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domingo, 11 de octubre de 2020

Se nos fue Uca Mallén

 

Uca, entre Marga y Celsín, en un día grande San Antoniu. Foto cedida por M. Cimentada


Una canguesa siempre dispuesta a colaborar con les fiestes de San Antoniu


Cangas de Onís, 9 de octubre de 2020

Por Javier G. Caso


Iniciamos esta semana con el fallecimiento de otra persona conocida y apreciada: Matilde Mallén Herrero, a la que todos conocimos como Uca Mallén. Su figura ya fue recordada días atrás en la prensa escrita regional con sendos artículos de Guillermo Fernández Buergo en las páginas de El Comercio y de J. M. Carbajal en La Nueva España. Ambos la conocían bien. En el caso de Guillermo fue compañero de Uca en la redacción del desaparecido semanario llanisco El Oriente de Asturias.

¡Qué decir de Uca! La conozco desde críu, de cuando ella venía desde Llanes a visitar a sus tías, Eloísa y Josefina Herrero, mis vecinas de edificio en el entonces número 1 de la calle del Hotel, la actual calle Bernabé Pendás de Cangas de Onís.

Nosotros vivíamos en el tercer piso y las hermanas Herrero, les ties de Uca, justo debajo, en el segundo cuyas ventanas, como las nuestras, daban a la parte de atrás del ayuntamiento. Con Eloísa y Josefina pasaban temporadas los padres de Uca, Pilar y José María, su hermana Tere y su hermano Jose Mari, químico y que venía desde Francia a donde emigró siendo muy joven. Aunque llevaba más de medio siglo viviendo en Llanes donde se había casado, Uca era y se sentía muy, pero que muy canguesa, concejo en el que había nacido en 1936, en plena Guerra Civil. Uca venía por Cangas cuando podía; cuando la traían en coche algunos amigos o sus hijas, Varenka y Alejandra. Eran siempre visitas más cortas de lo que a ella le hubieran gustado. Para Uca era obligado, sobre todo, visitar el cementeriu de Cangues d´Arriba y la capilla de San Antoniu por el que sentía mucha devoción. Uca ejemplificaba a esos cangueses que, viviendo fuera, casi siempre venía por Cangues el día grande de San Antoniu. Y si por trabajo no podía ser por la mañana, para asistir a misa y a la procesión, entonces venía por la tarde a hacerle una visitina a su “San Antonín del alma” como ella le llamaba.

Uca, que fue correctora de textos del semanario llanisco El Oriente de Asturias, en el que además escribió durante años la sección El rincón femenino, era colaboradora asidua de la revista de San Antoniu. Casi siempre firmaba sus artículos como Ana Sierra de la Pedrera, su seudónimo. En sus textos conversaba de tú a tú con San Antoniu. Unas veces le agradecía al santo sus favores, mientras que otras le recriminaba que no le hiciera caso. Además, y en confianza, también le hacía mención a su fama de ser un santu peseteru a la hora de conceder alguna gracia. Y en medio de esas conversaciones, Ana Sierra de la Pedrera nos iba informando de todas las cosas que habían sucedido por Cangas de Onís a lo largo del año previo a las fiestas: obras, fallecimientos, la vida política local, recuerdos de antaño... Son las suyas unas crónicas de lo más interesantes y que también nos permiten recordar rincones y edificios cangueses, así como personajes locales que ya no están entre nosotros como Evaristo el barrenderu. Uca casi siempre se refiere al río Güeña como el ríu Chicu de Cangues, en contraposición con el Sella, un topónimo local que ahora apenas se usa, al menos entre los más jóvenes.

