Un grupo de cangueses sigue fiel a la tradición de la matanza del gochu que realizan ininterrumpidamente desde hace diez años
Los matarifes agarran el gochu antes de empezar a coralu. FOTO: J. CASO
Por Javier G. Caso
Hace unos días tocó Samartín. Tocó en La Riera, en Cangas de Onís, donde un grupo de amigos lleva diez años reuniéndose todos los meses de febrero para hacer una matanza al más puro estilo tradicional. Son un grupo original. Sólo paisanos. Las mujeres no participan en ningún momento. Ni siquiera aparecen a la hora de hacer los chorizos o les morcilles, dos actividades en las que la mujer siempre ha estado muy presente. Pero no aquí. Ellos se arreglan solos. Y no por nada. Simplemente porque a ellos les presta. Y porque les encanta zamparse los chorizos que ellos mismos elaboran.
En La Riera para pelar el gochu se tira de soplete. FOTO: J. CASO
El samartín de La Riera se ciñó al guión típico de esta actividad presidida por la camaradería y el buen rollo. Lo primero es atenerse a una normativa, la del Principado, que prohibe que la matanza del gochu sea un espectáculo público y en la que hay que evitar que el animal sufra de manera innecesaria. Y así se hizo. La matanza de los dos gochos se hizo en propiedad privada, porque ya no es posible sacrificarlos en sitio público. Y así se hizo. César Rodríguez, de Sotu Cangues, fue el encargado de despachar a los dos gochos ayudado de una pistola aturdidora. De esta manera los animales ya estaban muertos cuando los coraron para sacarles la sangre. Por cierto, que todos dicen que con estos inventos los gochos cada vez sangran peor y en menor cantidad. Por eso la decena de matarifes tuvo que andar lista. El primero de los dos gochos pesaba más de 300 kilos y una vez muerto les resultó imposible subirlo encima del banco que tenían preparado para sacarle la sangre. Así que tocó arrastrarla hasta la bajada de un huertu, dejar la cabeza del gochu en la parte más alta y coralu así de una forma mucho más cómoda.
Luego vino pelar el gochu, una faena que sí que ha cambiado en los últimos años. Nada de meter el gochu en ningún duernu para luego echarle el agua hirviendo por encima y poder así pelarlo. En La Riera, como en otros muchos sitios hoy en día, se tira de soplete. De esta forma se quema la piel del gochu y raparlo resulta mucho más fácil. La tarea se completó pasando un cepillo mojado para retirar cualquier impureza. Fueron varios los matarifes que lo intentaron con el soplete, pero desde luego el que más destreza demostró fue Roberto González, el de La Riera, uno de los organizadores del samartín.
Los participantes en el samartín, en el momento de abrir el gochu. FOTO: J. CASO
A continuación llegó la hora de abrir el gochu, sacarle las visceras y aprovechar la sangre que aún le quedaba en su interior, labor en la que se afanó Pepín, garcilla en mano. Terminada esta tarea, y más con el sur que hacía el día en el que se celebró este samartín, los participantes cargaron con el gochu y lo pusieron a buen recaudo en la bodega para dejarlo que se oreara hasta que llegó la hora de despostarlo. Ya por la tarde, y después de una comida de hermandad entre todos los asistentes, tocó preparar las morcillas. A todo el mundo le tocó algo que hacer. Unos cortaron la grasa, otros picaron cebolla, calabaza y también perejil. Con todo listo llegó la hora de instalarse en la vieja cocinona de llar, un rincón con un valor etnográfico muy notable, y empezar a preparar la morcilla, amasada con sangre, cebolla, grasa, calabaza, sala, pimentón y harina de maíz.
Pepín, el mondongueru mayor, amasa el primer boronchu. FOTO: J. CASO
El mondongueru jefe fue José Manuel González Castro, el alcalde cangués. El primer lote fueron los boronchos, también denominados en Asturias probes o pantrucos. Ya no cuecen envueltos en una berza. Ahora se amasan, se meten en una bolsa de plástico y se ponen a cocer en agua durante dos horas o algo más. La jornada finalizó con la morcilla ya embutida. Todo esto fue un viernes. El sábado fue el día dedicado a descuartizar o despostar los dos gochos. El domingo tocó elaborar los chorizos. Aún están curando a la espera de que podamos probarlos. Ya les contaremos.
