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martes, 19 de noviembre de 2013

Cangas de Onís, pasado y presente II

 

"Vista". Foto Archivo Loty

 

Rincón de Cangas de Arriba. FOTO: JAVIER G. CASO

 Dos miradas

Un rincón de Cangas de Arriba visto en blanco y negro y en color

Siempre ha me gustado la fotografía. Y más allá de su valor artístico, lo que más me presta, es contemplar fotos antiguas. Y a la vez analizarlas y compararlas con otras actuales. De hecho si tengo ocasión, y se tercia, cuando llevo la cámara me gusta repetir encuadres de fotos antiguas, ya sean de postales o porque las haya visto en algún libro. Es una forma de estudiar un paisaje para ver su evolución, sobre todo cuando se trata de ambientes urbanos. Podemos asombrarnos de lo mucho que ha cambiado una calle, o de los edificios que ocupan el lugar de otros que ni siquiera llegamos a conocer. Hace unos días, en la última entrada de este blog, EL AUSEVA DIGITAL, comparaba dos fotos tomadas en la canguesa calle del Campón y a las que separaban nada menos que 85 años. Sin embargo pocas cosas parecen haber cambiado en ese rincón cangués a tenor de lo que mostraban ambas fotografías. Hoy repito ese mismo juego con sendas fotos, de nuevo, de otro rincón de Cangas de Onís. La más antigua también pertenece al Archivo Loty, que puede contemplarse en la página web del ministerio de Cultura (http://ipce.mcu.es/).  Su autor fue el portugués Antonio Passaporte. Es de 1928 más o menos. Se titula "Vista" y nos muestra un rinconín de Cangas de Arriba que ya, casi no existe. En la parte izquierda de la fotografía podemos ver una casa en la que destaca una escalinata de piedra con siete escalones. Y bajo la escalera la puerta de lo que debía ser una pequeña bodega. Más abajo un hórreo. A la derecha de la imagen se ve lo que parece un solar, por delante del muro de una huerta. Y de fondo el caserío del barrio del Mercado de Cangas. De la mano de cangueses de más edad y buenos conocedores de la geografía urbana de nuestra capital, pude localizar el lugar y hasta allí me fuí para tomar la otra foto que ilustra este artículo. La hice días atrás. Seguro que usted, amigo lector, ya ha reconocido el lugar. La casa de color salmón es la de Ito, el del Pelao y Presen. Viene a ocupar el solar de la foto en blanco y negro. Aparentemente todo ha cambiado. ¿ O no?. Si nos fijamos, podemos reconocer la escalinata de piedra, aunque como la modernidad ha llegado, se la ha dotado de pasamanos, adornado además con macetas y flores. La bodeguina de debajo, aunque desfigurada, también sigue ahí. Lo más cambiado es la entrada de la vivienda, a la que se ha dotado de un pequeño tejadillo. Del hórreo del fondo, qué lástima, ya no queda ni rastro. Su lugar lo ocupa el tejado de uralita de una nave. Al fondo, algunos tejados, aunque ya no lleguemos a ver el cortijo de Contranquil como podíamos hacer en la foto de Loty. 

lunes, 4 de noviembre de 2013

LXXIII CONCURSO EXPOSICIÓN DE QUESOS DE LOS PICOS DE EUROPA

Más certamen del Pilar

Cangas de Onís tiene que potenciar aún más el concurso exposición de queso de los Picos de Europa, un evento que en 2015 cumplirá 75 años

Cartel del último Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa
 Suele ser recomendable dejar que las cosas reposen antes de analizarlas, criticarlas o valorarlas. Lo mejor es dejar pasar un tiempo prudente a la hora de hablar de algo. Viene esto a cuenta del 73 Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa, celebrado en Cangas de Onís el pasado 12 de octubre, Día del Pilar. Comencemos diciendo que el de este año fue un gran cartel anunciador, como puede comprobarse en  la imagen superior. Todas las fotos tienen su historia y la que ilustra el cartel nos cuenta que, hace décadas, el certamen quesero de Cangas de Onís se celebraba en el robledal de San Antoniu, algo que al menos, en mi caso, desconocía. Y como decían en aquel inolvidable programa televisivo de La Bola de Cristal, "nunca te acostarás sin saber una cosa más", por lo que gracias por aportarnos esa información.

