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viernes, 6 de septiembre de 2024

Santi de la Vega, de Covadonga a Petra y de los Picos al Himalaya

 

Sus paisajes más próximos y otros que conoció en sus viajes protagonizan la mayoría de las instantáneas que componen “Arraigo”, la primera exposición monográfica del fotógrafo cangués


Santiago de la Vega, junto a su foto dedicada al Picu Uriellu e incluida en la exposición "Arraigo". FOTO J. G. CASO

Por Javier G. Caso

 Hablar de fotografía en Cangas de Onís en estos momentos, nos remite a nombres como José Allende Marcos, Pin, ganador de la sección Alpinismo en la edición XXIX del Memorial María Luisa, celebrada en 2019 con una fotografía titulada “Marble ice” y que realizó en Islandia. En aquella expedición, Pin estuvo acompañado por otro fotógrafo cangués, Santiago de la Vega, Santi, quien acaba de inaugurar esta tarde su primera exposición monográfica. Lleva por título “Arraigo” y puede visitarse en la Casa Municipal de Cultura de Cangas de Onís hasta el próximo 4 de octubre.




El Puentón de Cangas de Onís/ Cangues d´Onís, fotografiado por Santi de la Vega. FOTO: J. G. C.


 Se trata de una exposición compuesta por medio centenar de instantáneas. Elegirlas, nos confesaba Santi cuando lo entrevistamos para TPA Noticias, no fue una tarea sencilla. Tuvo que escogerlas entre las miles de fotos que atesora en una decena de discos duros. Un rápido vistazo a la muestra nos permite una primera conclusión: la montaña es el escenario favorito del fotógrafo cangués. Hay fotos de lugares tan dispares y lejanos como Los Picos de Europa, los Alpes y hasta la cordillera del Himalaya donde ha retratado cumbres tan emblemáticas como el mismísimo Everest. Y otro tanto ocurre con el paisanaje que puebla y protagoniza varias de las instantáneas. Aparecen elaboradores de queso gamonéu del valle como Alberto Martínez, de la quesería Priena, de Corao o Juan Sobrecueva. La foto de este quesero es la protagonista del cartel de la propia exposición y de todas las expuestas, ésta es la favorita de Santi de la Vega, como él mismo nos reconocía esta mañana mientras terminaba de montar “Arraigo”. En la muestra también aparecen pastores de la Montaña de Covadonga como Antonio Fernández, “Antonín, el de Gumartini”. Pero también hay alguno de Extremo Oriente, del remoto Kirguistán, que aparece a caballo acompañando a un rebaño de yaks. Santi, que ha viajado lo suyo, también nos muestra lugares tan singulares como la mítica Petra, o una cueva de Islandia. Algunas fotos muestran algunos de nuestros monumentos más emblemáticos, como el Puente Romano de Cangas de Onís, el Puentón, que además da nombre al barrio en el que se crió el propio De la Vega. O la basílica de Covadonga, protagonista también de una foto única, la de la aurora boreal que el fotógrafo cangués logró captar con su cámara el pasado mes de mayo, tanto en el Santuario de la Santina como en Los Lagos de Covadonga. De Los Picos de Europa hay una amplia muestra de fotografías, entre ellas una del Picu Urriellu, la cumbre más emblemática del Parque Nacional. Algunas de esas fotos son nocturnas. Hay muchas instantáneas más, también las utilizadas en los carteles anunciadores de varios de los documentales del director Alex Galán, con quien Santi de la Vega colabora como responsable de foto fija. Pero lo mejor, desde luego, es acercarse hasta la Casa de Cultura canguesa y disfrutarlas.















miércoles, 5 de noviembre de 2014

Quesería Priena: el gamonéu sin prisas

Alberto Martínez, de Corao, en Cangas de Onís, lleva siete años como quesero de la variedad del valle y una de sus piezas fue elegida por el jurado como la mejor del último Certamen del Queso Gamonéu celebrado en Benia de Onís

El quesero Alberto Martínez maneja la cuajada para moldear un queso. FOTO: JAVIER G. CASO

POR JAVIER G. CASO

 

El queso no entiende de prisas. Menos aún si uno tiene entre manos la elaboración de quesos de una variedad tan afamada como el gamonéu. En este caso hay que tratarlo con mimo, como le gusta decir al cangués Alberto Martínez, vecino de Corao y titular de la Quesería Priena. Pese a una trayectoria relativamente corta como quesero, y sin antecedentes familiares en el oficio, Martínez es ya un elaborador reconocido y laureado, no en vano acumula seis primeros premios en la variedad de gamonéu del valle, tres y tres, logrados en los últimos años entre el Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa de Cangas de Onís y el Certamen del Queso Gamonéu. Precisamente en la última edición de este último, celebrada el 26 de octubre en Benia de Onís, Alberto Martínez se llevaba no sólo el primer premio como elaborador de gamonéu del valle, sino que además el jurado reconoció la pieza premiada como la mejor de todo el concurso, superando incluso a los quesos del puertu, algo que no suele suceder de forma habitual.

Alberto corta un queso ante un cliente en el último certamen de Benia. FOTO: J. CASO


En su quesería de Corao Alberto Martínez procesa cada dos días unos 140 litros de leche, mezcla de vaca, oveja y, sobre todo, cabra. El protagonismo de esta última variedad de leche es, sin duda alguna, su gran apuesta, algo que se puede constatar si tenemos en cuenta que en la pieza premiada en Benia, el porcentaje de leche de cabra era del 45% del total. El resto de la materia primera la componían un 35% de leche de vaca y un 20% de oveja, tal y como detalló en su crónica del certamen el periodista de El Comercio, Guillermo Fernández Buergo. Alberto Martínez obtiene la leche para sus quesos de su propio ganado: cinco vacas de raza parda alpina, un rebaño de cuarenta ovejas y otro compuesto por una treintena de cabras, si bien tiene claro que, en cuanto pueda, ampliará este número para que la leche de cabra gane aún más presencia en sus quesos, con todo lo que ello supone respecto a sus características organolécticas. 