Tres nuevos robles sustituyen a los ejemplares originales que tuvieron que ser talados debido a su mal estado de conservación
El Campu San Antoniu y uno de los robles recién plantados. FOTO: J. CASO
A lo largo del día de hoy han concluido los trabajos de mejora del Robledal de San Antoniu ejecutados por el Ayuntamiento de Cangas de Onís y que se han desarrollado desde primeros de año. Lo último ha sido la plantación de tres nuevos árboles que sustituyen a los robles centenarios que, enfermos, tuvieron que ser talados a fin de evitar cualquier accidente. Los ejemplares de reposición destacan por su buen porte y, a poco que se cuiden, da la impresión que podrían convertirse en dignos herederos de los originales. Los viejos robles que siguen en pie han sido podados y alrededor de sus troncos se ha inyectado aire comprimido mediante la técnica del air spade para oxigenar sus raices, además de abonarlos con compost. Por lo demás lo que hoy más llamaba la atención para cualquiera que se acercara al robledal de Cangas de Arriba era, desde luego, el manto blanco que lo cubría. Aunque estemos en invierno, no se trataba, no, de ninguna nevada o de una repentina granizada. Todo lo contrario. Uno de los últimos tratamientos ha consistido en cubrir el césped del Campu San Antoniu con arena de sílice que, conforme vaya siendo absorvida, debe contribuir a esponjar y descompactar el suelo del robledal, tal y como han explicado quienes durante el último mes han trabajado para mejorar este lugar tan emblemático de Cangas de Onís.
Adosada a la capilla
del Santo Ángel de esta localidad canguesa, el inmueble corre el riesgo de
venirse abajo antes de que concluyan los trámites para su inclusión en el
Inventario del Patrimonio Cultural de Asturias
Vista lateral del aula, con los pupitres en primer término. FOTO: J. CASO
Por Javier G. Caso
Descubrí de forma casual la vieja
escuela de Corao Castiellu hace ya algunos años y me llamó la atención desde
aquella primera vez. Se trata de un edificio original. Por un lado capilla, por
el otro una escuelina.A través de sus
ventanas, que aún tenían cristales, lo que pude contemplar era una escuela de
otra época, con todo lo suyo: la mesa del maestro, los pupitres, un gran mapa
de España y otro de Asturias, un armario con libros y estantes con material
escolar... ¡Ah! Y para completar la escena, un crucifijo, un cuadro de la
Inmaculada Concepción y hasta un retrato de Franco en blanco y negro, todo un
reflejo de aquel régimen. Disfrutar de todo aquello fue una especie de viaje en
el tiempo al que sólo le faltó que, de repente, mientras miraba por la ventana,
aparecieran los críos que allí estudiaban junto a su maestro o maestra y
comenzara la clase. Hace poco volví. En esta ocasión a tiro hecho. ¿El motivo?
Que la comisión de Patrimonio del Principado de Asturias acaba de iniciar los
trámites para incluir esta escuela canguesa, y otras 119 de toda la región, en
el Inventario Cultural de Asturias. Pero las cosas han cambiado.
Otro aspecto del aula. FOTO: J. CASO
En estos momentos, y tras muchos años de
abandono, el edificio presenta un estado de conservación lamentable y amenaza
ruina inminente. Sobre el tejado, que hará treinta años que no se reteja según
el testimonio de algún vecino, crecen varios árboles y los aleros de madera
apenas se sujetan. Para acceder al interior, casi no hace falta que nadie te
abra la puerta. Una de las ventanas está completamente rota, por lo que es
fácil colarse dentro. En el resto de las ventanas faltan la mayoría de los
cristales y en una de ellas, una enorme grieta da cuenta de que a mucho no tardar
el cargadero de la ventana se vendrá abajo.
