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lunes, 10 de marzo de 2014

Bisontes al pie de Peña Sobia

El Parque de la Prehistoria de Teverga muestra dos ejemplares de uno de los animales más representados en el arte rupestre

 

En la imagen los dos bisontes del Parque de la Prehistoria. Al fondo Peña Sobia. FOTO: J. CASO
 Por JAVIER G. CASO

Dejamos atrás el temporal y el buen tiempo del fin de semana invita, por fin, a salir de casa y dar una vuelta hasta algún rincón de aquí, de Asturias. Nos decidimos por Teverga con el propósito de visitar de nuevo el Parque de la Prehistoria una vez que sabemos que esta semana ha incorporado alguna que otra novedad. El de Teverga es uno de esos equipamientos que hace las delicias de los más pequeños de la casa, sobre todo cuando, antes o después, de visitar la Cueva de las Cuevas, donde se exponen las réplicas del panel de los polícromos de Tito Bustillo, de las pinturas negras de Niaux o el Camarín de Candamo, niños y niñas tienen la posibilidad de participar en un taller en el que tienen la oportunidad de emular a aquellos artistas prehistóricos que hace más de 15.000 años pintaban en el interior de las cuevas las siluetas de animales como caballos, cabras, uros, renos o bisontes.

Los dos bisontes vistos más de cerca. FOTO: J. CASO

 Precisamente al parque tevergano acaban de llegar hace unos días una pareja de bisontes europeos que los visitantes pueden contemplar en una finca del recinto y que constituye un nuevo atractivo para este equipamiento cultural, junto a los dos caballos przewalski llegados el mes pasado a Teverga.







  Allí pastan con la Peña Sobia al fondo unos animales muy representados por los hombres prehistóricos, algo que podemos constatar en el mismo Parque de la Prehistoria, no en vano tanto en la Cueva de Cuevas como en la propia Galería, podemos disfrutar de la réplica de algunas famosas pinturas rupestres que tienen al bisonte como principal protagonista, desde los de Altamira, a los de Niaux o los de Covaciella, con una antigüedad de unos 14.000 años. Cerrada al público desde que fuera descubierta en 1994, hasta ahora sólo era posible apreciar los bisontes de Covaciella en la réplica existente en el Parque de la Prehistoria. Sin embargo, a partir del 30 de marzo, cuando se inaugure en la Casa Bárcena de Carreña de Cabrales el Museo Enrique Herreros en los Picos de Europa, también se podrá disfrutar de estas pinturas rupestres a través de una segunda réplica del panel principal de Covaciella.

Bisontes de Covaciella en la réplica del Parque de la Prehistoria. FOTO: J. CASO
 Estos días, y al hilo de la reapertura experimental de la cueva de Altamira, vuelve a hablarse de las bondades de las réplicas y de las copias en el mundo del arte, sobre todo del prehistórico. El asunto mereció una doble página en el diario El País este sábado en su sección vida&artes bajo el título "Ante una gran copia, ¿quien añora un original? del que adjunto un enlace para que ustedes puedan disfrutarlo. http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/03/07/actualidad/1394222230_387695.html

Copia de los bisontes de Altamira que hay en Teverga. FOTO: J. CASO 
 Es verdad que ante la más simple y pequeña de las amenazas no resta más que preservar las pinturas originales y si hay que prohibir, restringir o limitar las visitas, no quedará otra. Todo sea por preservar un patrimonio tan sensible como el arte rupestre Pero que nadie pretenda decir que una réplica, en ocasiones, puede mejorar el original. Porque no es así. Visitar una cueva como la de Tito Bustillo, en Ribadesella, no es sólo contemplar un panel como el de los polícromos. Recorrer la gruta en su totalidad ya es de por sí una experiencia increible y cargada de sensaciones que cada uno percibirá a su manera. Está claro que eso no se recrea con ninguna copia de sus pinturas por mucha calidad y realismo que tengan. Que los tienen.

 Otra cosa es que las réplicas nos permitan disfrutar de las pinturas sin miedo a deterioros con independencia del número que las visiten a diario. O que, como sucede con la réplica del camarín de Candamo que se muestra en Teverga, los visitantes puedan conocer una pintura que ya no existe en el panel original. Sencillamente porque se trata de una pintura que ha desaparecido desde que fuera descubierta hace cien años. Es ahí donde una copia cobra valor. Todo su valor. Y es ahí donde alguien como José Antonio Lasheras, director del Museo de Altamira, tal y como recoge el reportaje de El País, llega a defender la importancia de la réplica "para entender el original". Y añade que la Neocueva de Altamira "no es un sucedáneo. Incluso en cierto modo es más fiel a la cueva paleolítica que la propia original tal y como ha llegado a nuestros días".

