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miércoles, 15 de octubre de 2014

Chatarra por los aires

Un helicóptero concluyó en Ponga los trabajos de retirada de los restos de una pala- excavadora del cauce del río Santagustia

La aeronave, situada sobre el punto donde estaba la pala. FOTO: J. CASO

POR JAVIER G. CASO

Chatarra por los aires y trabajos de altos vuelos los que este miércoles se han podido ver de nuevo en la garganta del río Santagustia, en Ponga, una vez que los operarios de la empresa Buelna Vertical ya habían terminado, semanas atrás, de desguazar la pala excavadora que en 2008 se precipitó al río durante las obras de ampliación de la carretera de Vidosa a Viegu. Aquel accidente costó la vida al palista de la máquina, cuyos restos se acabaron de sacar esta tarde. Tal y como ya había hecho el pasado 16 de agosto, el helicóptero de la empresa Helitrans Pyrinees, especializado en este tipo de trabajos aéreos, el mismo que desde hace años transporta mercancía a los refugios de los Picos de Europa, empleó unos cuarenta y cinco minutos para dar los catorce viajes que hicieron falta hasta sacar la última pieza de la pala excavadora. Cada vuelo duró menos de cinco minutos. Y eso que se trataba de una maniobra delicada, debido tanto a lo angosto del desfiladero del Santagustia, como a la presencia de cables de un tendido eléctrico. 









Como ya sucedió en agosto, los vuelos llamaron la atención de quienes, a esa hora, circulaban por la carretera de Viegu. La mayoría no dudó en detener su vehículo y disfrutar de un espectáculo que, como ya es habitual en estos tiempos, casi todo el mundo grabó o fotografió con su teléfono móvil. El piloto demostró su pericia ya que iba dejando las piezas, de unos 1.000 kilos cada una, en la misma caja del camión que les llevaría hasta su destino final, un desguace o una chatarrería, es de suponer. La pala pesaba unas 17 toneladas. En agosto ya se habían sacado unas 10. Ahora se sacó el resto y el lecho del río Santagustia quedó, por fin, limpio de chatarra. Terminaba así este desguace en pleno desfiladero.




martes, 14 de octubre de 2014

Cinefilia

Miguel Pérez, "Trebolín", y la magnífica colección de películas, máquinas y proyectores de Cine que atesora en Veguellina de Órbigo


Miguel Pérez, "Trebolín", ante el proyector OSSA 6C, la joya de su colección. FOTO: JAVIER CASO
Por Javier G. Caso

Ahora que ha remitido la fiebre del legado del tibu y de otros retos virales más o menos chorras, lo cierto es que, de vez en cuando, te topas por las redes sociales con algún otro de interés y que merece la pena. Hace poco circulaba por el facebook, creo, otro reto o juego de éstos.  Respondía el epígrafe Fotocinefilia. Iba de una propuesta que te hacían para que subieras a la red una foto relativa a alguna película de esas que te hubieran cautivado. Vamos, que demostraras lo mucho que te gustaba el Séptimo Arte y por donde iban los gustos de cada uno.  Viene esto a cuento, a modo de preámbulo o introducción, para hablar acerca de la pasión por el Cine, la que siente el leonés Miguel Pérez, más conocido como Trébol Trebolín por sus vecinos de Veguellina de Órbigo.

Lo suyo sí que es cinefilia. Operador de Cine desde los trece años en los Cines Gordón y Apolo de Veguellina, así como en la sala de proyecciones que existió en su día en Benavides de Órbigo, Trebolín viene a ser un alter ego, un trasunto de Totó, el inolvidable personaje protagonista de esa gran película que es Cinema Paradiso, toda una declaración de amor hacia al Séptimo Arte y aquellos cines de pueblo prácticamente desaparecidos o que, en el mejor de los casos, siguen ahí aunque estén cerrados al público, caso de nuestro Cine Colón de Cangas de Onís.

Fachada del desaparecido Cine Apolo, en la localidad leonesa de Veguellina de Órbigo. REPRODUCCIÓN: J. CASO


La pasión cinéfila de Trebolín no ha remitido con el paso de los años. Ni mucho menos. Se traduce en una excelente colección de proyectores de cine de todos los calibres y tamaños, desde super ocho caseros hasta la OSSA VI C, quizás su pieza favorita y que durante años funcionó en el Cine Capitol de Sama de Langreo, localidad hasta la que Miguel se desplazó para hacerse con ella e incorporarla a su amplio catálogo de piezas de cine. Un proyector, que como casi todos los que posee, funciona y pone en marcha ante cualquiera que llegue a su taller, un lugar mágico por el que tiene desparramados todos sus tesoros, entre ellos multitud de latas con películas, tanto largometrajes comerciales como documentales del NODO.

Lata con un NODO de 1940. FOTO: J.C
Rollos de películas apilados, junto a otras piezas. FOTO: J. C       


 
 




















Dada su condición de mecánico, no en vano trabaja como tal en la Azucarera de La Bañeza tras haber desarrollado esta misma labor en la antigua factoría azucarera de Veguellina de Órbigo, Miguel ha restaurado la mayoría de sus proyectores y eso le permite hacer algo de lo que más le gusta en la vida: poner películas, desde un corto de Disney en una máquina de super ocho, a cintas comerciales en proyectores de mayor tamaño. Tras una trayectoria de más de 20 años como coleccionista, Trébol tiene piezas que son auténticas joyas, como los dos proyectores de la marca francesa Pathé-Baby. Tienen casi cien años y funcionaban a manivela.

Miguel  gira la manivela de una máquina Pathé- Baby. FOTO: J. C.