Desde la escuela se accede a la capilla. FOTO: J. CASO
Una vez dentro, y acompañados de
María Ángeles Prieto, Tita, la vecina que custodia la llave de la escuela,
pudimos constatar el desastre que ya intuíamos a tenor del mal estado de la
techumbre. Cuando llueve el agua cae a sus anchas por las paredes interiores
de la escuela como demuestran las manchas de verdín. Y en una esquina una
enorme grieta amenaza con cortar en dos una de las paredes de la escuela. La
huella de la humedad también se deja ver sobre el suelo de madera dónde crece
hasta mofu (musgo). Además hay varias tablas rotas tras pudrirse la madera. ¡Qué
pena! Lo que tenía ante mi era un edificio que necesita una intervención. Y
urgente. En la escuela de Corao Castiellu, como mínimo, hay que reparar el
tejado para evitar que se venga abajo. Y eso hay que hacerlo sin dilación, sin
esperar a que concluyan los trámites para incluirla en el Inventario Cultural
de Asturias. No valen excusas. De lo contrario, cuando llegue ese momento, lo
que único que podrá inventariarse serán las ruinas de una escuela rural con una
larguísima historia que se remonta al siglo XVIII.
Material escolar que aún sigue en su sitio. FOTO: J. CASO
Armario.
Libro de matrícula.
Fue
un 15 de enero de 1760, según consta en la escritura fundacional, cuando
Francisco de Soto y Sobrecueva fundó la escuela de Corao Castiellu. Para ello
nombró patronos a sus vecinos y les dejó varias fincas a censo para que las
alquilaran y poder así sufragar el sueldo del maestro. Según los datos que me
ha facilitado Francisco Pantín aquella era una escuela “para aprender a leer,
escribir y contar”. Aquella escuela ocupó el pórtico de la capilla del Santo
Ángel de Corao Castiellu. Esa es la estampa que nos muestra un dibujo de 1901
realizado por Leandro Llanos y que mostraron en Corao. De esta forma el
edificio escolar y el religioso quedaron unidos. Tan sólo los
separa un falso tabique de madera que hace las veces de puerta de doble hoja: Para acceder a la capilla, en la que se
venera a San Antón Abad, hay que hacerlo desde la escuela. Pero en esta
localidad canguesa ya hace como dos años que, cuando llega el 17 de enero, ya
no se celebra la festividad de San Antón. No hay misa en la capilla.Los vecinos tienen miedo a sufrir algún
accidente si les da por entrar en su desvencijada escuela de paso para misa.
Exterior de la escuela de Corao Castiellu. FOTO: J. CASO
La de Corao Castiellu fue la primera
escuela del concejo de Cangas de Onís y, por tanto, también de la parroquia
de Abamia. En ella estudiaron sus primeras letras personajes como el librero
Antonio Miyar, el maestro relojero Basilio Sobrecueva o el indiano Eduardo Llanos. Por el
testimonio de Alfonso Puerta, un vecino de Corao Castiellu de 89 años y que
vive justo al lado, sabemos que en los años 30 del siglo pasado, antes de que
estallara la Guerra Civil, en esa escuela había 27 críos. Todos ellos aparecen
en una foto que nos muestra Alfonso, uno más entre aquel grupo de escolares
calzados con madreñas y que posaron para la posteridad acompañados de Gregorio,
su maestro, quien años después, y como otros muchos maestros, moría fusilado
por el bando franquista durante la Guerra Civil.
Exterior de la capilla a la que se adosó la escuela. FOTO: CASO
Respecto a la evolución de la matrícula en
esta escuela rural, algunos documentos constatan que durante el curso
1964-1965, en Corao Castiellu estudiaban 20 alumnos. Y en 1972, más o menos
cuando cerró sus puertas, en esta escuela canguesa cursaban sus estudios cuatro
niños. Es verdad que hace ya muchos años que el edificio dejó de utilizarse
como centro escolar. Pero eso no justifica que se pueda venir abajo sin que
nadie ponga remedio. Y menos cuando da la impresión de que alguien, desde luego sin haberla visitado
antes para constatar su ruina, ha iniciado el papeleo para incluirla en el
Inventario del Patrimonio Cultural de Asturias. Veremos a ver lo que queda de
este inmueble para cuando llegue ese momento. Si para entonces
está en el suelo, sería tan lamentable como absurdo que la escuela de Corao
Castiellu recibiera ese homenaje póstumo. Ojalá que eso no suceda.
