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viernes, 6 de septiembre de 2024

Santi de la Vega, de Covadonga a Petra y de los Picos al Himalaya

 

Sus paisajes más próximos y otros que conoció en sus viajes protagonizan la mayoría de las instantáneas que componen “Arraigo”, la primera exposición monográfica del fotógrafo cangués


Santiago de la Vega, junto a su foto dedicada al Picu Uriellu e incluida en la exposición "Arraigo". FOTO J. G. CASO

Por Javier G. Caso

 Hablar de fotografía en Cangas de Onís en estos momentos, nos remite a nombres como José Allende Marcos, Pin, ganador de la sección Alpinismo en la edición XXIX del Memorial María Luisa, celebrada en 2019 con una fotografía titulada “Marble ice” y que realizó en Islandia. En aquella expedición, Pin estuvo acompañado por otro fotógrafo cangués, Santiago de la Vega, Santi, quien acaba de inaugurar esta tarde su primera exposición monográfica. Lleva por título “Arraigo” y puede visitarse en la Casa Municipal de Cultura de Cangas de Onís hasta el próximo 4 de octubre.




El Puentón de Cangas de Onís/ Cangues d´Onís, fotografiado por Santi de la Vega. FOTO: J. G. C.


 Se trata de una exposición compuesta por medio centenar de instantáneas. Elegirlas, nos confesaba Santi cuando lo entrevistamos para TPA Noticias, no fue una tarea sencilla. Tuvo que escogerlas entre las miles de fotos que atesora en una decena de discos duros. Un rápido vistazo a la muestra nos permite una primera conclusión: la montaña es el escenario favorito del fotógrafo cangués. Hay fotos de lugares tan dispares y lejanos como Los Picos de Europa, los Alpes y hasta la cordillera del Himalaya donde ha retratado cumbres tan emblemáticas como el mismísimo Everest. Y otro tanto ocurre con el paisanaje que puebla y protagoniza varias de las instantáneas. Aparecen elaboradores de queso gamonéu del valle como Alberto Martínez, de la quesería Priena, de Corao o Juan Sobrecueva. La foto de este quesero es la protagonista del cartel de la propia exposición y de todas las expuestas, ésta es la favorita de Santi de la Vega, como él mismo nos reconocía esta mañana mientras terminaba de montar “Arraigo”. En la muestra también aparecen pastores de la Montaña de Covadonga como Antonio Fernández, “Antonín, el de Gumartini”. Pero también hay alguno de Extremo Oriente, del remoto Kirguistán, que aparece a caballo acompañando a un rebaño de yaks. Santi, que ha viajado lo suyo, también nos muestra lugares tan singulares como la mítica Petra, o una cueva de Islandia. Algunas fotos muestran algunos de nuestros monumentos más emblemáticos, como el Puente Romano de Cangas de Onís, el Puentón, que además da nombre al barrio en el que se crió el propio De la Vega. O la basílica de Covadonga, protagonista también de una foto única, la de la aurora boreal que el fotógrafo cangués logró captar con su cámara el pasado mes de mayo, tanto en el Santuario de la Santina como en Los Lagos de Covadonga. De Los Picos de Europa hay una amplia muestra de fotografías, entre ellas una del Picu Urriellu, la cumbre más emblemática del Parque Nacional. Algunas de esas fotos son nocturnas. Hay muchas instantáneas más, también las utilizadas en los carteles anunciadores de varios de los documentales del director Alex Galán, con quien Santi de la Vega colabora como responsable de foto fija. Pero lo mejor, desde luego, es acercarse hasta la Casa de Cultura canguesa y disfrutarlas.















martes, 23 de enero de 2018

San Antón en Siña

Los vecinos de Villaverde, en Amieva, participaron en  la misa y la tradicional bendición de animales
El párroco de Amieva, Alejandro González, bendiciendo a algunos de los animales que sus dueños llevaron hasta Siña. FOTO: JAVIER G. CASO

POR JAVIER G. CASO

La sangría demográfica del medio rural es lo que tiene. En los pueblos cada vez queda menos gente. Por eso, a la hora de festejar al patrón, hay que hacerlo en fin de semana, independientemente de la fecha del santoral. Es la única forma de garantizar un festejo concurrido. Y así lo han hecho este fin de semana en Villaverde, en Amieva. San Antón Abad fue el miércoles, 17 de enero; pero lo han celebrado este domingo en una capilla de Siña que se quedó pequeña.