Detalle de un rollo de película de principios del siglo XX. FOTO: J. C.
Lo bueno de Trébol es que, en contra de lo que hacen esos coleccionistas egoístas, que gustan de atesorar y atesorar cacharros que esconden y guardan para su único disfrute, a él le gusta recibir visitas y enseñar sus cacharros de cine. Hace años, incluso, no dudó en sacar a la calle su proyector OSSA y poner películas a su vecinos en unas sesiones de cine de barrio veraniego, acompañadas de una degustación de sopas de congrio, y  en las que cada uno tenía que llevarse el asiento de casa. De esta experiencia hay documental, obra del cineasta Julián Álvarez, natural de Veguellina y que lleva por título Trébol, cine y sopas de congrio, que puede verse en VIMEO:http://vimeo.com/29382895 

Miguel Pérez sujeta un tomavistas mientras estira un trozo de película. FOTO: J. CASO
 Fue el pasado mes de agosto, entre los días 8 y 10, cuando con motivo de la celebración en Veguellina del I Festival Luna de Cortos, que incluyó diversas proyecciones, todas ellas al aire libre, como las que siempre ha hecho Trebolín, que gran parte de su colección estuvo expuesta al público en el salón de actos que Caja España tiene en Veguellina. Por desgracia fueron muy pocos días y algunos nos quedamos con las ganas de verla. La verdad es que hubiera merecido la pena un período de exposición mucho más amplio porque merece mucho la pena. Su ilusión, y la de cualquiera que ame al Cine, sería poder exponerla de forma permanente. Ojalá que el Ayuntamiento de Villarejo de Órbigo tome nota de ese deseo y se decida a buscarle un local apropiado. Exponer esa colección sería un recurso turístico de primer orden para esta localidad. Además sería la mejor manera de evitar, que todas esas piezas que Trebolín ha logrado reunir con el paso de los años, pudieran acabar yéndose muy lejos de la comarca leonesa del Órbigo. Su pasión por el Cine, su cinefilia, bien se lo merecen. Ojalá lo veamos.  Alguna de las abandonadas naves de la antigua Azucarera de Veguellina sería, además, el lugar ideal para ello. 

Bajo estas líneas, la entrevista que EL AUSEVA DIGITAL le hizo a Miguel Pérez, Trebolín, el pasado verano, en su taller de Veguellina.


domingo, 12 de octubre de 2014

74 Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa

Las joyas gastronómicas de la comarca de Picos brillaron de nuevo en Cangas de Onís el día del Pilar

Los 33 elaboradores de Cabrales, Gamonéu, Beyos y Bejes- Tresviso, pusieron a la venta más de 2 toneladas de queso

Los mejores quesos de cada una de las variedades, expuestos tras el fallo del jurado. FOTO: J. CASO

 POR JAVIER G. CASO

Como es habitual, desde 1997 de forma ininterrumpida, la plaza del Ayuntamiento de Cangas de Onís acogió el Día del Pilar la celebración del 74 Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa. En esta ocasión concurrieron al certamen treinta y tres elaboradores, catorce de ellos de la variedad Gamonéu, una decena del valle y los cuatro que aún lo elaboran en el puertu. A ellos se sumaron una docena de queseros de Cabrales, tres de Beyos y cuatro del queso picón Bejes- Tresviso, un queso que cuenta con su propia Denominación de Origen Protegida (DOP) y que por primera vez competía en este histórico concurso quesero que el próximo año festejará sus Bodas de Platino.

El queso picón Bejes- Tresviso Concursó por primera vez. FOTO: J. CASO


Unos y otros elaboradores pusieron a la venta más de 2.200 kilos de queso, más de la mitad de ellos de Gamonéu, y que al final de la mañana se habían vendido en su mayor parte a las centenares de personas que visitaron Cangas para asistir tanto a su certamen quesero como a la Feria de la Miel del Oriente de Asturias, en la que tomaron parte dieciséis participantes.

Las ventas estuvieron animadas a lo largo de toda la mañana en el recinto de la plaza del ayuntamiento. FOTO: J. CASO


Si hablamos de precios no hubo grandes novedades. La miel se vendió a 7 euros el kilo, el precio oficial fijado por la organización. En cuanto a los quesos, el más caro volvió a ser el Gamonéu del puertu. Se nota que estamos en una coyuntura de crisis porque se mantuvo en el mismo precio de los últimos años: los 38 euros el kilo. Del Cabrales se vieron distintos precios. Mientras que el más convencional se vendía a 20 euros el kilo, las piezas que se han dado en llamar Cabrales Gran Reserva, unos quesos con largas maduraciones que pueden alargarse hasta los ocho, los nueve e incluso los diez meses, salieron a la venta en 35 euros el kilo. El Gamonéu del Valle se vendió en su mayor parte en 24 euros/kilo, tal y como habían acordado muchos de los elaboradores, si bien alguno de ellos optó por vender a 30 euros el kilo. Por lo que atañe al queso de los Beyos, su precio varió en función de la materia prima utilizada. Si se trataba de queso elaborado con leche de vaca, el kilo se vendía a 12 euros, un precio que se incrementaba hasta los 15 euros si los quesos eran de leche de cabra o de oveja, que los de los Beyos no son quesos en los que se mezclen distintos tipos de leche.  Por su parte los cuatro elaboradores del queso picón Bejes- Tresviso mantuvieron un precio unitario de 18 euros el kilo.

El jurado del concurso, en pleno proceso de cata y deliberación. FOTO: J. CASO


Las deliberaciones del jurado, que tuvieron lugar sobre una tribuna a la vista del público, fueron largas y se supone que arduas y difíciles. El fallo se retrasó y por eso los actos protocolarios comenzaron un poco más tarde del horario previsto. Al final, el primer premio en la variedad de queso de Cabrales fue para Ángel Díaz Herrero, vecino de Tielve, una localidad que sin duda alguna es la Meca del mejor Cabrales. Por su parte la Quesería La Collada, de Cirieñu (Amieva), se llevó el premio al mejor queso de los Beyos y Javier Campo fue reconocido como el mejor elaborador del picón Bejes- Tresviso. En cuanto al Gamonéu, el primer premio del puerto fue la quesera de Gumartini, y vecina de Intriago (Cangas de Onís), Covadonga Fernández. Su hija Graciela, titular de la quesería El Arbeyal, ganó el premio en la variedad del valle.

