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jueves, 2 de abril de 2020

Adiós a un vecino de Onís

Recordando a Kiko Rojo



Kiko Rojo, en la cocina de su vivienda de Bobia Baxu, el pasado mes de octubre. FOTO: J. G. CASO

Por Javier G. Caso

En estos tiempos del coronavirus también se nos va gente aunque no sea a causa de esta pandemia. Así le sucedió a Kiko Rojo, “Kiko el cabraliegu”, vecino de Bobia Baxu, en Onís. Falleció de forma repentina poco después de haber regresado de dar un paseín, tal y como acostumbrada a diario al tratarse de una persona de lo más activa. Meses atrás tuvimos ocasión de entrevistarlo para el programa dedicado a Onís en Concejo a Concejo, de TPA. Kiko fue uno de los cinco onienses que protagonizaron una entrevista monográfica. A sus 86 años repasó sus años de pastor en el puertu desde que era niño, un oficio que lo hizo muy feliz más allá de los momentos duros que le tocaron vivir. Nos transmitió su pena por la situación actual del medio rural, por esos pueblos donde apenas hay ya vecinos y donde, en la mayoría de los casos, los que quedan son personas mayores ya jubiladas. Rememoró aquellos tiempos en los que había tantos pastores en el puertu que, en las majadas más pobladas como la de Vega Maor, la suya, tenían hasta bolera. “Había unas partidas como si fuera en Benia”, comentaba Kiko.
 Hace años este vecino de Bobia sobrevivió a un accidente que casi le costó la vida. De hecho estuvo a punto de morir desangrado. Llegó a sentir, me apuntó, que su vida se le iba como pasa con los fósforos y las cerillas cuando se van apagando. Pero salió de áquella. Y aunque tenía que moverse con la ayuda de muletas, Kiko se mantenía activo. Paseaba y, si se terciaba, hasta tiraba de guadaña. ¡Bueno era! Por lo demás no dejaba de acudir a ferias, mercados, fiestas y certámenes por toda la comarca, ya fuera en el certamen del Gamonéu en Benia, o en el del Cabrales, en Arenas. En el momento de de la entrega de premios, y mientras el público irrumpía en aplausos hacia los ganadores, Kiko hacía lo propio alzando sus muletas y haciéndolas chocar a modo de aplauso. Siempre recordaremos aquel “clac, clac, clac” inconfundible.




Kiko Rojo, al fondo en la fiesta del Segador.
Defensor del mundo rural y de la actividad ganadera a la que dedicó toda su vida, tampoco dejó de acudir a cuantas manifestaciones y concentraciones pudo. Así sucedió el 25 de agosto de 2018 cuando Kiko se unió a los ganaderos del oriente que protestaron contra los insoportables daños del lobo con una marcha a pie hasta Poncebos. Allí estaba Kiko, marchando en cabeza, por delante de la pancarta, apoyado en sus muletas que hacía sonar cuando otros tocaban los lloqueros. Así era Kiko, una persona a la que también le gustaba acudir a velatorios y entierros de amigos y conocidos de toda la comarca, como hizo el 23 de septiembre de 2018, cuando no dudó en plantarse en Bulnes para asistir al funeral de Guillermina Mier, a la que dedicó palabras de elogio cuando lo entrevistamos para TPA. Hoy, con toda la situación que nos está tocando vivir, y con las restricciones que nos impone el estado de alarma, a Kiko tan solo habrán podido despedirlo unos pocos de los suyos. Pero que sepan que, desde la distancia, mucha gente está con ellos en estos duros momentos. Esperemos que más pronto que tarde los pésames virtuales, que muchas personas les han trasladado a sus familiares a través de las redes sociales, puedan transformarse más adelante en esos abrazos que el confinamiento actual no permite. Otra muestra de cómo era Kiko, y para recordarlo con una sonrisa, me contaron que hace solo unos días aún tuvo ánimos para coger una escalera bastante larga, apoyarla en un horru y subirse en ella para cambiar unas tejas de la cubierta. Ese era Kiko, el cabraliegu. ¡Que en paz descanse!



