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viernes, 14 de marzo de 2014

En el garaje de Avalle Van

Crónica de un ensayo convertido en un concierto inolvidable y exclusivo

Jose, Varo, David, Yoli y Carlos, Avalle Van,  en un momento del ensayo. FOTO: JAVIER CASO.
 
Por JAVIER G. CASO

No todos los días se tiene la suerte de disfrutar de un concierto para uno solo. O casi. Porque el otro día fuimos dos personas, Pepe Flash y quien escribe estas líneas, los que tuvimos el privilegio de escuchar en exclusiva a Avalle Van. Fue con motivo de uno de los sus ensayos semanales. En su casa. En el garaje de Avalle Van. Todo un lujo.

Por fuera nadie diría que, nada más franquear la puerta, uno va a encontrarse con un verdadero local de ensayos que haría las delicias de cualquier grupo de Rock del más alto nivel. Está totalmente insonorizado y de sus paredes cuelgan guitarras y otros instrumentos musicales, además de fotos y carteles. La iluminación, propia de una sala de conciertos y a la vez intimista, es otro elemento que contribuye a dar más calidez al ambiente. Vamos, que uno está de lo más a gusto si de lo que se trata es de disfrutar de la música que hacen Carlos, Jose, Yoli, David y Naro, o lo que es lo mismo, Avalle Van. Y allí preparan sus actuaciones. A conciencia.

Los había disfrutado ya en otras ocasiones, las dos últimas este pasado verano en sendos conciertos al aire la libre, en la calle San Pelayo y en Cangas de Arriba. Pero nunca antes me había acercado hasta su guarida, hasta el lugar en el que ensayan y dan forma a esas versiones que luego bordan cada vez que tocan por ahí. Y para meterse en ambiente arrancaron con “Locked out of heaven” de Bruno Mars. Así, como si nada. Luego fueron sucediéndose temas y temas de lo más variado como “One” de U2, “El límite” de La Frontera o “Rolling in the deep”, de Adele, entre muchas otras. Se nota, se siente que Avalle Van es un grupo cohesionado y que funciona tan bien como un motor bien engrasado. No rugen, no. Suenan de puta madre. Pero así, en la intimidad, también se nota a la perfeccionan que son un grupo de amigos que se lo pasan pipa cada martes cuando se juntan para tocar y dar rienda suelta a una pasión que comparten: la música. Y allí estuvimos para disfrutarlo, compartir ese momento y contarlo. Un placer. Y gracias por la invitación.




miércoles, 19 de febrero de 2014

Concluyen los trabajos de mejora en el Robledal de San Antoniu

Tres nuevos robles sustituyen a los ejemplares originales que tuvieron que ser talados debido a su mal estado de conservación

El Campu San Antoniu y uno de los robles recién plantados. FOTO: J. CASO

 A lo largo del día de hoy han concluido los trabajos de mejora del Robledal de San Antoniu ejecutados por el Ayuntamiento de Cangas de Onís y que se han  desarrollado desde primeros de año. Lo último ha sido la plantación de tres nuevos árboles que sustituyen a los robles centenarios que, enfermos, tuvieron que ser talados a fin de evitar cualquier accidente. Los ejemplares de reposición destacan por su buen porte y, a poco que se cuiden, da la impresión que podrían convertirse en dignos herederos de los originales. Los viejos robles que siguen en pie han sido podados y alrededor de sus troncos se ha inyectado aire comprimido mediante la técnica del air spade para oxigenar sus raices, además de abonarlos con compost. Por lo demás lo que hoy más llamaba la atención para cualquiera que se acercara al robledal de Cangas de Arriba era, desde luego, el manto blanco que lo cubría. Aunque estemos en invierno, no se trataba, no, de ninguna nevada o de una repentina granizada. Todo lo contrario. Uno de los últimos tratamientos ha consistido en cubrir el césped del Campu San Antoniu con arena de sílice que, conforme vaya siendo absorvida, debe contribuir a esponjar y descompactar el suelo del robledal, tal y como han  explicado quienes durante el último mes han trabajado para mejorar este lugar tan emblemático de Cangas de Onís.