Vista general del lago Enol, con sus aguas azotadas por el viento. FOTO: JAVIER CASO
Sin ninguna duda la peor cara del temporal que desde el pasado fin de semana azota Asturias fue la que pudimos ver por toda la costa asturiana donde, en distintas localidades, ha dejado un reguero de destrozos en instalaciones portuarias, paseos marítimos, embarcaciones destruidas o perdidas, negocios particulares y hasta un museo. Nada quedó a salvo de un mar Cantábrico desbocado.
El temporal, marcado por el fuerte viento, también se dejó notar en el interior del Principado de Asturias, donde incluso hubo varias personas heridas en lugares como Oviedo, Mieres u Onís. Las mayores rachas de viento en toda España se registraron el martes en la estación meteorológica que la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) tiene en Cabrales. Con todo, la fuerza de la Naturaleza desatada por este temporal, también nos ha permitido disfrutar de alguna imagen tan insólita como impresionante.
Como la que ilustra este artículo. Fue tomada el pasado martes desde el interior de un coche estacionado a la altura de la Piedra´l Llagu, a escasos metros del Lago Enol, batido por fortísimas rachas de viento que levantaron olas y más olas en toda la superficie del más grande de los dos Lagos de Covadonga. Ese día el Enol distaba muy mucho de ese lago de aguas tranquilas al que nos suele tener acostumbrado. Todo lo contrario. Se asemejaba más a un mar embravecido en plena galerna. Y en sus alrededores, quien se arriesgaba a dar un paseo, corría el riesgo de quedar empapado por el agua del lago Enol levantada por el viento y convertida en una especie de aguacero.
Desde luego no era el mejor día para visitar Los Lagos. Intentar salir del coche, en los sitios más expuestos, suponía arriesgarse a que un golpe de viento dañara o se llevara por delante una puerta. Pero no hizo falta correr ese riesgo para llevarse un recuerdo fotográfico. Entre aguacero y aguacero producido por las olas, y después de pasar el limpia parabrisas del coche en el que nos protegíamos para despejar su luna delantera, fue como pudimos hacer esa foto que deja patente cómo se enfada el lago Enol cuando es azotado por el viento, algo que no se ve todos los días.
Antes de pasar el limpia, la visibilidad era nula. FOTO: J. CASO
La I edición de esta carrera de montaña se disputará el sábado uno de marzo
El plazo de inscripciones sigue abierto hasta el 22 de febrero
Vista de la capital canguesa desde el Picu L´Arbolín, uno de los parajes por lo que discurrirá la prueba. FOTO: J. CASO
Los paisajes de los concejos de Cangas de Onís y Parres más próximos a la capital canguesa conformarán el recorrido por el que discurrirá la 27 Kangas Mountain, una carrera de montaña de 29 kilómetros y que incluirá una desnivel acumulado de 3.500 metros, de los que 1.820 metros son de desnivel positivo. Formarán parte del recorrido de la prueba parajes como el Picu L´Arbolín, el Collau L´Andrín o Següencu. La salida y la meta tendrán lugar en la ciudad de Cangas de Onís.
Quienes estén aún interesados en disputarla pueden inscribirse hasta el 22 de febrero próximo, fecha en la que quedará cerrado el plazo de inscripciones para una prueba que, sin duda, alguna servirá para dar a conocer el entorno natural del concejo de Cangas de Onís, asi como el resto de sus recursos turísticos. Las inscripciones pueden realizarse en http://www.championchipnorte.com/evento/inscribirme/id/69/27-Kangas-Mountain---I-EDICION
La prueba está abierta a deportistas de más de 18 años y la cuota de inscripción es de 25 euros para los no federados, mientras que los que cuenten con una licencia de montaña abonarán una cuota de 20 euros. Tanto en categoría masculina como femenina, la 27 Kangas Mountain estará abierta a las categorías Sub 23, Senior, Veterano A, Veteranos B. El reglamento de la carrera y el detalle de los tramos de edades que quedarán recogidos en cada categoría, así como el resto de la información de la 27 Kangas Mountain puede consultarse asimismo en http://komtyeventos.wix.com/k27cangasmountain
Vista del Cornión desde uno de los puntos del recorrido de la prueba. FOTO: J. G. CASO
A la espera de que las inscripciones siguen en aumento, los organizadores de la prueba hacen un llamamiento para que quienes estén interesados en colaborar puedan colaborar con ellos en calidad de voluntarios de la 27 Kangas Mountain. Cada voluntario recibirán un kit staff formado por un pequeño petate, conocido como gymsac, una camiseta identificativa y una bolsa pic-nic con un bocadillo, agua, dulce y fruta. Entre sus cometidos los voluntarios tendrán realizar tareas como acompañar a los técnicos de cronometraje, entregar dorsales, reparto de bolsas a corredores, participar en los avituallamientos en carrera, así como trabajar en zona de meta en tareas como la recogida de chips, atender el avituallamiento de meta o entregar bebidas, así como encargarse del ropero, donde los corredores dejarán sus pertenencias. Por último también habrá voluntarios dedicados al cierre de la carrera, ejerciendo como corredor escoba.