Muchas de las anécdotas e historias canguesas que Uca recogía en sus artículos se las había contado su tía Eloísa, una mujer que era muy graciosa. Hace unos días cuando supe de su fallecimiento, comenté en las redes sociales que, con su muerte, nos habíamos quedado sin una gran pregonera de San Antoniu. Sin embargo, nuestra amiga común Marga Cimentada, me sacó del error enseguida al recordarme que Uca Mallén sí había sido pregonera de nuestras fiestas patronales. De hecho leyó su pregón en 1994 desde el mismísimo balcón del ayuntamiento. Habrá que buscarlo porque tuvo que ser un discurso magnífico. También me recordaba Marga, quien durante muchos años formó parte de la comisión organizadora de la fiestas de San Antoniu, lo mucho que había que bregar con Uca todos los años hasta conseguir convencerla de que les mandara su artículo para la revista, de hecho hubo ocasiones, siempre por cuestiones personales que la desanimaban, que no lo publicó. Luego cuando, al año siguiente, enviaba su texto, siempre disculpaba su ausencia con esa gracia que la caracterizaba. Uca era muy buena gente. Educada, saludadora, gran conversadora y, como ya he dicho, una canguesa de pura cepa. No hay más que ver como terminaba el artículo que escribió para el libro de las fiestas de San Antonio en 1994: “...Y aunque no mi hagas casu, seguiré pidiéndoti esto y lo otro, pero sobre tou, que protejas a esti Cangas de mi alma que, a pesar de estar lejos, recórrolu todos los días con el pensamientu y quiérolu cada vez más”. Hasta siempre, Uca. Y ten presente que cuando pasemos por la capillina de San Antoniu, vamos a acordanos muchu de ti.




sábado, 6 de octubre de 2018

Cangas de Onís luce a la acuarela

La capital canguesa acoge su  encuentro de acuarelistas con 107 participantes en una cita que alcanza rango internacional

Uno de los participantes, pintando esta mañana el Puente Romano. FOTO: JAVIER G. CASO


Por Javier G. Caso

Serán pocos los rincones de la capital canguesa que a lo largo de este fin de semana no vayan a aparecer en alguna de las muchas obras que hasta mañana pintarán los participantes en el III Encuentro de Acuarelistas de Cangas de Onís, que este año alcanza rango internacional y que organiza la siempre entusiasta Gemma García Villaverde.

Varios participante pintan a la altura del trampolín. FOTO: J. G. C.


La verdad es que daba gusto darse una vuelta esta mañana por la ciudad y contemplar tantos caballetes desplegados y a tantos artistas pintando. Hasta 107 acuarelistas, según datos de la organización; algunos llegados desde Argentina o Canadá como Atanur Dogan, fundador y presidente de la Sociedad Internacional de la Acuarela, quien además impartió una "master classs" en la Casa de Cultura canguesa, se han desplazado este fin de semana hasta Cangas de Onís. El grueso de los acuarelistas se concentraron en la mecedura de los ríos Güeña y Sella. Y entre lo más pintado, cómo no, el Puentón. Fue la de hoy una jornada de pintura de temática libre. Mañana habrá un concurso con un tema único bajo el título "barrrios de Cangas de Onís". En paralelo, además, habrá un mercado del arte. Será el broche de oro a un fin de semana en el que el arte inundó Cangas de Onís de la mano de la acuarela. 

Acuarelistas en la mecedura del Sella y el Güeña. FOTO: J. G. C.





miércoles, 24 de febrero de 2016

Enraizados con la historia local

El escritor y naturalista Ignacio Abella publica "Árboles de Junta y Concejo. Las raíces de la comunidad"
 
Portada del último trabajo de Ignacio Abella. FOTO: J. CASO

La publicación permite conocer unos árboles emblemáticos, en muchos casos centenarios, y  tan queridos como maltratados

Por JAVIER G. CASO

En estos tiempos de Internet, de redes sociales y relaciones virtuales, hay quien como Ignacio Abella centra su atención en aquellos árboles que, durante siglos y siglos, fueron testigos del devenir diario de las comunidades locales hasta el punto de llegar a convertirse, en muchos, en verdaderos símbolos o tótems. Los mismos bajo los que muchos pueblos se reunían para tratar, discutir y acordar todos aquellos asuntos que los concernían.

Editado por Libros del Jata, el nuevo trabajo del naturalista y escritor Ignacio Abella lleva, precisamente, por título "Árboles de Junta y Concejo. Las raíces de la comunidad". Hablamos de unos árboles que fueron testigos mudos de la historia local. Por sus páginas desfilan robles, texos, olmos... Son más de un centenar los árboles citados en este libro, repartidos por la práctica totalidad de las comunidades autónomas españolas, de Portugal, nuestro vecino peninsular, así como de otros países europeos como Francia, Italia o Bélgica. No faltan tampoco menciones y referencias a otras partes del mundo. Y es que la figura del árbol de la palabra está muy presente en todo el planeta, asegura Abella. Desde la península arábiga al continente africano, América Central y del Sur o Australia. El objetivo del libro es recoger la memoria de todos esos árboles bajo cuyo ramaje se tomaron todo tipo de decisiones en el ámbito local o, como mucho comarcal. En concejo público o junta. Unas reuniones que tienen lugar desde tiempos inmemoriales, desde mucho antes que existieran las casas consistoriales o los juzgados. Asegura Abella que su libro es algo así como “un catálogo o inventario de la memoria, una crónica de la relación entre los seres humanos y los árboles”.

