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domingo, 11 de octubre de 2020
sábado, 6 de octubre de 2018
Cangas de Onís luce a la acuarela
La capital canguesa acoge su encuentro de acuarelistas con 107 participantes en una cita que alcanza rango internacional
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| Uno de los participantes, pintando esta mañana el Puente Romano. FOTO: JAVIER G. CASO |
Por Javier G. Caso
Serán pocos los rincones de la capital canguesa que a lo largo de este fin de semana no vayan a aparecer en alguna de las muchas obras que hasta mañana pintarán los participantes en el III Encuentro de Acuarelistas de Cangas de Onís, que este año alcanza rango internacional y que organiza la siempre entusiasta Gemma García Villaverde.
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| Varios participante pintan a la altura del trampolín. FOTO: J. G. C. |
La verdad es que daba gusto darse una vuelta esta mañana por la ciudad y contemplar tantos caballetes desplegados y a tantos artistas pintando. Hasta 107 acuarelistas, según datos de la organización; algunos llegados desde Argentina o Canadá como Atanur Dogan, fundador y presidente de la Sociedad Internacional de la Acuarela, quien además impartió una "master classs" en la Casa de Cultura canguesa, se han desplazado este fin de semana hasta Cangas de Onís. El grueso de los acuarelistas se concentraron en la mecedura de los ríos Güeña y Sella. Y entre lo más pintado, cómo no, el Puentón. Fue la de hoy una jornada de pintura de temática libre. Mañana habrá un concurso con un tema único bajo el título "barrrios de Cangas de Onís". En paralelo, además, habrá un mercado del arte. Será el broche de oro a un fin de semana en el que el arte inundó Cangas de Onís de la mano de la acuarela.
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| Acuarelistas en la mecedura del Sella y el Güeña. FOTO: J. G. C. |
Etiquetas:
acuarela,
acuarelistas,
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Puentón,
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Sociedad Internacional de la Acuarela (IWS)
miércoles, 24 de febrero de 2016
Enraizados con la historia local
El escritor y naturalista Ignacio Abella publica "Árboles de Junta y Concejo. Las raíces de la comunidad"
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| Portada del último trabajo de Ignacio Abella. FOTO: J. CASO |
La publicación permite conocer unos árboles emblemáticos, en muchos casos centenarios, y tan queridos como maltratados
Por JAVIER G. CASO
En estos
tiempos de Internet, de redes sociales y relaciones virtuales, hay
quien como Ignacio Abella centra su atención en aquellos árboles
que, durante siglos y siglos, fueron testigos del devenir diario de
las comunidades locales hasta el punto de llegar a convertirse, en
muchos, en verdaderos símbolos o tótems. Los mismos bajo los que
muchos pueblos se reunían para tratar, discutir y acordar todos
aquellos asuntos que los concernían.
Editado
por Libros del Jata, el nuevo trabajo del naturalista y escritor
Ignacio Abella lleva, precisamente, por título "Árboles de Junta y
Concejo. Las raíces de la comunidad". Hablamos de unos árboles que
fueron testigos mudos de la historia local. Por sus páginas desfilan
robles, texos, olmos... Son más de un centenar los árboles citados
en este libro, repartidos por la práctica totalidad de las
comunidades autónomas españolas, de Portugal, nuestro vecino
peninsular, así como de otros países europeos como Francia, Italia
o Bélgica. No faltan tampoco menciones y referencias a otras partes
del mundo. Y es que la figura del árbol de la palabra está muy
presente en todo el planeta, asegura Abella. Desde la península
arábiga al continente africano, América Central y del Sur o
Australia. El objetivo del libro es recoger la memoria de todos esos
árboles bajo cuyo ramaje se tomaron todo tipo de decisiones en el
ámbito local o, como mucho comarcal. En concejo público o junta.
Unas reuniones que tienen lugar desde tiempos inmemoriales, desde
mucho antes que existieran las casas consistoriales o los juzgados.
Asegura Abella que su libro es algo así como “un catálogo o
inventario de la memoria, una crónica de la relación entre los
seres humanos y los árboles”.