Un
acontecimiento deportivo clave en el despegue turístico de Cangas de
Onís
Portada de La Voz de Asturias del 3 de mayo de 1983.
Algo
parecido a un viaje en el tiempo fue lo que hicimos quienes, el
pasado viernes 17 de enero, nos dimos cita en la Casa de Cultura de
Cangas de Onís para participar y asistir a la mesa redonda convocada
del II ciclo de conferencias Oriundos y Forasteros de Cangas de Onís:
Historia y Memoria del concejo. El asunto a tratar era recordar y
hablar acerca de la primera etapa de la Vuelta Ciclista a España con
final en Los Lagos de Covadonga, un acontecimiento del que se
cumplieron 30 años el 2 de mayo del pasado año. Es verdad que ya ha
pasado tiempo desde la fecha del aniversario, pero nunca está de mas
conmemorar un acontecimiento que marcó un antes y un después tanto
en la historia del ciclismo español como en la de nuestro concejo.
Aquel 2
de mayo de 1983 Los Lagos se convirtieron en una de las cumbres
míticas del ciclismo mundial, hasta el punto que el mismísimo
Bernard Hinault, a quien a priori todos veían como ganador de
aquella etapa, llegó a comparar la dureza de Los Lagos con la del
mismísimo Alpe D´Huez. Qué duda cabe que la retransmisión
televisiva de aquella etapa, y que coincidió con la primera edición
de la Vuelta Ciclista a España retransmitida en directo por
Televisión Española, resultó fundamental a la hora de dar a
conocer Los Lagos al mundo del ciclismo. No sólo eso. Aquellas
imágenes, repetidas en los años siguientes, dieron la vuelta al
mundo y resultaron una promoción impagable para Cangas de Onís, un
municipio que en la década de los ochenta inició su despegue como
destino turístico hasta convertirse en lo que es hoy en día.
Puestos a
comparar, en 1983 nos sobran dedos de las dos manos para enumerar los
establecimientos hoteleros que en ese momento existían en el concejo
de Cangas de Onís. Por aquel entonces estaban abiertos el Hotel
Ventura, el Hostal Eladia, el Hostal Piloña, el Hotel Favila, el
Hostal el Sella, el Hotel Pelayo, la Hospedería del Peregrino, la
Pensión el Chófer y el Cámping Covadonga. En la actualidad, y
según datos del Sistema de Información Turística de Asturias
(SITA), en 2012 en el concejo de Cangas de Onís había un total de
218 establecimientos, de los que 44 eran hoteles y 21 pensiones, en
lo que se refiere sólo a hotelería. A esa relación hay que sumar
11 hoteles rurales, 74 casas de aldea, 25 apartamentos turísticos, 1 cámping, 21 apartamentos, 2 albergues y 19 viviendas vacacionales.
Casi nada.
Participaron
en la mesa redonda Juan Manuel Quirós, actual vicepresidente de la
Federación de Ciclismo del Principado de Asturias, cargo que ocupaba
también en 1983, Ramón Mendiburu, ex ciclista, ex mánager deportivo
y que ese año era el director técnico de la Vuelta Ciclista a
España, un cargo que ejerció durante varias ediciones en la década
de los 80 y años más tarde en una segunda etapa, entre 1990 y 2005.