miércoles, 17 de octubre de 2018

Villarmil y el Santuario de la Santina

Notas sobre la reciente publicación del libro "La Covadonga que transformó Sanz y Forés. Fotografías de José Ramón Alonso Villarmil en 1865"

El retrato de la Santina y varias fotos de Villarmil ocupan la portada del libro. FOTO: J. G. CASO
Por JAVIER G. CASO:

En el año del triple centenario Covadonga 2018, en septiembre veía la luz “La Covadonga que transformó Sanz y Forés. Fotografías de José Ramón Alonso Villarmil en 1865”. El libro, editado por el Ayuntamiento de Cangas de Onís es todo un viaje en el tiempo visual hasta aquella Covadonga de mediados del siglo XIX, entonces un santuario sumido en un evidente abandono.

Y nos asomamos al Real Sitio gracias a una decena de instantáneas del fotógrafo cangués José Ramón Alonso Villarmil que, más allá de su calidad, nos permiten percibir cómo era aquel lugar en el que, a los pies del monte Auseva, sobresalía el basamento del proyecto neoclásico del arquitecto Ventura Rodríguez que, afortunadamente, nunca llegó a ejecutarse, además de la Santa Cueva y la Colegiata de San Fernando, por aquel entonces el edificio de mayores dimensiones de Covadonga. El resto de edificaciones eran algunas que aún siguen en pie como las casas de los músicos o de los beneficiados o el mesón de Campomanes, junto a otros ya desaparecidos como las antiguas casas de los canónigos ubicadas en la parte alta más del santuario. Fue aquella Covadonga un tanto decrépita la que conoció el obispo Benito Sanz y Forés en su visita de 1872, un acontecimiento que marcó un antes y y un después en la historia del Real Sitio. Aquel obispo valenciano se empeñó, y lo logró, en engrandecer y transformar Covadonga. En la cueva se levantó el camarín de Frassinelli, que se mantuvo hasta pasada la Guerra Civil española y, también por iniciativa suya, comenzó la construcción de la basílica en el cerro del Cuetu, unas obras que, tras muchos años, no finalizaron hasta 1901, año de la inauguración del nuevo templo. La decena de fotos de Alonso Villarmil que ilustran este libro nos permiten pasear por aquella Covadonga que tuvo en el cangués al primer fotógrafo profesional que vendió fotos del Santuario y de la propia Santina. No queda más que dar las gracias al Ayuntamiento de Cangas de Onís por su publicación, que es fruto del trabajo desinteresado y entusiasta de Francisco Pantín, Javier Remis y de Jesús Prieto Aza, bisnieto de José Ramón Alonso Villarmil, quien en su día permitió a los miembros de la desaparecida Asociación Cultural Abamia acometer la digitalización del fondo fotográfico de su antepasado; unas fotos que ahora disfrutamos en este libro en el que junto al catalogo comentado de las instantáneas, se incluyen sendos artículos, tan amenos como documentados, sobre Covadonga y Villarmil escritos por Remis y Pantín.


sábado, 6 de octubre de 2018

Cangas de Onís luce a la acuarela

La capital canguesa acoge su  encuentro de acuarelistas con 107 participantes en una cita que alcanza rango internacional

Uno de los participantes, pintando esta mañana el Puente Romano. FOTO: JAVIER G. CASO


Por Javier G. Caso

Serán pocos los rincones de la capital canguesa que a lo largo de este fin de semana no vayan a aparecer en alguna de las muchas obras que hasta mañana pintarán los participantes en el III Encuentro de Acuarelistas de Cangas de Onís, que este año alcanza rango internacional y que organiza la siempre entusiasta Gemma García Villaverde.

Varios participante pintan a la altura del trampolín. FOTO: J. G. C.