Ahora bien, en mi modesta opinión, siempre que se pueda, las cuevas con pinturas rupestres han de ser visitadas. Con todas las limitaciones que se quiera y que impongan tanto el sentido común como el rigor científico. De esta forma estoy convencido de que algunas de las pinturas descubiertas en los últimos años seguirían igual de bien conservadas si hubieran podido ser visitadas por unas pocas personas, aunque fuera solo unos pocos días al año. De no ser posible, siempre nos quedan esas copias geniales como las de la Neocueva de Altamira,  el Parque de la Prehistoria de Teverga, el Centro de Arte Rupestre de Tito Bustillo, la existente en San Román de Candamo o la que pronto abrirá en Carreña de Cabrales.

 
 

jueves, 6 de marzo de 2014

El castañeu de Corao acogió una nueva feria de marzo

La cita ganadera estuvo marcada por un alto volumen de ventas pese a una menor presencia de reses en la localidad canguesa

 


Las vacas con cría fueron las más buscadas los compradores. FOTO: J. CASO


Por Javier G. Caso
 
 Arrancó la semana en Corao, que el lunes celebró su tradicional feria de marzo, una cita fija y bien marcada en el calendario ganadero asturiano y que resultó ser una de las mejores ediciones de los últimos años. El mal tiempo dio una pequeña tregua y a lo largo de la mañana no hizo falta abrir los paraguas. Que los hubo y muchos por lo que pudiera pasar.

 Según el testimonio de los habituales fueron menos las cabezas de ganado que se amarraron en el castañeu de Corao en comparación con años anteriores, aunque más de uno explicó que también se habían vendido muchas reses la víspera. Pero la menor presencia de animales fue lo de menos en una feria en la que el ganau corrió de lo lindo. Hubo muchas y, sobre todo, buenas ventas a decir de muchos asistentes a la feria.

 Las más buscadas fueron las vacas adultas acompañadas de cría y fueron las que protagonizaron la mayor parte de las transacciones. Las de raza casina se pagaron a unos precios que  rondaron entre los 850 y los 1.000 euros, mientras que las de raza Asturiana de los Valles con cría culona se vendieron como mínimo a unos 1.400 euros. Y de ahí para arriba. Hasta los 4.200 euros que se pagaron por una preciosa vaca carreñana y su menos estupenda cría en el que, casi con toda seguridad, fue el mejor trato de una feria en la que se vio a muchos tratantes llegados desde Galicia, País Vasco o Madrid, región para la que un solo comprador se llevó un lote de medio centenar de cabezas de ganado vacuno.

 En definitiva la localidad canguesa de Corao fue de nuevo, por unas horas, capital ganadera de Asturias. Y no faltó tampoco, en la zona ocupada por el ganado menor, cabras y ovejas, la denuncia de unos ganaderos que están muy hartos de ver cómo los ataques del lobo merman una reciella fundamental en la elaboración de quesos como los de Gamonéu o Cabrales.

domingo, 2 de marzo de 2014

De aguinaldo por Cazu

Once mozos solteros de la parroquia de Santa María de las Nieves mantienen viva esta tradición previa al Carnaval


La comitiva, llegando a Cazu en sus caballos engalanados. FOTO: J. CASO

JAVIER G. CASO

Cuando llevas unos años sin disfrutarlas presta vivir de nuevo esas tradiciones arraigadas en algunos pueblos de nuestro entorno como el aguinaldo de la parroquia pongueta de Santa María de las Nieves de  Cazu. Como público. Porque sólo los mozos solteros naturales de allí, o con raíces familiares en los pueblos de Sellañu, Cazu, Ambingue, Los Lladeros, Triviertu y Priesca, pueden salir a pedir el aguinaldo. Hubo años en los que se juntaron cerca de cuarenta. En esta ocasión iban a ser una docena, pero a última hora falló uno y al final fueron once los jinetes que, a media mañana, partían este domingo dos de marzo desde Sellañu animados por el ruido ensordecedor de los voladores. 