Los premiados en el concurso, junto a los pujadores de la subasta de las mejores piezas. FOTO: J. C


Tras la entrega de premios, tanto del certamen, como del concurso de pinchos al gamonéu, que organizaba la Cofradía de Amigos del Queso Gamonéu y que, por segundo año consecutivo se llevó Paz Ardines, del restaurante El Molín de la Pedrera, tuvo lugar uno de los actos más novedosos del concurso quesero cangués: la subasta, uno a uno, de las cuatro piezas ganadoras. Concurrieron cinco pujadores que representaban a dos restaurantes de Cangas de Onís: Casa Manuela y Los Arcos, otros dos de Ponga, Hotel Puente Vidosa y Casa Luciano, y un quinto de Parres: el Corral del Indianu que dirige José Antonio Campo Viejo.

Esta primera subasta contó con cinco pujadores de Cangas de Onís, Ponga y Parres. FOTO: J. CASO.


A pesar de la expectación creada y con cientos de personas atentos a todo cuanto acontecía, lo cierto es que la puja no resultó todo lo disputada que se podía esperar. Por eso ninguna de las piezas llegó, ni de lejos, hasta los 3.000 euros en los que se remató el mejor queso subastado en Arenas el pasado 31 de agosto en el marco del Certamen del Queso de Cabrales. De esta forma en Cangas, mientras el mejor queso de los Beyos se subastó en 400 euros y en 500 el de Cabrales, los de Gamonéu, primero el de los valles y por último el del puertu, compartieron precio final. Ambos fueron subastados, sin demasiada disputa entre los pujadores, en 600 euros. Todos los comienzos suelen ser modestos. Por eso es de esperar que tras esta primera subasta, la del año que viene, esté bastante animada, de manera que los mejores quesos de la que será la 75 edición del Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa, alcancen precios más elevados. También se podría estudiar, como apuntaron algunos de los asistentes a esta primera subasta, la posibilidad de subastar a la vez las cuatro piezas en un único lote formado por los mejores quesos elaborados en esta comarca de los Picos de Europa.

martes, 7 de octubre de 2014

Mi pregón del LXXIV Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa

Hablando del Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa, de su historia y de sus protagonistas, los quesos de Gamonéu, los Beyos y Cabrales, en el salón de actos del Ayuntamiento de Cangas de Onís

Un momento de la lectura del pregón. FOTO: ANDRÉS G. CARRETERO


Bajo estas líneas reproduzco íntegro el pregón del LXXIV Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa que tuve el honor de leer el pasado viernes en el salón de actos del Excelentísimo Ayuntamiento de Cangas de Onís y que quiero compartir con todos los que seguís EL AUSEVA DIGITAL.



PREGÓN SEPTUAGÉSIMO CUARTA (74) EDICIÓN CONCURSO EXPOSICIÓN DE QUESOS DE LOS PICOS DE EUROPA

Buenas tardes. Señor alcalde, concejales,  amigos todos.




Vaya por delante mi agradecimiento hacia los responsables de este Ayuntamiento de Cangas de Onís, en especial a su concejala de Cultura, Mari Fe Gómez, por haber pensado en mi y por haberme invitado a dar este pregón de unos actos que, un año más y por estas fechas de octubre, convierten a esta ciudad de Cangas de Onís en capital quesera de Asturias. Y ¿Por qué no decirlo? De toda España.

Superada la sorpresa y el susto inicial, acepté la invitación y aquí estamos; en este salón de actos de nuestra casa consistorial. Agradezco la asistencia de todos ustedes y apelo a su indulgencia ya que es la primera vez que voy a ejercer de pregonero. También quiero dar las gracias a Kennedy Trenzado, responsable del Archivo Municipal, a Pachu González Remis y a Paco Pantín, por su ayuda y la documentación que me facilitaron para preparar este pregón.

Tenemos por delante dos fines de semana cargados de actividades y de quesos, que arrancaron ya este miércoles con el concurso de pinchos al Gamonéu que organiza la Cofradía de Amigos de  nuestra joya gastronómica por excelencia. Y seguimos mañana y pasado, 4 y 5 de octubre, con la Feria Regional de Quesos, que este año cumplirá su undécima edición. 


He de decir que es este un acontecimiento que al principio me suscitó ciertas dudas. Sobre todo porque al celebrarse justo el fin de semana anterior al Día del Pilar, incluso tuvo lugar la víspera algún año, siempre pensé que la feria quedaba demasiado pegada al Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa. Por eso me preguntaba: ¿No sería mejor separar un poco ambos actos en el calendario?, siempre eso sí, dentro de esta época del año. Mi temor era que la feria pudiera empañar, o hacer de menos, a nuestro histórico certamen quesero abierto, como bien saben todos ustedes, a las variedades de Gamonéu, Cabrales y Beyos, los tres grandes quesos de la comarca asturiana de los Picos de Europa. A estas alturas está claro que la feria no ha dejado de crecer y de consolidarse año tras año: En 2013 concurrieron 32 elaboradores que representaban a muchos de los quesos de esta zona oriental de Asturias. Por eso, tras constatar que los queseros, sus principales protagonistas, están contentos en cuanto a las ventas, no me queda otra que aplaudir la idea de su puesta en marcha y desearle larga vida a esta Feria Regional de Quesos de Cangas de Onís. 

