jueves, 2 de abril de 2020
miércoles, 17 de octubre de 2018
Villarmil y el Santuario de la Santina
Notas sobre la reciente publicación del libro "La Covadonga que transformó Sanz y Forés. Fotografías de José Ramón Alonso Villarmil en 1865"
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| El retrato de la Santina y varias fotos de Villarmil ocupan la portada del libro. FOTO: J. G. CASO |
Por JAVIER G. CASO:
En
el año del triple centenario Covadonga 2018, en septiembre
veía la luz “La Covadonga que transformó Sanz y Forés.
Fotografías de José Ramón Alonso Villarmil en 1865”. El
libro, editado por el Ayuntamiento de Cangas de Onís es todo un
viaje en el tiempo visual hasta aquella Covadonga de mediados del
siglo XIX, entonces un santuario sumido en un evidente abandono.
Y
nos asomamos al Real Sitio gracias a una decena de instantáneas del
fotógrafo cangués José Ramón
Alonso Villarmil que, más allá de su calidad, nos permiten percibir
cómo era aquel lugar en el que, a los pies del monte
Auseva, sobresalía el basamento del proyecto
neoclásico del arquitecto Ventura Rodríguez que, afortunadamente,
nunca llegó a ejecutarse, además de la Santa
Cueva y la Colegiata
de San Fernando, por aquel entonces el
edificio de mayores dimensiones de Covadonga. El resto de
edificaciones eran algunas que aún siguen en pie como las casas de
los músicos o de los beneficiados o el mesón de Campomanes, junto a
otros ya desaparecidos como las antiguas casas de los canónigos
ubicadas en la parte alta más del santuario. Fue aquella Covadonga
un tanto decrépita la que conoció el obispo Benito
Sanz y Forés en su visita de 1872, un acontecimiento que marcó un
antes y y un después en la historia del Real Sitio. Aquel obispo
valenciano se empeñó, y lo logró, en engrandecer y transformar
Covadonga. En la cueva se levantó el camarín
de Frassinelli, que se mantuvo hasta pasada
la Guerra Civil española y, también por iniciativa suya, comenzó
la construcción de la basílica en el cerro del Cuetu, unas obras
que, tras muchos años, no finalizaron hasta 1901, año de la
inauguración del nuevo templo. La decena de fotos de Alonso
Villarmil que ilustran este libro nos permiten pasear por aquella
Covadonga que tuvo en el cangués al primer fotógrafo profesional
que vendió fotos del Santuario y de la propia Santina. No queda más
que dar las gracias al Ayuntamiento de Cangas de Onís por su
publicación, que es fruto del trabajo desinteresado y entusiasta de
Francisco Pantín,
Javier Remis y de
Jesús Prieto Aza,
bisnieto de José Ramón Alonso Villarmil, quien en su día permitió
a los miembros de la desaparecida Asociación Cultural Abamia
acometer la digitalización del fondo fotográfico de su antepasado;
unas fotos que ahora disfrutamos en este libro en el que junto al
catalogo comentado de las instantáneas, se incluyen sendos
artículos, tan amenos como documentados, sobre Covadonga y Villarmil
escritos por Remis y Pantín.
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monte Auseva
sábado, 6 de octubre de 2018
Cangas de Onís luce a la acuarela
La capital canguesa acoge su encuentro de acuarelistas con 107 participantes en una cita que alcanza rango internacional
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| Uno de los participantes, pintando esta mañana el Puente Romano. FOTO: JAVIER G. CASO |
Por Javier G. Caso
Serán pocos los rincones de la capital canguesa que a lo largo de este fin de semana no vayan a aparecer en alguna de las muchas obras que hasta mañana pintarán los participantes en el III Encuentro de Acuarelistas de Cangas de Onís, que este año alcanza rango internacional y que organiza la siempre entusiasta Gemma García Villaverde.