Interior de la ermita de Siña. FOTO: J. G. CASO

Hasta allí llegó un buen número de vecinos, además de familiares y amigos que por semana residen fuera de Villaverde y de Amieva. Los vecinos acudieron con animales domésticos: algún caballo, un asno, un conejo, una oveja, cabritos, corderinos y dos xatos. También hubo algún perro y hasta un gato que venía en una jaula. ¡Ah! y un remolque llenu de coinos. Todos los animales recibieron la bendición y el agua bendita de manos de Don Alejandro, el párroco de Amieva. En un concejo en el que lobo campa a sus anchas, con continuos ataques al ganado. Uno de los dos terneros que se bendijeron aún conserva las heridas provocadas hace un mes por las dentelladas del lobo; de ahí que su dueño, el ganadero de Pen, Toni González, decidiera llevarlo hasta Siña para ponerlo bajo la protección de San Antón Abad, patrón de los animales. Otro tanto pasó con un corderín que, tal y como relató su dueño, Isaac Rivero, nació vivo de milagro tras el ataque de otro lobo que había dejado herida a su madre. Sus dueños temían que abortara, pero finalmente el cordero nació sano y  lo llevaron a bendecir.


Bendición de dos xatos. FOTO: J. G. C.



Uno de los corderos que se bendijeron. FOTO: J. G. C.
Las imágenes de San Antón y San Antonio, en la capilla de Siña. FOTO: J. G. C.
El sacerdote arrojó el agua bendita con una hoja de laurel. FOTO: J. G. C


El tiempo acompañó en una jornada soleada y de cielos azules en la que desde Siña se podía contemplar una estampa preciosa del Macizo Occidental de los Picos de Europa, del Cornión, cubierto de nieve. Fue una  misa de lo más animada aunque finalmente no hubiera ni coro ni gaitero como estaba previsto. A su conclusión, y antes de iniciar la bendición, el cura agasajó a los asistentes con bollos de chocolate y de chorizu, así como con velas conmemorativas para los mayores y unos peluches para los críos. Tras bendecir el sacerdote a todos y cada uno de los animales lanzándoles el agua bendita con la ayuda de una rama de laurel, todo el público posó para una foto de familia, inmortalizando una jornada festiva a la que se unió, por primera vez, un grupo de vecinos y vecinas de Llanera, quienes prometieron volver el año que viene ya acompañados de sus mascotas.

Vista del Cornión, el macizo occidental de los Picos de Europa. FOTO: J. G. C.

Argolibiu, Cien y al fondo el Cornión, desde Siña. FOTO: J. G. C.

Todos los asistentes posaron juntas tras la misa. FOTO: J. G. C.
Orgullosos de su capilla, que restauraron hace años justo antes de recuperar la fiesta, los vecinos contaban alguna que otra historia en torno a San Antón. La imagen actual que se venera en Siña fue tallada hará más de veinte años por Pepe, el de Pilar, un vecino de Villaverde a partir de una foto de la imagen original que algún sinvergüenza se había llevado de la capilla. “Sacolu exactu” apuntaba un vecino en referencia a la pieza tallada por Pepe que preside el retablo de la ermita de Siña. En este rincón de Amieva San Antón Abad comparte altar con su tocayo San Antonio de Padua, al que los vecinos festejan, ya no el 13 de junio, sino en pleno mes de julio. La fiesta concluyó en Villaverde con una comida de hermandad en la que no faltó una estupenda borona.





martes, 7 de febrero de 2017

Once miradas al Paraíso

La Casa de Cultura canguesa acoge una interesante exposición fotográfica con los paisajes del entorno de Cangas de Onís y los Picos de Europa como grandes protagonistas

 

Cartel anunciador de la muestra, a la entrada de la sala de exposiciones de la Casa de Cultura. FOTO: J. CASO

 
Por JAVIER G. CASO

Once miradas al Paraíso. Así se titula la muestra fotográfica que, desde ayer lunes y hasta el próximo 28 de febrero, permanecerá colgada en la sala de exposiciones de la Casa Municipal de Cultura de Cangas de Onís. En ella pueden contemplarse una amplia variedad de imágenes dedicadas, sobre todo, al paisaje y a la naturaleza, pero también al paisanaje del concejo de Cangas de Onís y de esta comarca de los Picos de Europa.


Una visitante, contemplando algunas de las fotos expuestas. FOTO: J. C.


 Precisamente los Picos de Europa, a los que el fallecido escritor José Ignacio Gracia Noriega bautizó como los Grandes Grises, en alusión al color característico de su roca caliza, son uno de los grandes protagonistas de esta exposición. Las fotos que la integran son obra de once fotógrafos aficionados locales cuyas instantáneas, en la mayoría de los casos, destilan amor y pasión hacia las personas y los paisajes fotografiados. José Allende, Fernando Moro, Laura Coviella, Alejandro López, Santi de la Vega, Javier Remis, Sergio Castaño, Silvia Castro, Pedro Castro, María Antonia Poza y Cori Castro, componen la nómina de fotógrafos cuyos trabajos se pueden contemplar en la Casa de Cultura y que, en algunos casos, exponen sus instantáneas de una forma pública.

Fotos: J. C.