Afincado en Asturias desde hace más de 25 años, Ignacio Abella inició sus trabajos de campo, sus estudios, acerca de los árboles de concejo allá por 1990. Muchos de los reseñados en su libro son árboles que se reparten por distintos pueblos, aldeas y rincones del Principado de Asturias, una región que, asegura el escritor, conserva muy viva la memoria de esos árboles de reunión y comunidad, de hecho aún hay gente mayor que recuerda perfectamente haber asistido a estos concejos. Así nos habla de árboles como el desaparecido texu de Seloriu (Villaviciosa) o el rebollo de Bermiego, caído en abril de 2014, de la texona de Bermiego, los texos de Mier, Melendreros o Santibáñez. O los tres texos de Abamia. De ellos, el más grande y antiguo, con más de 400 años de historia, es el que se asienta más cerca de la iglesia románica de Santa Eulalia de Abamia, en la que según la tradición fue enterrado el rey Pelayo. La iglesia se levanta en un lugar que albergó enterramientos en tiempos prehistóricos, un dolmen del que se conserva una única pieza, una losa u ortostato que se expone en el Museo Arqueológico Nacional, si bien Cangas de Onís existe una reproducción de esa piedra decorada con lo que se denominó como el ídolo de Abamia. Quien sabe si los texos que rodean el lugar donde se levantó el dolmen son herederos de otros árboles anteriores que allí pudieron existir ya desde tiempos prehistóricos y bajo los que ya se reunirían quienes entonces habitaban el valle del Güeña

Vista del texu principal de Abamia, junto a la iglesia románica. FOTO: J. CASO
 
Pero estos árboles que, en su día jugaron un papel capital y que eran territorio “de la identidad, lo afectivo y natural, de los vivido y lo experimentado”, como escribe Ignacio Abella han ido perdiendo utilidad. Llegaron los ayuntamientos y fueron acabando con aquel sistema asambleario celebrado en campo abierto y bajo la copa de estos arbolones. Además, y aunque resulte paradójico, en las páginas de su libro Abella da cuenta del maltrato sufrido por muchos de estos árboles totémicos, a causa de un mal entendido urbanismo que se ha llevado por delante sus entornos, los lugares en los que se levantan. Obras como las ejecutadas en Abamia, con zanjas que cercenaron las raíces de los tejos. O en Vidiago, donde su tejo agónico no ha podido recuperarse cuando años atrás echaron alquitrán a su alrededor. Hasta el mismo tronco. Sin dejarle un mínimo alcorque.

Zanjas que afectaron a las raíces de los texos de Abamia. FOTO: J. C.


 De esos ataques no se libra ni el árbol de Guernica como relata Abella. Han sido varios los ejemplares de roble que allí se levantaron desde el árbol viejo al proclamado como árbol del siglo XXI, si bien “la progresión de la longevidad viene siendo asombrosamente descendente, desde los 150 años del árbol viejo, a los 43 del nuevo y una década para el penúltimo”. Y es que como bien apunta Abella, mientras el tronco del árbol más antiguo es tratado y está expuesto como una reliquia, a los árboles de Guernica vivos de ese mismo linaje “se les somete a una incesante tortura. ¿Aprenderán las futuras generaciones a convivir con viejos árboles? ¿Durará el árbol del siglo XXI siquiera lo que queda de siglo?

Aunque más allá de recuperar su memoria, el libro tiene mucho de elegía, de oración fúnebre por esos árboles de concejo ya desaparecidos, Abella no deja de reivindicarlos e invita a plantar nuevos ejemplares por los pueblos. Con independencia de que los hubiera habido o no. Este escritor y naturalista está convencido de que, con el tiempo, el nuevo árbol “acabará reuniéndonos”. Y es que además de reivindicar la figura del árbol de junta o concejo, Abella también defiende la necesidad de recuperar este tipo de reuniones “como espacios de soberanía local”.