El tercero de los invitados fue el cangués Antonio Eugenio Alonso,
responsable en 1983 por encargo del entonces alcalde, Luis Miguel
Ortiz Cortés, de la comisión local creada para organizar aquella
primera etapa con final en Los Lagos. Completaba la mesa yo mismo, en
calidad de moderador.
Fue en un
momento del acto cuando, al menos para mí, saltó la sorpresa. En su
repaso a los antecedentes de aquella etapa, Ramón Mendiburu, a quien
poco menos que llegaron a tachar de loco por querer traer la Vuelta
hasta Los Lagos, confesó que si aquel 2 de mayo de 1983 el mal
tiempo lo hubiera impedido, la meta de aquella etapa se hubiera
situado en el Santuario de Covadonga. Y para ello, explicó, se
reservó un lote de vallas que se habría dejado en el Real Sitio. El
resto fueron transportadas hasta Los Lagos, como se encargó de
precisar Antonín Alonso, en los camiones de dos lecheros de Cangas
de Onís porque los de la organización de la Vuelta eran tan grandes
que no podían tomar las curvas de la carretera de Los Lagos.
Mendiburu también relató los problemas de los técnicos de TVE a la
hora de buscar la señal previos de cara a la retransmisión de
aquella etapa y que, como también explicó Alonso, tuvieron solución
canguesa de la mano de Jaimín, ayudado por José Ignacio Gil
Pandiella. En cuanto a las comunicaciones en carrera, el entonces
director técnico de la prueba nos detalló que lo hacían a través
de las emisoras de la Guardia Civil. Fue así como, conforme avanzaba
la etapa, tuvieron noticia que en Los Lagos aquel día reinaba el
sol. Y es que el buen tiempo fue sin duda lo más destacado de
aquella retransmisión de TVE que compartieron Antolín García,
Ángel María de Pablos y el asturiano Emilio López Tamargo. Pero
eso fue por la tarde. Por la mañana desde la salida en Aguilar de
Campóo y mientras la Vuelta circuló por tierras palentinas y
leonesas, los ciclistas sufrieron con la lluvia, el frío y la
presencia de la nieve en las cunetas en varios tramos. La cosa amainó
durante el descenso del puerto del Pontón. Salió el sol y todo fue
a mejor, de tal manera que no fue necesario recurrir a ningún plan B
y Covadonga no llegó a ser final de etapa.
Los
héroes de aquella etapa, además del triunfador, Marino Lejarreta,
que por aquel entonces militaba en el equipo italiano del Alfa-Lum,
fueron sin duda Carlos Machín, del Chocolates Hueso, y el belga Rudy
Pevenage, de la escuadra transalpina Del Tongo, que permanecieron
escapados en solitario durante más de 100 kilómetro y que no fueron
capturados hasta la subida de Los Lagos. Aquella subida tuvo que ser
durísima para los ciclistas, no en vano los jueces de la Vuelta
Ciclista a España, como informaba al día siguiente el diario
Región, tuvieron que sancionar a varios corredores por
comportamientos antideportivos como ser empujados por el público,
con sanciones que iban desde las 800 pesetas por un empujón, hasta
las 2.700 pesetas por tres empujones. Por su parte, los jueces
también impusieron multas de 1.350 pesetas por impulsarse una vez
sobre los coches de la carrera. El doble impulso se sancionó con
2.700 pesetas. En cuanto al podio de aquella etapa mítico, tras
Marino Lejarreta, el segundo en cruzar la meta fue el francés
Bernard Hinault, líder del equipo Renault y a la postre ganador de
la Vuelta Ciclista a España 1983. Hizo tercero Alberto Fernández,
del Zor.
La
retransmisión de la etapa puede verse en internet gracias en youtube y nos
presenta una carretera de Los Lagos repleta de público y con coches
aparcados en sus márgenes en algunos puntos. En aquellas imágenes
los que ya peinamos canas reconocemos perfectamente modelos de automóvil
tan típicos como los Seat 1430, 131, 132, el Citroen Dyane 6, los
Renault 5 o los Ford Fiesta.