La verdad es que daba gusto darse una vuelta esta mañana por la ciudad y contemplar tantos caballetes desplegados y a tantos artistas pintando. Hasta 107 acuarelistas, según datos de la organización; algunos llegados desde Argentina o Canadá como Atanur Dogan, fundador y presidente de la Sociedad Internacional de la Acuarela, quien además impartió una "master classs" en la Casa de Cultura canguesa, se han desplazado este fin de semana hasta Cangas de Onís. El grueso de los acuarelistas se concentraron en la mecedura de los ríos Güeña y Sella. Y entre lo más pintado, cómo no, el Puentón. Fue la de hoy una jornada de pintura de temática libre. Mañana habrá un concurso con un tema único bajo el título "barrrios de Cangas de Onís". En paralelo, además, habrá un mercado del arte. Será el broche de oro a un fin de semana en el que el arte inundó Cangas de Onís de la mano de la acuarela. 

Acuarelistas en la mecedura del Sella y el Güeña. FOTO: J. G. C.





lunes, 26 de febrero de 2018

Javi, el de la Pina. In memoriam

Fallece a los 70 años el cangués Francisco Javier de la Vega, uno de los pescadores ribereños más carismáticos del Sella

Javi el de la Pina, con el Campanu del Sella de 2011. FOTO: JAVIER G. CASO

Por Javier G. Caso


A las puertas de una próxima temporada salmonera que, desde hace años arranca en abril, pero que él hubiera querido que comenzara en marzo, como siempre; se nos ha ido Francisco Javier de la Vega Díaz, Javi el de la Pina, un ilustre ribereño del Sella, de los más carismáticos, gran pescador y todo un personaje vestido siempre de verde y tocado con su famoso sombrero de ala ancha, adornado con anzuelos de pluma.

Esta tarde su sombrero, su fiel compañero de fatigas, lucía en el tanatorio cangués sobre el féretro donde fue colocado, a modo de homenaje, por sus familiares. Javi era de esos pescadores finos de verdad, una sabiduría que transmitía a sus clientes, no en vano era desde hace muchos años uno de los gancheros más afamados del Sella, ese oficio de ribera que ahora se conoce como guías de pesca. Entre las muchas personas a las que acompañó figura gente tan insigne como el que fuera ministro de Educación con la UCD y director general de la UNESCO, Federico Mayor Zaragoza, o el científico Ginés Morata.

Pasear por el entorno del Puente Romano, su barrio de toda la vida y no toparse con Javi, va a resultar muy extraño para sus vecinos de Cangas de Onís. Siempre andaba por allí. En época de pesca, acompañado de sus cañas y su sacadera a la espera de turno porque el pozu del Puentón era uno de sus lances favoritos. Y el resto del año echando un vistazo al río o por el Mesón del Puente Romano, escenario de muchas partidas de cartas que, en los últimos tiempos, Javi y sus compañeros trasladaron a la cafetería Lanza de la carretera Cañu.

Javi el de la Pina, campeón de Asturias de lanzamiento de mosca hace unos años, y que durante mucho tiempo alternó la pesca con su trabajo como conductor de carrocetas, era de esos ribereños protagonista de múltiples anécdotas. En 2011 se hacía con el Campanu del Sella y esa misma mañana, tiraba de sacadera momentos después para ayudar a su sobrino Kiko Vega, Kikín, como le llamaba, a sacar un salmón casi bajo el mismo arco del Puentón cangués.


 También quedará para la historia otra escena que tuvo a Javi como protagonista dos años después. Su hermano Kiko se hacía en 2013 con el Campanu de Asturias en la Mansona, un lance situado aguas arriba del Puente Romano. Y ejerciendo de representante de su hermano fue Javi, quien pese al empeño del alcalde de Salas, que viajó hasta Cangas de Onís con la intención de llevarse el salmón a subastar a Cornellana, se negó en redondo a tal traslado. Como ribereño, para él era inconcebible que el Campanu del Sella y de Asturias no se subastara en otro sitio que no fuera Cangas de Onís. Como así fue.