Finalmente la publicación concluye con una nueva llamada a concejo para completar la memoria, incompleta como casi todas, de estos árboles. Por eso Abella solicita que quien lo desee le remita cualquier testimonio e información acerca de otros ejemplares que no están incluidos en su publicación y que también jugaron ese papel de centros de reunión. Con ese objeto el libro incluye un cuestionario que, junto a imágenes, se puede remitir a arboldejunta@gmail.com incluyendo datos como una breve reseña del árbol en cuestión y sus funciones, datos del informante, documentación, relatos de la tradición...Así, al igual que sus raíces sustentaban a estos árboles de la palabra, la Red también puede jugar un papel importante a la hora de ir sumando nuevos testimonios relativos a estos árboles





viernes, 3 de enero de 2014

Una hemeroteca en un horru

Pepillo Remis atesora una amplia colección de periódicos regionales con noticias de Onís y los concejos vecinos

  
Pepillo muestra algunos de sus periódicos. FOTO: J. CASO



 JAVIER G. CASO

La hemeroteca de Onís no está alojada en ninguna biblioteca, ni se custodia en un archivo al uso. Está alojada en un hórreo de Beniaencima, en la capital del concejo oniense. Y al frente de la misma está José Remis, Pepillo, como lo conoce todo el mundo. Fue en 1996 cuando este inquieto vecino de Benia decidió ir guardando todas y cada una de las noticias que la prensa asturiana publicara sobre Onís y sus municipios vecinos. Aquí de localismos, nada. Y así, hasta hoy. Pero es que además, conforme la colección de periódicos iba creciendo y creciendo, a Pepillo le han ido entregando nuevos lotes de periódicos mucho más antiguos.

En su hórreo conserva ejemplares de publicaciones locales editadas en su municipio allá por las primeras décadas de la pasada centuria, como El Candil del hogar, el semanario parroquial que se publicaba en Onís allá por 1919. O El aceite para el candil, semanario republicano de Onís y, evidentemente, rival del anterior, del que Pepillo atesora ejemplares de 1913.  Uno de sus placeres, asegura el propio Remis, es sentarse en el despacho que ha improvisado en su hórreo y leer estos viejos periódicos. Lo mismo le pasa con los ejemplares del semanario cangués El Auseva de los años 50 y 60 del siglo pasado que también forman parte de su particular hemeroteca. Otro lote interesante son un buen número de ejemplares del desaparecido diario Región. Son de la década de los 70 y dan cuenta de una Asturias en plena transición.

Es Pepillo un archivero celoso de su trabajo, no en vano gusta de quedarse con tres ejemplares de cada periódico de un mismo día. De esta forma archiva por un lado cada noticia que le interesa, por otro las fotos. Y por último guarda las páginas y los periódicos completos, a modo de triple copia de seguridad. Ese material, las noticias y las fotografías, lo va archivando por meses y por años. Por otra parte los periódicos completos los guarda en cajas que, a estas alturas, ocupan casi todo el hórreo.

¿Y cómo consigue Pepillo Remis los fondos que compone su hemeroteca? Pues de una forma tan sencilla como efectiva. Desde 1996 reparte los periódicos en Benia de Onís. Y lo hace a la vez que recoge los del día anterior una leídos por los vecinos a los que se les llevó. Y buenos mosqueos que se pilla cuando a alguno se le olvida guardarle el periódico o bien a ese vecino se le ocurre quedárselo porque aparezca alguna noticia que le interese.

Pero además de archivero oficioso de Onís, Pepillo cumple una segunda misión importantísima. Gracias a las redes sociales, con más de 1.500 amigos en facebook, y al correo electrónico, mantiene contacto con multitud de personas del concejo de Onís que residen fuera de su tierra natal, ya sea en otras regiones españolas o en el extranjero. A todos ellos les envía a diario fotos y vídeos de las actividades que se organizan en su concejo. De esta forma, estos onienses de la diáspora se mantienen informados puntualmente del acontecer diario de su municipio. Por si fuera poco, de un tiempo a esta parte, envía fotos de actividades culturales, de procesiones y de fiestas, a los periódicos regionales. Y fotos de paisajes para la sección del tiempo de la TPA. Y todo ello, de forma desinteresada, lo que da más valor aún a la labor de Pepillo. En su hórreo, de momento, aún queda sitio para seguir ampliando los fondos de su colección de periódicos. Sin embargo, no estaría de más que el Ayuntamiento de Onís le ofreciera algún localín para guardar esta hemeroteca que, poco a poco, se ha ido convirtiendo en toda una referencia a la hora de conocer la historia más reciente de este municipio del valle del Güeña.