La exposición bien merece una visita al centro cultural cangués. No les va a defraudar. Hay imágenes que merecen mucho la pena. Como los retratos de Laura Coviella, cuya detalle de la feria de Corao transmite a la perfección lo que es la dureza de la vida campesina. O las fotos nocturnas tomadas por José Allende en Cebolleda y Vega Redonda, en pleno corazón del Macizo Occidental de los Picos de Europa, unas instantáneas de las que, por otra parte, alguna ya obtuvo algún reconocimiento en el prestigioso concurso fotográfico del Memorial María Luisa. Pero hay mucho y bueno en qué escoger...




Fotos: J. C.


Contemplar la exposición invita a reflexionar y a pensar, por qué no, en organizar una segunda muestra fotográfica al aire libre, distribuida por las calles de Cangas de Onís, con una selección de las mejores instantáneas reproducidas a gran formato. Sería ideal poder organizarla de cara al verano, a fin de que los miles y miles de turistas que visitan la capital canguesa durante la temporada estival, puedan disfrutar de algunos de nuestros paisajes más bellos tal y como los han captado con sus cámaras este grupo de entusiastas y amantes de la fotografía.


domingo, 24 de enero de 2016

¡Hasta siempre, Toñito!

¡Hasta siempre, Toñito!


Antonio Martínez Marqués, Toñito, paseando con Mundo por la Avenida de Covadonga, hace unos años. FOTO: J. CASO  
POR JAVIER G. CASO

 
Murió Toñito. La noticia corrió como la pólvora por Cangues a lo largo de toda la mañana de este pasado domingo 17 de enero, festividad de San Antón Abad. A la sorpresa y la incredulidad iniciales por una muerte inesperada, sucedió la pena; un sentimiento que compartimos la mayor parte de los cangueses, sobre todo sus amigos. Pero también los que, sin ser íntimos, lo conocimos, tratamos y apreciamos. Ya desde críos. Compartimos un curso en las antiguas escuelas del desaparecido Colegio Vázquez de Mella. En 7º u 8º de EGB. No lo sé con exactitud. Sí recuerdo que en aquella clase, Antonio Martínez Marqués, a quien siempre conocimos como Toñito, era de los que tenía mando en plaza. Imponía, pero siempre supo ganarse el cariño de los que fuimos sus compañeros. Más adelante fuimos creciendo y manteniendo relación, compartiendo amistad y colegas. Con Toñito había feeling y eso se notaba.

De carácter aparentemente bronco, pero sólo en apariencia, porque en el fondo era un cachu pan, por lo general Toñito siempre saludaba a la brava, cuando no con algún bocinazu con aquella vozona suya. Sin embargo esa supuesta hosquedad distaba mucho de la realidad. No era tal ni mucho menos. Lo saben bien los que fueron sus colegas, una amistad que algunos fraguaron en el antiguo Campo de fútbol de Santa Cruz donde compartieron con él entrenamientos y partidos en los equipos de las categorías inferiores del Cánicas.

Hacia el año 2001 Toñito decidió dar un giro a su vida. Y, ni corto ni perezoso, se fue a trabajar al Principado de Andorra, cambiando Cangues, en las estribaciones de los Picos de Europa, por Andorra la Vella, a 1.123 metros de altitud, en pleno corazón de los Pirineos. Desde entonces apenas si nos veíamos una vez al año. En ese momento nunca faltó su saludo cordial, eso sí acompañado de alguna broma. Toñito, que cumplió 51 años el pasado 1 de enero, visitaba Cangues al principio del verano, casi siempre coincidiendo con las fiestas de San Antoniu, su tocayu; al que como todos los de Cangues d´Arriba profesaba una especial devoción.

Imposible olvidarse de sus años de portero de Galaxia, una tarea que ejercía con autoridad. Le gustaba hacer bien su trabajo y aunque los que lo conocíamos nunca teníamos problemas con él, Toñito disfrutaba haciéndonos sufrir un poco antes de, finalmente, dejarnos enfilar escaleras abajo y entrar en la discoteca. Eso a los rapaces. Las mozas, con él, aunque las entretenía un ratín a la altura de la taquilla, lo tenían mucho más fácil para pasar. La última vez que nos vimos debió ser por junio, creo que por el Peñalver, uno de los bares en los que solía parar. O Los Arcos, dónde también trabajó. Como siempre, compartimos charla y amigos.