Afincado
en Asturias desde hace más de 25 años, Ignacio Abella inició sus
trabajos de campo, sus estudios, acerca de los árboles de concejo
allá por 1990. Muchos de los reseñados en su libro son árboles que
se reparten por distintos pueblos, aldeas y rincones del Principado
de Asturias, una región que, asegura el escritor, conserva muy viva
la memoria de esos árboles de reunión y comunidad, de hecho aún
hay gente mayor que recuerda perfectamente haber asistido a estos
concejos. Así nos habla de árboles como el desaparecido texu de
Seloriu (Villaviciosa) o el rebollo de Bermiego, caído en abril de
2014, de la texona de Bermiego, los texos de Mier, Melendreros o
Santibáñez. O los tres texos de Abamia. De ellos, el más grande y
antiguo, con más de 400 años de historia, es el que se asienta más
cerca de la iglesia románica de Santa Eulalia de Abamia, en la que
según la tradición fue enterrado el rey Pelayo. La iglesia se
levanta en un lugar que albergó enterramientos en tiempos
prehistóricos, un dolmen del que se conserva una única pieza, una
losa u ortostato que se expone en el Museo Arqueológico Nacional, si
bien Cangas de Onís existe una reproducción de esa piedra decorada
con lo que se denominó como el ídolo de Abamia. Quien
sabe si los texos que rodean el lugar donde se levantó el dolmen son
herederos de otros árboles anteriores que allí pudieron existir ya
desde tiempos prehistóricos y bajo los que ya se reunirían quienes
entonces habitaban el valle del Güeña.
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| Vista del texu principal de Abamia, junto a la iglesia románica. FOTO: J. CASO |
Pero
estos árboles que, en su día jugaron un papel capital y que eran
territorio “de la identidad, lo afectivo y natural, de los vivido y
lo experimentado”, como escribe Ignacio Abella han ido perdiendo
utilidad. Llegaron los ayuntamientos y fueron acabando con aquel
sistema asambleario celebrado en campo abierto y bajo la copa de
estos arbolones. Además,
y aunque resulte paradójico, en las páginas de su libro Abella da
cuenta del maltrato sufrido por muchos de estos árboles totémicos,
a causa de un mal entendido urbanismo que se ha llevado por delante
sus entornos, los lugares en los que se levantan. Obras como las
ejecutadas en Abamia, con zanjas que cercenaron las raíces de los
tejos. O en Vidiago, donde su tejo agónico no ha podido recuperarse
cuando años atrás echaron alquitrán a su alrededor. Hasta el mismo
tronco. Sin dejarle un mínimo alcorque.
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| Zanjas que afectaron a las raíces de los texos de Abamia. FOTO: J. C. |
De esos ataques no se libra
ni el árbol de Guernica como relata Abella. Han sido varios los
ejemplares de roble que allí se levantaron desde el árbol viejo al
proclamado como árbol del siglo XXI, si bien “la progresión de la
longevidad viene siendo asombrosamente descendente, desde los 150
años del árbol viejo, a los 43 del nuevo y una década para el
penúltimo”. Y es que como bien apunta Abella, mientras el tronco
del árbol más antiguo es tratado y está expuesto como una
reliquia, a los árboles de Guernica vivos de ese mismo linaje “se
les somete a una incesante tortura. ¿Aprenderán las futuras
generaciones a convivir con viejos árboles? ¿Durará el árbol del
siglo XXI siquiera lo que queda de siglo?
Aunque
más allá de recuperar su memoria, el libro tiene mucho de elegía,
de oración fúnebre por esos árboles de concejo ya desaparecidos,
Abella no deja de reivindicarlos e invita a plantar nuevos ejemplares
por los pueblos. Con independencia de que los hubiera habido o no.
Este escritor y naturalista está convencido de que, con el tiempo,
el nuevo árbol “acabará reuniéndonos”. Y es que además de
reivindicar la figura del árbol de junta o concejo, Abella también
defiende la necesidad de recuperar este tipo de reuniones “como
espacios de soberanía local”.
Finalmente
la publicación concluye con una nueva llamada a concejo para
completar la memoria, incompleta como casi todas, de estos árboles.