 
El gaitero Oscar Fernández puso música al aguinaldo. FOTO: J. CASO
Como siempre el primer pueblo que visitaron fue Cazu, a donde los mozos llegaron a los gritos de ¡Viva el aguinaldo! y ¡Viva los aguinalderos!. En la primera parada, y mientras Oscarín hacía sonar en su gaita música de lo más variada, llegaron los primeros donativos de los vecinos. Y fueron generosos. Hace décadas, como recordaban los vecinos de más edad, lo más común es que los aguinalderos recibieran chorizos, huevos, o cualquier otra vianda. "De aquella no había otra cosa", explicaba Agustín Llera, quien recordaba aguinaldos en los que los vecinos llegaron a obsequiar a los aguinalderos con cuatro o cinco cestas de huevos. Ahora lo que les dan es dinero. "El promedio estará en unos 50 euros por casa", comentó Cesáreo, otro vecino de Cazu.  

Cesáreo Llera entrega su aguinaldo a uno de los mozos. FOTO: J. CASO   





Los aguinalderos, delante de la torre de Cazu. FOTO: J. CASO


 Entre la comitiva de mozos aguinalderos, había de todo. Desde novatos como Pedro Collado, que corría su primer aguinaldo con doce años. Pero la mayoría eran veintiañeros, la mayoría con varios aguinaldos a sus espaldas. Y entre el público mucho ex aguinaldero. Desde octogenarios a jóvenes como Gumer Martínez, casado en abril del pasado año. Perder la soltería supone tener que dejar de correr el aguinaldo. Aseguraba que lo sentía, pero al mismo tiempo estaba muy orgulloso de que los que vienen por detrás mantengan viva esta tradición tan arraigada en esta parroquia pongueta y que siempre se celebra el domingo anterior al martes de Carnaval. La caballería del aguinaldo no paró en todo el día hasta completar, ya por la tarde, su recorrido por los seis pueblos de la parroquia. De vuelta en Sellañu fueron agasajados con frixuelos, rosquilles y fayueles, unos dulces que también pudo saborerar el público asistente. Pero el aguinaldo no es más que el primer capítulo de una fiesta que tendrá como colofón la cena de aguinalderos que se celebrará en Sellañu el próximo sábado ocho de marzo, fnanciada con el dinero obtenido durante el aguinaldo y en la que participarán tanto mozos como mozas. Eso sí, todos solteros. La novedad de esta año será el trofeo que se entregará al caballo mejor engalanado de todos los que corrieron el aguinaldo.

 

lunes, 24 de febrero de 2014

De samartín en La Riera

Un grupo de cangueses sigue fiel a la tradición de la matanza del gochu que realizan ininterrumpidamente desde hace diez años

Los matarifes agarran el gochu antes de empezar a coralu. FOTO: J. CASO


 Por Javier G. Caso

Hace unos días tocó Samartín. Tocó en La Riera, en Cangas de Onís, donde un grupo de amigos lleva diez años reuniéndose todos los meses de febrero para hacer una matanza al más puro estilo tradicional. Son un grupo original. Sólo paisanos. Las mujeres no participan en ningún momento. Ni siquiera aparecen a la hora de hacer los chorizos o les morcilles, dos actividades en las que la mujer siempre ha estado muy presente. Pero no aquí. Ellos se arreglan solos. Y no por nada. Simplemente porque a ellos les presta. Y porque les encanta zamparse los chorizos que ellos mismos elaboran.

En La Riera para pelar el gochu se tira de soplete. FOTO: J. CASO

 El samartín de La Riera se ciñó al guión típico de esta actividad presidida por la camaradería y el buen rollo. Lo primero es atenerse a una normativa, la del Principado, que prohibe que la matanza del gochu sea un espectáculo público y en la que hay que evitar que el animal sufra de manera innecesaria. Y así se hizo. La matanza de los dos gochos se hizo en propiedad privada, porque ya no es posible sacrificarlos en sitio público. Y así se hizo. César Rodríguez, de Sotu Cangues, fue el encargado de despachar a los dos gochos ayudado de una pistola aturdidora. De esta manera los animales ya estaban muertos cuando los coraron para sacarles la sangre.  Por cierto, que todos dicen que con estos inventos los gochos cada vez sangran peor y en menor cantidad. Por eso la decena de matarifes tuvo que andar lista. El primero de los dos gochos pesaba más de 300 kilos y una vez muerto les resultó imposible subirlo encima del banco que tenían preparado para sacarle la sangre. Así que tocó arrastrarla hasta la bajada de un huertu, dejar la cabeza del gochu en la parte más alta y coralu así de una forma mucho más cómoda.