Me hubiera gustado haberlo visitado en Andorra dónde, sé de buena tinta, ejerció de perfecto anfitrión de aquellos amigos que, desde Cangas de Onís, se animaron a viajar hasta allí para verlo. Sus colegas, además, conocieron a los grandes amigos que hizo por aquellas tierras pirenaicas y que se convirtieron en su familia de Andorra; una gente que, aseguran, le profesaron un cariño digno de admirar. Todo ello demuestra que supo hacer amigos allí por donde pasó. Era buena gente. Como dejó escrito Chusón Quesada en facebook nada más enterarse de su fallecimiento: ¡Hasta siempre Toñito! Y cuando llegue San Antoniu, miraremos al cielo desde el robledal para recordarte el día de tu santu.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Las mejores cabras bermeyas de Asturias se crían en el desfiladero de Los Beyos

El pongueto José Ángel Moriñigo, el gran triunfador del último concurso nacional,  mantiene viva la tradición de la ganadería de caprino en el desfiladero del Alto Sella

José Ángel Moriñigo con "Beyusca", campeona nacional de la cabra bermeya, en Corao. FOTO: JAVIER G. CASO


Por Javier G. Caso



El desfiladero de Los Beyos siempre fue, y sigue siéndolo, tierra de cabras y cabreros. El caprino, es con mucho, el ganado que mejor se adapta a esos parajes tan bellos como agrestes y verticales. Apenas hay suelo para la agricultura y los pocos prados llanos que hay son los que consiguieron en tiempos inmemoriales los beyuscos a base de aterrazamientos construidos a costa de mucho esfuerzo y ganados a la verticalidad. Pero la mayor parte de este territorio que atraviesa el Sella en su curso alto y que comparten los concejos de Sajambre, Ponga y Amieva, son unas laderas rocosas y empinadas en las que solo las cabras son capaces de aprovechar unos pastos tan minúsculos como excelentes. Los pastores de los pueblos de los Beyos son los que siempre se han encargado de atender a esos rebaños.

El puente Angoyu, en el desfiladero de Los Beyos. FOTO: J. CASO


 Esa tradición ganadera sigue viva gracias a personas como José Ángel Moriñigo, vecino de San Ignacio de los Beyos y, sin duda, el gran triunfador del último concurso nacional de la cabra bermeya. Moriñigo se presentó el pasado sábado 22 de noviembre en Corao con un rebaño de once animales que mereció ser distinguido con el premio al mejor lote del certamen. Además una de sus cabras, de nombre beyusca, fue elegida por el jurado campeona nacional de la muestra. Pero la cosa no quedó ahí y a estos dos galardonados se sumaron otros cuatro más, entre ellos el de mejor cabritu y mejor chivo joven. La pena de este joven ganadero pongueto, que lleva desde crío dedicado a este oficio, fue no haber podido llevar al concurso a su chivo Mocu. Una pelea con otro animal del rebaño lo dejó sin uno de sus cuernos y este problema estético dejó al castrón sin opciones a presentarse al concurso. No obstante su propietario tiene claro que, sin duda alguna, “es el mejor chivu que tengo”. Por eso, añade, lo mantendrá como principal semental de un rebaño que Moriñigo ha ido conformando poco a poco a lo largo de los últimos quince años desde que, siendo un chavalete, un vecino le regaló una cabrita. “Me la dio José el de El Arenal y criela a mamona. Luego parió dos cabritos”.

Moriñigo con parte de su rebaño días atrás en Vidosa. FOTO: J. CASO


Aunque el grueso de su rebaño lo componen cabras de raza bermeya, Moriñigo también tiene otros animales, como una cabra negra y otra de tonos amarillentos, cuyos colores le son de mucha utilidad a este pastor de San Ignacio ya que las usa a modo de reclamo visual. Y es que localizar desde lejos por los Beyos a sus cabras bermeyas, o “rubias” como las llama Moriñigo, no es fácil porque su color las camufla entre la vegetación de las laderas del Alto Sella. Este ganadero, que también tiene ganado vacuno y ovejas, cría cabras para carne. De lo más ecológica desde luego. No en vano su rebaño pasta libremente por encima de Rubriellos hasta El Derrabau, por encima de la margen derecha del Sella, la mayor parte del año.  Moriñigo solo las guarda cuando a sus cabras les llega el momento de parir, precisamente en esta época del año. Entonces las ayuda y refuerza su alimentación con un poco de pienso y hierba. 

Moriñigo cría cabras desde hace quince años. FOTO: J. CASO

Este pastor asegura que ésta es una ganadería rentable porque los cabritos tienen salida. Pero claro las cosas no son tan sencillas. Su gran problema son los lobos y sus ataques al ganado menor. En lo que va de año estos cánidos se han llevado por delante cuarenta y dos de sus cabras. Por eso, asegura, en los Beyos quedan cada vez menos rebaños de caprino. Está el suyo, el de César y Arsenio en Casielles; las cabras de Mariano en Biamón, las de Colás y Lorenzo en San Ignacio y alguna más de los de El Arenal. Alguna otra cabra queda también en la zona del desfiladero de los Beyos que pertenece a Amieva, como las de Pepito el de Vega de Cien, las de José Antonio Vega, en Cien o las de Rubén el de Ceneya; además de alguna que otra en Pregondón. Es una lástima pero todo indica que, de seguir así las cosas, los apreciados cabritos de los Beyos, una carne con un potencial gastronómico excelente, podrían tener los días contados si quienes los crían acaban abandonando su oficio. Ojalá que esto no suceda. 

