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domingo, 16 de mayo de 2021
miércoles, 24 de febrero de 2016
Enraizados con la historia local
El escritor y naturalista Ignacio Abella publica "Árboles de Junta y Concejo. Las raíces de la comunidad"
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| Portada del último trabajo de Ignacio Abella. FOTO: J. CASO |
La publicación permite conocer unos árboles emblemáticos, en muchos casos centenarios, y tan queridos como maltratados
Por JAVIER G. CASO
En estos
tiempos de Internet, de redes sociales y relaciones virtuales, hay
quien como Ignacio Abella centra su atención en aquellos árboles
que, durante siglos y siglos, fueron testigos del devenir diario de
las comunidades locales hasta el punto de llegar a convertirse, en
muchos, en verdaderos símbolos o tótems. Los mismos bajo los que
muchos pueblos se reunían para tratar, discutir y acordar todos
aquellos asuntos que los concernían.
Editado
por Libros del Jata, el nuevo trabajo del naturalista y escritor
Ignacio Abella lleva, precisamente, por título "Árboles de Junta y
Concejo. Las raíces de la comunidad". Hablamos de unos árboles que
fueron testigos mudos de la historia local. Por sus páginas desfilan
robles, texos, olmos... Son más de un centenar los árboles citados
en este libro, repartidos por la práctica totalidad de las
comunidades autónomas españolas, de Portugal, nuestro vecino
peninsular, así como de otros países europeos como Francia, Italia
o Bélgica. No faltan tampoco menciones y referencias a otras partes
del mundo. Y es que la figura del árbol de la palabra está muy
presente en todo el planeta, asegura Abella. Desde la península
arábiga al continente africano, América Central y del Sur o
Australia. El objetivo del libro es recoger la memoria de todos esos
árboles bajo cuyo ramaje se tomaron todo tipo de decisiones en el
ámbito local o, como mucho comarcal. En concejo público o junta.
Unas reuniones que tienen lugar desde tiempos inmemoriales, desde
mucho antes que existieran las casas consistoriales o los juzgados.
Asegura Abella que su libro es algo así como “un catálogo o
inventario de la memoria, una crónica de la relación entre los
seres humanos y los árboles”.
Afincado
en Asturias desde hace más de 25 años, Ignacio Abella inició sus
trabajos de campo, sus estudios, acerca de los árboles de concejo
allá por 1990. Muchos de los reseñados en su libro son árboles que
se reparten por distintos pueblos, aldeas y rincones del Principado
de Asturias, una región que, asegura el escritor, conserva muy viva
la memoria de esos árboles de reunión y comunidad, de hecho aún
hay gente mayor que recuerda perfectamente haber asistido a estos
concejos. Así nos habla de árboles como el desaparecido texu de
Seloriu (Villaviciosa) o el rebollo de Bermiego, caído en abril de
2014, de la texona de Bermiego, los texos de Mier, Melendreros o
Santibáñez. O los tres texos de Abamia. De ellos, el más grande y
antiguo, con más de 400 años de historia, es el que se asienta más
cerca de la iglesia románica de Santa Eulalia de Abamia, en la que
según la tradición fue enterrado el rey Pelayo. La iglesia se
levanta en un lugar que albergó enterramientos en tiempos
prehistóricos, un dolmen del que se conserva una única pieza, una
losa u ortostato que se expone en el Museo Arqueológico Nacional, si
bien Cangas de Onís existe una reproducción de esa piedra decorada
con lo que se denominó como el ídolo de Abamia. Quien
sabe si los texos que rodean el lugar donde se levantó el dolmen son
herederos de otros árboles anteriores que allí pudieron existir ya
desde tiempos prehistóricos y bajo los que ya se reunirían quienes
entonces habitaban el valle del Güeña.