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| Varios participante pintan a la altura del trampolín. FOTO: J. G. C. |
La verdad es que daba gusto darse una vuelta esta mañana por la ciudad y contemplar tantos caballetes desplegados y a tantos artistas pintando. Hasta 107 acuarelistas, según datos de la organización; algunos llegados desde Argentina o Canadá como Atanur Dogan, fundador y presidente de la Sociedad Internacional de la Acuarela, quien además impartió una "master classs" en la Casa de Cultura canguesa, se han desplazado este fin de semana hasta Cangas de Onís. El grueso de los acuarelistas se concentraron en la mecedura de los ríos Güeña y Sella. Y entre lo más pintado, cómo no, el Puentón. Fue la de hoy una jornada de pintura de temática libre. Mañana habrá un concurso con un tema único bajo el título "barrrios de Cangas de Onís". En paralelo, además, habrá un mercado del arte. Será el broche de oro a un fin de semana en el que el arte inundó Cangas de Onís de la mano de la acuarela.
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| Acuarelistas en la mecedura del Sella y el Güeña. FOTO: J. G. C. |
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lunes, 26 de febrero de 2018
Javi, el de la Pina. In memoriam
Fallece a
los 70 años el cangués Francisco Javier de la Vega, uno de los pescadores
ribereños más carismáticos del Sella
martes, 23 de enero de 2018
San Antón en Siña
Los vecinos de Villaverde, en Amieva, participaron en la misa y la tradicional bendición de animales
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| El párroco de Amieva, Alejandro González, bendiciendo a algunos de los animales que sus dueños llevaron hasta Siña. FOTO: JAVIER G. CASO |
POR JAVIER G. CASO
La sangría demográfica del medio rural es lo que tiene. En los pueblos cada vez queda menos gente. Por eso, a la hora de festejar al patrón, hay que hacerlo en fin de semana, independientemente de la fecha del santoral. Es la única forma de garantizar un festejo concurrido. Y así lo han hecho este fin de semana en Villaverde, en Amieva. San Antón Abad fue el miércoles, 17 de enero; pero lo han celebrado este domingo en una capilla de Siña que se quedó pequeña.
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Interior de la ermita de Siña. FOTO: J. G. CASO
Hasta allí llegó un buen número
de vecinos, además de familiares y amigos que por semana residen fuera de
Villaverde y de Amieva. Los vecinos acudieron con animales domésticos: algún
caballo, un asno, un conejo, una oveja, cabritos, corderinos y dos xatos.
También hubo algún perro y hasta un gato que venía en una jaula. ¡Ah! y un
remolque llenu de coinos. Todos los animales recibieron la bendición y el agua
bendita de manos de Don Alejandro, el párroco de Amieva. En un concejo en el
que lobo campa a sus anchas, con continuos ataques al ganado. Uno de los dos
terneros que se bendijeron aún conserva las heridas provocadas hace un mes
por las dentelladas del lobo; de ahí que su dueño, el ganadero de Pen, Toni González, decidiera llevarlo hasta Siña para ponerlo bajo la protección de
San Antón Abad, patrón de los animales. Otro tanto pasó con un corderín que,
tal y como relató su dueño, Isaac Rivero, nació vivo de milagro tras el ataque
de otro lobo que había dejado herida a su madre. Sus dueños temían que
abortara, pero finalmente el cordero nació sano y lo llevaron a bendecir.

Bendición de dos xatos. FOTO: J. G. C.

Uno de los corderos que se bendijeron. FOTO: J. G. C.

Las imágenes de San Antón y San Antonio, en la capilla de Siña. FOTO: J. G. C.
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| Interior de la ermita de Siña. FOTO: J. G. CASO |
Hasta allí llegó un buen número
de vecinos, además de familiares y amigos que por semana residen fuera de
Villaverde y de Amieva. Los vecinos acudieron con animales domésticos: algún
caballo, un asno, un conejo, una oveja, cabritos, corderinos y dos xatos.