Los Beyos, a la altura de la Güera. FOTO: J. CASO


Y si bien los pueblos beyuscos han ido perdiendo gran parte de su población a lo largo de las últimas décadas, con aldeas abandonadas como Rubriellos o Tolivia; que por lo menos, los pocos vecinos que quedan puedan seguir con sus rebaños y que sus cabras sigan sacando provecho a los pastos de la “entalladura fantástica”, tal y como el francés Paul Labrouche bautizó al desfiladero del Sella. Un paisaje en el que en su día “algunos pastores de la comarca conseguían dar la vuelta a la rueda del año siguiendo a un hato de cabras sin salir de la pared”. Así lo explican Gonzalo Barrena y Jaime Izquierdo en su excelente libro Marqueses, funcionarios, políticos y pastores, publicación que nos acerca a los “pueblos pastores” del entorno de los Picos de Europa y que hoy día están representados por jóvenes como el beyusco José Ángel Moriñigo, digno sucesor de otros históricos cabreros de Los Beyos como Rafael Rivero, Ciriaco, Venancio, Lorenzo el del Beyu, Pepe el de Covarcil o Gasparín el de la Caviella.

 

domingo, 12 de octubre de 2014

74 Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa

Las joyas gastronómicas de la comarca de Picos brillaron de nuevo en Cangas de Onís el día del Pilar

Los 33 elaboradores de Cabrales, Gamonéu, Beyos y Bejes- Tresviso, pusieron a la venta más de 2 toneladas de queso

Los mejores quesos de cada una de las variedades, expuestos tras el fallo del jurado. FOTO: J. CASO

 POR JAVIER G. CASO

Como es habitual, desde 1997 de forma ininterrumpida, la plaza del Ayuntamiento de Cangas de Onís acogió el Día del Pilar la celebración del 74 Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa. En esta ocasión concurrieron al certamen treinta y tres elaboradores, catorce de ellos de la variedad Gamonéu, una decena del valle y los cuatro que aún lo elaboran en el puertu. A ellos se sumaron una docena de queseros de Cabrales, tres de Beyos y cuatro del queso picón Bejes- Tresviso, un queso que cuenta con su propia Denominación de Origen Protegida (DOP) y que por primera vez competía en este histórico concurso quesero que el próximo año festejará sus Bodas de Platino.

El queso picón Bejes- Tresviso Concursó por primera vez. FOTO: J. CASO


Unos y otros elaboradores pusieron a la venta más de 2.200 kilos de queso, más de la mitad de ellos de Gamonéu, y que al final de la mañana se habían vendido en su mayor parte a las centenares de personas que visitaron Cangas para asistir tanto a su certamen quesero como a la Feria de la Miel del Oriente de Asturias, en la que tomaron parte dieciséis participantes.

Las ventas estuvieron animadas a lo largo de toda la mañana en el recinto de la plaza del ayuntamiento. FOTO: J. CASO


Si hablamos de precios no hubo grandes novedades. La miel se vendió a 7 euros el kilo, el precio oficial fijado por la organización. En cuanto a los quesos, el más caro volvió a ser el Gamonéu del puertu. Se nota que estamos en una coyuntura de crisis porque se mantuvo en el mismo precio de los últimos años: los 38 euros el kilo. Del Cabrales se vieron distintos precios. Mientras que el más convencional se vendía a 20 euros el kilo, las piezas que se han dado en llamar Cabrales Gran Reserva, unos quesos con largas maduraciones que pueden alargarse hasta los ocho, los nueve e incluso los diez meses, salieron a la venta en 35 euros el kilo. El Gamonéu del Valle se vendió en su mayor parte en 24 euros/kilo, tal y como habían acordado muchos de los elaboradores, si bien alguno de ellos optó por vender a 30 euros el kilo. Por lo que atañe al queso de los Beyos, su precio varió en función de la materia prima utilizada. Si se trataba de queso elaborado con leche de vaca, el kilo se vendía a 12 euros, un precio que se incrementaba hasta los 15 euros si los quesos eran de leche de cabra o de oveja, que los de los Beyos no son quesos en los que se mezclen distintos tipos de leche.  Por su parte los cuatro elaboradores del queso picón Bejes- Tresviso mantuvieron un precio unitario de 18 euros el kilo.

El jurado del concurso, en pleno proceso de cata y deliberación. FOTO: J. CASO


Las deliberaciones del jurado, que tuvieron lugar sobre una tribuna a la vista del público, fueron largas y se supone que arduas y difíciles. El fallo se retrasó y por eso los actos protocolarios comenzaron un poco más tarde del horario previsto. Al final, el primer premio en la variedad de queso de Cabrales fue para Ángel Díaz Herrero, vecino de Tielve, una localidad que sin duda alguna es la Meca del mejor Cabrales. Por su parte la Quesería La Collada, de Cirieñu (Amieva), se llevó el premio al mejor queso de los Beyos y Javier Campo fue reconocido como el mejor elaborador del picón Bejes- Tresviso. En cuanto al Gamonéu, el primer premio del puerto fue la quesera de Gumartini, y vecina de Intriago (Cangas de Onís), Covadonga Fernández. Su hija Graciela, titular de la quesería El Arbeyal, ganó el premio en la variedad del valle.

