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sábado, 28 de febrero de 2026

Ollas ferroviarias

 Una villla de Llanes alejada del bullicio estival acogió la segunda edición del encuentro de estos fogones que nacieron en el tren hullero de La Robla y que son claro ejemplo de lo que es una cocina tranquila y sin prisas.




Algunas de las ollas ferroviarias más originales de las que  se vieron en Llanes. Foto: Javier G. Caso



Por Javier G. Caso





Un Llanes alejado del gentío y el mogollón turístico del verano acogió el pasado sábado, 7 de febrero, el II encuentro de ollas ferroviarias. A estas alturas del año, esta cita gastronómica se ajusta como un guante al devenir invernal de la capital llanisca, con las calles más despejadas y tranquilas. Estos originales pucheros en los que se guisaron fabada y patatas con carne o pescau, requieren de paciencia, tranquilidad y muchas hora por delante. Nada que ver con las guisos rápidos de la olla exprés o los robots de cocina. La olla ferroviaria la inventaron los maquinistas y los trabajadores del tren hullero que comunicaba La Robla ( León) con Bilbao. Aquellas tarteras, en su día alimentadas con el mismo carbón de las máquinas de vapor, ahora se atizan con carbón vegetal. Como se cocinaba con el tren en marcha, el traqueteo del Hullero a lo largo de un viaje que se prolongaba un montón de horas, mecía el guiso dándole un toque fundamental. Estas ollas ferroviarias, que también hay que mover y atender sin prisas, ya no son unos pucheros viajeros, pero la esencia es la misma: cocina tranquila, slow food en estado puro.



      Participantes en el II encuentro de ollas ferroviarias de Llanes. FOTO: J. G. Caso.

sábado, 18 de noviembre de 2023

Ibarrola, el artista que inundó de color y de memoria la escollera del puerto de Llanes

El escultor y pintor Agustín Ibarrola, ante la última fase de Los Cubos de la Memoria. FOTO: J. G. CASO


POR JAVIER G. CASO: 


Desde primera hora de la mañana de ayer, tanto la radio como la televisión y la prensa digital daban cuenta del fallecimiento del artista vasco Agustín Ibarrola ( Bilbao, 1930). Más allá de su trayectoria artística, el pintor y escultor también destacó como opositor al régimen franquista, que lo llegó a encarcelar en más de una ocasión. Ibarrola fue de los vascos que se enfrentó a la violencia terrorista etarra y estuvo entre los fundadores de colectivos como la plataforma “Basta ya” y el Foro de Ermua.


En Asturias Ibarrola dejó para la posteridad una obra como “Los cubos de la memoria”, con la que inundó de color los bloques de hormigón que protegen el puerto pesquero de Llanes. Hablamos de una intervención artística que es memoria del arte, del territorio y del propio artista. “Esta obra es importante para mí y muy superior a anteriores trabajos míos”, me comentó Ibarrola con motivo del reportaje publicado en el Dominical de El Periódico publicado el 14 de enero de 2007 coincidiendo con el final de Los Cubos de la Memoria. El artista había presentado esta obra en 2001. Desde las páginas de La Voz de Asturias me tocó informar y dar cuenta de toda su ejecución.


Era Agustín Ibarrola una persona tranquila, que transmitía paz y que, desde luego, disfrutó de su trabajo en Llanes, siempre acompañado de su mujer, Mari Luz Bellido, fallecida en diciembre de 2021. Hasta pintar los 230 bloques de hormigón que componen su obra , Los Cubos de la Memoria le llevaron, acompañdo por un equipo de colaboradores, varios años de trabajo. En en el momento en el que aceptó la propuesta que le hizo el Ayuntamiento de Llanes y en la carta en la que agradecía el encargo, el propio artista los definió como “un mural inmenso que será al mismo tiempo una gigantesca escultura policromada de infinitos escorzos”. Los Cubos se convirteron en todo un reclamo turístico para Llanes, por más que en la actualidad, y desde hace tiempo, pida gritos una intervención a fin de restaurarlos y que puedan, por fin, recuperr todo el colorido que en su día aportó Ibarrola a lo que hasta su intervención no era más que una simple escollera y que él convirtió en una obra artística de primer nivel.



 

domingo, 11 de octubre de 2020

Se nos fue Uca Mallén

 

Uca, entre Marga y Celsín, en un día grande San Antoniu. Foto cedida por M. Cimentada


Una canguesa siempre dispuesta a colaborar con les fiestes de San Antoniu


Cangas de Onís, 9 de octubre de 2020

Por Javier G. Caso


Iniciamos esta semana con el fallecimiento de otra persona conocida y apreciada: Matilde Mallén Herrero, a la que todos conocimos como Uca Mallén. Su figura ya fue recordada días atrás en la prensa escrita regional con sendos artículos de Guillermo Fernández Buergo en las páginas de El Comercio y de J. M. Carbajal en La Nueva España. Ambos la conocían bien. En el caso de Guillermo fue compañero de Uca en la redacción del desaparecido semanario llanisco El Oriente de Asturias.