 Algunos días Alberto elabora hasta cinco piezas en una mañana. El día que EL AUSEVA DIGITAL lo visitó en su quesería fueron tres, una de ellas de nada más y nada menos que siete kilos de peso. La rutina es la de todos los días. A primera hora hay que echar a cuajar la leche ordeñada el día anterior. Hacia las once y media de la mañana, y cuando la cuajada ya está lista, este quesero de Corao procede a cortarla con una lira en un primer momento, para luego seguir con una garcilla hasta ir deshaciendo y desgranando la cuajada. Este quesero de Corao lo hace de forma pausada mientras, a la vez, va retirando el suero. Así hasta que dar con el grano que busca y que será el que dé a sus quesos la textura que busca. Llegado a este punto, toca empezar a moldear sus quesos. Como la suya no está totalmente seca, Alberto rellena los moldes de cuajada de manera generosa y aunque al principio sobresale mucho por encima, irá bajando conforme acabe de desuerar. Dos días después será el momento de sacar el queso del molde y durante ese tiempo se aprovecha para darle sal, primero por una casa y doce hora después por la otra.

La cuajada ya en el molde del que saldrá el queso. FOTO: J. CASO


 Con los quesos ya fuera del molde llega el momento de trasladarlos al ahumadero, una sala contigua a la quesería dónde Alberto los deja entre 15 días y un mes. Este quesero cangués ahuma sus piezas con madera de fresnu y, una vez finalizado este proceso, luego los sube a madurar a la Cueva de Teón, en la Montaña de Covadonga, dentro del Parque Nacional de los Picos de Europa.

Uno de los quesos de Alberto Martínez, ya en la sala de ahumado. FOTO: J. CASO

Piezas de la Quesería Priena expuestas en  Benia. FOTO: J. CASO
 



jueves, 30 de octubre de 2014

Multitudinario y exitoso certamen del queso de gamonéu

El alto volumen de ventas y la subasta de la mejor pieza en 1.900 euros marcaron la fiesta anual del gamonéu celebrada en Benia de Onís

Covadonga Fernández, ganadora en la variedad del puertu, con una cuña de gamonéu en la mano lista para entregar a un cliente. FOTO: J. CASO
 POR JAVIER G. CASO

Benia de Onís acogió el pasado domingo la trigésimo quinta edición del certamen del queso gamonéu. El de este año será recordado, sin duda, como el más multitudinario de los últimos años. Hizo un día fantástico en todos los sentidos. Con mucho sol e incluso calor en algunos momentos, lo que invitaba a salir de casa y eso fue lo que hizo que hasta Benia se desplazaran varios cientos de personas en busca de la joya gastronómica del Cornión o Macizo Occidental de los Picos de Europa.

Pero lo mejor de todo fue, sin duda, que ese público llegó hasta la capital de Onís con ganas de probar y, sobre todo, de comprar queso gamonéu. Por eso al final de la mañana la mayoría de los quince queseros presentes en el certamen habían logrado acabar con el género. Y eso que alguno acudió a Benia con más de 150 kilos de gamonéu de los que ninguno de ellos volvió para casa. En total fueron unos 1.150 kilos los que todos los queseros pusieron a la venta, de los 480 eran de la variedad del puertu y el resto del valle. De la primera no falló ninguno de los cuatro pastores queseros que aún aguantan en los puertos de Onís y de Cangas de Onís y que elaboran queso acogidos a la Denominación de Origen Protegida (DOP) gamonéu. Como ya pasó en la capital canguesa el día del Pilar en el marco del Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa, el primer premio en esta variedad fue para la quesera de Gumartini Covadonga Fernández. Y de las once queserías del valle ese primer premio se lo llevó Alberto Martínez, de la quesería Priena, que repitió la victoria del año en este mismo certamen.

Alberto Martínez, ganador en la variedad del valle y elaborador del mejor queso del concurso. FOTO: J. CASO

El jurado eligió a este queso como el mejor del certamen. FOTO: J.CASO

Pero Martínez no solo triunfó entre los queseros del valle, ya que la pieza con la que concursó fue elegida como la mejor de todo el certamen, lo que demuestra que no sólo se hace buen queso de gamonéu en el puertu. Su pieza salió a subasta en una puja que, ésta sí, colmó las expectativas creadas. Es verdad que no se llegó a los 3.000 euros que se pagaron en agosto por el mejor queso de Cabrales, pero la del domingo en Benia fue una subasta de lo más animada. Ejerció de pujador el mismísimo alcalde de Onís, José Manuel Abeledo, a quien solo le faltó el mazo para darse a un aire a los subastadores de la Casa Sotheby´s.

Seis de los siete pujadores que participaron en la subasta. FOTO: J. CASO

Aunque como en toda subasta al final sólo uno podía llevarse el disputado queso campeón, lo cierto es que no queda otra que reconocer que los siete pujadores que entraron en liza se implicaron hasta el final. Persiguieron el queso y eso contribuyó a darle vistosidad y emoción a un acto, la subasta, que se realizaba por primera vez. La pieza, con un peso de 6 kilos y 500 gramos, salió en 500 euros, cantidad que subió de 50 en 50 euros hasta los 1.900 euros finales que ofertó el Hotel María Manuela de Benia de Onís y que nadie osó superar. Hasta 28 pujas hicieron falta para que Román García consiguiera hacerse con la pieza ganadora y llevársela para su establecimiento para disfrute de sus clientes. Es sin duda el queso de gamonéu más caro de la historia, ya que salió nada más y nada menos que a 292 euros el kilo.