Los premiados en el concurso, junto a los pujadores de la subasta de las mejores piezas. FOTO: J. C


Tras la entrega de premios, tanto del certamen, como del concurso de pinchos al gamonéu, que organizaba la Cofradía de Amigos del Queso Gamonéu y que, por segundo año consecutivo se llevó Paz Ardines, del restaurante El Molín de la Pedrera, tuvo lugar uno de los actos más novedosos del concurso quesero cangués: la subasta, uno a uno, de las cuatro piezas ganadoras. Concurrieron cinco pujadores que representaban a dos restaurantes de Cangas de Onís: Casa Manuela y Los Arcos, otros dos de Ponga, Hotel Puente Vidosa y Casa Luciano, y un quinto de Parres: el Corral del Indianu que dirige José Antonio Campo Viejo.

Esta primera subasta contó con cinco pujadores de Cangas de Onís, Ponga y Parres. FOTO: J. CASO.


A pesar de la expectación creada y con cientos de personas atentos a todo cuanto acontecía, lo cierto es que la puja no resultó todo lo disputada que se podía esperar. Por eso ninguna de las piezas llegó, ni de lejos, hasta los 3.000 euros en los que se remató el mejor queso subastado en Arenas el pasado 31 de agosto en el marco del Certamen del Queso de Cabrales. De esta forma en Cangas, mientras el mejor queso de los Beyos se subastó en 400 euros y en 500 el de Cabrales, los de Gamonéu, primero el de los valles y por último el del puertu, compartieron precio final. Ambos fueron subastados, sin demasiada disputa entre los pujadores, en 600 euros. Todos los comienzos suelen ser modestos. Por eso es de esperar que tras esta primera subasta, la del año que viene, esté bastante animada, de manera que los mejores quesos de la que será la 75 edición del Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa, alcancen precios más elevados. También se podría estudiar, como apuntaron algunos de los asistentes a esta primera subasta, la posibilidad de subastar a la vez las cuatro piezas en un único lote formado por los mejores quesos elaborados en esta comarca de los Picos de Europa.

lunes, 21 de abril de 2014

Miguel Larrea: el cangués que afina los cencerros

"Un buen lloqueru tien que alejar, o sea sonar bien de lejos", explica este vecino de Llerices que aprendió a machacar cencerros con catorce años

Miguel Larrea mayando un cencerro. FOTO: J. CASO


Por Javier G. Caso


Escuchar el sonido de los cencerros, sus tintineos, es señal inequívoca de que hay ganado suelto por el monte. Y escucharlos en el puerto cangués de  la Montaña de Covadonga quiere decir que nos encontramos en plena temporada de pastos que todos los años arranca cada 25 de abril, el día del cotu.
 
Y cuando hay vacas en el puertu es como si hubiera música en el Macizo Occidental de los Picos de Europa. Los cencerros o lloqueros suenan por todos los rincones, y cuando lo hacen, si uno está atento al ritmo o cadencia de sus tintineos, puede llegar a adivinar qué está haciendo el animal que lo porta: si camina, rumia, corre o, simplemente, está rascándose contra una peña. Además los lloqueros cumplen otra misión fundamental cuando la niebla se hace la dueña de la Montaña de Covadonga y apenas hay visibilidad: se convierten en la única forma de orientarse.

Así lo explica Miguel Larrea, vecino de la localidad canguesa de Llerices, ganadero y pastor jubilado y que, desde los 14 años, domina el arte de mayar o machacar cencerros; que viene a ser lo mismo que afinarlos como si fueran instrumentos de música. “Éramos críos y a mí me enseñó Rogelio, un vecinu de aquí de Llerices”, señala Miguel mientras afina un cencerro que le acaban de traer. A la puerta de su taller, que se da un aire a las cabañas del puertu, Larrea lo machaca ayudado de un martillo con el que va dándole una serie de golpes. Suaves y certeros. Hasta conseguir que suene como es debido. “Vas dandoi a un lau y al otru y ves donde mejora y donde empeora el sonido. Entonces quitas donde empeora y das donde mejora”.

Miguel comprueba un cencerro. FOTO: J. CASO


 
Este afinador de cencerros explica que venían “sin preparar” de fábrica. Y aunque ahora apenas le llegan, es en esta época del año, a las puertas de que las vacas pongan rumbo al puertu, cuando siempre tuvo más faena. “Machaqué muchos, muchísimos lloqueros”. Miguel recuerda años en los que llegó a afinar “hasta 300”. Asegura que se trata de una labor que exige tener buen oído. Preparar uno puede llevarle desde quince minutos a una hora. “Tou depende de que coja el sonidu que yo quiera”. Y eso, reconoce Miguel, va a depender de dos cosas: de un lado la calidad del cencerro. Por el otro el afinador tiene que acertar, algo que no siempre se consigue, añade.