De
aquella etapa dieron al día siguiente nutrida y detallada
información los cuatro periódicos que entonces existían en
Asturias y de los que dos de ellos, Región y La Voz de
Asturias, ya no existen en la actualidad. En 1983 el periódico
costaba 35 pesetas. “Marino Lejarreta, el mejor en la subida a Los
Lagos”, tituló en primera plana Región. Adornaban sus páginas de
Deportes los anuncios de varios establecimientos hoteleros y
hosteleros de Cangas de Onís como el Hostal Piloña, el Hotel
Favila, el Cámping Covadonga, el Hotel Pelayo, el Llagar Casa Juan,
el Hotel Pelayo, el Hostal el Sella y el Restaurante Villa María y
también el Torreón Club de Gaspar Cayarga, aunque por error en el
anuncio podía leerse Torrejón Club. También destacaba en Región
un anuncio a página completa del Ayuntamiento de Cangas de Onís en
el que podía leerse “El Excelentísimo Ayuntamiento de Cangas de
Onís saluda a la Vuelta Ciclista a España 1983. Gracias a cuantos
nos han visitado en este magnífico acontecimiento. Con nuestros
mejores deseos de un final feliz a la Vuelta Ciclista a España
1983”.
Por su
parte en la portada de la primera página de La Nueva España podía
leerse: “Marino Lejarreta, el más fuerte en Los Lagos de
Covadonga”. Y ya en páginas interiores un titular de esos épicos.
“Marino Lejarreta ganó la batalla de Covadonga”. En primera
página La Voz de Asturias tituló “Más cerca del cielo”,
mientras que en su suplemento semanal La Voz Deportiva también se
optaba por el tono bélico para titular “Marino Lejarreta conquistó
Asturias” y calificar de “héroe” al ciclista vasco. A modo de
conclusión de aquella jornada, y en la misma línea, otro de los
titulares de La Voz fue “La Vuelta conquistó a Asturias”.
Portada del suplemento deportivo de La Voz de Asturias al día siguiente de la etapa.
Fue La
Nueva España la que dedicó un espacio a una de las grandes
anécdotas de la jornada. Fue al final de la retransmisión
televisiva. Cuando José María García y otros periodistas rodeaban
con sus micrófonos a Marino Lejarreta tras entrar en meta como
ganador de la prueba para recoger sus primeros testimonios, allí se
coló, un colador del que colaba la palabra Ferre, y que algún
gracioso le colgó al ciclista como si fuera un micrófono más. Y
nadie pareció darse cuenta de la broma.
Aquella
primera semana de mayo, y según la cartelera publicada en los
periódicos, en los cines asturianos triunfaban películas como
Jesucristo Superstar, Gandhi, Tootsie, La decisión de Sophie o la
española Volver a empezar, de José Luis Garci, galardonada con un
Oscar y en la que también brillaron con luz propia el Puente Romano
de Cangas de Onís y Covadonga.
A modo de
conclusión, y como recordaron los invitados a la mesa redonda, la
Vuelta Ciclista a España llegó a Los Lagos un lunes, en plena
campaña electoral de las elecciones municipales que se celebraron el
domingo 8 de mayo. En Cangas de Onís ganó los comicios Juan Antonio
Vega Díaz, de Alianza Popular, mientras que en el Principado de
Asturias, el ganador de las elecciones fue el candidato del PSOE,
Pedro de Silva. En ambos casos por mayoría absoluta.
La intervención en el robledal de Cangas de Arriba y la necesidad de tomar algunas decisiones respecto a la Joguera
La capilla de San Antoniu, vista desde el tronco de uno de los robles talados. FOTO: J.CASO
Hace ya unos cuantos días que
derribaron los cuatro robles más enfermos del Campo de San Antoniu y aún quedan
por retirar de este lugar parte de sus troncos, lo que deja bien claro el
tamaño de estos árboles que, como los trece ejemplares que aún siguen en pie,
contaban con 227 años. Nada que objetar a su tala, decidida por los
responsables municipales, y avalada por el estudio fisiológico y
fitopatológico, que la empresa Gesatec llevó a cabo en el robledal de Cangas de
Arriba y del que es autor el ingeniero forestal Javier Brea.