Román García, del Hotel María Manuela recoge el queso, tras ganar la subasta. FOTO: J. CASO

Otro de los momentos más emotivos de la mañana fue, desde luego, la entrega del premio Gamonéu de Oro a José Antonio González Gutiérrez, precisamente la persona que creó e instituyó este galardón durante su etapa como alcalde de Onís, un período de 24 años en los que José Antonio, conocido de forma cariñosa como Toño, hizo crecer y consolidó el certamen del queso gamonéu, nacido unos años antes de que llegase a la alcaldía. Desde luego si el certamen ha llegado hasta donde ha llegado en la actualidad, eso es mérito de José Antonio González, quien en estos años se afanó por enriquecerlo, darle contenidos y por atraer a pregoneros de postín como sucedió cuando trajo a Benia al que fuera entonces ex ministro de Defensa, José Bono, dos años antes de que el castellano manchego llegase a la presidencia del Congreso de los Diputados. En su discurso José Antonio no se olvidó de alcaldes de la comarca ya fallecidos y que siempre acudían al certamen como José Antonio Muñiz, de Ponga, Arturo Coro, de Cabrales, Ángel García, de Amieva o Manuel Millán García, de Parres.

José Antonio González agradecio el gamonéu de oro con un discurso. FOTO: J. CASO
 
Pero a González, quien llegó a mostrar al público un folleto del primer certamen del gamonéu que le tocó organizar, también se le quiso reconocer por lo mucho que luchó a la hora de conseguir que el queso gamonéu obtuviera en 2003 una marca de calidad como la Denominación de Origen Protegida (DOP). Además en su gestión quesera también hay que subrayar la consecución de las cabañas queserías de Belbín en Onís, construidas a la par que las de Gumartini, en Cangas de Onís, con Alfredo García como alcalde. Alejado de la vida política, Toño no acaba de despegarse del queso de gamonéu y no hay certamen, feria o mercado quesero en la comarca en el que no se deje ver con su cámara Canon para hacer fotos, unas instantáneas de gran calidad y en las que gusta mostrar las distintas texturas y tonos que ofrecen las distintas piezas. Y en cuanto tiene ocasión tampoco deja de denunciar los fraudes que sufre el gamonéu y que pueden verse en algunos mercados.

Cándido Asprón,elaborador de Belbín, vendiendo queso del puertu. FOTO: J. CASO
Si hablamos de precios no hubo cambios respecto al certamen del Pilar. En Benia el gamonéu del puertu se vendió, y bien, en 38 euros el kilo, el mismo precio de los últimos años. Del valle siete queserías vendieron a 24 euros el kilo, un elaborador lo hizo a 25 euros y cuatro lo hicieron a 30 euros. Lo mejor fue eso, que lo vendieron casi todo. Entre los clientes, satisfacción. Aunque no faltó quien comentara que que le hubiera gustado degustar y adquirir queso más maduro. Pero bueno, en la variedad está el gusto y por lo que se vendió no se puede negar que el gamonéu triunfó de nuevo, un año más, en Benia de Onís.


domingo, 12 de octubre de 2014

74 Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa

Las joyas gastronómicas de la comarca de Picos brillaron de nuevo en Cangas de Onís el día del Pilar

Los 33 elaboradores de Cabrales, Gamonéu, Beyos y Bejes- Tresviso, pusieron a la venta más de 2 toneladas de queso

Los mejores quesos de cada una de las variedades, expuestos tras el fallo del jurado. FOTO: J. CASO

 POR JAVIER G. CASO

Como es habitual, desde 1997 de forma ininterrumpida, la plaza del Ayuntamiento de Cangas de Onís acogió el Día del Pilar la celebración del 74 Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa. En esta ocasión concurrieron al certamen treinta y tres elaboradores, catorce de ellos de la variedad Gamonéu, una decena del valle y los cuatro que aún lo elaboran en el puertu. A ellos se sumaron una docena de queseros de Cabrales, tres de Beyos y cuatro del queso picón Bejes- Tresviso, un queso que cuenta con su propia Denominación de Origen Protegida (DOP) y que por primera vez competía en este histórico concurso quesero que el próximo año festejará sus Bodas de Platino.

El queso picón Bejes- Tresviso Concursó por primera vez. FOTO: J. CASO


Unos y otros elaboradores pusieron a la venta más de 2.200 kilos de queso, más de la mitad de ellos de Gamonéu, y que al final de la mañana se habían vendido en su mayor parte a las centenares de personas que visitaron Cangas para asistir tanto a su certamen quesero como a la Feria de la Miel del Oriente de Asturias, en la que tomaron parte dieciséis participantes.

Las ventas estuvieron animadas a lo largo de toda la mañana en el recinto de la plaza del ayuntamiento. FOTO: J. CASO


Si hablamos de precios no hubo grandes novedades. La miel se vendió a 7 euros el kilo, el precio oficial fijado por la organización. En cuanto a los quesos, el más caro volvió a ser el Gamonéu del puertu. Se nota que estamos en una coyuntura de crisis porque se mantuvo en el mismo precio de los últimos años: los 38 euros el kilo. Del Cabrales se vieron distintos precios. Mientras que el más convencional se vendía a 20 euros el kilo, las piezas que se han dado en llamar Cabrales Gran Reserva, unos quesos con largas maduraciones que pueden alargarse hasta los ocho, los nueve e incluso los diez meses, salieron a la venta en 35 euros el kilo. El Gamonéu del Valle se vendió en su mayor parte en 24 euros/kilo, tal y como habían acordado muchos de los elaboradores, si bien alguno de ellos optó por vender a 30 euros el kilo. Por lo que atañe al queso de los Beyos, su precio varió en función de la materia prima utilizada. Si se trataba de queso elaborado con leche de vaca, el kilo se vendía a 12 euros, un precio que se incrementaba hasta los 15 euros si los quesos eran de leche de cabra o de oveja, que los de los Beyos no son quesos en los que se mezclen distintos tipos de leche.  Por su parte los cuatro elaboradores del queso picón Bejes- Tresviso mantuvieron un precio unitario de 18 euros el kilo.