También hubo algún perro y hasta un gato que venía en una jaula. ¡Ah! y un
remolque llenu de coinos. Todos los animales recibieron la bendición y el agua
bendita de manos de Don Alejandro, el párroco de Amieva. En un concejo en el
que lobo campa a sus anchas, con continuos ataques al ganado. Uno de los dos
terneros que se bendijeron aún conserva las heridas provocadas hace un mes
por las dentelladas del lobo; de ahí que su dueño, el ganadero de Pen, Toni González, decidiera llevarlo hasta Siña para ponerlo bajo la protección de
San Antón Abad, patrón de los animales. Otro tanto pasó con un corderín que,
tal y como relató su dueño, Isaac Rivero, nació vivo de milagro tras el ataque
de otro lobo que había dejado herida a su madre. Sus dueños temían que
abortara, pero finalmente el cordero nació sano y lo llevaron a bendecir.
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| Bendición de dos xatos. FOTO: J. G. C. |
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| Uno de los corderos que se bendijeron. FOTO: J. G. C. |
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| Las imágenes de San Antón y San Antonio, en la capilla de Siña. FOTO: J. G. C. |
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| El sacerdote arrojó el agua bendita con una hoja de laurel. FOTO: J. G. C |
El tiempo acompañó en una jornada
soleada y de cielos azules en la que desde Siña se podía contemplar una estampa
preciosa del Macizo Occidental de los Picos de Europa, del Cornión, cubierto de
nieve. Fue una misa de lo más animada
aunque finalmente no hubiera ni coro ni gaitero como estaba previsto. A su
conclusión, y antes de iniciar la bendición, el cura agasajó a los asistentes
con bollos de chocolate y de chorizu, así como con velas conmemorativas para
los mayores y unos peluches para los críos. Tras bendecir el sacerdote a todos
y cada uno de los animales lanzándoles el agua bendita con la ayuda de una rama
de laurel, todo el público posó para una foto de familia, inmortalizando una
jornada festiva a la que se unió, por primera vez, un grupo de vecinos y
vecinas de Llanera, quienes prometieron volver el año que viene ya acompañados
de sus mascotas.
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| Vista del Cornión, el macizo occidental de los Picos de Europa. FOTO: J. G. C. |
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| Argolibiu, Cien y al fondo el Cornión, desde Siña. FOTO: J. G. C. |
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| Todos los asistentes posaron juntas tras la misa. FOTO: J. G. C. |
Orgullosos de su capilla, que restauraron hace años justo antes de recuperar la fiesta, los vecinos contaban alguna que otra historia en torno a San Antón. La imagen actual que se venera en Siña fue tallada hará más de veinte años por Pepe, el de Pilar, un vecino de Villaverde a partir de una foto de la imagen original que algún sinvergüenza se había llevado de la capilla. “Sacolu exactu” apuntaba un vecino en referencia a la pieza tallada por Pepe que preside el retablo de la ermita de Siña. En este rincón de Amieva San Antón Abad comparte altar con su tocayo San Antonio de Padua, al que los vecinos festejan, ya no el 13 de junio, sino en pleno mes de julio. La fiesta concluyó en Villaverde con una comida de hermandad en la que no faltó una estupenda borona.
sábado, 11 de noviembre de 2017
Una exposición recuerda el bombardeo de Cangas de Onís cometido por la Legión Cóndor hace 80 años
"Cangas bajo las bombas, 1937"
La muestra fotográfica, que se nutre de fondos de la Biblioteca Nacional, se expone en la Casa Municipal de Cultura canguesa hasta el próximo 10 de marzo e incluye medio centenar de instantáneas
Hacía tiempo
que Alejandro Fernández había puesto su punto de mira como investigador en el
bombardeo de Cangas de Onís, al que ya había dedicado un artículo en el libro
de las fiestas de San Antonio del año pasado, si mal no recuerdo. Está claro
que el asunto le enganchó a la vista de los resultados: y es que su tenacidad
investigadora es la que ha hecho posible esta exposición. Tras consultar el
catálogo de la Biblioteca Nacional supo de la existencia entre sus fondos, de
tres cajas de fotografías bajo el título: “Cangas de Onís (Asturias). El pueblo
destruido (Cajas I, II y III) En total 124 instantáneas tomadas los días 11 y
12 de octubre de 1937 por algún fotógrafo del Servicio de Prensa y Propaganda
del bando franquista.
