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domingo, 19 de enero de 2025

San Antón, en Seisón de la Vega

 

Crónica de una fiesta patronal con misa, pincheo, música tradicional y chocolate con churros


Asistentes a la misa en honor a San Antón. Foto: J.G.Caso




Salida de la celebración religiosa. FOTO: J. G. C.

 Por Javier G. Caso:


Al caer por semana el 17 de enero, que fue el viernes, la festividad de San Antón, en algunos pueblos donde lo veneran y festejan, como en Inguanzo ( Cabrales) o Villaverde (Amieva), en Asturias, o en Sesión de la Vega, en León, optaron por celebrarlo este sábado.

    La de esta localidad leonesa del municipio de San Cristóbal de la Polantera, que no llega a los diez habitantes, fue un festejo sencillo, con pocos asistentes, pero auténtico y prestoso. A las doce del mediodía hubo misa en la ermita del santo en un interior a cero grados. Asistieron algo más de una veintena de personas quienes, a la salida de la celebración religiosa, en un día soleado y de cielo azul, bromeaban con el cura acerca de la conveniencia de haber celebrado la misa al sol por más que en enero caliente poco. La campana de la ermita sonó en varias ocasiones a lo largo del día, una de ellas momentos antes del pincheo que la junta vecinal ofreció a los asistentes en las antiguas escuelas. Este mismo local, ya a media tarde, albergó la actuación del Grupo Trébole, trío integrado por Eva Frade, Sonia y Raquel Ordóñez, con un repertorio a base de música tradicional leonesa. Su actuación estuvo de lo más animada y no faltaron quienes se animaron a bailar varias de las piezas que interpretaron.

    Al número musical siguió una chocolatada popular en la misma escuela que puso colofón al festejo de San Antonio Abad. Un chocolate caliente acompañado de churros que agradecieron los presentes en una tarde con el mercurio en descenso imparable hasta las temperaturas bajo que se registraron ya de noche.  









martes, 23 de enero de 2018

San Antón en Siña

Los vecinos de Villaverde, en Amieva, participaron en  la misa y la tradicional bendición de animales
El párroco de Amieva, Alejandro González, bendiciendo a algunos de los animales que sus dueños llevaron hasta Siña. FOTO: JAVIER G. CASO

POR JAVIER G. CASO

La sangría demográfica del medio rural es lo que tiene. En los pueblos cada vez queda menos gente. Por eso, a la hora de festejar al patrón, hay que hacerlo en fin de semana, independientemente de la fecha del santoral. Es la única forma de garantizar un festejo concurrido. Y así lo han hecho este fin de semana en Villaverde, en Amieva. San Antón Abad fue el miércoles, 17 de enero; pero lo han celebrado este domingo en una capilla de Siña que se quedó pequeña.


Interior de la ermita de Siña. FOTO: J. G. CASO

Hasta allí llegó un buen número de vecinos, además de familiares y amigos que por semana residen fuera de Villaverde y de Amieva. Los vecinos acudieron con animales domésticos: algún caballo, un asno, un conejo, una oveja, cabritos, corderinos y dos xatos. También hubo algún perro y hasta un gato que venía en una jaula. ¡Ah! y un remolque llenu de coinos. Todos los animales recibieron la bendición y el agua bendita de manos de Don Alejandro, el párroco de Amieva. En un concejo en el que lobo campa a sus anchas, con continuos ataques al ganado. Uno de los dos terneros que se bendijeron aún conserva las heridas provocadas hace un mes por las dentelladas del lobo; de ahí que su dueño, el ganadero de Pen, Toni González, decidiera llevarlo hasta Siña para ponerlo bajo la protección de San Antón Abad, patrón de los animales. Otro tanto pasó con un corderín que, tal y como relató su dueño, Isaac Rivero, nació vivo de milagro tras el ataque de otro lobo que había dejado herida a su madre. Sus dueños temían que abortara, pero finalmente el cordero nació sano y  lo llevaron a bendecir.


Bendición de dos xatos. FOTO: J. G. C.