¡Qué decir de Uca! La conozco desde críu, de cuando ella venía desde Llanes a visitar a sus tías, Eloísa y Josefina Herrero, mis vecinas de edificio en el entonces número 1 de la calle del Hotel, la actual calle Bernabé Pendás de Cangas de Onís.

Nosotros vivíamos en el tercer piso y las hermanas Herrero, les ties de Uca, justo debajo, en el segundo cuyas ventanas, como las nuestras, daban a la parte de atrás del ayuntamiento. Con Eloísa y Josefina pasaban temporadas los padres de Uca, Pilar y José María, su hermana Tere y su hermano Jose Mari, químico y que venía desde Francia a donde emigró siendo muy joven. Aunque llevaba más de medio siglo viviendo en Llanes donde se había casado, Uca era y se sentía muy, pero que muy canguesa, concejo en el que había nacido en 1936, en plena Guerra Civil. Uca venía por Cangas cuando podía; cuando la traían en coche algunos amigos o sus hijas, Varenka y Alejandra. Eran siempre visitas más cortas de lo que a ella le hubieran gustado. Para Uca era obligado, sobre todo, visitar el cementeriu de Cangues d´Arriba y la capilla de San Antoniu por el que sentía mucha devoción. Uca ejemplificaba a esos cangueses que, viviendo fuera, casi siempre venía por Cangues el día grande de San Antoniu. Y si por trabajo no podía ser por la mañana, para asistir a misa y a la procesión, entonces venía por la tarde a hacerle una visitina a su “San Antonín del alma” como ella le llamaba.

Uca, que fue correctora de textos del semanario llanisco El Oriente de Asturias, en el que además escribió durante años la sección El rincón femenino, era colaboradora asidua de la revista de San Antoniu. Casi siempre firmaba sus artículos como Ana Sierra de la Pedrera, su seudónimo. En sus textos conversaba de tú a tú con San Antoniu. Unas veces le agradecía al santo sus favores, mientras que otras le recriminaba que no le hiciera caso. Además, y en confianza, también le hacía mención a su fama de ser un santu peseteru a la hora de conceder alguna gracia. Y en medio de esas conversaciones, Ana Sierra de la Pedrera nos iba informando de todas las cosas que habían sucedido por Cangas de Onís a lo largo del año previo a las fiestas: obras, fallecimientos, la vida política local, recuerdos de antaño... Son las suyas unas crónicas de lo más interesantes y que también nos permiten recordar rincones y edificios cangueses, así como personajes locales que ya no están entre nosotros como Evaristo el barrenderu. Uca casi siempre se refiere al río Güeña como el ríu Chicu de Cangues, en contraposición con el Sella, un topónimo local que ahora apenas se usa, al menos entre los más jóvenes.

Muchas de las anécdotas e historias canguesas que Uca recogía en sus artículos se las había contado su tía Eloísa, una mujer que era muy graciosa. Hace unos días cuando supe de su fallecimiento, comenté en las redes sociales que, con su muerte, nos habíamos quedado sin una gran pregonera de San Antoniu. Sin embargo, nuestra amiga común Marga Cimentada, me sacó del error enseguida al recordarme que Uca Mallén sí había sido pregonera de nuestras fiestas patronales. De hecho leyó su pregón en 1994 desde el mismísimo balcón del ayuntamiento. Habrá que buscarlo porque tuvo que ser un discurso magnífico. También me recordaba Marga, quien durante muchos años formó parte de la comisión organizadora de la fiestas de San Antoniu, lo mucho que había que bregar con Uca todos los años hasta conseguir convencerla de que les mandara su artículo para la revista, de hecho hubo ocasiones, siempre por cuestiones personales que la desanimaban, que no lo publicó. Luego cuando, al año siguiente, enviaba su texto, siempre disculpaba su ausencia con esa gracia que la caracterizaba. Uca era muy buena gente. Educada, saludadora, gran conversadora y, como ya he dicho, una canguesa de pura cepa. No hay más que ver como terminaba el artículo que escribió para el libro de las fiestas de San Antonio en 1994: “...Y aunque no mi hagas casu, seguiré pidiéndoti esto y lo otro, pero sobre tou, que protejas a esti Cangas de mi alma que, a pesar de estar lejos, recórrolu todos los días con el pensamientu y quiérolu cada vez más”. Hasta siempre, Uca. Y ten presente que cuando pasemos por la capillina de San Antoniu, vamos a acordanos muchu de ti.