Con esos datos, nadie se hubiera resistido y este joven
historiador cangués se plantó en Madrid a consultar esas fotos de las que ahora
se exponen medio centenar de ellas, muchas de ellas. Que este exposición haya
conseguido ser una realidad es algo que hay que agradecer tanto al propio
esfuerzo investigador de su organizador y promotor, Alejandro Fernández, como
al apoyo recibido desde el Ayuntamiento de Cangas de Onís que financió la
adquisición y la reproducción de las
fotografías originales de la Biblioteca Nacional.
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| Varias de las fotos expuestas. FOTO: J. CASO |
Las fotos
expuestas dan cuenta del grado de devastación sufrido por la capital canguesa,
que tal y como explica Alejandro
Fernández fue bombardeada “al menos en cuatro ocasiones, los días 6 y 15 de
septiembre y, también, 6 y 9 de octubre”. Unos bombardeos reconocidos por “los
propios partes de guerra de la Legión Cóndor”, añade Fernández en alusión a la
unidad militar que Hitler envió a España en apoyo del bando sublevado. Un
recorrido por la exposición permite comprobar los daños sufridos en algunos
puntos concretos de la capital canguesa: en la zona del mercau, donde el
Palaciu Pintu quedó destruido por completo, así como varias casas en la calle
San Pelayo. Otros edificios que también sufrieron daños fueron el propio
ayuntamiento, la estación del tranvía a Covadonga y el inmueble del desaparecido
Hotel Santa Cruz, en la esquina situada junto al ayuntamiento en el lugar que
ocupa el edificio del Banco Sabadell.
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| Un visitante contempla una de las fotos. FOTO: J. G. CASO |
Cuando se
cumplen ocho décadas de aquel suceso, Alejandro Fernández explica que, a día de
hoy, “nadie duda ya de que la versión más veraz es la del bombardeo”, comenta
en alusión al cruce de acusaciones que los dos bandos habían mantenido en plena
Guerra Civil. Mientras el bando franquista, añade este historiador,
responsabilizaba de la destrucción de Cangas de Onís a “las hordas marxistas,
que en su retirada arrasan con todo, practicando una política de tierra quemada”,
desde el bando republicano se aseguraba lo contrario. La responsable de la
destrucción había sido la Legión Cóndor que, apunta Fernández, “bombardea
Cangas de Onís y comete el mismo crimen que en Gernica”.
En su artículo
“A 80 años vista”, incluido en el tríptico de la exposición, Alejandro
Fernández ofrece algunos datos relativos al número de edificios destruidos y
asegura que varían en función de las fuentes consultadas. “Desde los 52 edificios
derruidos en Cangas y las 9 casas en Corao,
como propone Fernando Fernández Rosete, a los 100 que determina la Causa
General”.
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| Militares franquistas, en la Avenida Covadonga. Reproducción JGC |
Las propias
tropas franquistas, como se puede ver en una de las fotografías expuestas,
desfilaron entre ruinas por la Avenida de Covadonga. El grado de destrucción
sufrido por la capital canguesa fue tal, que tal y como explica Fernández en su
artículo “el 14 de julio de 1943 Cangas de Onís es adoptada por el Caudillo”, comenta en alusión a la reconstrucción
llevada a cabo por el Servicio de Regiones Devastadas, un órgano creado por el
bando franquista en 1938 y que, una vez acabada la Guerra Civil “adoptó a las poblaciones en las que la
destrucción había afectado a casi la totalidad de los bienes de uso público y
de los destinados a servicios en la localidad”. El requisito para esa adopción,
tal y como tuvo que haber pasado en el caso de Cangas era que, detalla
Fernández, “la destrucción afectase al 75% del lugar”.
Un buen número
de las fotografías ha sido posible localizarlas e identificarlas, pero hay
algunas que exigen un mayor esfuerzo. Tal y como comentó Alejandro Fernández
durante el acto inaugural, en el que ejerció como guía en un recorrido por la
exposición, cualquier ayuda a la hora de identificar los lugares fotografiados
o incluso a algunos de los personajes que aparecen en varias de las
instantáneas será “bienvenida”. No queda más que animar a visitar esta
exposición que nos transmite las terribles consecuencias de la guerra, unos
hechos que, como me comentaba el comisario de la exposición” siempre conviene
recordar y conocer para evitar que puedan volver a repetirse”. Gracias
Alejandro por este regalo para todos los cangueses y en particular para
aquellos que, sean de donde sean, aman la fotografía histórica.