Pero lo que me motiva de este pregón es, sin duda alguna, hablar del Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa, dicen que el decano de cuantos concursos queseros se celebran en nuestro país. Alcanzará el próximo día 12 de octubre, Festividad de la Virgen del Pilar, su edición número 74, los mismos años que tiene mi padre si se me permite mencionar esta casualidad. Y el año que viene cumplirá sus Bodas de Platino. En cuanto a sus orígenes “en 1940 un entusiasta alcalde de esta pequeña gran ciudad creó una feria- concurso para fomentar el interés no sólo del productor, sino también del consumidor, acerca de los tres quesos trabajados en la comarca: Cabrales, Gamonedo y Los Veyos”, que de aquella se escribían con V. Vayan ustedes a saber por qué. Así se puede leer en un amplio artículo a dos páginas, ilustrado con varias fotos a todo color y publicado el 6 de noviembre de 1971, por el semanario Blanco y Negro, suplemento dominical del diario madrileño ABC. El titular del artículo decía así: “La Feria- Concurso de Cangas de Onís. Los quesos asturianos de montaña”. Aquel alcalde citado en el reportaje no era otro que Emilio Antonio González- Capitel, más conocido como Antón Capitel. 

Por mi trayectoria profesional han sido muy pocas las ocasiones en las que me he perdido el certamen quesero del Pilar. Es de esos días del año que para un periodista local, para un corresponsal, como es mi caso; si o si, toca trabajar. Aunque con gusto. Supongo que por el queso.   Además en 2006 tuve ocasión de informar de la histórica presentación de los primeros quesos de Gamonéu ya etiquetados, y contra etiquetados, al amparo de la Denominación de Origen Protegida.

Pero como cangués, y desde un plano más personal, este día, el del Pilar, el de la Feria de Otoño en Cangas, me trae muchos recuerdos. Echo la vista atrás y me veo de críu acompañando a mi padre a comprar queso. Íbamos aquí al lado, a los desaparecidos Jardines del Ayuntamiento. Porque de aquella el Concurso de Quesos de los Picos de Europa se celebraba en el soportal que recorre toda la fachada del antiguo internado femenino,  actual edificio multiusos que acoge desde el Hogar del Jubilado, a las oficinas de Incatur, la  Denominación de Origen Gamoneu, la empresa municipal de agua, la Escuela de Música, el INEM o la Recaudación. Entre columna y columna de ese alargado porche iban uno o dos puestos de venta de quesos de las tres variedades presentes en este concurso desde el primer día. En casa el Gamonéu siempre ha sido nuestro queso preferido y con mi padre, antes de que se decidiera por una u otra pieza, probábamos los quesos de, entre otros, Paulino Alonso o Artemio Asprón, dos insignes maestros del Gamonéu ahora jubilados después de toda una vida como pastores elaborando quesu en el puertu. Por lo general marchábamos para casa con una buena porción de Gamonéu. Si no te decidías por una cuña que ya estuviera sobre el mostrador, te abrían un queso. Lo probabas y apreciabas su corte y su aspecto. Y te decidías por uno con más o menos cardenillu. Eso ya es cuestión de gustos, supongo. Y te ibas contento y feliz porque te llevabas un verdadero manjar del que dábamos cuenta en unos pocos días. ¡Que pena cuando se acababa! Porque entonces no era tan fácil como ahora comprar queso de Gamonéu, que está presente en todos los comercios del ramo. De aquella sabías que, después del Pilar, ibas a pasar una buena temporada hasta que lo pudieras volver a degustar. En aquellos años aún no había pesas electrónicas ni digitales y, llevases lo que llevases, el queso se pesaba con la romana, una imagen preciosa, hoy casi desaparecida de ferias y mercados. Hacíamos lo que, en mayor o menor medida, hacían y siguen haciendo muchas familias de Cangas de Onís y de los concejos vecinos. Cumplir con la tradición de comprar algo de quesu el Día del Pilar.
 Eran aquellos unos certámenes que tenían entre su jurado a gente entendida en quesos de la sociedad local. Como los fallecidos Juan Casero, Leandro el de Intriago o Quilo el queseru. Pero  había otros que no eran de Cangas Era el caso del que fuera alcalde de Amieva, Ángel Collado, también fallecido hace años. El puesto de algunos de aquellos jueces que ya no están entre nosotros lo han ocupado sus hijos, como María Jesús o Berta, hijas de Quilo. O Leandrín y Federico, hijos de Leandro. Junto a ellos todavía hay veteranos que siguen como jurado en la actualidad. Es el caso de Luis Vega, de Corao. Otra persona que lleva muchos años como juez es Dionisio Cifuentes. Cuando yo era crío, y hasta no hace demasiados años, el jurado del concurso de quesos del Pilar se reunía a puerta cerrada a deliberar en una sala del internado. Hoy eso ha cambiado. Desde hace poco, y al igual que sucede en el certamen del Cabrales, esas deliberaciones se hacen ante el público, en la misma carpa donde tiene lugar la exposición y venta. Así los asistentes pueden ver a los miembros del jurado mientras huelen, prueban, saborean y evalúan los quesos presentados a concurso. Es una de esas estampas curiosas que llaman la atención. Por eso, como hice en su momento, vuelvo a aplaudir esa decisión de sacar al jurado de su encierro para que trabaje a la vista de todos los que acuden al certamen. 
 
En cuanto a los entresijos del concurso, según algunos datos que he podido consultar, en 1969 cada quesero entregaba una muestra “no inferior a 200 gramos de peso”, cantidad que ha ido en aumento con el paso de los años. Así, en 1972 los participantes tenían que entregar a la organización una muestra de no menos de 400 gramos para los quesos de Gamonéu y Cabrales. Si eran de los Beyos, media pieza. En la actualidad la muestra para el concurso es un queso de 2 kilos si hablamos de Cabrales y Gamonéu. Y dos piezas, que vienen a sumar unos 600 gramos, si es de queso de los Beyos. Los encargados de recoger las muestras siempre fueron los trabajadores municipales. Hay una preciosa fotografía de los años 60 en la que podemos ver cómo esa labor la hacía un policía municipal. De uniforme y todo. En aquella ocasión se trataba  de Manuel González Nicolás, Manolo el de Cuatro Caminos. Se le ve retirando una muestra de queso acompañado de un funcionario que tomaba nota. Y que no era otro que Juan Antonio Vega Díaz, Toño, quien años más tarde, entre 1983 y 1988 fue nuestro alcalde.
Respecto a su lugar de ubicación, en los últimos años bajo una gran carpa por lo que pueda pasar, sobre todo desde aquel gran chaparrón que cayó en el año 2000 y que deslució la fiesta, el Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa ha vuelto a celebrarse aquí, al lado del ayuntamiento. En la plaza. Según las hemerotecas desde 1997. Pero antes se celebraba en la Plaza del Mercau, delante de la guarnicionería de Gerardo, del bar de Candita y de la pescadería de Koype, tres negocios que ya no existen. Los queseros exponían su producto bajo unos toldos alargados donde se disponían los puestos. Mientras, en los soportales del Palaciu Pintu, coincidiendo con la Fiesta del Pilar, en el marco de la Feria de Otoño, cayera el día que fuese, se celebraba, al igual que ahora, un mercado. Un grandísimo mercado. Algunos años el segundo de la semana y mucho mejor que el de cualquier domingo aunque este hubiera tenido lugar la víspera del Pilar. Siempre con muchísimos puestos. De todo tipo. En esta época del año siempre se veían y se ven muchas avellanas y nueces, además de otros de productos de temporada.