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| Vista del texu principal de Abamia, junto a la iglesia románica. FOTO: J. CASO |
Pero
estos árboles que, en su día jugaron un papel capital y que eran
territorio “de la identidad, lo afectivo y natural, de los vivido y
lo experimentado”, como escribe Ignacio Abella han ido perdiendo
utilidad. Llegaron los ayuntamientos y fueron acabando con aquel
sistema asambleario celebrado en campo abierto y bajo la copa de
estos arbolones. Además,
y aunque resulte paradójico, en las páginas de su libro Abella da
cuenta del maltrato sufrido por muchos de estos árboles totémicos,
a causa de un mal entendido urbanismo que se ha llevado por delante
sus entornos, los lugares en los que se levantan. Obras como las
ejecutadas en Abamia, con zanjas que cercenaron las raíces de los
tejos. O en Vidiago, donde su tejo agónico no ha podido recuperarse
cuando años atrás echaron alquitrán a su alrededor. Hasta el mismo
tronco. Sin dejarle un mínimo alcorque.
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| Zanjas que afectaron a las raíces de los texos de Abamia. FOTO: J. C. |
De esos ataques no se libra
ni el árbol de Guernica como relata Abella. Han sido varios los
ejemplares de roble que allí se levantaron desde el árbol viejo al
proclamado como árbol del siglo XXI, si bien “la progresión de la
longevidad viene siendo asombrosamente descendente, desde los 150
años del árbol viejo, a los 43 del nuevo y una década para el
penúltimo”. Y es que como bien apunta Abella, mientras el tronco
del árbol más antiguo es tratado y está expuesto como una
reliquia, a los árboles de Guernica vivos de ese mismo linaje “se
les somete a una incesante tortura. ¿Aprenderán las futuras
generaciones a convivir con viejos árboles? ¿Durará el árbol del
siglo XXI siquiera lo que queda de siglo?
Aunque
más allá de recuperar su memoria, el libro tiene mucho de elegía,
de oración fúnebre por esos árboles de concejo ya desaparecidos,
Abella no deja de reivindicarlos e invita a plantar nuevos ejemplares
por los pueblos. Con independencia de que los hubiera habido o no.
Este escritor y naturalista está convencido de que, con el tiempo,
el nuevo árbol “acabará reuniéndonos”. Y es que además de
reivindicar la figura del árbol de junta o concejo, Abella también
defiende la necesidad de recuperar este tipo de reuniones “como
espacios de soberanía local”.
Finalmente
la publicación concluye con una nueva llamada a concejo para
completar la memoria, incompleta como casi todas, de estos árboles.
Por eso Abella solicita que quien lo desee le remita cualquier
testimonio e información acerca de otros ejemplares que no están
incluidos en su publicación y que también jugaron ese papel de
centros de reunión. Con ese objeto el libro incluye un cuestionario
que, junto a imágenes, se puede remitir a arboldejunta@gmail.com
incluyendo datos como una breve reseña del árbol en cuestión y sus
funciones, datos del informante, documentación, relatos de la
tradición...Así, al igual que sus raíces sustentaban a estos
árboles de la palabra, la Red también puede jugar un papel
importante a la hora de ir sumando nuevos testimonios relativos a
estos árboles
jueves, 9 de abril de 2015
El mejor homenaje póstumo para Don Celso Diego Somoano
El libro "Cangas de Onís, señas de identidad" recoge una parte fundamental de sus trabajos históricos dedicados al municipio cangués
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| Portada del libro, con fotografía de la Cueva de Covadonga de Juan Martínez Dalmau. |
POR JAVIER G. CASO
Transcurridos tres años
desde el fallecimiento de Don Celso Diego Somoano ( Linares
(Ribadesella), 1922), acaba de ver la luz Cangas de Onís, señas
de identidad, publicación que recoge una parte considerable del
legado del que fuera Cronista Oficial del municipio cangués. No
queda más que felicitarse de esta novedad editorial y dar las
gracias tanto al Excelentísimo Ayuntamiento de Cangas de Onís por
su financiación, así como a sus dos coeditores: Carlos Tejo y Paco
Pantín por ampliar la bibliografía local con este volumen. Respecto
a su estructura, el libro recoge una amplia detallada y
documentadísima biografía de Don Celso, escrita por Carlos Tejo,
una aproximación a su obra, además de una escogida selección de
algunos de sus trabajos historiográficos, todos ellos dedicados a
Cangas de Onís. Bajo el epígrafe El legado de Don Celso Diego
Somoano el lector podrá disfrutar con la lectura de casi una
veintena de artículos, elegidos por Paco Pantín y dedicados cada
uno de ellos a un monumento, lugar o institución canguesa.