El jurado del concurso, en pleno proceso de cata y deliberación. FOTO: J. CASO


Las deliberaciones del jurado, que tuvieron lugar sobre una tribuna a la vista del público, fueron largas y se supone que arduas y difíciles. El fallo se retrasó y por eso los actos protocolarios comenzaron un poco más tarde del horario previsto. Al final, el primer premio en la variedad de queso de Cabrales fue para Ángel Díaz Herrero, vecino de Tielve, una localidad que sin duda alguna es la Meca del mejor Cabrales. Por su parte la Quesería La Collada, de Cirieñu (Amieva), se llevó el premio al mejor queso de los Beyos y Javier Campo fue reconocido como el mejor elaborador del picón Bejes- Tresviso. En cuanto al Gamonéu, el primer premio del puerto fue la quesera de Gumartini, y vecina de Intriago (Cangas de Onís), Covadonga Fernández. Su hija Graciela, titular de la quesería El Arbeyal, ganó el premio en la variedad del valle.

Los premiados en el concurso, junto a los pujadores de la subasta de las mejores piezas. FOTO: J. C


Tras la entrega de premios, tanto del certamen, como del concurso de pinchos al gamonéu, que organizaba la Cofradía de Amigos del Queso Gamonéu y que, por segundo año consecutivo se llevó Paz Ardines, del restaurante El Molín de la Pedrera, tuvo lugar uno de los actos más novedosos del concurso quesero cangués: la subasta, uno a uno, de las cuatro piezas ganadoras. Concurrieron cinco pujadores que representaban a dos restaurantes de Cangas de Onís: Casa Manuela y Los Arcos, otros dos de Ponga, Hotel Puente Vidosa y Casa Luciano, y un quinto de Parres: el Corral del Indianu que dirige José Antonio Campo Viejo.

Esta primera subasta contó con cinco pujadores de Cangas de Onís, Ponga y Parres. FOTO: J. CASO.


A pesar de la expectación creada y con cientos de personas atentos a todo cuanto acontecía, lo cierto es que la puja no resultó todo lo disputada que se podía esperar. Por eso ninguna de las piezas llegó, ni de lejos, hasta los 3.000 euros en los que se remató el mejor queso subastado en Arenas el pasado 31 de agosto en el marco del Certamen del Queso de Cabrales. De esta forma en Cangas, mientras el mejor queso de los Beyos se subastó en 400 euros y en 500 el de Cabrales, los de Gamonéu, primero el de los valles y por último el del puertu, compartieron precio final. Ambos fueron subastados, sin demasiada disputa entre los pujadores, en 600 euros. Todos los comienzos suelen ser modestos. Por eso es de esperar que tras esta primera subasta, la del año que viene, esté bastante animada, de manera que los mejores quesos de la que será la 75 edición del Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa, alcancen precios más elevados. También se podría estudiar, como apuntaron algunos de los asistentes a esta primera subasta, la posibilidad de subastar a la vez las cuatro piezas en un único lote formado por los mejores quesos elaborados en esta comarca de los Picos de Europa.

martes, 7 de octubre de 2014

Mi pregón del LXXIV Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa

Hablando del Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa, de su historia y de sus protagonistas, los quesos de Gamonéu, los Beyos y Cabrales, en el salón de actos del Ayuntamiento de Cangas de Onís

Un momento de la lectura del pregón. FOTO: ANDRÉS G. CARRETERO


Bajo estas líneas reproduzco íntegro el pregón del LXXIV Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa que tuve el honor de leer el pasado viernes en el salón de actos del Excelentísimo Ayuntamiento de Cangas de Onís y que quiero compartir con todos los que seguís EL AUSEVA DIGITAL.



PREGÓN SEPTUAGÉSIMO CUARTA (74) EDICIÓN CONCURSO EXPOSICIÓN DE QUESOS DE LOS PICOS DE EUROPA

Buenas tardes. Señor alcalde, concejales,  amigos todos.




Vaya por delante mi agradecimiento hacia los responsables de este Ayuntamiento de Cangas de Onís, en especial a su concejala de Cultura, Mari Fe Gómez, por haber pensado en mi y por haberme invitado a dar este pregón de unos actos que, un año más y por estas fechas de octubre, convierten a esta ciudad de Cangas de Onís en capital quesera de Asturias. Y ¿Por qué no decirlo? De toda España.

Superada la sorpresa y el susto inicial, acepté la invitación y aquí estamos; en este salón de actos de nuestra casa consistorial. Agradezco la asistencia de todos ustedes y apelo a su indulgencia ya que es la primera vez que voy a ejercer de pregonero. También quiero dar las gracias a Kennedy Trenzado, responsable del Archivo Municipal, a Pachu González Remis y a Paco Pantín, por su ayuda y la documentación que me facilitaron para preparar este pregón.

Tenemos por delante dos fines de semana cargados de actividades y de quesos, que arrancaron ya este miércoles con el concurso de pinchos al Gamonéu que organiza la Cofradía de Amigos de  nuestra joya gastronómica por excelencia. Y seguimos mañana y pasado, 4 y 5 de octubre, con la Feria Regional de Quesos, que este año cumplirá su undécima edición. 


