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| El cartel del negocio sigue en su sitio. FOTO: J. G. CASO Por Javier G. Caso A lo largo de su historia, La ciudad de Cangas de Onís siempre ha tenido en el comercio la principal actividad económica. Así lo demuestra que la parte baja de la capital canguesa siempre se haya conocido como el Mercado de Cangas de Onís, ya que ahí se celebra desde tiempo inmemorial el tradicional mercado de los domingos. Un comercio, el cangués, que como el de otras capitales de concejo o cabeceras de comarca, lleva años haciendo frente a una doble competencia: la de los grandes centros comerciales y la de otros gigantes de la distribución como Amazón. Pero si de algo puede presumir el comercio local es de su proximidad, con unos titulares que, con el paso de los años, más allá de su orientación hacia el turismo en muchos casos, se saben de memoria los gustos y preferencias de sus clientes, que no son otros que sus vecinos. Que se lo digan a las hermanas Iglesias, a Carmen y a Maripi, quienes acaban de cerrar su negocio: la floristería El Jardín, un negocio ubicado en los bajos del edificio Pelayo, el rascacielos de la capital canguesa. Tras 40 años desde la apertura de su negocio, Carmen y Maripi se jubilan y con ellas echa el cierre la primera floristería que existió en Cangas de Onís aunque sus orígenes hay que ubicarlos en la capital de la Unión Europea. Como muchos otros vecinos del concejo, sus padres emigraron a Bélgica. Y con ellos Carmen y Maripi, que habían nacido en Intriago. Crecieron en Bruselas hasta que con 21 y 24 años, respectivamente, tras finalizar sus estudios de contabilidad, decidieron regresar a Cangas de Onís y montar su negocio: una floristería. Y eso que las dos tenían trabajo en la capital belga. Allí vivía también el propietario del local que finalmente alquilaron para abrir su negocio en pleno centro de Cangas de Onís. En Bruselas habían hecho algún curso de Ikebana, el arte japonés del arreglo floral. Estos fueron sus inicios como floristas antes de venirse para Cangas de Onís. “Aquí no había nada parecido. Solo estaba Carmen la maconera, que se dedicaba a hacer ramos de novias y que nos ayudó mucho”, explica Carmen respecto a los inicios del negocio que, tal y como señala su hermana, no fueron nada fáciles. “No había costumbre de regalar flores más allá de las de los entierros”, apostilla Maripi. En un caso como el suyo, y como ha sucedido en muchas familias de emigrantes, lo habitual es que los jóvenes se queden a trabajar en el extranjero y que sean los padres los que regresen primero. Pero el espíritu emprendedor de las hermanas Iglesias las hizo venir a ellas por delante. Siendo como era unas veinteañeras, desde luego fueron unas valientes. Poco a poco fueron haciendo clientes y cogiendo encargos, en muchos casos de la multiud de bodas que hace cuarenta años se hacían en el santuario de Covadonga. La cifra, reconocen, fue cayendo hasta la actualidad tanto por las restricciones que se fueron imponiendo en Covadonga como por la propia caída en picado de las bodas religiosas. Lo de decorar las iglesias para las bodas siempre fue el trabajo que más les gustó ya que les permitía dar rienda suelta a su creatividad en el arte floral. Tampoco faltaron clientes como los que se acercaban por El Jardín el día de los enamorados o cuando tocaba el cumpleaños de su novia o de su mujer. “Muches veces ya no hace falta ni que ti digan lo que quieren. Entran y ti dicen: prepárame lo miu”, comentaba Carmen poco antes de bajar la persiana definitivamente a su floristería, unos días en los que estuvieron de liquidación. Ni siquiera esperaron a Todos los Santos. Y eso que es una celebración de esas que para las floristerías supone unos ingresos muy importantes, los mejores del año. Pero a Carmen y a Maripi les ha llegado ya la hora de la jubilación y bien se merecen descansar de todo el jaleo que todos los años tenían por Todos los Santos. A modo de apunte final, hay que recordar que, además de los 40 años de la floristería El Jardín en Cangas