Por lo demás hay cuestiones que, quizás, deberían retocarse en aras a mejorar, y reforzar aún más este certamen quesero. En primer lugar está cuestión de su ubicación. En sus 73 años de historia ha deambulado por distintos lugares de la capital canguesa, desde el campo de San Antoniu, a la plaza del mercado o la del ayuntamiento. Estos días de atrás he oído comentarios que apuntan que el Concurso Exposición de quesos de los Picos de Europa debería volver a celebrarse en la plaza, bajo los soportales donde todos los domingos tienen lugar el mercado cangués. Y tiene sentido. Además de que, como ya hemos dicho, ya se celebró allí nuestro certamen quesero, lo cierto es que se trata de un lugar ya asociado a la venta de quesos, como puede comprobar cualquiera que visite Cangas un domingo de mercado. Además tiene más encanto que cualquier carpa por muy grande y confortable que sea. No tendría porque haber ningún problema. El certamen del Pilar sólo coincidiría con el mercado cuando cayera en domingo. Y aunque es verdad que Cangas también improvisa un mercado cada 12 de octubre, no pasaría nada porque ese día, los soportales de la plaza fueran solo ocupados por los queseros participantes en el Concurso Exposición de Quesos de los Picos de Europa.
Otra cuestión a considerar es la conveniencia, o no, de que Cangas de Onís celebre una feria regional de quesos el fin de semana anterior al Pilar. Sinceramente, creo que habría que buscarle otra fecha. En primer lugar porque al celebrarse tan cerca, debilita al certamen quesero del 12 de octubre. Lo suyo sería que se celebrara siempre con posterioridad a este fecha. Por ejemplo, a lo largo de los meses de noviembre, diciembre. O enero si me apuras. Porque es verdad que los queseros están contentos con esta feria y además se trata de un evento que podría animar cualquier otro fin de semana en temporada baja, que siempre vendrá bien. Por otro lado, de toda la vida, el primer queso de Gamonéu del año que sale a la venta, siempre se ponía a la venta en Cangas de Onís el día del Pilar. De ahí que, para muchos cangueses y no cangueses, sea toda una tradición acudir ese día a comprar un buen pedazo de queso gamonéu. Y eso, que dice mucho del certamen cangués, es algo que no debería perderse. Además pocos eventos gastronómicos pueden presumir, como es el caso del Concurso Exposición de quesos de los Picos de Europa, de llevar nada más y nada menos que setenta y tres ediciones. Eso quiere decir que en 2015 se conmemorará su 75 aniversario. Así pues solo resta pedir más y mejor certamen de quesos del Pilar. Ese debería ser el camino y desde el Ayuntamiento de Cangas de Onís ya se trabaja en ello. Quedamos a la espera.
www.periodisticos.com

domingo, 3 de noviembre de 2013

Cangas de Onís, pasado y presente I

Cuando el tiempo se detiene

 Dos imágenes de la canguesa calle del Campón a las que se separan 85 años aunque apenas se vean cambios en el paisaje urbano

Foto Archivo Loty
Foto Javier G. Caso





Anda que no ha cambiado la geografía urbana de Cangas de Onís en los últimos años. Sin embargo hay rincones en los que el tiempo parece haberse detenido. Y como prueba bien valen las dos fotos que se pueden ver sobre estas líneas, dos instantáneas realizadas en el mismo sitio, en la canguesa calle del Campón, que va desde el entorno de la Plaza hasta desembocar en la Carreterona y que es paralela a la calle del Mercado. Pocas, muy pocas cosas han cambiado en este lugar a pesar de que son 85 los años que se separan a estas dos fotografías. La más antigua, como es fácil de suponer, es la de la izquierda, la que está en blanco y negro y es obra del fotógrafo portugués Antonio Passaporte. Se trata de una de las 7.000 placas de vidrio que conforman el Archivo Loty, adquirido en 2002 por el Ministerio de Cultura, en cuya web pueden contemplarse en la fototeca del Instituto del Patrimonio Cultural de España. Se trata de un conjunto de fotos realizadas por Passaporte entre los años 1927 y 1936 en distintos lugares de España encargadas por la firma Colecciones Loty para comercializarlas como tarjetas postales. Y en Cangas de Onís, posiblemente hacia 1928, ya que a este mismo año pertenece las que realizó en Gijón, y podrían haber sido realizadas en un mismo viaje a Asturias, Passaporte hizo un buen montón de fotos. Entre ellas, la de arriba a la izquierda. Para muchos cangueses es un rincón que pasa bastante desapercibido, sin embargo a este fotógrafo debió llamarle la atención por algún motivo, no en vano la foto se titula "una de las calles más antiguas de la ciudad". No sé si sería para tanto, pero a la vista de algunos desaguisados urbanísticos ocurridos en Cangas de Onís hace algunos años, ya nos hubiera gustado que algunos de los edificios demolidos hace años, y que deberían haber seguido en pie, se hubieran conservado tan bien, como este conjunto de la calle del Campón. La foto de la derecha es de la semana pasada y apenas se perciben más novedades que el nuevo pavimento de adoquín y piedra colocado hace unos años, la verja de hierro que cierre el acceso a la parte posterior de la casa donde se ubica la tienda de Pili Blanco, las farolas o las cajas de los contadores de la luz, o los cambios en la fachada de la casa de la izquierda, donde se eliminó una puerta y el balcón central fue transformado en ventana. ¡Qué cosas!
 