 Los de la Pina volvieron a protagonizar otra anécdota genial, de esas que quedan para la historia local. En la jornada de apertura salmonera de 2014 fue su hermano Guillermo, Emo, quien se hacía con el Campanu del Sella unos minutos antes de que Javi capturara el segundo salmón de aquella temporada, algo que desde luego no le hizo maldita gracia.
 Como cualquier pescador avezado no era de los que daba pistas a otros a la hora de elegir dónde echar la caña en las mejores condiciones. En una ocasión, tras un multitudinario sorteo de la media hora en el Puente Romano, Javi no dejaba de comentar en voz alta: “Hoy está muy buenu pa pescar por la zona de Cañu, pero muy buenu, muy buenu” Con aquel comentario trataba de quitarse de encima a alguno de los casi cuarenta pescadores que, como él, esperaban turno para pescar al pie del Puentón.

Se te echará de menos Javi, sobre todo cuando llegue el domingo 15 de abril y se abra la temporada salmonera de este año. No te veremos intentando hacerte con el ansiado Campanu. Ojalá que la suerte les sonría y este año lo logren alguno de tus hermanos o de tus sobrinos para que te lo dediquen. Y ojalá que vuelva a salir bajo el Puente Romano, tu querido Puente Romano. Descansa en paz, Javi. Hasta siempre.

martes, 23 de enero de 2018

San Antón en Siña

Los vecinos de Villaverde, en Amieva, participaron en  la misa y la tradicional bendición de animales
El párroco de Amieva, Alejandro González, bendiciendo a algunos de los animales que sus dueños llevaron hasta Siña. FOTO: JAVIER G. CASO

POR JAVIER G. CASO

La sangría demográfica del medio rural es lo que tiene. En los pueblos cada vez queda menos gente. Por eso, a la hora de festejar al patrón, hay que hacerlo en fin de semana, independientemente de la fecha del santoral. Es la única forma de garantizar un festejo concurrido. Y así lo han hecho este fin de semana en Villaverde, en Amieva. San Antón Abad fue el miércoles, 17 de enero; pero lo han celebrado este domingo en una capilla de Siña que se quedó pequeña.


Interior de la ermita de Siña. FOTO: J. G. CASO

Hasta allí llegó un buen número de vecinos, además de familiares y amigos que por semana residen fuera de Villaverde y de Amieva. Los vecinos acudieron con animales domésticos: algún caballo, un asno, un conejo, una oveja, cabritos, corderinos y dos xatos. También hubo algún perro y hasta un gato que venía en una jaula. ¡Ah! y un remolque llenu de coinos. Todos los animales recibieron la bendición y el agua bendita de manos de Don Alejandro, el párroco de Amieva. En un concejo en el que lobo campa a sus anchas, con continuos ataques al ganado. Uno de los dos terneros que se bendijeron aún conserva las heridas provocadas hace un mes por las dentelladas del lobo; de ahí que su dueño, el ganadero de Pen, Toni González, decidiera llevarlo hasta Siña para ponerlo bajo la protección de San Antón Abad, patrón de los animales. Otro tanto pasó con un corderín que, tal y como relató su dueño, Isaac Rivero, nació vivo de milagro tras el ataque de otro lobo que había dejado herida a su madre. Sus dueños temían que abortara, pero finalmente el cordero nació sano y  lo llevaron a bendecir.


Bendición de dos xatos. FOTO: J. G. C.