Luego vino pelar el gochu, una faena que sí que ha cambiado en los últimos años. Nada de meter el gochu en ningún duernu para luego echarle el agua hirviendo por encima y poder así pelarlo. En La Riera, como en otros muchos sitios hoy en día, se tira de soplete. De esta forma se quema la piel del gochu y raparlo resulta mucho más fácil. La tarea se completó pasando un cepillo mojado para retirar cualquier impureza. Fueron varios los matarifes que lo intentaron con el soplete, pero desde luego el que más destreza demostró fue Roberto González, el de La Riera, uno de los organizadores del samartín.

Los participantes en el samartín, en el momento de abrir el gochu. FOTO: J. CASO  
 A continuación llegó la hora de abrir el gochu, sacarle las visceras y aprovechar la sangre que aún le quedaba en su interior, labor en la que se afanó Pepín, garcilla en mano. Terminada esta tarea, y más con el sur que hacía el día en el que se celebró este samartín, los participantes cargaron con el gochu y lo pusieron a buen recaudo en la bodega para dejarlo que  se oreara hasta que llegó la hora de despostarlo. Ya por la tarde, y después de una comida de hermandad entre todos los asistentes, tocó preparar las morcillas. A todo el mundo le tocó algo que hacer. Unos cortaron la grasa, otros picaron cebolla, calabaza y también perejil. Con todo listo llegó la hora de instalarse en la vieja cocinona de llar, un rincón con un valor etnográfico muy notable, y empezar a preparar la morcilla, amasada con sangre, cebolla, grasa, calabaza, sala, pimentón y harina de maíz.

Pepín, el mondongueru mayor, amasa el primer boronchu. FOTO: J. CASO

El mondongueru jefe fue José Manuel González Castro, el alcalde cangués. El primer lote fueron los boronchos, también denominados en Asturias probes o pantrucos. Ya no cuecen envueltos en una berza. Ahora se amasan, se meten en una bolsa de plástico y se ponen a cocer en agua durante dos horas o algo más. La jornada finalizó con  la morcilla ya embutida. Todo esto fue un viernes. El sábado fue el día dedicado a descuartizar o despostar los dos gochos. El domingo tocó elaborar los chorizos. Aún están curando a la espera de que podamos probarlos. Ya les contaremos.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Concluyen los trabajos de mejora en el Robledal de San Antoniu

Tres nuevos robles sustituyen a los ejemplares originales que tuvieron que ser talados debido a su mal estado de conservación

El Campu San Antoniu y uno de los robles recién plantados. FOTO: J. CASO

 A lo largo del día de hoy han concluido los trabajos de mejora del Robledal de San Antoniu ejecutados por el Ayuntamiento de Cangas de Onís y que se han  desarrollado desde primeros de año. Lo último ha sido la plantación de tres nuevos árboles que sustituyen a los robles centenarios que, enfermos, tuvieron que ser talados a fin de evitar cualquier accidente. Los ejemplares de reposición destacan por su buen porte y, a poco que se cuiden, da la impresión que podrían convertirse en dignos herederos de los originales. Los viejos robles que siguen en pie han sido podados y alrededor de sus troncos se ha inyectado aire comprimido mediante la técnica del air spade para oxigenar sus raices, además de abonarlos con compost. Por lo demás lo que hoy más llamaba la atención para cualquiera que se acercara al robledal de Cangas de Arriba era, desde luego, el manto blanco que lo cubría. Aunque estemos en invierno, no se trataba, no, de ninguna nevada o de una repentina granizada. Todo lo contrario. Uno de los últimos tratamientos ha consistido en cubrir el césped del Campu San Antoniu con arena de sílice que, conforme vaya siendo absorvida, debe contribuir a esponjar y descompactar el suelo del robledal, tal y como han  explicado quienes durante el último mes han trabajado para mejorar este lugar tan emblemático de Cangas de Onís.

domingo, 16 de febrero de 2014

La escuela de Corao Castiellu: lo primero salvarla, luego ya la catalogaremos


Adosada a la capilla del Santo Ángel de esta localidad canguesa, el inmueble corre el riesgo de venirse abajo antes de que concluyan los trámites para su inclusión en el Inventario del Patrimonio Cultural de Asturias