Como me decía el otru día Chilín el confiteru, en el mercau del Día del Pilar nunca faltaban los charlatanes de feria, a los que recordaba de cuando era críu. En mi infancia también los había. Como los turroneros y algún otro. De todos ellos había uno que a los críos de Cangas nos llamaba mucho la atención. Era un paisano vestido de explorador africano, con su guerrera, sus pantalones cortos y tocado con el salacot, el típico sombrero propio de los safaris. Bajo una gran sombrilla vendía bolígrafos y rotuladores de la marca Carioca. Se hacía llamar, vayan ustedes a saber por qué, el Emperador del Bolígrafo y solo se dejaba ver por aquí el Día del Pilar. Con un micrófono colgado al cuello ofertaba a voz en grito lotes que iba componiendo con distintos tipos de bolis. Adornaba su puesto, supongo que para darse lustre, con fotos suyas rodeado de animales de la sabana africana, como serpientes, elefantes o leones. A la vista de unos críos como éramos nosotros, aquellas imágenes hacían aún más legendario a aquel vendedor ambulante que parecía un explorador de las pelis de Tarzán.

Un grupo de elaboradores, con sus quesos, en el Campu S. Antonio. FOTO: ARCHIVO PEPILLO REMIS


Cartel del LXXIII concurso del Pilar.


Lo que no sabía es que el Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa se había celebrado desde sus inicios, y hasta los años 70, en el Campu de San Antoniu. Me enteré en 2012 cuando el cartel anunciador del certamen, al igual que el de este año, se ilustró con una magnífica fotografía en la que se podía ver a multitud de gente a ambos lados de una mesa muy larga, llena hasta arriba de quesu de Gamonéu, a la sombra de los roblones de Cangas de Arriba y con la capilla de San Antoniu al fondo. Y es que el certamen se hacía a la vez, y en el mismo sitio que la Feria de Ganados de Otoño, que durante mucho tiempo incluyó un concurso ganadero. Con el paso de los años, y hasta la actualidad, el certamen quesero fue ganando protagonismo y, si bien, pudo nacer como complemento a la feria, lo cierto es que a la postre acabó convirtiéndose, sin duda alguna, en el acto estrella del Día del Pilar en Cangas. Pero sus inicios fueron modestos en aquellos años de la posguerra.
En 1942 la corporación canguesa remitía el 22 de octubre una nota de gratitud a la Diputación Provincial después de que esta le hubiera concedido una subvención de 1.000 pesetas para sufragar los premios tanto del concurso de sementales como del de quesos “fabricados en los puertos” en sus tres modalidades: Cabrales, Gamoneu y Beyos. En 1953, según un folleto informativo editado por el ayuntamiento, sabemos que en el concurso de quesos se entregaron 1.550 pesetas en premios, una cantidad muy por debajo de lo que se repartió en el concurso de ganados. Los ganadores en las modalidades de Gamoneu y Cabrales se llevaron 250 pesetas, 50 más que el mejor elaborador de los Beyos. Entonces los premios se daban a lotes “mínimos” de cinco quesos cada uno. En 1969 los premios en metálico  ya sumaron  5.250 pesetas y el ganador de cada variedad, esta vez sin distingos, se llevó 1.000 pesetas y un trofeo. El presupuesto para premios no dejó de incrementarse y así, al menos entre 1972 y 1974, cuando ya había dejado de organizarse el concurso de ganados,  en el de quesos se repartieron 19.500 pesetas en metálico, con un primer premio de 3.500 pesetas y trofeo para las tres variedades. En la actualidad el presupuesto para premios se eleva hasta los 2.000 euros, además de varios trofeos.
Y si esa partida presupuestaria se incrementó con el paso de los años, qué decir del precio de los quesos. A primera hora de la mañana, y antes de iniciar las ventas, son los elaboradores participantes en el concurso quienes, desde siempre, reunidos en corrillo fijan los precios a los que venderán su producto. Si en lo que atañe al Cabrales o al Beyos, no suele haber diferencias entre los productores de una u otra variedad, en el caso del Gamonéu nunca, o casi nunca, hubo un precio único. Antes de la llegada de la Denominación de Origen Protegida, cuando hablábamos de Gamonéu de Onís y de Cangas, siempre este último se vendió algo más caro, aunque fueran veinte duros. 


 
Mi primera crónica del certamen para La Voz de Asturias.