Cada cencerro, explica Miguel, “suena diferente”. De ahí que para un pastor o ganadero sea muy importante distinguirlos cuando sus reses están en el puerto. “Así puedes localizarles les tus vaques”, apunta este cangués, quien reconoce que eso es algo que no todo el mundo sabe hacer. “Yo conocía todos los cencerros del pueblu perfectamente, pero había vecinos que no distinguían ni los suyos”. ¿Y cuándo suena bien un cencerro? Pues cuando “aleja”. O lo que es lo mismo cuando suena desde bien lejos. Porque puede llegar a sonar a varios kilómetros de distancia. Este vecino de Llerices recuerda cómo en algunas ocasiones, dependiendo de la dirección y de la fuerza del viento, cuando se encontraba en los invernales situados por encima de su pueblo, cerca de la Cruz de Priena, era capaz de escuchar los cencerros de sus vacas. Y eso que en ese momento se encontraban pastando en Les Llaceries, por encima de Covadonga, a varios kilómetros de Llerices.

Miguel hace sonar un lloqueru. FOTO: J. CASO



Según detalla Miguel Larrea esa es una cualidad que ya se percibe en el momento de su afinado. Sentado en un tayuelu coge un cencerro al que acaba de darle varios golpes con el martillo y lo hace sonar casi a ras de suelo. “Si se ahoga abaju ya no suena porque tien que sonar igual que arriba. Si no la jodimos”, explica.  Normalmente con varios golpes se afina un cencerro, sobre todo ahora que “vienen mejor preparaos”. Aunque a veces con eso no bastaba. Había que recortarlos e incluso hacerles algún agujero para que sonaran mejor. En ocasiones también es necesario cambiarles el mayuelu o badajo. “De fábrica vienen con uno de hierro pero no valen. El mayuelu tien que estar hechu con la punta del asta de una vaca”, explica Miguel Larrea. Y aunque añade que algunos son de madera de texu, reconoce que suenan mejor “los hechos de asta”. Como buen artesano Larrea también sabe preparar mayuelos. Cuando están listos los coloca en el interior del cencerro y lo sujeta con una correa de cuero. Pero el trabajo no se acaba ahí. Es necesario un mantenimiento. Según Larrea “cada ciertu tiempu hay que cambiar les correes porque se estropean, se desgastan o se pierden”.

Apenas a cinco días de que se abran de nuevo los pastos del Parque Nacional de los Picos de Europa, las vacas andan por los praos de valles como el del río Güeña. O ya en los invernales más cercanos a la Montaña de Covadonga. Pero, muy pronto, las veremos, y las oiremos ir y venir por vegas, camperas y xerros. Será entonces, cuando al ritmo de sus cencerros, volverán a llenar de música el Cornión, como en Cangas de Onís se conoce al Macizo Occidental de los Picos de Europa.


martes, 15 de abril de 2014

Enrique Herreros: el artista que contempló las estrellas desde lo más alto del Picu Urriellu

La obra que el pintor y montañero madrileño dedicó a los Picos de Europa ya pueden contemplarse en Carreña de Cabrales en el museo que lleva su nombre

Vista exterior de la Casa Bárcena, sede del museo. FOTO: J. CASO

El Naranjo de Bulnes, pintado por Enrique Herreros. REPRODUCCIÓN J. CASO


Por Javier G. Caso

En esta Asturias de la museitis el Museo Enrique Herreros en los Picos de Europa, que acaba de abrir sus puertas en Cabrales, merece mucho la pena. Nos da la oportunidad de acercarnos a la obra de uno de los artistas que más pintó los Picos de Europa, un macizo montañoso que, por su faceta montañera, Enrique Herreros conocía como la palma de su mano. A la vez nos permite descubrir a un personaje fallecido hace la friolera de 37 años en un accidente de automóvil en Áliva cuando, precisamente, se disponía a iniciar una ruta de montaña por el Macizo Central de los Picos de Europa. Sin embargo, pese al tiempo transcurrido desde su fallecimiento, la inauguración de su museo ha dejado patente la talla de un personaje como Enrique Herreros, así como la importancia de su propia obra pictórica.

 Ubicado en la Casa Bárcena de Carreña de Cabrales e inaugurado el pasado 30 de marzo, estamos ante un equipamiento cultural en el que podrá contemplarse toda la obra artística, unos 81 cuadros, que Herreros dedicó a los Picos de Europa, así como una treintena de dibujos que, bajo el epígrafe Amor a la montaña, aunan dos de las facetas, las de humorista gráfico y montañero, de este personaje polifacético. Porque Enrique Herreros, además de pintor, fue también cartelista de cine, director cinematográfico, publicista, escritor…Hasta el próximo mes de septiembre permanecerán expuestas en Carreña, más o menos, la mitad de los fondos del museo que lleva su nombre. La otra mitad podrá contemplarse dentro de seis meses cuando se renueve la actual exposición. De esta forma, y aunque la temática sea la misma, la visita al museo será distinta porque permitirá disfrutar de obras no expuestas hasta ese momento. 