Como afirma este experto, pese al
“gran valor cultural, ecológico y biológico” del Campu de San Antoniu, nada ha
impedido el progresivo deterioro del robledal, “profunda e irreversiblemente
dañado” por una combinación de factores, bien explicados en este estudio y que
van desde una “mala praxis”, a un “nulo mantenimiento y un “escaso respeto”.
Por desgracia todo ello es bien cierto. De esta forma, bien incrustado en
alguno de los robles, todavía podemos ver algún fragmento de aquellos raíles de
vía férrea que, durante muchos años, sirvieron para atar los animales que
acudían al mercado semanal de Cangas de Onís y a las ferias que se celebraron
en el robledal. Por otra parte, y aunque hay muchedumbres que lo pisen a
diario, sí es verdad que, como recoge el estudio, el suelo presenta “una
compactación muy severa” en algunos puntos, como la parte en la que se ubica el
bar de la fiesta o la zona donde se suele instalar el camión escenario. Esas
estructuras, añade, suponen una “presión excesiva” para el Campo de San
Antoniu. Y qué decir del muro que lo cierra por su parte delantera y del que
casi forman parte de manera literal varios de los robles. A su vez el estudio
también da cuenta de las agresiones que en su día debieron suponer para las
raíces de estos árboles centenarios, las calles asfaltadas que rodean el
robledal. Otro perjuicio han sido los desmoches “indiscriminados” de aquellas
ramas que, en algún momento, estorbaron para alguna actividad.
Y por último, la Joguera. Sí.Porque la quema del rozu en esa noche mágica
que es para todos los cangueses la de la víspera de San Antoniu, tampoco aporta
nada bueno a nuestros centenarios robles. Todo lo contrario. Según el estudio
redactado por Javier Brea, la Jogueraes algo “absolutamente incompatible” con el robledal y supone un daño
“irreparable” para aquellos árboles cuyas ramas sufren quemaduras.
Pues bien, una vez talados los
árboles que podían venirse abajo por su mal estado y causar algún tipo de
accidente, el Ayuntamiento de Cangas de Onís, ha seguido los consejos de Brea
y, a lo largo de este mes de enero, llevará a cabo diversas actuaciones,
iniciadas esta semana, y encaminadas a
mantener y conservar en el mejor estado posible los árboles que siguen en pie.
Para ello está previsto limpiar las ramas secas, reducir las copas de los
robles, abonarlos, darles un tratamiento fitosanitario y descompactar el suelo
del Campu de San Antoniu, así como replantarlo con algún roble joven nuevo. Que
así sea. Pero todo esto tendrá poco recorrido si no nos planteamos de una vez
por todas algunas cuestiones.
Y una de ellas es el traslado, fuera del
perímetro del robledal, de la Joguera.
El argumento de las tradiciones, que en algunos sitios de España consisten en
lanzar una cabra desde un campanario, no puede servir de coartada para no
valorar la posibilidad de cambiar el lugar donde se quema el rozu. Sólo un
poco, que tampoco se trata de llevar la Joguera
muy lejos, sino de moverla unos metros, lo suficiente para que las llamas no los alcancen de lleno como hasta ahora. Pero eso sí, por lo menos pensémoslo;
para no seguir dañando estos árboles centenarios que dan forma a ese jardín
histórico que es el robledal de San Antoniu.
Cuando paseo por él siempre me
acuerdo de los tupidos robledales que rodean la aldea de los irreductibles
galos Astérix y Obelix, cuyos cómics he leído desde crío. Y cuando hace unos
días subí a Cangas de Arriba y vi aquellos cuatro robles tirados en el suelo,
por todas las razones ya expuestas, y con las que estoy de acuerdo, vuelvo a
añadir; solo lamenté una cosa. Qué pena que nadie haya inventado aquellas
semillas mágicas que el druida Panorámix lanzaba al suelo y que hacían brotar
al instante unos robles altos y fuertes. De esta forma, ya que los robles son
una especie arbórea de crecimiento lento, no habría que esperar nada hasta ver
de nuevo el Campo de San Antoniu con todos sus roblones. Pero claro, para eso
no hay poción mágica. Tendremos que conformarnos con cuidar los nuevos robles
que se planten. Y mimar y atender los vieyos para que sigan en pie
todavía muchos años más.