Por eso Abella solicita que quien lo desee le remita cualquier
testimonio e información acerca de otros ejemplares que no están
incluidos en su publicación y que también jugaron ese papel de
centros de reunión. Con ese objeto el libro incluye un cuestionario
que, junto a imágenes, se puede remitir a arboldejunta@gmail.com
incluyendo datos como una breve reseña del árbol en cuestión y sus
funciones, datos del informante, documentación, relatos de la
tradición...Así, al igual que sus raíces sustentaban a estos
árboles de la palabra, la Red también puede jugar un papel
importante a la hora de ir sumando nuevos testimonios relativos a
estos árboles
viernes, 3 de enero de 2014
Una hemeroteca en un horru
Pepillo Remis atesora una amplia colección de periódicos regionales con noticias de Onís y los concejos vecinos
| Pepillo muestra algunos de sus periódicos. FOTO: J. CASO |
JAVIER G. CASO
La hemeroteca de Onís no está alojada en ninguna biblioteca, ni se custodia en un archivo al uso. Está alojada en un hórreo de Beniaencima, en la capital del concejo oniense. Y al frente de la misma está José Remis, Pepillo, como lo conoce todo el mundo. Fue en 1996 cuando este inquieto vecino de Benia decidió ir guardando todas y cada una de las noticias que la prensa asturiana publicara sobre Onís y sus municipios vecinos. Aquí de localismos, nada. Y así, hasta hoy. Pero es que además, conforme la colección de periódicos iba creciendo y creciendo, a Pepillo le han ido entregando nuevos lotes de periódicos mucho más antiguos.
En su hórreo conserva ejemplares de publicaciones locales editadas en su municipio allá por las primeras décadas de la pasada centuria, como El Candil del hogar, el semanario parroquial que se publicaba en Onís allá por 1919. O El aceite para el candil, semanario republicano de Onís y, evidentemente, rival del anterior, del que Pepillo atesora ejemplares de 1913. Uno de sus placeres, asegura el propio Remis, es sentarse en el despacho que ha improvisado en su hórreo y leer estos viejos periódicos. Lo mismo le pasa con los ejemplares del semanario cangués El Auseva de los años 50 y 60 del siglo pasado que también forman parte de su particular hemeroteca. Otro lote interesante son un buen número de ejemplares del desaparecido diario Región. Son de la década de los 70 y dan cuenta de una Asturias en plena transición.
Es Pepillo un archivero celoso de su trabajo, no en vano gusta de quedarse con tres ejemplares de cada periódico de un mismo día. De esta forma archiva por un lado cada noticia que le interesa, por otro las fotos. Y por último guarda las páginas y los periódicos completos, a modo de triple copia de seguridad. Ese material, las noticias y las fotografías, lo va archivando por meses y por años. Por otra parte los periódicos completos los guarda en cajas que, a estas alturas, ocupan casi todo el hórreo.
¿Y cómo consigue Pepillo Remis los fondos que compone su hemeroteca? Pues de una forma tan sencilla como efectiva. Desde 1996 reparte los periódicos en Benia de Onís. Y lo hace a la vez que recoge los del día anterior una leídos por los vecinos a los que se les llevó. Y buenos mosqueos que se pilla cuando a alguno se le olvida guardarle el periódico o bien a ese vecino se le ocurre quedárselo porque aparezca alguna noticia que le interese.
Pero además de archivero oficioso de Onís, Pepillo cumple una segunda misión importantísima. Gracias a las redes sociales, con más de 1.500 amigos en facebook, y al correo electrónico, mantiene contacto con multitud de personas del concejo de Onís que residen fuera de su tierra natal, ya sea en otras regiones españolas o en el extranjero. A todos ellos les envía a diario fotos y vídeos de las actividades que se organizan en su concejo. De esta forma, estos onienses de la diáspora se mantienen informados puntualmente del acontecer diario de su municipio. Por si fuera poco, de un tiempo a esta parte, envía fotos de actividades culturales, de procesiones y de fiestas, a los periódicos regionales. Y fotos de paisajes para la sección del tiempo de la TPA. Y todo ello, de forma desinteresada, lo que da más valor aún a la labor de Pepillo. En su hórreo, de momento, aún queda sitio para seguir ampliando los fondos de su colección de periódicos. Sin embargo, no estaría de más que el Ayuntamiento de Onís le ofreciera algún localín para guardar esta hemeroteca que, poco a poco, se ha ido convirtiendo en toda una referencia a la hora de conocer la historia más reciente de este municipio del valle del Güeña.
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