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| De izquierda a derecha el alcalde, José Manuel González,Carlos Tejo, Paco Pantín y Alfredo García. FOTO: J. CASO |
Todos ellos en su
conjunto resultan fundamentales para conocer la Historia de este
concejo. Hablamos de Covadonga, de Abamia, el Puente Romano, la
Capilla de Santa Cruz, San Pedro de Villanueva o la capilla y las
fiestas de San Antonio. En su conjunto esos trabajos históricos
permiten aglutinar las señas de identidad de Cangas de Onís. No
faltan en el libro el saluda del alcalde, José Manuel González
Castro, así como un artículo de su antecesor en el cargo, Alfredo
García, también profesor de Historia y compañero durante muchos de
Don Celso en el Instituto Rey Pelayo de Cangas de Onís. Por último,
y en un apartado titulado Con pluma amiga, el escritor José
Ignacio Gracia Noriega, el Cronista Oficial de Parres Francisco José
Rozada, los periodistas Susana Peruyera, José María Carbajal y
quien escribe estas líneas, dedicamos unos líneas a desgranar algún
aspecto más de la tracyectoria vital y profesional de un historiador
como Don Celso Diego Somoano, quien además en su faceta docente,
primero como maestro y después como Catedrático de Historia, formó
a generaciones y generaciones de alumnos, tanto de Cangas de Onís
como de otros municipios que cursaron sus estudios de bachillerato en
el Rey Pelayo.
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| Un momento de la presentación del libro en un abarrotado salón de actos de la Casa Municipal de Cultura de Cangas de Onís. FOTO: J. CASO |
Ilustran el libro un
montón de fotografías. Buena parte de ellas son imágenes de la
vida de Don Celso y acompañan a su biografía, titulada La
vida corriente de un hombre extraordinario. El resto de las
fotografías, muchas de su propio archivo personal y otras inéditas,
obtenidas por los editores, enriquecen esa selección de artículos
suyos, que constituyen la piedra angular de una obra de 369 páginas
y de la que se han editado 800 ejemplares. No cabe duda de que Cangas
de Onís, señas de identidad. El legado de Don Celso Diego Somoano
es el mejor homenaje póstumo que se le podía tributar a quien
durante tantos años se afanó en el estudio de la historia local, la
de Cangas de Onís; un concejo al que llegó “en una tarde fría y
con nieve”, como él mismo dejó escrito. Aquellas circunstancias
no impidieron en absoluto que su relación con el municipio cangués,
que lo nombró Hijo Adoptivo, acabara siendo tan cálida como intensa
y definitiva.
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Puente Romano
lunes, 7 de julio de 2014
El último molino del valle del Güeña
El molino de Corao cuenta con cuatro molares que funcionan de forma simultánea en algunas épocas del año
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| La molinera, Mari Carmen Sánchez, al pie del molín. FOTO: J. G. CASO |
Por Javier G. Caso
Hoy visitamos el molino
de Corao que regentan Bernardo Bulnes y su mujer Mari Carmen Sánchez.
A sus 57 años Bernardo lleva al
frente del molino coraín,
adquirido por su abuelo a su regreso de Cuba, desde los 14 años. Y
Mari Carmen, su mujer, se hizo molinera desde que se casaron. Pero la
mujer recuerda que ya de cria, cuando vivía en La Riera, le gustaba
acercarse hasta el molino y jugar con la harina.
El
de Corao es un ingenio hidráulico cuyos orígenes, tal y como
nos explicó Francisco Pantín en un artículo incluido en el libro
Abamia. Cien años de abandono y titulado El molino de
Corao, se remontan al siglo
XVIII. De hecho era
uno de los sesenta y un molinos existentes por aquel entonces en el
concejo de Cangas de Onís, veintiuno de los cuáles se asentaban en
la parroquia de Abamia, de la que Corao es cabecera. En aquel momento
el molino
de Corao tenía dos molares y, según detalla Pantín, “producía
para su dueño un beneficio de ocho fanegas de escanda y dieciséis
de maíz”, lo que lo convertía en uno de los molinos que ofrecía
“de los mayores rendimientos del concejo”.
