia allí permitiría preguntarse acerca de una posible relación entre el concejo cangués y Covadonga, donde se inició la Reconquista, y la capital granadina, su punto final ocho siglos después. Con este nuevo trabajo son ya tres los libros sobre la historia canguesa publicados por  José Manuel Trespando Corredera tras Apresamiento de un escribano (2005) y Padrones de hidalguía de Cangas de Onís (2009).