He de decir que es este un acontecimiento que al principio me suscitó ciertas dudas. Sobre todo porque al celebrarse justo el fin de semana anterior al Día del Pilar, incluso tuvo lugar la víspera algún año, siempre pensé que la feria quedaba demasiado pegada al Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa. Por eso me preguntaba: ¿No sería mejor separar un poco ambos actos en el calendario?, siempre eso sí, dentro de esta época del año. Mi temor era que la feria pudiera empañar, o hacer de menos, a nuestro histórico certamen quesero abierto, como bien saben todos ustedes, a las variedades de Gamonéu, Cabrales y Beyos, los tres grandes quesos de la comarca asturiana de los Picos de Europa. A estas alturas está claro que la feria no ha dejado de crecer y de consolidarse año tras año: En 2013 concurrieron 32 elaboradores que representaban a muchos de los quesos de esta zona oriental de Asturias. Por eso, tras constatar que los queseros, sus principales protagonistas, están contentos en cuanto a las ventas, no me queda otra que aplaudir la idea de su puesta en marcha y desearle larga vida a esta Feria Regional de Quesos de Cangas de Onís. 

Pero lo que me motiva de este pregón es, sin duda alguna, hablar del Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa, dicen que el decano de cuantos concursos queseros se celebran en nuestro país. Alcanzará el próximo día 12 de octubre, Festividad de la Virgen del Pilar, su edición número 74, los mismos años que tiene mi padre si se me permite mencionar esta casualidad. Y el año que viene cumplirá sus Bodas de Platino. En cuanto a sus orígenes “en 1940 un entusiasta alcalde de esta pequeña gran ciudad creó una feria- concurso para fomentar el interés no sólo del productor, sino también del consumidor, acerca de los tres quesos trabajados en la comarca: Cabrales, Gamonedo y Los Veyos”, que de aquella se escribían con V. Vayan ustedes a saber por qué. Así se puede leer en un amplio artículo a dos páginas, ilustrado con varias fotos a todo color y publicado el 6 de noviembre de 1971, por el semanario Blanco y Negro, suplemento dominical del diario madrileño ABC. El titular del artículo decía así: “La Feria- Concurso de Cangas de Onís. Los quesos asturianos de montaña”. Aquel alcalde citado en el reportaje no era otro que Emilio Antonio González- Capitel, más conocido como Antón Capitel. 

Por mi trayectoria profesional han sido muy pocas las ocasiones en las que me he perdido el certamen quesero del Pilar. Es de esos días del año que para un periodista local, para un corresponsal, como es mi caso; si o si, toca trabajar. Aunque con gusto. Supongo que por el queso.   Además en 2006 tuve ocasión de informar de la histórica presentación de los primeros quesos de Gamonéu ya etiquetados, y contra etiquetados, al amparo de la Denominación de Origen Protegida.

Pero como cangués, y desde un plano más personal, este día, el del Pilar, el de la Feria de Otoño en Cangas, me trae muchos recuerdos. Echo la vista atrás y me veo de críu acompañando a mi padre a comprar queso. Íbamos aquí al lado, a los desaparecidos Jardines del Ayuntamiento. Porque de aquella el Concurso de Quesos de los Picos de Europa se celebraba en el soportal que recorre toda la fachada del antiguo internado femenino,  actual edificio multiusos que acoge desde el Hogar del Jubilado, a las oficinas de Incatur, la  Denominación de Origen Gamoneu, la empresa municipal de agua, la Escuela de Música, el INEM o la Recaudación. Entre columna y columna de ese alargado porche iban uno o dos puestos de venta de quesos de las tres variedades presentes en este concurso desde el primer día. En casa el Gamonéu siempre ha sido nuestro queso preferido y con mi padre, antes de que se decidiera por una u otra pieza, probábamos los quesos de, entre otros, Paulino Alonso o Artemio Asprón, dos insignes maestros del Gamonéu ahora jubilados después de toda una vida como pastores elaborando quesu en el puertu. Por lo general marchábamos para casa con una buena porción de Gamonéu. Si no te decidías por una cuña que ya estuviera sobre el mostrador, te abrían un queso. Lo probabas y apreciabas su corte y su aspecto. Y te decidías por uno con más o menos cardenillu. Eso ya es cuestión de gustos, supongo. Y te ibas contento y feliz porque te llevabas un verdadero manjar del que dábamos cuenta en unos pocos días. ¡Que pena cuando se acababa! Porque entonces no era tan fácil como ahora comprar queso de Gamonéu, que está presente en todos los comercios del ramo. De aquella sabías que, después del Pilar, ibas a pasar una buena temporada hasta que lo pudieras volver a degustar. En aquellos años aún no había pesas electrónicas ni digitales y, llevases lo que llevases, el queso se pesaba con la romana, una imagen preciosa, hoy casi desaparecida de ferias y mercados. Hacíamos lo que, en mayor o menor medida, hacían y siguen haciendo muchas familias de Cangas de Onís y de los concejos vecinos. Cumplir con la tradición de comprar algo de quesu el Día del Pilar.
 Eran aquellos unos certámenes que tenían entre su jurado a gente entendida en quesos de la sociedad local. Como los fallecidos Juan Casero, Leandro el de Intriago o Quilo el queseru. Pero  había otros que no eran de Cangas Era el caso del que fuera alcalde de Amieva, Ángel Collado, también fallecido hace años. El puesto de algunos de aquellos jueces que ya no están entre nosotros lo han ocupado sus hijos, como María Jesús o Berta, hijas de Quilo. O Leandrín y Federico, hijos de Leandro. Junto a ellos todavía hay veteranos que siguen como jurado en la actualidad. Es el caso de Luis Vega, de Corao. Otra persona que lleva muchos años como juez es Dionisio Cifuentes. Cuando yo era crío, y hasta no hace demasiados años, el jurado del concurso de quesos del Pilar se reunía a puerta cerrada a deliberar en una sala del internado. Hoy eso ha cambiado. Desde hace poco, y al igual que sucede en el certamen del Cabrales, esas deliberaciones se hacen ante el público, en la misma carpa donde tiene lugar la exposición y venta. Así los asistentes pueden ver a los miembros del jurado mientras huelen, prueban, saborean y evalúan los quesos presentados a concurso. Es una de esas estampas curiosas que llaman la atención. Por eso, como hice en su momento, vuelvo a aplaudir esa decisión de sacar al jurado de su encierro para que trabaje a la vista de todos los que acuden al certamen. 
 