martes, 22 de octubre de 2013

Los pueblos beyuscos

El último vecino de Biamón

Mariano Hortal es el único habitante de esta aldea de Los Beyos, en Ponga, a la que decidió regresar tras su jubilación

Vista general de la aldea de Biamón. FOTO: JAVIER G. CASO


De regreso a Biamón tras mucho tiempo. La última vez fue para publicar en las páginas de La Voz de Asturias un reportaje sobre Lolo Hortal, un vecino de ochenta años que pasaba allí los vecinos junto a su esposa y uno de sus cuatro hijos. Eran, aunque solo fuera por el verano, los únicos tres habitantes de esta aldea de Los Beyos, en Ponga. Hace unos días regresé. Y estuve con el único habitante de Biamón, Mariano Hortal, hijo de Lolo, para más señas. Tras toda una vida trabajando en Gijón, optó por regresar al lugar en el que nació hace sesenta años. Tomó la decisión hace año y medio y, salvo unos pocos días al mes que pasa en Gijón, el resto del tiempo está en Biamón. Solo. Pero no se aburre. Atiende un pequeño rebaño de cabras, cuida de un pequeño huerto o limpia los alrededores de su casa dónde aún quedan restos del argayu que en febrero de 2011 casi se lleva su casa y que causó importantes destrozos en el pueblo.
 Cuando llegue el invierno, la de Mariano Hortal será la única chimenea que humee en Biamón, el único indicio de que hay vida en esta aldea, cuyo caserío es una ruina total. Y qué decir de los hórreos. Mariano conoció cuatro, todos ellos con cubierta a dos aguas, de los conocidos como hórreos beyuscos. Ahora solo se mantiene en pie el horru de Moisés.
Por Biamón pasa la Senda del Carteru que parte de la carretera del Pontón. Y eso atrae a montañeros. Como los que el otru día le preguntaron a Mariano por un paisano que habían conocido hace años en el pueblu y que, según les contó, había hecho la mili con el famoso Bernabé, el fugau.
-Pues esi paisano era mi padre. Les contestó Mariano a los montañeros antes de que estos continuaran su camino. Iban para la collada de Nochendi.
Tras atender a los montañeros, seguimos de charla con Mariano que nos contó cómo era aquel Biamón que él conoció de críu. Con varias casas habitadas por familias numerosas de las de antes. Dónde algunos matrimonios criaron hasta...una quincena de hijos. ¡Qué tiempos! Ahora la única casa habitable y habitada es la de Mariano Hortal: el último vecino de Biamón. 

lunes, 21 de octubre de 2013

Curiosidades de Covadonga

La imagen más insólita del pozón

 La limpieza del estanque de la Santa Cueva y la retirada de las monedas que allí lanzan los peregrinos sorprenden a los turistas que días atrás visitaban el Real Sitio de Covadonga

 

El pozón de Covadonga, sin agua, días atrás. FOTO: JAVIER G. CASO








Un momento de los trabajos de limpieza. FOTO: JAVIER G. CASO
  Atónitos se quedaban días atrás los turistas y peregrinos que visitaban Covadonga con la imagen que puede verse sobre estas líneas, la de un pozón vacío, casi sin agua, y en el que cuatro operarios trabajaban con picos, palas, una manguera y un tamiz. Algunos se preguntarán, pero...¿qué hacían allía? Pues limpiar y drenar el pozón, retirar el barro y la arena allí acumulada y de paso retirar las monedas lanzadas por muchas de las personas que visitan el santuario a modo de ofrenda a la Santina. Tan insólita estampa no se contemplaba desde hacía seis años, lo que explica la sorpresa de los visitantes. Fue en 2007 cuando se realizó otra limpieza similar. Como entonces, ahora también se aprovechó el bajo caudal del río Las Mestas, que bajaba casi seco la semana pasada, para realizar este trabajo que, además, exige vaciar el pozón abriendo las compuertas existentes bajo la explanada y que contribuyen a retener al agua bajo la Cueva.