Vista lateral del aula, con los pupitres en primer término. FOTO: J. CASO

Por Javier G. Caso

Descubrí de forma casual la vieja escuela de Corao Castiellu hace ya algunos años y me llamó la atención desde aquella primera vez. Se trata de un edificio original. Por un lado capilla, por el otro una escuelina.  A través de sus ventanas, que aún tenían cristales, lo que pude contemplar era una escuela de otra época, con todo lo suyo: la mesa del maestro, los pupitres, un gran mapa de España y otro de Asturias, un armario con libros y estantes con material escolar... ¡Ah! Y para completar la escena, un crucifijo, un cuadro de la Inmaculada Concepción y hasta un retrato de Franco en blanco y negro, todo un reflejo de aquel régimen. Disfrutar de todo aquello fue una especie de viaje en el tiempo al que sólo le faltó que, de repente, mientras miraba por la ventana, aparecieran los críos que allí estudiaban junto a su maestro o maestra y comenzara la clase. Hace poco volví. En esta ocasión a tiro hecho. ¿El motivo? Que la comisión de Patrimonio del Principado de Asturias acaba de iniciar los trámites para incluir esta escuela canguesa, y otras 119 de toda la región, en el Inventario Cultural de Asturias. Pero las cosas han cambiado.

Otro aspecto del aula. FOTO: J. CASO

 En estos momentos, y tras muchos años de abandono, el edificio presenta un estado de conservación lamentable y amenaza ruina inminente. Sobre el tejado, que hará treinta años que no se reteja según el testimonio de algún vecino, crecen varios árboles y los aleros de madera apenas se sujetan. Para acceder al interior, casi no hace falta que nadie te abra la puerta. Una de las ventanas está completamente rota, por lo que es fácil colarse dentro. En el resto de las ventanas faltan la mayoría de los cristales y en una de ellas, una enorme grieta da cuenta de que a mucho no tardar el cargadero de la ventana se vendrá abajo.

Desde la escuela se accede a la capilla. FOTO: J. CASO
 Una vez dentro, y acompañados de María Ángeles Prieto, Tita, la vecina que custodia la llave de la escuela, pudimos constatar el desastre que ya intuíamos a tenor del mal estado de la techumbre. Cuando llueve el agua cae a sus anchas por las paredes interiores de la escuela como demuestran las manchas de verdín. Y en una esquina una enorme grieta amenaza con cortar en dos una de las paredes de la escuela. La huella de la humedad también se deja ver sobre el suelo de madera dónde crece hasta mofu (musgo). Además hay varias tablas rotas tras pudrirse la madera. ¡Qué pena! Lo que tenía ante mi era un edificio que necesita una intervención. Y urgente. En la escuela de Corao Castiellu, como mínimo, hay que reparar el tejado para evitar que se venga abajo. Y eso hay que hacerlo sin dilación, sin esperar a que concluyan los trámites para incluirla en el Inventario Cultural de Asturias. No valen excusas. De lo contrario, cuando llegue ese momento, lo que único que podrá inventariarse serán las ruinas de una escuela rural con una larguísima historia que se remonta al siglo XVIII.

Material escolar que aún sigue en su sitio. FOTO: J. CASO


        
Armario.
Libro de matrícula.
Fue un 15 de enero de 1760, según consta en la escritura fundacional, cuando Francisco de Soto y Sobrecueva fundó la escuela de Corao Castiellu. Para ello nombró patronos a sus vecinos y les dejó varias fincas a censo para que las alquilaran y poder así sufragar el sueldo del maestro. Según los datos que me ha facilitado Francisco Pantín aquella era una escuela “para aprender a leer, escribir y contar”. Aquella escuela ocupó el pórtico de la capilla del Santo Ángel de Corao Castiellu. Esa es la estampa que nos muestra un dibujo de 1901 realizado por Leandro Llanos y que mostraron en Corao. De esta forma el edificio escolar y el religioso quedaron unidos. Tan sólo los separa un falso tabique de madera que hace las veces de puerta de doble hoja:    Para acceder a la capilla, en la que se venera a San Antón Abad, hay que hacerlo desde la escuela. Pero en esta localidad canguesa ya hace como dos años que, cuando llega el 17 de enero, ya no se celebra la festividad de San Antón. No hay misa en la capilla.  Los vecinos tienen miedo a sufrir algún accidente si les da por entrar en su desvencijada escuela de paso para misa.