Cara Sur de la Peña Santa de Castilla. REPRODUCCIÓN J. CASO

Muchos de esos cuadros, hasta una quincena en total, tienen como protagonista a una cumbre como la del Naranjo de Bulnes, una montaña mítica con la que Herreros mantuvo una relación muy especial a lo largo de su dilatada trayectoria como montañero y escalador. También como artista. Hasta tal punto fue así que José Luis Garci afirma que Enrique Herreros “descubrió, antes que nadie, las tonalidades de esa Moby Dick irreal, violeta al amanecer, naranja al irse el sol por el Este, como en los westerns”. La de Garci es una de las firmas, junto a las de Rogelio Blanco, Diego Carcedo, Pedro Páramo, Nati Mistral, César Pérez de Tudela, Gonzalo Suárez, Juan Antonio y Maria Porto, Juan Manuel de Prada, Peridis o Javier Rioyo, que aparecen en el catálogo editado por el Ayuntamiento de Cabrales y la Fundación Enrique Herreros con motivo de la apertura del Museo Enrique Herreros en los Picos de Europa. 


Portada del catálogo del museo. FOTO: J. CASO


No faltan en la publicación textos del propio Herreros, algunos de ellos, cómo no, dedicados al Naranjo de Bulnes. Algunos explican bien a las claras el por qué de su particular idilio con esta singular montaña. “No hay exageración, el Picu es la roca máxima de nuestra accidentada orografía. La noche que pasé en su cumbre, fue una noche fantasmal y única, donde la sombra y los claros de luna se oponían en gigantescos contrastes de un desmesurado y vigoroso Rembrandt. Noche donde el silencio tenía tal categoría y magnitud que hasta una tormenta cuyas nubes coronaban la lejana Peña Vieja, era sorda y solo ofrecía cegadoras luces. Yo me imaginaba sobre un trono omnipresente y que todo estaba compuesto para mi deleitoso asombro…” 

Con estas palabras, que dejó por escrito en un artículo titulado Las llaves de la pared Sur del Naranjo de Bulnes, describió Enrique Herreros (Madrid, 1903- Áliva, 1977) aquella noche mágica que pasó junto a Félix Candela y Roberto Cuñat en lo más alto del Picu Urriellu un 8 de agosto de 1933. Aquella no fue una noche al raso cualquiera. Herreros y sus compañeros de cordada se convirtieron en los primeros escaladores que hacían noche en esta cima del Macizo Central de los Picos de Europa, algo que les permitió ingresar en la historia alpinística del Naranjo de Bulnes. 
Sotres nevado. REPRODUCCIÓN J. CASO


Pero en el museo habilitado en la Casa Bárcena de Carreña no solo será posible acercarse a la pintura de Herreros. En la planta baja hay toda una sala dedicada a la Cueva de Covaciella, descubierta de forma casual en 1994 durante las obras de ampliación de la carretera AS-114, a la altura de Las Estazadas y que supone uno de los últimos y más importantes hallazgos del arte rupestre en la comarca del Oriente asturiano. El equipamiento museístico incluye una réplica a tamaño real del panel de la Covaciella donde destacan varios bisontes, que desde el primer momento destacaron sobre todo por su magnífico estado de conservación. El hecho de que se trate de una cueva no abierta al público da aún más valor a esta réplica que desde el 30 de marzo se puede visitar en Carreña y a la que complementan varios paneles interactivos que permiten al visitante observar con todo lujo de detalles las pinturas rupestres de Covaciella.

Dibujo titulado "Y lo hacen por gusto". REPRODUCION J. CASO


Con todo lo importante que ha sido para Cabrales conseguir abrir al público el Museo Enrique Herreros, ahora queda consolidarlo de cara al futuro. El mismo día de su inauguración se hicieron propuestas para que a lo largo del año se organicen distintas actividades que tengan como protagonistas otras facetas de la vida de Herreros, tales como las películas que dirigió o sus carteles de cine. Sin dejar de apostar por ello, tampoco estaría de más que este museo, el primero que se abre en un municipio del entorno del Parque Nacional de los Picos de Europa, pueda llegar a convertirse en un equipamiento al que se puedan ir incorporando obras de arte de otros artistas, tanto pintura, como escultura o fotografía, siempre con los Picos como protagonistas. Si las cosas se hacen bien este museo está llamado a convertirse en un recurso turístico de primera tanto para Cabrales como para el resto de la comarca oriental de Asturias.