Si una cosa quedó clara es que a los turistas ver el pozón vacío no les gustaba; preferían verlo como en anteriores visitas, cubierto de ese agua verdosa bajo la que se ven brillar las monedas que ahora, para su sorpresa, se retiraban. Y de inmediato lanzaban una pregunta al aire. ¿Y ese dinero para dónde va? Por lo que explicaron los responsables del santuario se destina a obras sociales y a mejoras en Covadonga. Desde luego el primero de los destinos es el mejor posible y el segundo tampoco está mal si tenemos en cuenta las carencias, desperfectos y deterioros que padece el Real Sitio; unos problemas que han de solucionarse lo antes posible por el bien de un lugar que es todo un emblema para Asturias, amén de un recurso turístico de primer orden. Pero claro, hará falta mucho más dinero que el que estos días se ha recuperado del pozón. Y eso exige la implicación presupuestaria de todas las administraciones públicas. De todas.


jueves, 13 de junio de 2013

Los Beyos del Sella, la radiografía de un paisaje

Gerardo y Daniel López publican "Los Beyos del Sella. De la Foz de Covarcil al valle glaciar de Arcenorio"


La ermita de Arcenoriu, en la portada del libro.

JAVIER G. CASO

La publicación de un libro siempre es una buena noticia. Si además son sus propios autores los que se deciden a editarlo y ponerlo a disposición del público, entonces el mérito es doble. Ese es el caso de Los Beyos del Sella. De la Foz de Covarcil al valle glaciar de Arcenorio. Este libro, escrito a medias por los cangueses, padre e hijo, Gerardo y Daniel López, es fruto de muchos años de trabajo e investigación a pie de obra. O lo que es lo mismo, sobre este territorio de orografía vertical. El volumen cuenta con 224 páginas y su portada está presidida por una foto de la ermita de Arcenoriu. Ilustran el libro numerosas fotografías, muchas de ellas históricas. Algunas, además, nunca antes habían sido publicadas. Su tirada ha sido de un millar de ejemplares, lo que no está nada mal en estos tiempos de crisis, distribuidos en librerías de Cangas de Onís, Oviedo, Gijón, Nava, Infiesto y Arriondas, así como en varios negocios del concejo de Ponga.

El libro constituye una perfecta radiografía de un territorio que ocupa una superficie de 5.896 hectáreas, ubicado en una esquina del Parque Natural de Ponga y que según sus autores constituye un paisaje "muy quebrado que alcanza su máximo esplendor entorno a la Foz de Covarcil". En la primera parte de la publicación se abordan asuntos tales como el perímetro geográfico y la cuenca hidrográfica de los Beyos del Sella, antes de dar paso a un epígrafe dedicado a cuestiones etimológicas acerca de términos como beyu o abellugar.  En este apartado del libro sus autores se aferran al original y primigenio término de foz, en su día sustituido por el desfiladero.

Otro capítulo importante es el dedicado a los pueblos pastores que desde tiempos inmemoriales ocupan esa geografía vertical que son los Beyos del Sella. Aquellos pobladores, tal y como se explica en el libro, es instalaron en 16 aldeas, muchas de ellas deshabitadas hoy en día. Tal es el caso de Rubriellos, Tolivia, La Caviella o Biamón. Gerardo y Daniel López desmenuzan y explican cómo se desarrollaron las actividades agrícolas y ganaderas de los beyuscos, organizados entorno a tres espacios: la aldea y sus terrenos circundantes, conquistados a base de aterrazamientos; los pastizales intermedios colgados de la Foz de Covarcil, y los pastizales de verano, como los del valle de Arcenoriu. El libro nos habla de pueblos "colgados del desfiladero", como San Ignacio o Casielles y de otros más retirados, como Viboli o Viegu. En los primeros se practicaba un pastoreo exclusivo de cabras en majadas ubicadas en las verticales laderas del mismísimo desfiladero de los Beyos. En los pueblos más retirados también practicaban el pastoreo de cabras, pero a la vez tenían ovejas y vacas.