Exterior de la escuela de Corao Castiellu. FOTO: J. CASO

 La de Corao Castiellu fue la primera escuela del concejo de Cangas de Onís y, por tanto, también de la parroquia de Abamia. En ella estudiaron sus primeras letras personajes como el librero Antonio Miyar, el maestro relojero Basilio Sobrecueva o el indiano Eduardo Llanos. Por el testimonio de Alfonso Puerta, un vecino de Corao Castiellu de 89 años y que vive justo al lado, sabemos que en los años 30 del siglo pasado, antes de que estallara la Guerra Civil, en esa escuela había 27 críos. Todos ellos aparecen en una foto que nos muestra Alfonso, uno más entre aquel grupo de escolares calzados con madreñas y que posaron para la posteridad acompañados de Gregorio, su maestro, quien años después, y como otros muchos maestros, moría fusilado por el bando franquista durante la Guerra Civil.

Exterior de la capilla a la que se adosó la escuela. FOTO: CASO


 Respecto a la evolución de la matrícula en esta escuela rural, algunos documentos constatan que durante el curso 1964-1965, en Corao Castiellu estudiaban 20 alumnos. Y en 1972, más o menos cuando cerró sus puertas, en esta escuela canguesa cursaban sus estudios cuatro niños. Es verdad que hace ya muchos años que el edificio dejó de utilizarse como centro escolar. Pero eso no justifica que se pueda venir abajo sin que nadie ponga remedio. Y menos cuando da la impresión de  que alguien, desde luego sin haberla visitado antes para constatar su ruina, ha iniciado el papeleo para incluirla en el Inventario del Patrimonio Cultural de Asturias. Veremos a ver lo que queda de este inmueble para cuando llegue ese momento. Si para entonces está en el suelo, sería tan lamentable como absurdo que la escuela de Corao Castiellu recibiera ese homenaje póstumo. Ojalá que eso no suceda.


 

sábado, 8 de febrero de 2014

Oleaje en el Lago Enol

Una estampa insólita en mitad del temporal

Vista general del lago Enol, con sus aguas azotadas por el viento. FOTO: JAVIER CASO





 Sin ninguna duda la peor cara del temporal que desde el pasado fin de semana azota Asturias fue la que pudimos ver por toda la costa asturiana donde, en distintas localidades, ha dejado un reguero de destrozos en instalaciones portuarias, paseos marítimos, embarcaciones destruidas o perdidas, negocios particulares y hasta un museo. Nada quedó a salvo de un mar Cantábrico desbocado. 

El temporal, marcado por el fuerte viento, también se dejó notar en el interior del Principado de Asturias, donde incluso hubo varias personas heridas en lugares como Oviedo, Mieres u Onís. Las mayores rachas de viento en toda España se registraron el martes en la estación meteorológica que la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) tiene en Cabrales. Con todo, la fuerza de la Naturaleza desatada por este temporal, también nos ha permitido disfrutar de alguna imagen tan insólita como impresionante.

 Como la que ilustra este artículo. Fue tomada el pasado martes desde el interior de un coche estacionado a la altura de la Piedra´l Llagu, a escasos metros del Lago Enol, batido por fortísimas rachas de viento que levantaron olas y más olas en toda la superficie del más grande de los dos Lagos de Covadonga. Ese día el Enol distaba muy mucho de ese lago de aguas tranquilas al que nos suele tener acostumbrado. Todo lo contrario. Se asemejaba más a un mar embravecido en plena galerna. Y en sus alrededores, quien se arriesgaba a dar un paseo, corría el riesgo de quedar empapado por el agua del lago Enol levantada por el viento y convertida en una especie de aguacero.

Desde luego no era el mejor día para visitar Los Lagos. Intentar salir del coche, en los sitios más expuestos, suponía arriesgarse a que un golpe de viento dañara o se llevara por delante una puerta. Pero no hizo falta correr ese riesgo para llevarse un recuerdo fotográfico. Entre aguacero y aguacero producido por las olas, y después de pasar el limpia parabrisas del coche en el que nos protegíamos para despejar su luna delantera, fue como pudimos hacer esa foto que deja patente cómo se enfada el lago Enol cuando es azotado por el viento, algo que no se ve todos los días.


Antes de pasar el limpia, la visibilidad era nula. FOTO: J. CASO