En cuanto a los entresijos del concurso, según algunos datos que he podido consultar, en 1969 cada quesero entregaba una muestra “no inferior a 200 gramos de peso”, cantidad que ha ido en aumento con el paso de los años. Así, en 1972 los participantes tenían que entregar a la organización una muestra de no menos de 400 gramos para los quesos de Gamonéu y Cabrales. Si eran de los Beyos, media pieza. En la actualidad la muestra para el concurso es un queso de 2 kilos si hablamos de Cabrales y Gamonéu. Y dos piezas, que vienen a sumar unos 600 gramos, si es de queso de los Beyos. Los encargados de recoger las muestras siempre fueron los trabajadores municipales. Hay una preciosa fotografía de los años 60 en la que podemos ver cómo esa labor la hacía un policía municipal. De uniforme y todo. En aquella ocasión se trataba  de Manuel González Nicolás, Manolo el de Cuatro Caminos. Se le ve retirando una muestra de queso acompañado de un funcionario que tomaba nota. Y que no era otro que Juan Antonio Vega Díaz, Toño, quien años más tarde, entre 1983 y 1988 fue nuestro alcalde.
Respecto a su lugar de ubicación, en los últimos años bajo una gran carpa por lo que pueda pasar, sobre todo desde aquel gran chaparrón que cayó en el año 2000 y que deslució la fiesta, el Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa ha vuelto a celebrarse aquí, al lado del ayuntamiento. En la plaza. Según las hemerotecas desde 1997. Pero antes se celebraba en la Plaza del Mercau, delante de la guarnicionería de Gerardo, del bar de Candita y de la pescadería de Koype, tres negocios que ya no existen. Los queseros exponían su producto bajo unos toldos alargados donde se disponían los puestos. Mientras, en los soportales del Palaciu Pintu, coincidiendo con la Fiesta del Pilar, en el marco de la Feria de Otoño, cayera el día que fuese, se celebraba, al igual que ahora, un mercado. Un grandísimo mercado. Algunos años el segundo de la semana y mucho mejor que el de cualquier domingo aunque este hubiera tenido lugar la víspera del Pilar. Siempre con muchísimos puestos. De todo tipo. En esta época del año siempre se veían y se ven muchas avellanas y nueces, además de otros de productos de temporada.




Como me decía el otru día Chilín el confiteru, en el mercau del Día del Pilar nunca faltaban los charlatanes de feria, a los que recordaba de cuando era críu. En mi infancia también los había. Como los turroneros y algún otro. De todos ellos había uno que a los críos de Cangas nos llamaba mucho la atención. Era un paisano vestido de explorador africano, con su guerrera, sus pantalones cortos y tocado con el salacot, el típico sombrero propio de los safaris. Bajo una gran sombrilla vendía bolígrafos y rotuladores de la marca Carioca. Se hacía llamar, vayan ustedes a saber por qué, el Emperador del Bolígrafo y solo se dejaba ver por aquí el Día del Pilar. Con un micrófono colgado al cuello ofertaba a voz en grito lotes que iba componiendo con distintos tipos de bolis. Adornaba su puesto, supongo que para darse lustre, con fotos suyas rodeado de animales de la sabana africana, como serpientes, elefantes o leones. A la vista de unos críos como éramos nosotros, aquellas imágenes hacían aún más legendario a aquel vendedor ambulante que parecía un explorador de las pelis de Tarzán.

Un grupo de elaboradores, con sus quesos, en el Campu S. Antonio. FOTO: ARCHIVO PEPILLO REMIS


Cartel del LXXIII concurso del Pilar.


Lo que no sabía es que el Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa se había celebrado desde sus inicios, y hasta los años 70, en el Campu de San Antoniu. Me enteré en 2012 cuando el cartel anunciador del certamen, al igual que el de este año, se ilustró con una magnífica fotografía en la que se podía ver a multitud de gente a ambos lados de una mesa muy larga, llena hasta arriba de quesu de Gamonéu, a la sombra de los roblones de Cangas de Arriba y con la capilla de San Antoniu al fondo. Y es que el certamen se hacía a la vez, y en el mismo sitio que la Feria de Ganados de Otoño, que durante mucho tiempo incluyó un concurso ganadero. Con el paso de los años, y hasta la actualidad, el certamen quesero fue ganando protagonismo y, si bien, pudo nacer como complemento a la feria, lo cierto es que a la postre acabó convirtiéndose, sin duda alguna, en el acto estrella del Día del Pilar en Cangas. Pero sus inicios fueron modestos en aquellos años de la posguerra.
En 1942 la corporación canguesa remitía el 22 de octubre una nota de gratitud a la Diputación Provincial después de que esta le hubiera concedido una subvención de 1.000 pesetas para sufragar los premios tanto del concurso de sementales como del de quesos “fabricados en los puertos” en sus tres modalidades: Cabrales, Gamoneu y Beyos. En 1953, según un folleto informativo editado por el ayuntamiento, sabemos que en el concurso de quesos se entregaron 1.550 pesetas en premios, una cantidad muy por debajo de lo que se repartió en el concurso de ganados. Los ganadores en las modalidades de Gamoneu y Cabrales se llevaron 250 pesetas, 50 más que el mejor elaborador de los Beyos. Entonces los premios se daban a lotes “mínimos” de cinco quesos cada uno. En 1969 los premios en metálico  ya sumaron  5.250 pesetas y el ganador de cada variedad, esta vez sin distingos, se llevó 1.000 pesetas y un trofeo. El presupuesto para premios no dejó de incrementarse y así, al menos entre 1972 y 1974, cuando ya había dejado de organizarse el concurso de ganados,  en el de quesos se repartieron 19.500 pesetas en metálico, con un primer premio de 3.500 pesetas y trofeo para las tres variedades. En la actualidad el presupuesto para premios se eleva hasta los 2.000 euros, además de varios trofeos.
Y si esa partida presupuestaria se incrementó con el paso de los años, qué decir del precio de los quesos. A primera hora de la mañana, y antes de iniciar las ventas, son los elaboradores participantes en el concurso quienes, desde siempre, reunidos en corrillo fijan los precios a los que venderán su producto. Si en lo que atañe al Cabrales o al Beyos, no suele haber diferencias entre los productores de una u otra variedad, en el caso del Gamonéu nunca, o casi nunca, hubo un precio único. Antes de la llegada de la Denominación de Origen Protegida, cuando hablábamos de Gamonéu de Onís y de Cangas, siempre este último se vendió algo más caro, aunque fueran veinte duros. 