La arquitectura de los Beyos, sencilla y de volumetría muy reducida tiene su propio espacio en el libro. A la hora de describir el modelo de casa beyusca tradicional, se explica al lector que era pequeña, casi lilliputiense, de altura moderada y con corredor en su fachada principal. Las chozas y las cabañas también son descritas en  el libro.

El producto estrella de este territorio del Alto Sella, el queso de los Beyos, protagoniza otro de los apartados de esta monografía. Se trata de un producto en su día elaborado casi en exclusiva con leche de cabra, detallan Gerardo y Daniel López, quienes los describen como "esos quesos pequeños y de fácil trasiego, guardan relación estrecha con la escasez de suelo llano, el rebaño de cabras bermeyas, la autosuficiencia y la posibilidad de esquivar el invierno que otorgan los vertiginosos cambios de cota, tan acertadamente aprovechados por los pastores de pared".

Los Beyos del Sella.18 siglos de aislamiento. Así se titula el capítulo del libro que nos habla de un territorio que, según sus autores, permaneció aislado del mundo hasta finales del siglo XIX cuando se construyó la carretera del Pontón, precisamente a través del desfiladero del Sella. A su vez se habla de la Senda del Arcediano, el Camín de los Arrieros o la Senda del Beyu, todos anteriores a la carretera del Pontón, abierta de forma definitiva a finales de la década de 1880. Su trazado es muy anterior, de 1846. Y su proyecto había sido aprobado en 1852. De esa carretera fueron brotando a lo largo del siglo XX otras carreteras locales: en 1920 la de Viegu; la de Viboli fue una realidad en 1952 y en 1988 la que sube de El Cándanu hasta Casielles, tal y como nos explican los dos autores de Los Beyos del Sella. De la Foz de Covarcil al valle glaciar de Arcenorio. Y de las comunicaciones por el desfiladero a las cumbres. El libro describe a su vez los tres cordales que coronan la orografía de los Beyos: el cordal de Arcenoriu, el del Collau Zorru y el de Beza. A su vez se describen los puertos de Arcenoriu y Cazoli, así como el bosque de Peloñu. Interesantísimo es el capítulo dedicado a la intrahistoria de ese lugar mágico que es el caserío de Llue, habitado hasta los años 50 del siglo pasado. Completan el libro, a modo de invitación para recorrer los duros paisajes de los Beyos, las descripciones de una quincena de itinerarios de montaña, así como de tres travesías.




martes, 14 de mayo de 2013

El campanu de Kiko el de la Pina

El ribereño cangués dedicó el primer salmón de la temporada en Asturias a su fallecido amigo Dámaso Ortiz

Kiko el de la Pina posa con su campanu, con el Puentón al fondo. FOTO: JAVIER G. CASO

JAVIER G. CASO

Pescar el campanu de Asturias debe de ser la leche. Hacerlo en uno de tus pozos habituales, en el Sella y casi al lado del Puentón de Cangas de Onís, tu casa de toda la vida, ya ni me lo imagino. Me resulta imposible ponerme en el lugar de Federico Vega, Kiko el de la Pina, ribereño de pura cepa y que el pasado viernes 3 de mayo conseguía hacerse con la pieza más codiciada de los ríos salmoneros asturianos.

Los medios de comunicación, y las redes sociales otro tanto, ya recogieron de forma pormenorizada el éxito de Kiko el de la Pina. No es para menos. El suyo fue uno de los campanos más guapos que se recuerdan en los últimos años en la ribera del Sella: una hembra de 8 kilos y 850 gramos y 90 centímetros de longitud. Casi nada. A pesar de su larga trayectoria deportiva, Kiko nunca había tenido la suerte de coger ningún campanu. Y eso que, como él mismo reconoció, "llevo pescando 50 años y hasta hoy no lu agarré". 

En ese día tan especial, el cangués tuvo un detalle de los que dejan bien claro lo buen tipo y lo buen paisano que es. Dedicó el campanu de Asturias 2013 a su amigo Dámaso Ortiz, fallecido recientemente. Además consiguió que, por primera vez, tan deseada pieza se subastara en Cangas de Onís, bajo el mismísimo Puente Romano. ¡Y qué subasta! Entre los aplausos del público los pujadores se animaron y fueron necesarias 48 ofertas hasta que se remató la puja y el campanu fue a parar a manos de José Manuel Mori Cuesta, el Marqués, quien lo adquirió para sus restaurantes El Campanu de Cangas de Onís y Ribadesella. En definitiva, un día inolvidable. ¿Alquien da más?