de Onís, durante 17 años regentaron otra floristería en Arriondas, por supuesto con el mismo nombre. Tampoco podríamos terminar este artículo sin recordar al fallecido marido de Carmen, Arturo, quien junto a ellas dos también atendió un negocio que, hasta su cierre, formó parte de la red internacional de floristerías Interflora. Desde que se supo del cierre de El Jardín, en las redes sociales y por supuesto en la misma tienda, Carmen y Maripi no dejaron de recibir mensajes de cariño por parte de vecinos, amigos y clientes. Desde luego las echaremos de menos en la vida comercial canguesa más allá de que haya más negocios dedicados a la venta de flores y plantas; un sector en el que las hermanas Iglesias Fanjul fueron pioneras en la ciudad de Cangas de Onís. https://www.rtpa.es/noticias-asturias:La-floristeria-El-Jardin-de-Cangues-d'Onis-cierra-sus-puertas_111602431331.html |
sábado, 7 de noviembre de 2020
Cierra el Jardín
La primera floristería de Cangas de Onís echa el cierre tras cuarenta años de actividad comercial
domingo, 11 de octubre de 2020
Se nos fue Uca Mallén
jueves, 2 de abril de 2020
Adiós a un vecino de Onís
Recordando a Kiko Rojo
miércoles, 17 de octubre de 2018
Villarmil y el Santuario de la Santina
Notas sobre la reciente publicación del libro "La Covadonga que transformó Sanz y Forés. Fotografías de José Ramón Alonso Villarmil en 1865"
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| El retrato de la Santina y varias fotos de Villarmil ocupan la portada del libro. FOTO: J. G. CASO |
Por JAVIER G. CASO:
En
el año del triple centenario Covadonga 2018, en septiembre
veía la luz “La Covadonga que transformó Sanz y Forés.
Fotografías de José Ramón Alonso Villarmil en 1865”. El
libro, editado por el Ayuntamiento de Cangas de Onís es todo un
viaje en el tiempo visual hasta aquella Covadonga de mediados del
siglo XIX, entonces un santuario sumido en un evidente abandono.
Y
nos asomamos al Real Sitio gracias a una decena de instantáneas del
fotógrafo cangués José Ramón
Alonso Villarmil que, más allá de su calidad, nos permiten percibir
cómo era aquel lugar en el que, a los pies del monte
Auseva, sobresalía el basamento del proyecto
neoclásico del arquitecto Ventura Rodríguez que, afortunadamente,
nunca llegó a ejecutarse, además de la Santa
Cueva y la Colegiata
de San Fernando, por aquel entonces el
edificio de mayores dimensiones de Covadonga. El resto de
edificaciones eran algunas que aún siguen en pie como las casas de
los músicos o de los beneficiados o el mesón de Campomanes, junto a
otros ya desaparecidos como las antiguas casas de los canónigos
ubicadas en la parte alta más del santuario. Fue aquella Covadonga
un tanto decrépita la que conoció el obispo Benito
Sanz y Forés en su visita de 1872, un acontecimiento que marcó un
antes y y un después en la historia del Real Sitio. Aquel obispo
valenciano se empeñó, y lo logró, en engrandecer y transformar
Covadonga. En la cueva se levantó el camarín
de Frassinelli, que se mantuvo hasta pasada
la Guerra Civil española y, también por iniciativa suya, comenzó
la construcción de la basílica en el cerro del Cuetu, unas obras
que, tras muchos años, no finalizaron hasta 1901, año de la
inauguración del nuevo templo. La decena de fotos de Alonso
Villarmil que ilustran este libro nos permiten pasear por aquella
Covadonga que tuvo en el cangués al primer fotógrafo profesional
que vendió fotos del Santuario y de la propia Santina. No queda más
que dar las gracias al Ayuntamiento de Cangas de Onís por su
publicación, que es fruto del trabajo desinteresado y entusiasta de
Francisco Pantín,
Javier Remis y de
Jesús Prieto Aza,
bisnieto de José Ramón Alonso Villarmil, quien en su día permitió
a los miembros de la desaparecida Asociación Cultural Abamia
acometer la digitalización del fondo fotográfico de su antepasado;
unas fotos que ahora disfrutamos en este libro en el que junto al
catalogo comentado de las instantáneas, se incluyen sendos
artículos, tan amenos como documentados, sobre Covadonga y Villarmil
escritos por Remis y Pantín.