Así era en 1996 cuando escribí mi primera crónica de la feria del Pilar para LA VOZ DE ASTURIAS. Aún no había llegado el euro y el Gamonéu de Cangas se vendió a 3.300 pesetas y a 3.200 el de Onís. Aquel año el precio del kilo de queso de Cabrales era de 2.000 pesetas. Y de 1.600 para  el de los Beyos. Sí hubo al menos dos años, 1999 y 2000, en los que tanto el Gamonéu de Cangas como el de Onís se vendieron al mismo precio: 3.500 pesetas el kilo. Desde que está la Denominación de Origen Protegida allá por 2003, hablamos de Gamonéu del Puertu y del Valle.  También con precios diferentes, desde luego. A ver qué pasa este año porque en 2013 el primero de ellos alcanzó el precio récord de 38 euros el kilo, mientras que el del Valle se vendió con un amplio abanico de precios que iban desde los 20 a los 30 euros. Por su parte el Cabrales se puso a la venta a 20 euros y a 15 el de los Beyos. En total, de las tres variedades, los 39 elaboradores participantes el año pasado pusieron a la venta nada más y nada menos que 4.200 kilos de queso. O lo que es lo mismo más de 4 toneladas. Como siempre, lo vendieron casi todo. Para el próximo día 12 hay inscritos 39 elaboradores.

 La gran novedad de esta edición número 74 del Concurso Exposición de los Picos de Europa será que, por primera vez, podrán concursar los elaboradores de queso picón Bejes-Tresviso, que cuenta con su propia Denominación de Origen Protegida y se elabora en la parte cántabra del Macizo Oriental de los Picos de Europa.

Ventana en la que curabasus quesos de Los Beyos mi abuela María en Sames. FOTO: J. C.
 


 Y qué decir de los tres grandes protagonistas de nuestro histórico concurso: los quesos de Cabrales, Beyos y Gamonéu, de los que me declaro fiel devoto. Por distintas razones. Del queso de los Beyos no sólo porque me encanta. También porque eran los quesinos que mi abuela María, nacida en la aldea beyusca de Rubriellos, dejaba secar, airearse y madurar en una ventana situada en la escalera del desván de su casa de Sames. O los que comíamos cuando parábamos en Covarcil, en el desfiladero de los Beyos, en el bar de Josefa. O los de Leonides, de Vega de Cien. Se sigue elaborando en muchos domicilios de Amieva, Ponga y Sajambre, pero los que están en el circuito comercial son los que salen de las queserías de Amieva: la de la Collada, en Cirieñu, que llevan Salva y Aurora; la de Pregondón, de Carlos y Ani, hija del inolvidable Jaime Álvarez y la de La Fresneda. Las tres  han conseguido un producto de gran calidad y un sabor muy uniforme, un queso suave que además de estar buenísimo, por su pequeño tamaño es ideal para regalar en cualquier ocasión, porque oye, regalaste un quesu. Y quedas muy bien. Al de Los Beyos, además de asentar de una vez por todas su marca de calidad, su Indicación Geográfica Protegida (IGP), que aún no dispone de contra etiquetas oficiales, solo le falta una mayor promoción y que en los concejos del Alto Sella se vayan abriendo más pequeñas queserías que dinamicen la economía local. Además la única que había en Ponga, la de Pilar en Viegu, cerró no hace mucho y la de Sajambre funciona de forma intermitente.

Salva y Aurora, elaborando queso de Beyos. FOTO: J. C



Quesos de los Beyos durante su secado. FOTO: J. C



Al Cabrales le he ido cogiendo el gusto con el paso de los años y es el queso favorito de Rosi, mi mujer. La apuesta por la calidad que han llevado a cabo los elaboradores cabraliegos en los últimos años, con el apoyo de los técnicos de esta Denominación de Origen Protegida, está fuera de toda duda y eso ha elevado al más conocido de los quesos asturianos hasta el más alto nivel de toda su historia. Atrás han quedado, por fin, aquellas leyendas urbanas que hablaban de gusanos o quesos madurados entre cuchu. En el artículo del Blanco y Negro ya mencionado antes se decía que eran las hojas en las que se envolvían por entonces los quesos de Cabrales, una envoltura nada higiénica todo hay que decirlo,  las que al pudrirse, aportaban a este queso, no su  olor, sino su “hedor característico”, tal y como dejó escrito el autor de aquella crónica.

Queso de Cabrales, en un puesto del mercado de Cangas de Onís. FOTO: J. C



Todo eso ha quedado atrás. En la actualidad hay elaboradores que han ido en busca de la máxima calidad. Por eso han apostado por lo que algunos ya han bautizado como los Cabrales  Pata Negra o Reserva: Quesos elaborados con una o tres leches y que, muy vigilados y atendidos, se dejan madurar durante muchos meses a la sombra de la caliza de los Picos de Europa. Hasta 7 o incluso 11 meses permanecen esos quesos escogidos en cuevas como la del Teyedu o Peña Maín. Son unos quesos excepcionales y por lo tanto alcanzan un precio superior al Cabrales más convencional, lo que redunda en mayores ingresos para quienes los elaboran.

Quesos de Cabrales, madurando en la Cueva del Cares. FOTO: J. C.
 
Piezas de Cabrales ya etiquetadas. FOTO: J. C.


En mi modesta opinión, la de alguien que no es un entendido en quesos, pero que ha escrito bastantes artículos sobre los que se elaboran en esta comarca, ampliar los tiempos de maduración hasta los seis meses o más antes de sacar a la venta su producto, es una senda por la que deberían decidirse a transitar sin miedo los elaboradores de queso Gamonéu. Tanto los del puertu como los del Valle. De hecho ya hay alguno que apunta en esa dirección. Este es un asunto sobre el que he hablado en multitud de ocasiones con personas como mi buen amigo Bertu. Es cierto que poner en marcha una quesería como las que se dedican a producir Gamonéu del Valle es una inversión alta y que los créditos y las letras hay que pagarlas todos los meses. Por eso, y porque es verdad que se lo quitan de las manos, a los elaboradores no les queda otra que vender el queso en cuanto el reglamento de la DOP se lo permite. A partir de los dos meses de maduración. O todo lo más con cuatro. Pero no es menos cierto, que de cada lote que se elabora, se puede apartar un número limitado de piezas, siempre escogidas, para afinarlas y dejarlas madurar con mimo durante más tiempo. Estoy convencido de que por ahí, al igual que con el Cabrales, también se llegaría al Gamonéu Gran Reserva, máxime cuando además los queseros disponen de un sitio como Cueva Oscura, una gruta natural cuyas condiciones para la maduración de quesos siempre han sido calificadas como excelentes por todos los expertos. 
 