Uno de los corderos que se bendijeron. FOTO: J. G. C.
Las imágenes de San Antón y San Antonio, en la capilla de Siña. FOTO: J. G. C.
El sacerdote arrojó el agua bendita con una hoja de laurel. FOTO: J. G. C


El tiempo acompañó en una jornada soleada y de cielos azules en la que desde Siña se podía contemplar una estampa preciosa del Macizo Occidental de los Picos de Europa, del Cornión, cubierto de nieve. Fue una  misa de lo más animada aunque finalmente no hubiera ni coro ni gaitero como estaba previsto. A su conclusión, y antes de iniciar la bendición, el cura agasajó a los asistentes con bollos de chocolate y de chorizu, así como con velas conmemorativas para los mayores y unos peluches para los críos. Tras bendecir el sacerdote a todos y cada uno de los animales lanzándoles el agua bendita con la ayuda de una rama de laurel, todo el público posó para una foto de familia, inmortalizando una jornada festiva a la que se unió, por primera vez, un grupo de vecinos y vecinas de Llanera, quienes prometieron volver el año que viene ya acompañados de sus mascotas.

Vista del Cornión, el macizo occidental de los Picos de Europa. FOTO: J. G. C.

Argolibiu, Cien y al fondo el Cornión, desde Siña. FOTO: J. G. C.

Todos los asistentes posaron juntas tras la misa. FOTO: J. G. C.
Orgullosos de su capilla, que restauraron hace años justo antes de recuperar la fiesta, los vecinos contaban alguna que otra historia en torno a San Antón. La imagen actual que se venera en Siña fue tallada hará más de veinte años por Pepe, el de Pilar, un vecino de Villaverde a partir de una foto de la imagen original que algún sinvergüenza se había llevado de la capilla. “Sacolu exactu” apuntaba un vecino en referencia a la pieza tallada por Pepe que preside el retablo de la ermita de Siña. En este rincón de Amieva San Antón Abad comparte altar con su tocayo San Antonio de Padua, al que los vecinos festejan, ya no el 13 de junio, sino en pleno mes de julio. La fiesta concluyó en Villaverde con una comida de hermandad en la que no faltó una estupenda borona.





sábado, 11 de noviembre de 2017

Una exposición recuerda el bombardeo de Cangas de Onís cometido por la Legión Cóndor hace 80 años

"Cangas bajo las bombas, 1937"


La muestra fotográfica, que se nutre de fondos de la Biblioteca Nacional, se expone en la Casa Municipal de Cultura canguesa hasta el próximo 10 de marzo e incluye medio centenar de instantáneas


Alejandro Fernández, comisario de la exposición, durante el acto inaugural. FOTO: JAVIER G. CASO


JAVIER G. CASO

No queda más que felicitar al historiador cangués Alejandro Fernández Martínez por su iniciativa, la exposición fotográfica “Cangas bajo las bombas, 1937”, que este viernes quedaba inaugurada en la Casa Municipal de Cultura donde permanecerá expuesta hasta el 10 de marzo del próximo año.
La inauguración, con gran asistencia de público lo que demuestra el interés despertado por esta exposición, llega 80 años después de aquel bombardeo llevado a cabo por los aviones y los cañones de la Legión Cóndor, que apoyaban el avance de las tropas franquistas en su avance por tierras asturianas tras superar la resistencia que el ejército republicano opuso en la Batalla del Mazucu


Hacía tiempo que Alejandro Fernández había puesto su punto de mira como investigador en el bombardeo de Cangas de Onís, al que ya había dedicado un artículo en el libro de las fiestas de San Antonio del año pasado, si mal no recuerdo. Está claro que el asunto le enganchó a la vista de los resultados: y es que su tenacidad investigadora es la que ha hecho posible esta exposición. Tras consultar el catálogo de la Biblioteca Nacional supo de la existencia entre sus fondos, de tres cajas de fotografías bajo el título: “Cangas de Onís (Asturias). El pueblo destruido (Cajas I, II y III) En total 124 instantáneas tomadas los días 11 y 12 de octubre de 1937 por algún fotógrafo del Servicio de Prensa y Propaganda del bando franquista. 
Con esos datos, nadie se hubiera resistido y este joven historiador cangués se plantó en Madrid a consultar esas fotos de las que ahora se exponen medio centenar de ellas, muchas de ellas. Que este exposición haya conseguido ser una realidad es algo que hay que agradecer tanto al propio esfuerzo investigador de su organizador y promotor, Alejandro Fernández, como al apoyo recibido desde el Ayuntamiento de Cangas de Onís que financió la adquisición y la reproducción  de las fotografías originales de la Biblioteca Nacional.