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Javier Remis,
Jesús Prieto Aza,
José Ramón Alonso Villarmil,
la Santina,
monte Auseva
sábado, 6 de octubre de 2018
Cangas de Onís luce a la acuarela
La capital canguesa acoge su encuentro de acuarelistas con 107 participantes en una cita que alcanza rango internacional
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| Uno de los participantes, pintando esta mañana el Puente Romano. FOTO: JAVIER G. CASO |
Por Javier G. Caso
Serán pocos los rincones de la capital canguesa que a lo largo de este fin de semana no vayan a aparecer en alguna de las muchas obras que hasta mañana pintarán los participantes en el III Encuentro de Acuarelistas de Cangas de Onís, que este año alcanza rango internacional y que organiza la siempre entusiasta Gemma García Villaverde.
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| Varios participante pintan a la altura del trampolín. FOTO: J. G. C. |
La verdad es que daba gusto darse una vuelta esta mañana por la ciudad y contemplar tantos caballetes desplegados y a tantos artistas pintando. Hasta 107 acuarelistas, según datos de la organización; algunos llegados desde Argentina o Canadá como Atanur Dogan, fundador y presidente de la Sociedad Internacional de la Acuarela, quien además impartió una "master classs" en la Casa de Cultura canguesa, se han desplazado este fin de semana hasta Cangas de Onís. El grueso de los acuarelistas se concentraron en la mecedura de los ríos Güeña y Sella. Y entre lo más pintado, cómo no, el Puentón. Fue la de hoy una jornada de pintura de temática libre. Mañana habrá un concurso con un tema único bajo el título "barrrios de Cangas de Onís". En paralelo, además, habrá un mercado del arte. Será el broche de oro a un fin de semana en el que el arte inundó Cangas de Onís de la mano de la acuarela.
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| Acuarelistas en la mecedura del Sella y el Güeña. FOTO: J. G. C. |
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Puente Romano,
Puentón,
Sella,
Sociedad Internacional de la Acuarela (IWS)
lunes, 26 de febrero de 2018
Javi, el de la Pina. In memoriam
Fallece a
los 70 años el cangués Francisco Javier de la Vega, uno de los pescadores
ribereños más carismáticos del Sella
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| Javi el de la Pina, con el Campanu del Sella de 2011. FOTO: JAVIER G. CASO
Por Javier G. Caso
A las
puertas de una próxima temporada salmonera que, desde hace años
arranca en abril, pero que él hubiera querido que comenzara en
marzo, como siempre; se nos ha ido Francisco Javier de la Vega Díaz,
Javi el de la Pina, un ilustre ribereño del Sella, de los más
carismáticos, gran pescador y todo un personaje vestido siempre de
verde y tocado con su famoso sombrero de ala ancha, adornado con
anzuelos de pluma.
Esta
tarde su sombrero, su fiel compañero de fatigas, lucía en el
tanatorio cangués sobre el féretro donde fue colocado, a modo de
homenaje, por sus familiares. Javi era de esos pescadores finos de
verdad, una sabiduría que transmitía a sus clientes, no en vano era
desde hace muchos años uno de los gancheros más afamados del
Sella, ese oficio de ribera que ahora se conoce como guías de pesca.
Entre las muchas personas a las que acompañó figura gente tan
insigne como el que fuera ministro de Educación con la UCD y
director general de la UNESCO, Federico Mayor Zaragoza, o el
científico Ginés Morata.
Pasear
por el entorno del Puente Romano, su barrio de toda la vida y no
toparse con Javi, va a resultar muy extraño para sus vecinos de
Cangas de Onís. Siempre andaba por allí. En época de pesca,
acompañado de sus cañas y su sacadera a la espera de turno porque
el pozu del Puentón era uno de sus lances favoritos. Y el resto del
año echando un vistazo al río o por el Mesón del Puente Romano,
escenario de muchas partidas de cartas que, en los últimos tiempos,
Javi y sus compañeros trasladaron a la cafetería Lanza de la
carretera Cañu.