Uno de los corderos que se bendijeron. FOTO: J. G. C.
Las imágenes de San Antón y San Antonio, en la capilla de Siña. FOTO: J. G. C.
El sacerdote arrojó el agua bendita con una hoja de laurel. FOTO: J. G. C


El tiempo acompañó en una jornada soleada y de cielos azules en la que desde Siña se podía contemplar una estampa preciosa del Macizo Occidental de los Picos de Europa, del Cornión, cubierto de nieve. Fue una  misa de lo más animada aunque finalmente no hubiera ni coro ni gaitero como estaba previsto. A su conclusión, y antes de iniciar la bendición, el cura agasajó a los asistentes con bollos de chocolate y de chorizu, así como con velas conmemorativas para los mayores y unos peluches para los críos. Tras bendecir el sacerdote a todos y cada uno de los animales lanzándoles el agua bendita con la ayuda de una rama de laurel, todo el público posó para una foto de familia, inmortalizando una jornada festiva a la que se unió, por primera vez, un grupo de vecinos y vecinas de Llanera, quienes prometieron volver el año que viene ya acompañados de sus mascotas.

Vista del Cornión, el macizo occidental de los Picos de Europa. FOTO: J. G. C.

Argolibiu, Cien y al fondo el Cornión, desde Siña. FOTO: J. G. C.

Todos los asistentes posaron juntas tras la misa. FOTO: J. G. C.
Orgullosos de su capilla, que restauraron hace años justo antes de recuperar la fiesta, los vecinos contaban alguna que otra historia en torno a San Antón. La imagen actual que se venera en Siña fue tallada hará más de veinte años por Pepe, el de Pilar, un vecino de Villaverde a partir de una foto de la imagen original que algún sinvergüenza se había llevado de la capilla. “Sacolu exactu” apuntaba un vecino en referencia a la pieza tallada por Pepe que preside el retablo de la ermita de Siña. En este rincón de Amieva San Antón Abad comparte altar con su tocayo San Antonio de Padua, al que los vecinos festejan, ya no el 13 de junio, sino en pleno mes de julio. La fiesta concluyó en Villaverde con una comida de hermandad en la que no faltó una estupenda borona.





domingo, 16 de febrero de 2014

La escuela de Corao Castiellu: lo primero salvarla, luego ya la catalogaremos


Adosada a la capilla del Santo Ángel de esta localidad canguesa, el inmueble corre el riesgo de venirse abajo antes de que concluyan los trámites para su inclusión en el Inventario del Patrimonio Cultural de Asturias

Vista lateral del aula, con los pupitres en primer término. FOTO: J. CASO

Por Javier G. Caso

Descubrí de forma casual la vieja escuela de Corao Castiellu hace ya algunos años y me llamó la atención desde aquella primera vez. Se trata de un edificio original. Por un lado capilla, por el otro una escuelina.  A través de sus ventanas, que aún tenían cristales, lo que pude contemplar era una escuela de otra época, con todo lo suyo: la mesa del maestro, los pupitres, un gran mapa de España y otro de Asturias, un armario con libros y estantes con material escolar... ¡Ah! Y para completar la escena, un crucifijo, un cuadro de la Inmaculada Concepción y hasta un retrato de Franco en blanco y negro, todo un reflejo de aquel régimen. Disfrutar de todo aquello fue una especie de viaje en el tiempo al que sólo le faltó que, de repente, mientras miraba por la ventana, aparecieran los críos que allí estudiaban junto a su maestro o maestra y comenzara la clase. Hace poco volví. En esta ocasión a tiro hecho. ¿El motivo? Que la comisión de Patrimonio del Principado de Asturias acaba de iniciar los trámites para incluir esta escuela canguesa, y otras 119 de toda la región, en el Inventario Cultural de Asturias. Pero las cosas han cambiado.

Otro aspecto del aula. FOTO: J. CASO

 En estos momentos, y tras muchos años de abandono, el edificio presenta un estado de conservación lamentable y amenaza ruina inminente. Sobre el tejado, que hará treinta años que no se reteja según el testimonio de algún vecino, crecen varios árboles y los aleros de madera apenas se sujetan. Para acceder al interior, casi no hace falta que nadie te abra la puerta. Una de las ventanas está completamente rota, por lo que es fácil colarse dentro. En el resto de las ventanas faltan la mayoría de los cristales y en una de ellas, una enorme grieta da cuenta de que a mucho no tardar el cargadero de la ventana se vendrá abajo.