jueves, 16 de enero de 2014

Tala en el Campu San Antoniu: razones y reflexiones

La intervención en el robledal de Cangas de Arriba y la necesidad de tomar algunas decisiones respecto a la Joguera

 

La capilla de San Antoniu, vista desde el tronco de uno de los robles talados. FOTO: J.CASO



Hace ya unos cuantos días que derribaron los cuatro robles más enfermos del Campo de San Antoniu y aún quedan por retirar de este lugar parte de sus troncos, lo que deja bien claro el tamaño de estos árboles que, como los trece ejemplares que aún siguen en pie, contaban con 227 años. Nada que objetar a su tala, decidida por los responsables municipales, y avalada por el estudio fisiológico y fitopatológico, que la empresa Gesatec llevó a cabo en el robledal de Cangas de Arriba y del que es autor el ingeniero forestal Javier Brea.

Como afirma este experto, pese al “gran valor cultural, ecológico y biológico” del Campu de San Antoniu, nada ha impedido el progresivo deterioro del robledal, “profunda e irreversiblemente dañado” por una combinación de factores, bien explicados en este estudio y que van desde una “mala praxis”, a un “nulo mantenimiento y un “escaso respeto”. Por desgracia todo ello es bien cierto. De esta forma, bien incrustado en alguno de los robles, todavía podemos ver algún fragmento de aquellos raíles de vía férrea que, durante muchos años, sirvieron para atar los animales que acudían al mercado semanal de Cangas de Onís y a las ferias que se celebraron en el robledal. Por otra parte, y aunque hay muchedumbres que lo pisen a diario, sí es verdad que, como recoge el estudio, el suelo presenta “una compactación muy severa” en algunos puntos, como la parte en la que se ubica el bar de la fiesta o la zona donde se suele instalar el camión escenario. Esas estructuras, añade, suponen una “presión excesiva” para el Campo de San Antoniu. Y qué decir del muro que lo cierra por su parte delantera y del que casi forman parte de manera literal varios de los robles. A su vez el estudio también da cuenta de las agresiones que en su día debieron suponer para las raíces de estos árboles centenarios, las calles asfaltadas que rodean el robledal. Otro perjuicio han sido los desmoches “indiscriminados” de aquellas ramas que, en algún momento, estorbaron para alguna actividad.

 Y por último, la Joguera. Sí.  Porque la quema del rozu en esa noche mágica que es para todos los cangueses la de la víspera de San Antoniu, tampoco aporta nada bueno a nuestros centenarios robles. Todo lo contrario. Según el estudio redactado por Javier Brea, la Joguera es algo “absolutamente incompatible” con el robledal y supone un daño “irreparable” para aquellos árboles cuyas ramas sufren quemaduras.
  Pues bien, una vez talados los árboles que podían venirse abajo por su mal estado y causar algún tipo de accidente, el Ayuntamiento de Cangas de Onís, ha seguido los consejos de Brea y, a lo largo de este mes de enero, llevará a cabo diversas actuaciones, iniciadas esta semana, y  encaminadas a mantener y conservar en el mejor estado posible los árboles que siguen en pie. Para ello está previsto limpiar las ramas secas, reducir las copas de los robles, abonarlos, darles un tratamiento fitosanitario y descompactar el suelo del Campu de San Antoniu, así como replantarlo con algún roble joven nuevo. Que así sea. Pero todo esto tendrá poco recorrido si no nos planteamos de una vez por todas algunas cuestiones.



 Y una de ellas es el traslado, fuera del perímetro del robledal, de la Joguera. El argumento de las tradiciones, que en algunos sitios de España consisten en lanzar una cabra desde un campanario, no puede servir de coartada para no valorar la posibilidad de cambiar el lugar donde se quema el rozu. Sólo un poco, que tampoco se trata de llevar la Joguera muy lejos, sino de moverla unos metros, lo suficiente para que las llamas no los alcancen de lleno como hasta ahora. Pero eso sí, por lo menos pensémoslo; para no seguir dañando estos árboles centenarios que dan forma a ese jardín histórico que es el robledal de San Antoniu.