Javi el
de la Pina, campeón de Asturias de lanzamiento de mosca hace unos
años, y que durante mucho tiempo alternó la pesca con su trabajo
como conductor de carrocetas, era de esos ribereños protagonista de
múltiples anécdotas. En 2011 se hacía con el Campanu del Sella y
esa misma mañana, tiraba de sacadera momentos después para ayudar a
su sobrino Kiko Vega, Kikín, como le llamaba, a sacar un salmón
casi bajo el mismo arco del Puentón cangués.
También quedará para
la historia otra escena que tuvo a Javi como protagonista dos años
después. Su hermano Kiko se hacía en 2013 con el Campanu de
Asturias en la Mansona, un lance situado aguas arriba del Puente
Romano. Y ejerciendo de representante de su hermano fue Javi, quien
pese al empeño del alcalde de Salas, que viajó hasta Cangas de Onís
con la intención de llevarse el salmón a subastar a Cornellana, se
negó en redondo a tal traslado. Como ribereño, para él era
inconcebible que el Campanu del Sella y de Asturias no se subastara
en otro sitio que no fuera Cangas de Onís. Como así fue.
Los de la
Pina volvieron a protagonizar otra anécdota genial, de esas que
quedan para la historia local. En la jornada de apertura salmonera de
2014 fue su hermano Guillermo, Emo, quien se hacía con el Campanu
del Sella unos minutos antes de que Javi capturara el segundo salmón
de aquella temporada, algo que desde luego no le hizo maldita gracia.
Como cualquier pescador avezado no era de los que daba pistas a otros
a la hora de elegir dónde echar la caña en las mejores condiciones.
En una ocasión, tras un multitudinario sorteo de la media hora en el
Puente Romano, Javi no dejaba de comentar en voz alta: “Hoy está
muy buenu pa pescar por la zona de Cañu, pero muy buenu, muy buenu”
Con aquel comentario trataba de quitarse de encima a alguno de los
casi cuarenta pescadores que, como él, esperaban turno para pescar
al pie del Puentón.
Se te
echará de menos Javi, sobre todo cuando llegue el domingo 15 de
abril y se abra la temporada salmonera de este año. No te veremos
intentando hacerte con el ansiado Campanu. Ojalá que la suerte les
sonría y este año lo logren alguno de tus hermanos o de tus
sobrinos para que te lo dediquen. Y ojalá que vuelva a salir bajo el
Puente Romano, tu querido Puente Romano. Descansa en paz, Javi. Hasta
siempre.
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martes, 23 de enero de 2018
San Antón en Siña
Los vecinos de Villaverde, en Amieva, participaron en la misa y la tradicional bendición de animales
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| El párroco de Amieva, Alejandro González, bendiciendo a algunos de los animales que sus dueños llevaron hasta Siña. FOTO: JAVIER G. CASO |
POR JAVIER G. CASO
La sangría demográfica del medio rural es lo que tiene. En los pueblos cada vez queda menos gente. Por eso, a la hora de festejar al patrón, hay que hacerlo en fin de semana, independientemente de la fecha del santoral. Es la única forma de garantizar un festejo concurrido. Y así lo han hecho este fin de semana en Villaverde, en Amieva. San Antón Abad fue el miércoles, 17 de enero; pero lo han celebrado este domingo en una capilla de Siña que se quedó pequeña.
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Interior de la ermita de Siña. FOTO: J. G. CASO
Hasta allí llegó un buen número
de vecinos, además de familiares y amigos que por semana residen fuera de
Villaverde y de Amieva. Los vecinos acudieron con animales domésticos: algún
caballo, un asno, un conejo, una oveja, cabritos, corderinos y dos xatos.
También hubo algún perro y hasta un gato que venía en una jaula. ¡Ah! y un
remolque llenu de coinos. Todos los animales recibieron la bendición y el agua
bendita de manos de Don Alejandro, el párroco de Amieva. En un concejo en el
que lobo campa a sus anchas, con continuos ataques al ganado. Uno de los dos
terneros que se bendijeron aún conserva las heridas provocadas hace un mes
por las dentelladas del lobo; de ahí que su dueño, el ganadero de Pen, Toni González, decidiera llevarlo hasta Siña para ponerlo bajo la protección de
San Antón Abad, patrón de los animales. Otro tanto pasó con un corderín que,
tal y como relató su dueño, Isaac Rivero, nació vivo de milagro tras el ataque
de otro lobo que había dejado herida a su madre. Sus dueños temían que
abortara, pero finalmente el cordero nació sano y lo llevaron a bendecir.