Quesos de Gamonéu del Valle, madurando en Cueva Oscura. FOTO: J. C.
Animo, pues, a nuestros queseros, a dar pasos en esa dirección que no serviría más que para ampliar la gran calidad con la que ya cuenta el Gamonéu, un grandísimo queso, mi favorito sin duda alguna, aunque menos conocido que el Cabrales. Y es verdad que en el puertu el número de queseros ha caído en picado y sólo hay cuatro elaboradores en la actualidad haciendo queso en Fana, Belbín y Gumartini; pero en el Valle hay nada menos que 16 queserías en funcionamiento con todo lo que eso supone para la economía local. 
Vista general de la majada de Belbín, en el puertu de Onís. FOTO: J. C.


Cándido Asprón atiende sus quesos de Gamonéu del puertu en la cueva de Belbín. FOTO: J. C.



Por eso no me queda otra que reivindicar el máximo apoyo de las administraciones hacia todos los que se dedican a elaborar estos tres grandes quesos. Acondicionar accesos rodados a las cuevas de maduración, por qué no incluso a alguna majada, esté o no dentro del Parque Nacional, permitir la construcción de nuevas queserías dentro de este espacio protegido o perseguir el fraude, que también lo hay, son cuestiones en las que hay que insistir. También en lo que se refiere a los necesarios controles de población del lobo. Porque sin reciella, que aporta una materia prima fundamental, no hay leche para nuestros quesos. “Los auténticos dueños de los Picos de Europa son los pastores, y esto condiciona cualquier política” No son palabras mías. No. Qué más quisiera. Son del fallecido e ilustre profesor de la Universidad de Oviedo, el cangués Don José Miguel Caso González, e incluidas en el pregón que leyó el 12 de octubre de 1991 aquí, en Cangas de Onís, con motivo del Concurso- Exposición de Quesos de los Picos de Europa. Por eso, y porque muchos de los problemas que sufrían y sufren nuestros pastores-queseros y el resto de elaboradores siguen ahí, la Administración tiene que estar a la altura. La elaboración de quesos, y más cuando hablamos de productos gourmet como el Gamonéu, el Cabrales o el Beyos, es una alternativa económica para nuestros concejos que debe ser apoyada al máximo, sobre todo cuando no dejamos de lamentar la sangría de población y abandono que sufre el Medio Rural asturiano. Por eso hago mías también las palabras de alguien como Jaime Izquierdo, quien hace años ya afirmó que, en los Picos de Europa, “el desarrollo nos lo den con queso”. Porque ahí está el futuro de nuestros jóvenes queseros.

Gumartini y, en primer término, una cuña de Gamonéu del puertu. FOTO. J. C.

Tampoco quería finalizar este pregón sin dejar de mencionar la Feria de la Miel del Oriente de Asturias, que también se celebra en Cangas el día del Pilar y que este año cumplirá 28 ediciones. Es otro certamen pionero, ya consolidado sin duda y que rinde homenaje a una actividad tradicional como es la apicultura. Algún año hubo hasta 26 participantes. Este serán 17. A diferencia de los quesos, en la feria de la miel es la organización la que fija un precio oficial: en 2013 fue de 7 euros para los botes de un kilo y de cuatro euros para los de medio.


Muchísimas gracias por su atención. Espero no haberlos aburrido. Ya sólo me queda desearles que disfruten del amplio programa de actos previsto. Y si, mañana en la Feria o el Día del Pilar, compran algo de queso, disfrútenlo y buen provecho. Y que acuda mucho público.




En Cangas de Onís, a 3 de octubre de 2014.




Javier González Caso. Periodista.
 

 




jueves, 21 de agosto de 2014

Ramón A. Prada: Hasta siempre maestro

Cangas de Onís dice adiós a Ramón Prada, uno de sus vecinos más queridos


Ramón A.  Prada, en 2006, cuando recibió el título de Hijo Predilecto de Cangas de Onís. A su lado, el entonces alcalde, Alfredo García. FOTO: J. G. CASO

Por Javier G. Caso

 
Será este mediodía cuando Cangas de Onís se disponga a despedir a uno de sus vecinos más queridos: Don Ramón Aniceto Prada Vicente. Nacido en la capital canguesa en 1930, el próximo mes de diciembre hubiera cumplido 84 años y se va tras toda una vida dedicada a la promoción de la música coral, sin duda su gran pasión. Han sido varias las generaciones de cangueses y canguesas que formaron parte de los sucesivos coros infantiles que Don Ramón formó a lo largo de su larga trayectoria docente, primero en Villanueva y después en Cangas de Onís, en el Colegio Público Vázquez de Mella. Pero sin duda alguna, y como él mismo comentaba entre risas, Don Ramón Prada pasará a la historia como el director de coro más veterano que se recuerde al frente de una misma formación: la Masa Coral Peña Santa, que él mismo fundó en la década de los cincuenta del siglo pasado, que años después pasa a denominarse Coro Mixto Peña Santa como lo conocemos en la actualidad y del que Prada fue su primer y único director; un coro que en algunos momentos llegó a estar integrado por 70 voces. Casi nada.

Ramón A. Prada, con el Coro Peña Santa, durante uno de sus conciertos. FOTO: J. CASO


Casado con Emilina Blanco, y padre de cuatro hijos: Ramón, Juan, Emilio y Blanca; puede afirmarse sin exagerar que Coro Peña Santa era el quinto hijo de Don Ramón Prada. O su segunda familia. Una gran familia. Horas después de que se hiciera público su fallecimiento, ocurrido este miércoles en Oviedo, muchos de los integrantes del coro no podían reprimir sus lágrimas y se emocionaban recordando al que, durante tantos años, fue su director. Era su líder y su amigo. Y pasará un tiempo hasta que logren reponerse de su ausencia. Pero para este mediodía ya han prometido que por mucho que les embargue la emoción, van a desenredar el nudo que todos tienen en la garganta desde que supieron de la muerte de Don Ramón y van a cantar para él en su funeral. Será su último adiós. A más de uno le correrán las lágrimas por las mejillas, y a lo mejor no les sale todo lo bien que desearían, pero no tengo dudas de que, ese funeral cantado por el Coro Peña Santa, será algo inolvidable. Porque van a cantar con el corazón. Y así no hay quien falle.