 Cuando paseo por él siempre me acuerdo de los tupidos robledales que rodean la aldea de los irreductibles galos Astérix y Obelix, cuyos cómics he leído desde crío. Y cuando hace unos días subí a Cangas de Arriba y vi aquellos cuatro robles tirados en el suelo, por todas las razones ya expuestas, y con las que estoy de acuerdo, vuelvo a añadir; solo lamenté una cosa. Qué pena que nadie haya inventado aquellas semillas mágicas que el druida Panorámix lanzaba al suelo y que hacían brotar al instante unos robles altos y fuertes. De esta forma, ya que los robles son una especie arbórea de crecimiento lento, no habría que esperar nada hasta ver de nuevo el Campo de San Antoniu con todos sus roblones. Pero claro, para eso no hay poción mágica. Tendremos que conformarnos con cuidar los nuevos robles que se planten. Y mimar y atender los vieyos para que sigan en pie todavía muchos años más.

 

martes, 19 de noviembre de 2013

Cangas de Onís, pasado y presente II

 

"Vista". Foto Archivo Loty

 

Rincón de Cangas de Arriba. FOTO: JAVIER G. CASO

 Dos miradas

Un rincón de Cangas de Arriba visto en blanco y negro y en color

Siempre ha me gustado la fotografía. Y más allá de su valor artístico, lo que más me presta, es contemplar fotos antiguas. Y a la vez analizarlas y compararlas con otras actuales. De hecho si tengo ocasión, y se tercia, cuando llevo la cámara me gusta repetir encuadres de fotos antiguas, ya sean de postales o porque las haya visto en algún libro. Es una forma de estudiar un paisaje para ver su evolución, sobre todo cuando se trata de ambientes urbanos. Podemos asombrarnos de lo mucho que ha cambiado una calle, o de los edificios que ocupan el lugar de otros que ni siquiera llegamos a conocer. Hace unos días, en la última entrada de este blog, EL AUSEVA DIGITAL, comparaba dos fotos tomadas en la canguesa calle del Campón y a las que separaban nada menos que 85 años. Sin embargo pocas cosas parecen haber cambiado en ese rincón cangués a tenor de lo que mostraban ambas fotografías. Hoy repito ese mismo juego con sendas fotos, de nuevo, de otro rincón de Cangas de Onís. La más antigua también pertenece al Archivo Loty, que puede contemplarse en la página web del ministerio de Cultura (http://ipce.mcu.es/).  Su autor fue el portugués Antonio Passaporte. Es de 1928 más o menos. Se titula "Vista" y nos muestra un rinconín de Cangas de Arriba que ya, casi no existe. En la parte izquierda de la fotografía podemos ver una casa en la que destaca una escalinata de piedra con siete escalones. Y bajo la escalera la puerta de lo que debía ser una pequeña bodega. Más abajo un hórreo. A la derecha de la imagen se ve lo que parece un solar, por delante del muro de una huerta. Y de fondo el caserío del barrio del Mercado de Cangas. De la mano de cangueses de más edad y buenos conocedores de la geografía urbana de nuestra capital, pude localizar el lugar y hasta allí me fuí para tomar la otra foto que ilustra este artículo. La hice días atrás. Seguro que usted, amigo lector, ya ha reconocido el lugar. La casa de color salmón es la de Ito, el del Pelao y Presen. Viene a ocupar el solar de la foto en blanco y negro. Aparentemente todo ha cambiado. ¿ O no?. Si nos fijamos, podemos reconocer la escalinata de piedra, aunque como la modernidad ha llegado, se la ha dotado de pasamanos, adornado además con macetas y flores. La bodeguina de debajo, aunque desfigurada, también sigue ahí. Lo más cambiado es la entrada de la vivienda, a la que se ha dotado de un pequeño tejadillo. Del hórreo del fondo, qué lástima, ya no queda ni rastro. Su lugar lo ocupa el tejado de uralita de una nave. Al fondo, algunos tejados, aunque ya no lleguemos a ver el cortijo de Contranquil como podíamos hacer en la foto de Loty.