Bendición de dos xatos. FOTO: J. G. C.

Uno de los corderos que se bendijeron. FOTO: J. G. C.

Las imágenes de San Antón y San Antonio, en la capilla de Siña. FOTO: J. G. C.
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| Interior de la ermita de Siña. FOTO: J. G. CASO |
Hasta allí llegó un buen número
de vecinos, además de familiares y amigos que por semana residen fuera de
Villaverde y de Amieva. Los vecinos acudieron con animales domésticos: algún
caballo, un asno, un conejo, una oveja, cabritos, corderinos y dos xatos.
También hubo algún perro y hasta un gato que venía en una jaula. ¡Ah! y un
remolque llenu de coinos. Todos los animales recibieron la bendición y el agua
bendita de manos de Don Alejandro, el párroco de Amieva. En un concejo en el
que lobo campa a sus anchas, con continuos ataques al ganado. Uno de los dos
terneros que se bendijeron aún conserva las heridas provocadas hace un mes
por las dentelladas del lobo; de ahí que su dueño, el ganadero de Pen, Toni González, decidiera llevarlo hasta Siña para ponerlo bajo la protección de
San Antón Abad, patrón de los animales. Otro tanto pasó con un corderín que,
tal y como relató su dueño, Isaac Rivero, nació vivo de milagro tras el ataque
de otro lobo que había dejado herida a su madre. Sus dueños temían que
abortara, pero finalmente el cordero nació sano y lo llevaron a bendecir.
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| Bendición de dos xatos. FOTO: J. G. C. |
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| Uno de los corderos que se bendijeron. FOTO: J. G. C. |
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| Las imágenes de San Antón y San Antonio, en la capilla de Siña. FOTO: J. G. C. |
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| El sacerdote arrojó el agua bendita con una hoja de laurel. FOTO: J. G. C |
El tiempo acompañó en una jornada
soleada y de cielos azules en la que desde Siña se podía contemplar una estampa
preciosa del Macizo Occidental de los Picos de Europa, del Cornión, cubierto de
nieve. Fue una misa de lo más animada
aunque finalmente no hubiera ni coro ni gaitero como estaba previsto. A su
conclusión, y antes de iniciar la bendición, el cura agasajó a los asistentes
con bollos de chocolate y de chorizu, así como con velas conmemorativas para
los mayores y unos peluches para los críos. Tras bendecir el sacerdote a todos
y cada uno de los animales lanzándoles el agua bendita con la ayuda de una rama
de laurel, todo el público posó para una foto de familia, inmortalizando una
jornada festiva a la que se unió, por primera vez, un grupo de vecinos y
vecinas de Llanera, quienes prometieron volver el año que viene ya acompañados
de sus mascotas.
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| Vista del Cornión, el macizo occidental de los Picos de Europa. FOTO: J. G. C. |
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| Argolibiu, Cien y al fondo el Cornión, desde Siña. FOTO: J. G. C. |
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| Todos los asistentes posaron juntas tras la misa. FOTO: J. G. C. |
Orgullosos de su capilla, que restauraron hace años justo antes de recuperar la fiesta, los vecinos contaban alguna que otra historia en torno a San Antón. La imagen actual que se venera en Siña fue tallada hará más de veinte años por Pepe, el de Pilar, un vecino de Villaverde a partir de una foto de la imagen original que algún sinvergüenza se había llevado de la capilla. “Sacolu exactu” apuntaba un vecino en referencia a la pieza tallada por Pepe que preside el retablo de la ermita de Siña. En este rincón de Amieva San Antón Abad comparte altar con su tocayo San Antonio de Padua, al que los vecinos festejan, ya no el 13 de junio, sino en pleno mes de julio. La fiesta concluyó en Villaverde con una comida de hermandad en la que no faltó una estupenda borona.
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