Varias de las fotos expuestas. FOTO: J. CASO


Las fotos expuestas dan cuenta del grado de devastación sufrido por la capital canguesa, que tal y como  explica Alejandro Fernández fue bombardeada “al menos en cuatro ocasiones, los días 6 y 15 de septiembre y, también, 6 y 9 de octubre”. Unos bombardeos reconocidos por “los propios partes de guerra de la Legión Cóndor”, añade Fernández en alusión a la unidad militar que Hitler envió a España en apoyo del bando sublevado. Un recorrido por la exposición permite comprobar los daños sufridos en algunos puntos concretos de la capital canguesa: en la zona del mercau, donde el Palaciu Pintu quedó destruido por completo, así como varias casas en la calle San Pelayo. Otros edificios que también sufrieron daños fueron el propio ayuntamiento, la estación del tranvía a Covadonga y el inmueble del desaparecido Hotel Santa Cruz, en la esquina situada junto al ayuntamiento en el lugar que ocupa el edificio del Banco Sabadell.

Un visitante contempla una de las fotos. FOTO: J. G. CASO
Cuando se cumplen ocho décadas de aquel suceso, Alejandro Fernández explica que, a día de hoy, “nadie duda ya de que la versión más veraz es la del bombardeo”, comenta en alusión al cruce de acusaciones que los dos bandos habían mantenido en plena Guerra Civil. Mientras el bando franquista, añade este historiador, responsabilizaba de la destrucción de Cangas de Onís a “las hordas marxistas, que en su retirada arrasan con todo, practicando una política de tierra quemada”, desde el bando republicano se aseguraba lo contrario. La responsable de la destrucción había sido la Legión Cóndor que, apunta Fernández, “bombardea Cangas de Onís y comete el mismo crimen que en Gernica”.


En su artículo “A 80 años vista”, incluido en el tríptico de la exposición, Alejandro Fernández ofrece algunos datos relativos al número de edificios destruidos y asegura que varían en función de las fuentes consultadas. “Desde los 52 edificios derruidos en Cangas y las 9 casas en Corao,  como propone Fernando Fernández Rosete, a los 100 que determina la Causa General”.

Militares franquistas, en la Avenida Covadonga. Reproducción JGC


Las propias tropas franquistas, como se puede ver en una de las fotografías expuestas, desfilaron entre ruinas por la Avenida de Covadonga. El grado de destrucción sufrido por la capital canguesa fue tal, que tal y como explica Fernández en su artículo “el 14 de julio de 1943 Cangas de Onís es adoptada por el Caudillo”, comenta en alusión a la reconstrucción llevada a cabo por el Servicio de Regiones Devastadas, un órgano creado por el bando franquista en 1938 y que, una vez acabada la Guerra Civil “adoptó a las poblaciones en las que la destrucción había afectado a casi la totalidad de los bienes de uso público y de los destinados a servicios en la localidad”. El requisito para esa adopción, tal y como tuvo que haber pasado en el caso de Cangas era que, detalla Fernández, “la destrucción afectase al 75% del lugar”.