Prada, con el Coro Peña Santa, en un concierto en la Casa de Cultura de Cangas de Onís. FOTO: J. CASO


Se nos va una persona que cantó misas y funerales en innumerables ocasiones. Que tocó el órgano de la iglesia de Santa María ni sabe cuántas veces; una persona que no sabía decir que no a nada y que, de forma desinteresada, colaboró con todo lo que se le puso por delante en Cangas de Onís. Fueron varias las generaciones de cangueses, entre ellas la mía, que tuvieron oportunidad de ser sus alumnos en el Colegio Vázquez de Mella donde dio clases de Lengua, de Dibujo y de Pre-tecnología, entre otras materias. Personaje inquieto, de curiosidad insaciable, hiperactivo me atrevería a decir, Don Ramón era de los que siempre llevaba de todo en los bolsillos de su americana: papel, bolis, lápices, destornilladores.... Hasta algún trasto singular. En Cangas debió ser de los primeros en portar un reloj digital, con calculadora y hasta con radio. De los primeros que tuvo de esas calculadoras científicas y hasta ordenador. Fue un apasionado de la electrónica, de la informática. También le gustaba viajar y durante décadas Don Ramón, junto a su mujer Emilina, eran algunos de los maestros que acompañaron a los alumnos y alumnas de octavo curso de EGB del Vázquez de Mella en aquel clásico viaje de estudios, siempre con destino a Madrid. Aunque creo que hubo años que también incluyó Toledo. Por toda España viajó también Don Ramón al frente de su Coro Peña Santa y en los últimos años participó en varios de los viajes organizados por el Club Cangas de Onís Atletismo hasta ciudades como Lisboa o París donde iban a competir los atletas locales. Siempre pertrechado por su cámara fotográfica, al regreso de cada viaje, y a modo de recuerdo, Don Ramón solía entregar a quienes lo habían acompañado en aquellas expediciones un CD con fotos y una crónica del viaje. Y es que a lo largo de su vida Prada escribió, y mucho. Sobre Cangas de Onís y los cangueses. Fue durante décadas corresponsal del diario La Nueva España y año tras año colaboró con innumerables artículos para la revista de las fiestas de San Antonio: en prosa, en verso. Tanto en castellano como en asturiano. Tienen que ser cientos los textos que habrá escrito Don Ramón. Muchos firmados como Ramón A. Prada. Muchos otros con seudónimo, como Nin del Buxu, además de algún otro que no recuerdo. 
Ramón A. Prada, dirigiendo un coro infantil, en un concierto de Villancicos en Villanueva. FOTO: J. CASO
 Desde luego era único. Don Ramón era capaz de escribir sobre la marcha y componer en un tris el himno de un club local o una canción dedicada a algún rincón de Cangas, como hizo en más de una ocasión dejando a todo el mundo con la boca abierta. Así era él. Genio y figura. Uno de los momentos más esperados del año era cuando llegaba el acto del pregón de las Fiestas de San Antoniu, de las que por supuesto fue pregonero en alguna ocasión. A esa cita nunca han faltado ni el Coro Peña Santa ni su director. Contemplar a Don Ramón dirigirlo era un espectáculo impagable, lo mismo que cuando, entre canción y canción, se dirigía al público al que siempre hacía reír con sus improvisados comentarios. Y es que su espontaneidad era otra de sus muchas cualidades. Todavía ocurrió este pasado mes de diciembre. Cuando iba a concluir el acto de entrega de los primeros premios Sifón de Oro en el salón de actos del ayuntamiento, Don Ramón Prada no dudó en levantar una mano ( en la otra debía llevar la cámara de fotos) Y tras pedirle permiso al alcalde para hablar, en un momento genial de los suyos, reclamó que el consistorio cangués le concediera a Luis Salcines el título de Hijo Predilecto de Cangas de Onís. 

Don Ramón, dirigiendo un multitudinario coro desde el balcón del antiguo internado durante la celebración, en 2003, del Día Coral. FOTO: J. CASO

Don Ramón, el año que leyó el Pregón de San Antoniu. FOTO: J. CASO


Y eso lo hizo alguien como Don Ramón Prada a quien, en 2006, el Excelentísimo Ayuntamiento de Cangas de Onís nombró por unanimidad de todos los grupos municipales Hijo Predilecto del concejo cangués. Además, y en la misma sesión plenaria, la corporación decidió darle su nombre a una céntrica calle de Cangas de Onís, la misma en la que desde hace décadas residía Don Ramón y su familia, algo que siempre comentaba orgulloso. Hará poco más de una semana que lo vi por última vez paseando por La Plaza acompañado de Emilina. Después de lo bien que se había recuperado de la operación de corazón a la que se había sometido en febrero, ahora se le veía mucho más débil, más gastadín; pero ni por asomo como para esperar un fallecimiento que todos los cangueses ha cogido por sorpresa. Con la muerte de Don Ramón se ha apagado la voz de un cangués irrepetible; pero a buen seguro que a estas horas, allá arriba en el Cielo, ya estará haciendo de las suyas. Igual hasta ya ha reunido a algún grupo de ángeles, ha formado un coro y ya ensaya con ellos “Como la flor” o “Axuntábense”. Hasta siempre, Maestro. Y ojalá nunca se apague en Cangas de Onís la llama de la música polifónica que él siempre mantuvo viva. Sería el mejor homenaje que se pueda hacer a la memoria de Ramón A. Prada Vicente.