Desde la escuela se accede a la capilla. FOTO: J. CASO
 Una vez dentro, y acompañados de María Ángeles Prieto, Tita, la vecina que custodia la llave de la escuela, pudimos constatar el desastre que ya intuíamos a tenor del mal estado de la techumbre. Cuando llueve el agua cae a sus anchas por las paredes interiores de la escuela como demuestran las manchas de verdín. Y en una esquina una enorme grieta amenaza con cortar en dos una de las paredes de la escuela. La huella de la humedad también se deja ver sobre el suelo de madera dónde crece hasta mofu (musgo). Además hay varias tablas rotas tras pudrirse la madera. ¡Qué pena! Lo que tenía ante mi era un edificio que necesita una intervención. Y urgente. En la escuela de Corao Castiellu, como mínimo, hay que reparar el tejado para evitar que se venga abajo. Y eso hay que hacerlo sin dilación, sin esperar a que concluyan los trámites para incluirla en el Inventario Cultural de Asturias. No valen excusas. De lo contrario, cuando llegue ese momento, lo que único que podrá inventariarse serán las ruinas de una escuela rural con una larguísima historia que se remonta al siglo XVIII.

Material escolar que aún sigue en su sitio. FOTO: J. CASO


        
Armario.
Libro de matrícula.
Fue un 15 de enero de 1760, según consta en la escritura fundacional, cuando Francisco de Soto y Sobrecueva fundó la escuela de Corao Castiellu. Para ello nombró patronos a sus vecinos y les dejó varias fincas a censo para que las alquilaran y poder así sufragar el sueldo del maestro. Según los datos que me ha facilitado Francisco Pantín aquella era una escuela “para aprender a leer, escribir y contar”. Aquella escuela ocupó el pórtico de la capilla del Santo Ángel de Corao Castiellu. Esa es la estampa que nos muestra un dibujo de 1901 realizado por Leandro Llanos y que mostraron en Corao. De esta forma el edificio escolar y el religioso quedaron unidos. Tan sólo los separa un falso tabique de madera que hace las veces de puerta de doble hoja:    Para acceder a la capilla, en la que se venera a San Antón Abad, hay que hacerlo desde la escuela. Pero en esta localidad canguesa ya hace como dos años que, cuando llega el 17 de enero, ya no se celebra la festividad de San Antón. No hay misa en la capilla.  Los vecinos tienen miedo a sufrir algún accidente si les da por entrar en su desvencijada escuela de paso para misa.



Exterior de la escuela de Corao Castiellu. FOTO: J. CASO

 La de Corao Castiellu fue la primera escuela del concejo de Cangas de Onís y, por tanto, también de la parroquia de Abamia. En ella estudiaron sus primeras letras personajes como el librero Antonio Miyar, el maestro relojero Basilio Sobrecueva o el indiano Eduardo Llanos. Por el testimonio de Alfonso Puerta, un vecino de Corao Castiellu de 89 años y que vive justo al lado, sabemos que en los años 30 del siglo pasado, antes de que estallara la Guerra Civil, en esa escuela había 27 críos. Todos ellos aparecen en una foto que nos muestra Alfonso, uno más entre aquel grupo de escolares calzados con madreñas y que posaron para la posteridad acompañados de Gregorio, su maestro, quien años después, y como otros muchos maestros, moría fusilado por el bando franquista durante la Guerra Civil.

Exterior de la capilla a la que se adosó la escuela. FOTO: CASO


 Respecto a la evolución de la matrícula en esta escuela rural, algunos documentos constatan que durante el curso 1964-1965, en Corao Castiellu estudiaban 20 alumnos. Y en 1972, más o menos cuando cerró sus puertas, en esta escuela canguesa cursaban sus estudios cuatro niños. Es verdad que hace ya muchos años que el edificio dejó de utilizarse como centro escolar. Pero eso no justifica que se pueda venir abajo sin que nadie ponga remedio. Y menos cuando da la impresión de  que alguien, desde luego sin haberla visitado antes para constatar su ruina, ha iniciado el papeleo para incluirla en el Inventario del Patrimonio Cultural de Asturias. Veremos a ver lo que queda de este inmueble para cuando llegue ese momento. Si para entonces está en el suelo, sería tan lamentable como absurdo que la escuela de Corao Castiellu recibiera ese homenaje póstumo. Ojalá que eso no suceda.