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| Bernardo, el molinero, carga harina de cebada en un saco. FOTO: J. CASO |
Desde
el siglo XVIII hasta la actualidad, y tras sufrir numerosas
vicisitudes, el molino de Corao ha pasado de dos a cuatro molares
que, en algunas épocas del año llegan a trabajar de forma
simultánea, sobre todo en los meses del invierno cuándo el río Güeña,
que le presta una parte de sus aguas, presenta su caudal máximo. En
Corao se muele sobre todo maíz y cebada y hasta su molino llegan
vecinos de casi toda la comarca con sus moliendas. Por supuesto la
maquila sigue vigente. Depende del peso de lo que cada uno les lleve
y los molineros de Corao se quedan, más o menos, con un 10% de cada
molienda. Pese a la actividad
que vive su molino, tanto Mari Carmen como Bernardo, reconocen que
sobre todo es un “complemento” a su renta familiar. Lo cierto es
que la harina de maíz del molino de Corao es de lo más apreciada,
incluso por maestros de la cocina como el parragués Nacho Manzano,
quien la utiliza para sus tortos de maíz y que no ha dudado en
llevarla hasta el restaurante que tiene en Londres.
El
molino de Corao tuvo como primer propietario a Fernando Joseph de
Noriega, quien en 1761, según relata Francisco Pantín, se vio
obligado a reconstruir una buena parte de los elementos del molino
tras una riada del Güeña.
Aquellas obras le costaron
5.000 reales de aquel entonces. Pero hubo más ocasiones en las que
el molino sufrió inundaciones. Así sucedió en 1820, como recuerda
la inscripción esculpida sobre la piedra que preside el dintel de la
puerta de acceso al molino. Aquella riada llegó a tapar hasta las
piedras del molino. Fue en agosto de aquel año, igual que sucedió
en 1983. De ambas, y de otras riadas, hay varias marcas a la entrada
del molino que señalan la altura que alcanzó el agua del Güeña. En fin una larga historia la del molino de Corao y ojalá que sus cuatro muelas sigan girando y moliendo maíz y cebada durante muchísimos años.
miércoles, 10 de abril de 2013
Veintitrés vidas notables
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| Portada de la publicación editada por la AsociaciónCultural Abamia. En la imagen, Eduardo Llanos Álvarez de las Asturias, fotografiado por Benjamina Miyar. REPRODUCCIÓN JAVIER G. CASO |
Veintitrés vidas notables
"Hombres y mujeres de Abamia" recoge las biografías de algunos de los personajes más ilustres de la parroquia canguesa
JAVIER G. CASO
Honrar y recordar a los que alguna vez, a lo largo de la historia, se ganaron el respeto de sus convecinos. De eso trata Hombres y mujeres de Abamia presentado recientemente en la Casa del Médico de Corao (Cangas de Onís). El libro es el último trabajo editorial de la Asociación Cultural Abamia y ha sido coordinado por Francisco José Pantín Fernández y María del Carmen Meneses Fernández-Baldor, autores a su vez junto a otras ocho personas, de algunas de las veintitrés biografías que se recogen en este volumen. Junto al esfuerzo de la asociación Abamia cabe subrayar el apoyo económico del Excelentísimo Ayuntamiento de Cangas de Onís. La publicación está dedicada a la memoria del que fuera Cronista Oficial del municipio cangués, Celso Diego Somoano, fallecido el 21 de marzo de 2012.
"Los hombres y mujeres biografiados en este libro han sido, más que nadie, los auténticos protagonistas de la Abamia que conocemos", afirma en su saluda el primer edil cangués, José Manuel González Castro. Por su parte la introducción corre a cargo de Francisco José Pantín, quien justifica la publicación de Hombres y mujeres de Abamia como una "tarea de gratitud, de respeto a la memoria de estas personas vinculadas a la parroquia de Santa Eulalia de Abamia, territorio pequeño en extensión, pero grande en protagonistas de la historia asturiana y española". A su vez Pantín atina cuando cuando afirma que Hombres y mujeres de Abamia "en absoluto es local ni localista". Y deja muy claro el por qué de esta afirmación cuando, en alusión a los biografiados, añade que "las ideas que estas personas abrazaron y defendieron son universales: los derechos y libertades del ciudadano, la intrínseca dignidad del hombre- independientemente de su posición social- y el acceso a la educación, fueron el eje central de la existencia de algunos. El gusto por el arte, la literatura y la cultura, caracterizaron la de otros. Casi todos emigraron, se abrieron a nuevos mundos y, en contacto con otros hombres, terminaron de forjar sus personalidades".