 
Mi primera crónica del certamen para La Voz de Asturias.



Así era en 1996 cuando escribí mi primera crónica de la feria del Pilar para LA VOZ DE ASTURIAS. Aún no había llegado el euro y el Gamonéu de Cangas se vendió a 3.300 pesetas y a 3.200 el de Onís. Aquel año el precio del kilo de queso de Cabrales era de 2.000 pesetas. Y de 1.600 para  el de los Beyos. Sí hubo al menos dos años, 1999 y 2000, en los que tanto el Gamonéu de Cangas como el de Onís se vendieron al mismo precio: 3.500 pesetas el kilo. Desde que está la Denominación de Origen Protegida allá por 2003, hablamos de Gamonéu del Puertu y del Valle.  También con precios diferentes, desde luego. A ver qué pasa este año porque en 2013 el primero de ellos alcanzó el precio récord de 38 euros el kilo, mientras que el del Valle se vendió con un amplio abanico de precios que iban desde los 20 a los 30 euros. Por su parte el Cabrales se puso a la venta a 20 euros y a 15 el de los Beyos. En total, de las tres variedades, los 39 elaboradores participantes el año pasado pusieron a la venta nada más y nada menos que 4.200 kilos de queso. O lo que es lo mismo más de 4 toneladas. Como siempre, lo vendieron casi todo. Para el próximo día 12 hay inscritos 39 elaboradores.

 La gran novedad de esta edición número 74 del Concurso Exposición de los Picos de Europa será que, por primera vez, podrán concursar los elaboradores de queso picón Bejes-Tresviso, que cuenta con su propia Denominación de Origen Protegida y se elabora en la parte cántabra del Macizo Oriental de los Picos de Europa.

Ventana en la que curabasus quesos de Los Beyos mi abuela María en Sames. FOTO: J. C.
 


 Y qué decir de los tres grandes protagonistas de nuestro histórico concurso: los quesos de Cabrales, Beyos y Gamonéu, de los que me declaro fiel devoto. Por distintas razones. Del queso de los Beyos no sólo porque me encanta. También porque eran los quesinos que mi abuela María, nacida en la aldea beyusca de Rubriellos, dejaba secar, airearse y madurar en una ventana situada en la escalera del desván de su casa de Sames. O los que comíamos cuando parábamos en Covarcil, en el desfiladero de los Beyos, en el bar de Josefa. O los de Leonides, de Vega de Cien. Se sigue elaborando en muchos domicilios de Amieva, Ponga y Sajambre, pero los que están en el circuito comercial son los que salen de las queserías de Amieva: la de la Collada, en Cirieñu, que llevan Salva y Aurora; la de Pregondón, de Carlos y Ani, hija del inolvidable Jaime Álvarez y la de La Fresneda. Las tres  han conseguido un producto de gran calidad y un sabor muy uniforme, un queso suave que además de estar buenísimo, por su pequeño tamaño es ideal para regalar en cualquier ocasión, porque oye, regalaste un quesu. Y quedas muy bien. Al de Los Beyos, además de asentar de una vez por todas su marca de calidad, su Indicación Geográfica Protegida (IGP), que aún no dispone de contra etiquetas oficiales, solo le falta una mayor promoción y que en los concejos del Alto Sella se vayan abriendo más pequeñas queserías que dinamicen la economía local. Además la única que había en Ponga, la de Pilar en Viegu, cerró no hace mucho y la de Sajambre funciona de forma intermitente.

Salva y Aurora, elaborando queso de Beyos. FOTO: J. C



Quesos de los Beyos durante su secado. FOTO: J. C



Al Cabrales le he ido cogiendo el gusto con el paso de los años y es el queso favorito de Rosi, mi mujer. La apuesta por la calidad que han llevado a cabo los elaboradores cabraliegos en los últimos años, con el apoyo de los técnicos de esta Denominación de Origen Protegida, está fuera de toda duda y eso ha elevado al más conocido de los quesos asturianos hasta el más alto nivel de toda su historia. Atrás han quedado, por fin, aquellas leyendas urbanas que hablaban de gusanos o quesos madurados entre cuchu. En el artículo del Blanco y Negro ya mencionado antes se decía que eran las hojas en las que se envolvían por entonces los quesos de Cabrales, una envoltura nada higiénica todo hay que decirlo,  las que al pudrirse, aportaban a este queso, no su  olor, sino su “hedor característico”, tal y como dejó escrito el autor de aquella crónica.