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jueves, 23 de febrero de 2017
La capilla de El Pedrosu, en Onís
La ermita,
dedicada a San Julián, es del siglo XVII y tiene unas interesantes
pinturas
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| Vista general de la capilla de San Julián, en la localidad de El Pedrosu, en Onís. FOTO: JAVIER G. CASO |
Por JAVIER G. CASO
Nuestro
entorno rural nunca dejará de sorprenderme. En esta ocasión ha sido
la capilla de San Julián, en El Pedrosu (Onís) en
cuyo entorno acomete estos días trabajos de mejora el consistorio
oniense. Al pie de la ermita se ha levantado una escollera que, si
bien de mano sorprende un tanto, lo cierto es que evita cualquier
peligro de que la capillina se pueda venir abajo si el terreno cede.
El vecino más próximo, Álvaro Asprón, ejerció de
improvisado guía y, muy amablemente, me aportó datos más que
interesantes de esta modesta edificación religiosa levantada, me
explicó, en 1656.
De
inmediato le digo que sí cuando este vecino, custodio de la llave de
la ermita, me invita a visitarla. Atravesar su pórtico empedrado y
franquear la puerta de madera situada bajo un arco de medio punto,
permite disfrutar de un interior más que interesante. El pavimento
de la capilla, lejos de ser de piedra o de un moderno terrazo que
sustituyó al original como ha sucedido en muchas iglesias, está
formado por unos ladrillos de considerable tamaño. A partir de ahí
llama la atención su decoración pictórica del arco triunfal que
separa la nave del altar. En el pilar de la izquierda aparecen sendas
cruces pintadas en tono ocre una sobre la otra. La de más abajo está
pintada dentro de un círculo; en el frente del pilar del lado
derecho hay pintadas lo que parecen ser las figuras de algún animal.
En el lateral del pilar derecho lo que aparecen representadas,de una
forma muy elemental y esquemática, son dos figuras humanas a
distintas alturas. La más alta y de mayor tamaño porta una especie
de bastón alargado en forma de cruz. Por su parte en las impostas de
las que arranca el arco aparecen decoraciones geométricas y unos
pájaros. Ya en el altar mayor, presidido por un retablo de madera,
en la pared de la cabecera hay más pinturas, una decoración
pictórica bastante mal conservada. Preside el altar la figura de San
Julián, acompañada a los lados por un Corazón de Jesús y una
Virgen.
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| Vista del arco triunfal y, al fondo, el altar, de la capilla. FOTO: J. C. |
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| Decoración pictórica con motivos animales y geométricos. FOTO: J. C. |
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Figuras humanas pintadas. FOTO: J. C. |
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| Cruces pintadas. FOTO: J. C. |
Lo más
feo de esta capilla es, sin duda, el muro de hormigón que rodea el
pórtico y que, me imagino, sustituyó hace años al muro de sillería
original. Posiblemente la actuación evitó que el techo del porche
de la ermita se viniera abajo, pero la buena actuación no evita
poder decir que se hizo a costa de destrozarlo por completo. Lo que
sí conserva el pórtico es un desigual empedrado a base de regodones
de río, unas piedras de distinto tamaño, distribuidas en
cuadrantes.
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| Pórtico empedrado. FOTO: J. CASO |
Aunque ya
no puede contemplarse, según este vecino, en su día hubo pila
bautismal en la capilla de El Pedrosu, dónde ahora hay unos once
vecinos pero que, según Álvaro Asprón, llegó a tener hasta
doscientos habitantes en su día. El Pedrosu pertenece a la parroquia
de La Robellada, pero su ermita, según este vecino, pudo ser
parroquia hace siglos. Hasta hace cien años en este pueblo oniense
se festejaba a San Antonio de Padua, del que aún se conserva
una talla de buen porte que luce en el lateral izquierdo del
presbiterio de la ermita.
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