Abre la relación de personajes biografiados Don Pelayo. Y no por qué desde la asociación Abamia se reivindique que el primero de los reyes asturianos sea natural de esta parroquia canguesa, que el debate sobre los orígenes del monarca es todo un clásico. Nada de eso. La explicación es bastante más sencilla. Es la de un pueblo orgulloso de su historia. Por eso se insiste en la reivindicación de la iglesia de Santa Eulalia de Abamia como primer panteón del rey Pelayo y de su esposa Gaudiosa, en sintonía con una larga tradición que algunos parecen empeñados en olvidar, o incluso atacar, a pesar de que los últimos trabajos arqueológicos, tal y como se destaca en el libro, "han confirmado que la ocupación cristiana del lugar es cuando menos anterior al siglo X, estando verosimilmente relacionado con un templo de fundación altomedieval, situado posiblemente bajo la iglesia actual y pendiente de localizar".
Junto a Don Pelayo la lista de personajes incluidos en Hombres y mujeres de Abamia la completan Damián Cornejo, fraile, catedrático, obispo y escritor, Pedro de la Cruz Mayo, Gobernador de Lérida y Comandante General de Extremadura, Juan Bautista de Noriega Robredo, Sargento Mayor de la Plaza de México, Miguel González Villarmil, el párroco que engrandeció Abamia, Benito de Llanos Noriega, primer alcalde del Ayuntamiento Constitucional de Corao, Eulalia de Llanos Noriega, poetisa, Antonio Miyar, librero y patriota ilustrado, Roberto Frassinelli Burnitz, el alemán de Corao, uno de los protagonistas del engrandecimiento de Covadonga, Antonia Cortés Llanos , benefactora y poetisa, José Ramón Alonso Villarmil, escritor y pionero de la fotografía en Asturias, Sebastián de Soto Cortés, apasionado de los libros y de los caballos, Eduardo Llanos Álvarez de las Asturias, filántropo, mecenas y héroe nacional en Chile, Basilio Sobrecueva Miyar, fabricante de relojes, Elias José Con y Tres, militar y escritor, Ismael y Roberto Miyar Álvarez, relojeros, Ángel Sarmiento, labrador, sindicalista agrario, político y escritor, Benjamina Miyar, la única fotógrafa profesional en Asturias antes de la Guerra Civil, Félix Llanos, maestro y revolucionario, José Miguel Caso González, catedrático de Literatura y Maximino Blanco del Dago, arquitecto técnico, ceramista y apasionado de la cultura asturiana.
En resumen, no cabe más que elogiar una vez más a la Asociación Cultural Abamia que, con este quinto título publicado, amplía aún más su labor en pro de la divulgación de la historia y la cultura de esta parroquia del concejo de Cangas de Onís para disfrute de todos los interesados en conocer nuestro pasado.
http://www.periodisticos.com/
sábado, 23 de febrero de 2013
"Cangueses en Granada": una nueva aportación a la Historia de Cangas de Onís
Una nueva aportación a la Historia de Cangas de Onís
La publicación de Cangueses en Granada permite acercarse a uno de los primeros movimientos migratorios protagonizados por naturales de este concejo| José Manuel Trespando, posa con un ejemplar de su nuevo libro, editado por la asociación cultural Abamia y el consistorio cangués. FOTO: JAVIER G. CASO. |
JAVIER G. CASO
La emigración no ha sido, ni
mucho menos, un fenómeno ajeno al concejo de Cangas de Onís. Como muchos otros
asturianos, no fueron pocos los cangueses que en su día se vieron obligados a
emigrar en busca de una vida mejor lejos de su lugar de origen. Así fue a
finales del siglo XIX y principios del XX con rumbo a América, con México y
Cuba como destinos preferentes. Durante la pasada centuria, y a lo largo de las
décadas de los 60 y los 70, la emigración canguesa fue sobre todo europea. A
países como Alemania, Bélgica o Suiza.