Queso de Cabrales, en un puesto del mercado de Cangas de Onís. FOTO: J. C



Todo eso ha quedado atrás. En la actualidad hay elaboradores que han ido en busca de la máxima calidad. Por eso han apostado por lo que algunos ya han bautizado como los Cabrales  Pata Negra o Reserva: Quesos elaborados con una o tres leches y que, muy vigilados y atendidos, se dejan madurar durante muchos meses a la sombra de la caliza de los Picos de Europa. Hasta 7 o incluso 11 meses permanecen esos quesos escogidos en cuevas como la del Teyedu o Peña Maín. Son unos quesos excepcionales y por lo tanto alcanzan un precio superior al Cabrales más convencional, lo que redunda en mayores ingresos para quienes los elaboran.

Quesos de Cabrales, madurando en la Cueva del Cares. FOTO: J. C.
 
Piezas de Cabrales ya etiquetadas. FOTO: J. C.


En mi modesta opinión, la de alguien que no es un entendido en quesos, pero que ha escrito bastantes artículos sobre los que se elaboran en esta comarca, ampliar los tiempos de maduración hasta los seis meses o más antes de sacar a la venta su producto, es una senda por la que deberían decidirse a transitar sin miedo los elaboradores de queso Gamonéu. Tanto los del puertu como los del Valle. De hecho ya hay alguno que apunta en esa dirección. Este es un asunto sobre el que he hablado en multitud de ocasiones con personas como mi buen amigo Bertu. Es cierto que poner en marcha una quesería como las que se dedican a producir Gamonéu del Valle es una inversión alta y que los créditos y las letras hay que pagarlas todos los meses. Por eso, y porque es verdad que se lo quitan de las manos, a los elaboradores no les queda otra que vender el queso en cuanto el reglamento de la DOP se lo permite. A partir de los dos meses de maduración. O todo lo más con cuatro. Pero no es menos cierto, que de cada lote que se elabora, se puede apartar un número limitado de piezas, siempre escogidas, para afinarlas y dejarlas madurar con mimo durante más tiempo. Estoy convencido de que por ahí, al igual que con el Cabrales, también se llegaría al Gamonéu Gran Reserva, máxime cuando además los queseros disponen de un sitio como Cueva Oscura, una gruta natural cuyas condiciones para la maduración de quesos siempre han sido calificadas como excelentes por todos los expertos. 
 
Quesos de Gamonéu del Valle, madurando en Cueva Oscura. FOTO: J. C.
Animo, pues, a nuestros queseros, a dar pasos en esa dirección que no serviría más que para ampliar la gran calidad con la que ya cuenta el Gamonéu, un grandísimo queso, mi favorito sin duda alguna, aunque menos conocido que el Cabrales. Y es verdad que en el puertu el número de queseros ha caído en picado y sólo hay cuatro elaboradores en la actualidad haciendo queso en Fana, Belbín y Gumartini; pero en el Valle hay nada menos que 16 queserías en funcionamiento con todo lo que eso supone para la economía local. 
Vista general de la majada de Belbín, en el puertu de Onís. FOTO: J. C.


Cándido Asprón atiende sus quesos de Gamonéu del puertu en la cueva de Belbín. FOTO: J. C.



Por eso no me queda otra que reivindicar el máximo apoyo de las administraciones hacia todos los que se dedican a elaborar estos tres grandes quesos. Acondicionar accesos rodados a las cuevas de maduración, por qué no incluso a alguna majada, esté o no dentro del Parque Nacional, permitir la construcción de nuevas queserías dentro de este espacio protegido o perseguir el fraude, que también lo hay, son cuestiones en las que hay que insistir. También en lo que se refiere a los necesarios controles de población del lobo. Porque sin reciella, que aporta una materia prima fundamental, no hay leche para nuestros quesos. “Los auténticos dueños de los Picos de Europa son los pastores, y esto condiciona cualquier política” No son palabras mías. No. Qué más quisiera. Son del fallecido e ilustre profesor de la Universidad de Oviedo, el cangués Don José Miguel Caso González, e incluidas en el pregón que leyó el 12 de octubre de 1991 aquí, en Cangas de Onís, con motivo del Concurso- Exposición de Quesos de los Picos de Europa. Por eso, y porque muchos de los problemas que sufrían y sufren nuestros pastores-queseros y el resto de elaboradores siguen ahí, la Administración tiene que estar a la altura. La elaboración de quesos, y más cuando hablamos de productos gourmet como el Gamonéu, el Cabrales o el Beyos, es una alternativa económica para nuestros concejos que debe ser apoyada al máximo, sobre todo cuando no dejamos de lamentar la sangría de población y abandono que sufre el Medio Rural asturiano. Por eso hago mías también las palabras de alguien como Jaime Izquierdo, quien hace años ya afirmó que, en los Picos de Europa, “el desarrollo nos lo den con queso”. Porque ahí está el futuro de nuestros jóvenes queseros.

Gumartini y, en primer término, una cuña de Gamonéu del puertu. FOTO. J. C.

Tampoco quería finalizar este pregón sin dejar de mencionar la Feria de la Miel del Oriente de Asturias, que también se celebra en Cangas el día del Pilar y que este año cumplirá 28 ediciones. Es otro certamen pionero, ya consolidado sin duda y que rinde homenaje a una actividad tradicional como es la apicultura. Algún año hubo hasta 26 participantes. Este serán 17. A diferencia de los quesos, en la feria de la miel es la organización la que fija un precio oficial: en 2013 fue de 7 euros para los botes de un kilo y de cuatro euros para los de medio.


Muchísimas gracias por su atención. Espero no haberlos aburrido. Ya sólo me queda desearles que disfruten del amplio programa de actos previsto. Y si, mañana en la Feria o el Día del Pilar, compran algo de queso, disfrútenlo y buen provecho. Y que acuda mucho público.




En Cangas de Onís, a 3 de octubre de 2014.




Javier González Caso. Periodista.