Un buen número de las fotografías ha sido posible localizarlas e identificarlas, pero hay algunas que exigen un mayor esfuerzo. Tal y como comentó Alejandro Fernández durante el acto inaugural, en el que ejerció como guía en un recorrido por la exposición, cualquier ayuda a la hora de identificar los lugares fotografiados o incluso a algunos de los personajes que aparecen en varias de las instantáneas será “bienvenida”. No queda más que animar a visitar esta exposición que nos transmite las terribles consecuencias de la guerra, unos hechos que, como me comentaba el comisario de la exposición” siempre conviene recordar y conocer para evitar que puedan volver a repetirse”. Gracias Alejandro por este regalo para todos los cangueses y en particular para aquellos que, sean de donde sean, aman la fotografía histórica.


jueves, 23 de febrero de 2017

La capilla de El Pedrosu, en Onís

La ermita, dedicada a San Julián, es del siglo XVII y tiene unas interesantes pinturas


Vista general de la capilla de San Julián, en la localidad de El Pedrosu, en Onís. FOTO: JAVIER G. CASO

Por JAVIER G. CASO

Nuestro entorno rural nunca dejará de sorprenderme. En esta ocasión ha sido la capilla de San Julián, en El Pedrosu (Onís) en cuyo entorno acomete estos días trabajos de mejora el consistorio oniense. Al pie de la ermita se ha levantado una escollera que, si bien de mano sorprende un tanto, lo cierto es que evita cualquier peligro de que la capillina se pueda venir abajo si el terreno cede. El vecino más próximo, Álvaro Asprón, ejerció de improvisado guía y, muy amablemente, me aportó datos más que interesantes de esta modesta edificación religiosa levantada, me explicó, en 1656.


De inmediato le digo que sí cuando este vecino, custodio de la llave de la ermita, me invita a visitarla. Atravesar su pórtico empedrado y franquear la puerta de madera situada bajo un arco de medio punto, permite disfrutar de un interior más que interesante. El pavimento de la capilla, lejos de ser de piedra o de un moderno terrazo que sustituyó al original como ha sucedido en muchas iglesias, está formado por unos ladrillos de considerable tamaño. A partir de ahí llama la atención su decoración pictórica del arco triunfal que separa la nave del altar. En el pilar de la izquierda aparecen sendas cruces pintadas en tono ocre una sobre la otra. La de más abajo está pintada dentro de un círculo; en el frente del pilar del lado derecho hay pintadas lo que parecen ser las figuras de algún animal. En el lateral del pilar derecho lo que aparecen representadas,de una forma muy elemental y esquemática, son dos figuras humanas a distintas alturas. La más alta y de mayor tamaño porta una especie de bastón alargado en forma de cruz. Por su parte en las impostas de las que arranca el arco aparecen decoraciones geométricas y unos pájaros. Ya en el altar mayor, presidido por un retablo de madera, en la pared de la cabecera hay más pinturas, una decoración pictórica bastante mal conservada. Preside el altar la figura de San Julián, acompañada a los lados por un Corazón de Jesús y una Virgen.

Vista del arco triunfal y, al fondo, el altar, de la capilla. FOTO: J. C. 

Decoración pictórica con motivos animales y geométricos. FOTO: J. C.


Figuras humanas pintadas. FOTO: J. C. 

Cruces pintadas. FOTO: J. C. 
Lo más feo de esta capilla es, sin duda, el muro de hormigón que rodea el pórtico y que, me imagino, sustituyó hace años al muro de sillería original. Posiblemente la actuación evitó que el techo del porche de la ermita se viniera abajo, pero la buena actuación no evita poder decir que se hizo a costa de destrozarlo por completo. Lo que sí conserva el pórtico es un desigual empedrado a base de regodones de río, unas piedras de distinto tamaño, distribuidas en cuadrantes.

Pórtico empedrado. FOTO: J. CASO


Aunque ya no puede contemplarse, según este vecino, en su día hubo pila bautismal en la capilla de El Pedrosu, dónde ahora hay unos once vecinos pero que, según Álvaro Asprón, llegó a tener hasta doscientos habitantes en su día. El Pedrosu pertenece a la parroquia de La Robellada, pero su ermita, según este vecino, pudo ser parroquia hace siglos. Hasta hace cien años en este pueblo oniense se festejaba a San Antonio de Padua, del que aún se conserva una talla de buen porte que luce en el lateral izquierdo del presbiterio de la ermita.