Viene esta pequeña introducción a cuento de la
reciente presentación el pasado viernes de “Cangueses en Granada”, un trabajo
del que es autor José Manuel Trespando Corredera, editado por la asociación
cultural Abamia con la colaboración del Ayuntamiento de Cangas de Onís. Y es
que se trata de un estudio en el que se aborda el que pudo ser “uno de los
primeros movimientos migratorios” protagonizados por cangueses. Su
investigación comienza cuando durante la consulta de los libros parroquiales de
San Pedro de Con y San Martín de Grazanes relativos al siglo XVII, Trespando se topa con algo que le llama
la atención. Descubre que varias decenas de las defunciones anotadas en esos
libros corresponden a feligreses fallecidos nada menos que en Granada. Es el
caso ente otros de Domingo de Francisco (1666), Antonio de Con, Pedro Sobero de
Mestas y Pedro Talavero (1677), tal y como se recoge en una nota a pie de
página de “Cangueses en Granada”. Es así como José Manuel Trespando acaba por
llevar su trabajo investigador hasta la ciudad de la Alhambra donde rastreará
la pista de esos cangueses por varios archivos granadinos. Fruto de esa labor
será su contacto con la historia de la Hermandad de Nuestra Señora y San Roque,
fundada en la parroquia de Santa María Magdalena de Granada en 1502 y conocida
como la hermandad de los asturianos. Hacia 1566 la entidad original pasa a
denominarse la Hermandad de Nuestra Señora y Ánimas del Purgatorio, más
conocida como la hermandad de los ganapanes. Hasta que en 1702, y por una serie
de desavenencias, los asturianos deciden separarse y formar la Hermandad de
Nuestra Señora de Covadonga, una institución “mayoritariamente masculina y muy
democrática”, tal y como afirma José Manuel Trespando Corredera. Pues bien,
tras un concienzudo estudio de la documentación de esta hermandad, este
investigador presenta en su trabajo los nombres y apellidos de aquellos
asturianos que formaron parte de ella. En esa relación se suceden apellidos
como Con, Coviella, Corao, Fana, Suero, Tárano, Teleña, Trespando, Tejuca, Zardón,
Sobrecueva, Intriago, Gamoneo o Remis, lo que viene a dejar constancia
documental de esos emigrantes cangueses instalados al pie de la Alhambra desde
el siglo XVI. ¿Pudieron llegar antes? Es posible. En las primeras páginas de
“Cangueses en Granada” se da cuenta del protagonismo que tuvieron los
asturianos en la conquista de Granada. “A tenor de las fuentes documentales
existentes, una de las regiones que más peones aportó a este conflicto fue la
de Asturias”, escribe José Manuel Trespando. Tal y como precisó el otro día
durante la presentación del libro en la Casa de Cultura, de los 40.000 peones
que emplearon los Reyes Católicos para conquistar Granada, unos 6.000 eran del
Norte, es decir gallegos, asturianos o vascos. Del Principado de Asturias eran
unos 256, 5 de ellos de Cangas de Onís. ¿Fueron los primeros de esa
colectividad canguesa que luego se afincó en Granada? Todo indica que sí, con
lo que ello significa al poner en relación Covadonga y Cangas de Onís, los
lugares donde se inició la Reconquista, con la que fuera capital del Reino
nazarí de Granada, el último reducto musulmán de la Península Ibérica,
conquistado por los Reyes Católicos en 1492.
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martes, 12 de febrero de 2013
El torreón de la Jura sigue en la lista roja del patrimonio español
Un monumento cangués que sigue en la lista roja del patrimonio español
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| Vista del Torreón de la Jura desde la carretera. FOTO: JAVIER G. CASO |
Hispania Nostra vuelve a incluir el Torreón de la Jura en su ranking de monumentos en mayor peligro
JAVIER G. CASO
A nadie en Cangas de Onís se le
escapa el mal estado de conservación que presenta la Torre de los Soto, más
conocido como el Torreón de la Jura y situado en Soto de Cangas. Pero la
situación tampoco pasa desapercibida fuera de los límites municipales
cangueses. Tan es así que la Asociación Hispania Nostra (www.hispanianostra.org ), cuya misión
es la “defensa, salvaguarda y puesta en valor del patrimonio cultural español”,
ha vuelto a incluir este monumento cangués en su lista roja del patrimonio,
donde denuncia la falta de atención que sufren unos 436 monumentos de nuestro
país, de los que 19 son asturianos, alguno de ellos tan emblemático como la
iglesia de San Miguel de Lillo.
La ficha que acompaña al Torreón
de la Jura alerta de su “total abandono” y del “riesgo de hundimiento” que
padece el monumento cangués, cuyo origen se sitúa en el siglo VIII y que la tradición local
relaciona con Pelayo. Su estado actual, desde luego, contrasta con la
importancia que tuvo en otros tiempos cuando los alcaldes de Cangas de Onís
juraban su cargo junto al Torreón de los Soto. La historia de este edificio
histórico aparece perfectamente resumida en un artículo escrito por el
fallecido Don Celso Diego Somoano en abril de 1996 y que puede leerse completo
en la página web de la asociación cultural Abamia (www.abamia.net).
En este artículo, que lleva por título El Torreón de la Jura, el último cronista oficial de Cangas de Onís
destaca que “allí juró Pelayo como rey de Asturias”, además de llevarse a cabo la
elección de jueces y de ayuntamientos. En el texto también se da cuenta de que
fue en el Campo de la Jura donde el 2 de agosto de 1902 tuvo lugar la recepción
oficial al rey Alfonso XIII por parte de los responsables municipales de Cangas
de Onís. En aquel acto, cómo recoge el artículo de Don Celso, el entonces alcalde, José María Pendás
Cortés, dejó bien claro el significado el Torreón de la Jura o de Cauvilla
cuando afirmó: “Señor, ponéis los pies en el mismo sitio que los puso Pelayo,
en donde éste juró como rey, en donde tuvo principio la monarquía española, que
tan gloriosamente sostiene y representa vuestra majestad”. En los últimos años
Cangas de Onís ha vuelto a dar testimonio de la importancia de este monumento
al incluirlo en la denominada Ruta de Pelayo, diseñada con motivo del Plan de
Excelencia Turística de Cangas de Onís, cuya información recoge el folleto que
lleva por título Viaje al reino de Asturias, publicado en versión digital en (www.infocangasdeonis.com ). Por
todo ello queda claro que Cangas de Onís debería cuidar mucho mejor de un
elemento arquitectónico tan emblemático como es el Torreón de la Jura. Además,
en rankings como la lista roja del patrimonio español siempre es mejor no aparecer.
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lunes, 11 de febrero de 2013
José Manuel Trespando presenta "Cangueses en Granada"
José Manuel Trespando presenta Cangueses en Granada
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| José Manuel Trespando, en el archivo municipal, con un ejemplar de su libro padrones de hidalguía de Cangas de Onís. FOTO JAVIER G. CASO |
La presentación del libro, editado por la asociación cultural Abamia y el Ayuntamiento de Cangas de Onís, tendrá lugar este viernes en la Casa Municipal de Cultura a las siete de la tarde
JAVIER G. CASO
Una nueva investigación sobre la historia de Cangas de Onís. José Manuel Trespando Corredera presenta este viernes, a las siete de la tarde, en la Casa Municipal de Cultura, Cangueses en Granada (Los ganapanes), un trabajo centrado en los siglos XVII y XVIII y que trata sobre la presencia en tierras granadinas de un grupo de personas naturales del concejo de Cangas de Onís y vinculadas a dos hermandades de la parroquia granadina de Santa María Magdalena. La investigación llevada a cabo por Trespando, y que ahora publican la asociación cultural Abamia y el Ayuntamiento de Cangas de Onís, permite acercarnos a estos cangueses afincados en Granada. Su presencia allí permitiría preguntarse acerca de una posible relación entre el concejo cangués y Covadonga, donde se inició la Reconquista, y la capital granadina, su punto final ocho siglos después. Con este nuevo trabajo son ya tres los libros sobre la historia canguesa publicados por José Manuel Trespando Corredera tras Apresamiento de un escribano (2005) y Padrones de hidalguía de Cangas de Onís (2009).
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